En el aire del ayer

Sobre Versos que habitaron la memoria, de Milagros Salvador

Jorge de Arco

Versos que habitaron la memoria
Milagros Salvador

Torremozas. Madrid, 2021

 

Con más de una veintena de poemarios ya editados, Milagros Salvador suma una nueva entrega a su brillante trayectoria. Estos Versos que habitaron la memoria llevan un prefacio de la propia autora, en el cual afirma: “Los poemas de este libro se entretejen con el tiempo, el tiempo que es parte de la infancia, del tiempo lírico que engarza con la existencia”. Al cabo, un ayer y un presente que son la precisa ecuación que sirve al yo para afrontar un futuro bañado de experiencia y sabiduría. Mas la inquietante finitud, la sólita incertidumbre del mañana, batallan frente una gramática plena de madurez, pero heterogénea en su acontecer.

La palabra como fundamento de nuestro día a día ha sido una constante presencia en el quehacer de la autora madrileña. A través de ella, ha tratado de esenciar la búsqueda de una identidad nómada, de una realidad comprometida con su universo creador. Hace ya dos décadas, afirmaba en su libro Espejo de la tierra: “Yo busco en la palabra el tacto de las cosas”, Y aquel verbo, se torna todavía en estas páginas acordanza, “lo mismo que una herida/ que nos sangra por dentro,/ pero también es una mariposa/ con las alas abiertas/ que vuela libremente/ en el aire del ayer”.

Dividido en tres secciones, “Años cuarenta/ cincuenta”, “Vocación de otoño” y “Meditaciones”, el volumen camina al unísono por el sendero del verso conciso y muy bien ritmado, por la vereda de la infancia (“que nutre desde dentro nuestro yo”), de lo vivido (“siempre seremos hijos/ de días que heredamos”) y de la reflexión (“que acompaña al corazón”). Y desde esos mimbres tan bien vertebrados, la voz de Milagros Salvador reescribe su propio hálito, la verdad desnuda que acompaña su cotidianeidad y de la que se sirve para iluminar emotivos instantes “contemplando el milagro del tiempo”.

En suma, un poemario de fabuladora riqueza expresiva, que pespuntea, a su vez, las antiguas fronteras del amor y del pecado (“envueltos en aromas/ de pura castidad”) y dador de una brillante sustantividad lírica: “Porque vuelven los ojos a mirar el pasado/ como deuda impagada/ que marca la conciencia;/ nada pasa del todo,/ aunque sigamos caminando/ con la estrella en la frente”.