"Un poeta que vivió una inútil guerra desde la niñez"

Entrevista con el escritor cubano Ismael Sambra

Por Ilíada Ediciones


ISMAEL SAMBRA (Santiago de Cuba, 1947). Graduado de Literatura y Lengua Hispánica. Fundador del primer grupo de escritores y artistas independientes cubanos conocido como El Grupo y su revista homónima. Fundador y director del periódico impreso Nueva Prensa Libre-New Free Press, primer periódico trilingüe de Canadá. Ha publicado, entre otros libros, Las cinco plumas y la luz del sol (cuento para niños), Hombre familiar o Monólogo de las confesiones (poesía), The art of growing wings (cuento para niños), Los ángulos del silencio (Trilogía poética), Vivir lo soñado (cuentos breves), Bajo lámparas festivas (poesía), El único José Martí, Principal opositor a Fidel Castro (ensayo), The five feathers (cuento para niños), L’histoire des cinq plumes (cuento para niños), El color de la lluvia (relato para niños, edición bilingüe), Cuentos de la prisión más grande del mundo (cuentos para adultos), Family man (poesía) y Queridos amantes de la libertad (periodismo). Es Académico Correspondiente de la Academia de Historia de Cuba en el Exilio y Miembro de Honor del PEN Club de Escritores de Canadá.

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Si tuvieras que explicar a tus potenciales lectores qué van a encontrar en tu libro, ¿qué les dirías?

Esta es la historia novelada de un poeta que vivió una inútil guerra desde la niñez: Una guerra armada triunfante dueña del poder de una nación. Esta es la guerra por la supervivencia de un poeta que decidió rebelarse finalmente contra el mismo poder que había defendido. Una guerra de frustraciones constantes, una guerra de confrontaciones cotidianas, en una isla secuestrada, una isla que algunos llamaban “Paraíso” y otros “La prisión más grande del mundo”.

 

La novela muestra una realidad tan dura que parece absurda, irreal. ¿Es la realidad cubana tan absurda como esa que aparece en esta obra o es un simple recurso de hiperbolización de la realidad? ¿Hasta dónde llegan los límites de la realidad y de la ficción en esta novela?

Procesado en el Paraíso es una novela basada totalmente en hechos reales. Lo absurdo emana no solo de los hechos cruentos que se narran, sino también de los conceptos, que se tienen que aceptar y continuar bajo los experimentos sociales fracasados y los reiterados errores “rectificados” con más errores, y considerados como “necesarios sacrificios”, por un sistema político corrupto que tergiversa todo, que trastoca los valores. Como dice el narrador-poeta o el poeta-narrador: “las derrotas ya no se llaman derrotas sino victorias, que dividir ya no es dividir sino multiplicar, que los barrancos ya no son barrancos sino la cima, y de repente todo muere. Por dónde carajo anda la verdad, bajo qué sombrero fue a tomar la sombra, bajo qué lámpara se fue a bailar…” También lo absurdo aparece en la angustia, en la inseguridad, en la indefensión que este desastre socio-político crea en el individuo, obligado a obedecer o a perecer bajo el asedio represivo de la escasez y el acoso policial en una isla-cárcel, sin ninguna o casi ninguna posibilidad segura de escape. De ahí que el personaje principal, después de su frustrado intento de salida ilegal del país, trate inútilmente de adaptarse y decida finalmente la rebelión como única opción. Aquí se planta y crece el conflicto humano de una absurda realidad, al extremo de parecer ficción.

 

Esta es una preguntas que hacemos a algunos autores cuando sabemos que sus obras están muy cerca de su experiencia humana. “Madame Bovary soy yo”, dijo Flaubert y eso se ha impuesto como credo para muchos escritores: su obra los refleja, los representa. ¿Hasta qué punto está en esta novela Ismael Sambra, el escritor, el preso político, el luchador por los derechos humanos en Cuba?

Yo diría que Ismael Sambra está en toda la novela, hasta llegar al mismo final, hasta que los dos personajes principales, en un montaje paralelo con «puntos de vista» diferentes, derivan en uno solo, hasta que comienza nuevamente la historia, esta vez contada por un tercer narrador omnisciente, quien cien años después investiga y vuelve a contar, pero con estilo hiperbólico, la misma realidad alucinante. Aquí está mi temperamento, mi pensamiento, mi moral, mi filosofía, mi rebeldía, mi vida, mi denuncia, mi dilema.

 

La poesía, en esta novela, es al mismo tiempo motivo de desconfianza (por parte de los represores) y motor de escape y esperanza (por parte de uno de los protagonistas y también en otras víctimas del sistema). Muchos, desconocedores del poder de la palabra, podrían preguntarte: ¿qué pinta la poesía en una novela testimonial de tema carcelario? ¿Acaso es que, como se deduce de la lectura, te salvó la poesía?

La poesía aquí es una tabla de salvación en medio de los naufragios que azotaron mi existencia, y al mismo tiempo es una parte inseparable de la trama, y no solo como exponente en el lenguaje utilizado, sino también como género. Se puede decir que la poesía es el otro personaje principal de esta historia. Pensé que esta era la única forma de poder digerir la brutalidad de los hechos presentados, incluso el momento en que el personaje nos rebela cómo y dónde fue literalmente violado, a los 12 años, por una mujer sin curvas ni cuerpo de mujer, en medio de la soledad del monte: Aún era de día. Estábamos, donde los pájaros fecundan sobre las ramas, donde las jutías se alejan al menor ruido, donde las culebras duermen su hartura, donde las mariposas se quiebran las alas bajo el trote de algún caballo desbocado, irremediablemente solos, perdidos, en la inmensidad del mal”. Porque además, el personaje principal es un poeta que ha publicado libros de poesía, que se ve de pronto inmerso en una guerra que pensaba que ya había terminado, y además injustamente procesado y condenado a prisión en una isla-cárcel, y todo debidamente documentado, como para que no existan dudas de la veracidad. En esta novela, o docu-novela, aparece no solo la poesía, sino también, el artículo periodístico, la crónica, la descripción didáctica, el cuento, el reportaje, el cine, el documento, el testimonio, la entrevista, la nota aclaratoria, el ensayo, la memoria personal y colectiva, la biografía y la autobiografía. Es sin dudas un arriesgado experimento, una “denuncia literaria”, “una novela dura” como la ha definido el célebre escritor y editor Amir Valle.

 

En tu caso, también se lee al final de la novela, es imposible olvidar que te has realizado como escritor en una cultura y un país tan “ajeno a Cuba” como Canadá. ¿Qué retos, profesionalmente hablando, te impuso el hecho de tener que rehacer tu vida completa en ese país?
Con su amigo, el escritor José M. Fernández Pequeño.

Con su amigo, el escritor José M. Fernández Pequeño.

El choque fue tremendo. Como cualquiera que emigra tuve que asimilar la nueva cultura y el idioma del país que me había dado refugio político, después que su gobierno negoció mi liberación directamente con el cínico dictador de Cuba, el cual le dijo al ministro canadiense “que no tenían ni escritores ni periodistas en la prisión”. Y solo cuando se le mostró las pruebas dijo “que iba a investigar”. Esta negociación también se cuenta con detalles en la novela. Me tomó tiempo asimilarlo todo, ¡claro! Tiempo traumático para cualquiera, pero sobre todo para un escritor. Tuve que reinventarme nuevamente, adaptarme a las costumbres, dominar el inglés, dar entrevistas y trabajar. Tuve que concentrarme en el sostén de la familia antes de volver a escribir y publicar algunos manuscritos que logré sacar de Cuba con ayuda de buenos amigos, como el poemario Hombre familiar o Monólogo de las confesiones, finalista Casa de las Américas 1984 y Premio nacional de poesía Heredia 1986, y el ensayo El único José Martí, principal opositor a Fidel Castro, que pude escribir en los casi cinco años (de una condena de diez), que pasé en la prisión, entre protestas, huelgas de hambre, rebeliones, torturas y celdas de castigos.

 

Pregunta gastada, pero siempre necesaria para los lectores. ¿En qué nuevo proyecto anda ahora mismo Ismael Sambra?

Me aburro fácilmente haciendo una sola cosa. Estoy reescribiendo una obra de teatro, que escribí cuando tenía 22 años y trabajaba como actor en el Conjunto Dramático de Oriente, actual Cabildo Teatral Santiago, una obra que pudo haberse llevado a escena, pero que fue víctima de la censura después que se presentó el proyecto al Concejo Municipal de Cultura. Es una mezcla de Teatro absurdo, Teatro abstracto, Teatro surrealista y Teatro expresionista, en una fórmula teatral que denomino Teatro errótico, porque tiene además una fuerte carga de erotismo. Estoy trabajando en otro libro de cuentos, enmarcados en este mismo estilo errótico de comunicación, donde el erotismo se usa como gancho para tratar temas conceptuales, políticos y sociales, bien escabrosos. Estoy también trabajando en un libro-ensayo sobre el escritor, empresario y promotor cultural Emilio Bacardí Moreau, con artículos publicados y conferencias dictadas en Cuba, con el objetivo de revalorizar su figura, la cual había sido discriminada. Ahora con más documentos inéditos de mi archivo personal. Sigo con las traducciones al inglés y al francés de los cuentos para niños que integraron mi libro Remolino de luz, también censurado, después de ser ilustrado y editado por la Editorial Oriente. Fue inmediatamente quemado antes de sacarse al mercado, porque su autor había sido condenado a prisión por sus ideas políticas contrarias al régimen. Y además, sigo nutriéndome con/de la poesía, ahora con poemas del exilio, que voy agregando a dos nuevos libros de temas diferentes, aunque “a veces me pregunto si este será aun el tiempo de la poesía”.

Toronto, 19 de mayo 2021