Pretéritos territorios

Sobre La sangre Música, de Antonio Daganzo

Jorge de Arco


La sangre Música
Antonio Daganzo

RL Editores. Barcelona – Santiago de Chile, 2021

 

Tratar al verso como si fuera música del alma ha sido siempre razón y afán de Antonio Daganzo (1976). Porque a lo largo de su trayectoria lírica -iniciada en 2004 con Siendo en ti aire y oscuro-, el ritmo de su decir no ha dejado espacio para disonancias ni desarmonías. Ahora, con su séptimo poemario, el poeta madrileño se adentra sin ambages en el territorio de la memoria y en la exploración la metamorfosis del yo al hilo de su edad mutable. Desasido, pues, de la ensoñación a las que se someten las horas del vivir, el sujeto lírico va tejiendo los sentimientos y los anhelos que ayer y siempre han sido materia íntima, empírica existencia. De ello, se deriva una inminente necesidad de cantar y contar su trascendente vitalismo: “Pero no hay que callar./ Nunca será el silencio la respuesta./ Comprendamos al fin:/ sobre el silencio clama/ un lenguaje más sabio”.

Consciente de que detrás de la realidad que nos acoge hay un enigma por revelar, un misterio que tan sólo la poesía puede descubrir, Antonio Daganzo ofrece con fecunda naturalidad un mapa donde el lector extienda sus interrogantes y, a la par, sus resoluciones.

En el preludio y los cinco cantos –“Derrota del silencio”, “Desafíos del aire”, “El fundador secreto”, “Cantar de los galanes” y “Toda la sangre Música”- que componen el volumen hay, a su vez, elementos que tienden a celebrar lo pretérito a través de una recuperación emotiva de episodios de la infancia. Paisajes y protagonistas de entonces, sirven ahora para refundar una patria vivida y vívida, e imprescindible para comprenderse y, por ende, hacer entender cuanto anida en su interior: “Vivía, sin embargo,/ y mi asombro mayor era sumirme/ hijo de quien lo soy,/ aprenderlo en los gestos de un cariño asediado,/ azuzado por el dolor/ por mis silencios roncos./ Mi madre no era el humo ni mi padre la niebla”.

En esta nueva entrega, el himno de Antonio Daganzo viene envuelto en una extrema delicadeza, apoyado en un lenguaje moderno, sugestivo, que no esquiva cierto simbolismo. Con sobresaliente coherencia, sabe ovillar su discurso a un cálido encantamiento de pasiones, donde su escala de notas resuena íntima y unánimemente: “Y al fin nos lo decimos con todas nuestras noches: sobre el alma galopa/ fuego de sangre sabia./ Toda la sangre Música”.