Volver a casa

Sobre Aire de lugar y gente, de José Carlos Díaz

Jorge de Arco


Aire de lugar y gente
José Carlos Díaz

Ediciones Trea. Gijón, 2021

  

Anota César Iglesias en el epílogo a este volumen que “la poesía de José Carlos Díaz procede de una actitud vital capaz de sentir y pensar las pérdidas y ficcionalizar la emoción, la belleza y la verdad más allá de la realidad notarial. Es la suya una sentimentalidad de la herida”. Y, en verdad, que la aflicción de su decir, la llaga de su palabra, sobrevuelan estas páginas donde caben también el desarraigo, la añoranza, la muerte…, y, sobre todo, el recuerdo. La constancia de las acordanzas abre sus puertas desde la cita de Ángel Campos Pámpano que sirve de pórtico: “Volver a casa / por los altos andamios/ de la memoria/ y respirar su aire/ de infancia, humedecida”.

Para el poeta gijonés, el tiempo va descifrándose como duración y, desde la encarnada tinta de su enser, nombra aquellos paisajes y protagonistas que siente en plena comunión con su conciencia. Los lugares que fueron -y son- íntimamente sagrados se tornan ámbitos en el que yo lírico se demora para reivindicar un atlas familiar, un cobijo solidario: “Todo era distinto cuando en la casa había vida,/ cuando los muros eran sólidos,/ cuando sobre el tejado la pizarra brillaba/ igual que un plumaje tupido”.

En su anhelo por sostener firmemente lo que ahora es “ingrávido vacío”, su verso explicita  las deshoras que le imposibilitan ascender más allá la evocación de la raíz de lo concreto. En comunión con su tierra, con el atlas de sus mayores y sus descendientes, la Naturaleza surge como bordón abarcador de la nostalgia. Y así, el antiguo lavadero, el pretérito zureo de las palomas, los aullidos de los lobos, los secretos de los árboles, la luces de la verbena…, pueblan de instantáneas doradas un pasado sólido y latidor.

Dividido en cinco apartados, “Hacia”, “Flashback”, “Lugar (y Gente)”, “René, Mon Père” y “Después”, el poemario se aúna en la recuperación de un gozo, de un horizonte que vislumbre algo más de dicha, frente a todo aquello que no signifique miedo, sino la sugerente y bendita metamorfosis de lo nuevo: “Exhaustos de justicia inútil,/ levantaron después su frente al cielo/ y la luz les pareció al tiempo hermosa y cruel,/como todas las luces/ cuando rompen y son mañana”.

Al cabo, una bella crónica afianzada sobre un verso sabiamente ritmado, un sugerente testimonio que reverbera el recuerdo y su ulterior mudanza.