Memoria del ayer y del hoy

Sobre …y el corazón que dicte testamento, de Santiago Romero de Ávila

Jorge de Arco


…y el corazón que dicte testamento
Santiago Romero de Ávila

Ediciones C&G. Puertollano, 2021

 

Más cinco décadas lleva Santiago Romero de Ávila (1948) entregado al mundo de la literatura. Hombre de bien y de letras, da ahora a la luz su noveno poemario, bajo el subtítulo de “Romances Apasionados”. Excelente dominador de los metros y las estrofas, su verso es música acompasada y latidora, río que fluye al compás de un decir ungido por el íntimo bordón de lo vital.

En esta ocasión, su testimonio se concentra en un pueblo abandonado y en cinco espacios de los que extrae su materia lírica: “La casa derruida”, “La parroquia”, “La escuela”, “El parque” y “El cementerio”. Sobre ellos, el autor manchego escancia su verbo signado por un pretérito del que brotan evocadoras acordanzas: “En la soledad del parque/ mi corazón se desgarra,/ ya no queda un triste pájaro/ meciéndose entre las ramas,/ sólo el nido roto y frío/ rebosante de hojarasca”.

Al hilo de la edición en 2014 de su antología Aquel temblor de gozo y de inocencia, dejé escrito que sus versos tienen una identidad propia, repleta de reminiscencias y ecos de la infancia y la Naturaleza que lo rodea. No en vano, el propio autor manchego ha confesado que para él “un mundo sin pájaros y sin flores es un mundo muerto”. Y en este nuevo volumen, su verdad sigue incidiendo en la necesaria comunión con todos aquellos dones que tantas veces el ser humano no ha sabido aprovechar. Porque Romero de Ávila recrea su mirada al hilo del romero y de las rosas, de las golondrinas y de las calandrias, de las semillas y de las auroras…, pues bien sabe que “hay que pregonar versículos/ plenos de amor y furia”. Pero, también, su verbo se torna comprometido, doliente, con cuanto es injusto y llena de tristura el corazón: “¿Por qué tantas decepciones/ entre tanta pesadumbre? ¿Y por qué se empeña el odio/ en remendar sus pespuntes?”

Poemario de vívidos matices, sostenido sobre una arquitectura ambivalente, sugeridora, y que reafirma la voz de un poeta de hondo sentimiento y sincera convicción: “Que renazca la inocencia/ donde el dolor se amortaja/ y que se eleve, esplendente,/ todo un paisaje de dalias”.