El amor más allá

Sobre El balcón, de Ana García Negrete

Jorge de Arco


El balcón
Ana García Negrete

Sonámbulos Ediciones. Granada, 2021

 

Ana García Negrete suma con El balcón su quinta entrega poética. Y lo hace desde la atalaya de un tiempo y un espacio renovados, desde la intimidad efectiva que ha ido articulando un yo de sólidas certidumbres. Porque en la cuidadosa matización de ritmos y significados que derraman sus versos, hay un contenido esencial que respira la necesidad de ahondar sobre cuanto gira en su derredor. Y así, el ayer y el mañana, son estela y alianza de lo que acontece cerca del corazón: “Siempre esperamos una promesa de la felicidad/ que viene de la tierra”. Y en ello, sí, parece afanarse la autora cántabra, a la hora de hallar un orden interior que le permita reconocerse y reconocer, al cabo, su ulterior mensaje.

Dividido en cuatro apartados, “Invención de la verdad”, “Lugar común”, “El balcón” y “Sueños recurrentes”, el volumen transita entre la realidad y el asombro de saberse “en el amor más allá de la muerte perdurable”. Y desasida de esa pesadumbre que conlleva la finitud, Ana García Negrete se deja ganar por la consecución y consecuencia de un deseo que se hace corpóreo edén: “Deja que te desnude yo ahora/ y deja que tu ropa caiga ajena a ti./ Deja que se extravíe y se pierda sosegada/ la piel desprotegida,/ que yo pueda probarte con la lengua;/ mi ángel remolino entre tu carne”.

Sabedora del efecto balsámico de la palabra, de la desnuda realidad que envuelven sus ecos, su discurso late intenso, dador de una realidad cómplice. La cartografía que reescribe su propio itinerario vital está salpicado de cálida lumbre, de territorios comunes…, pero también de antiguas trampas, volátiles mentiras, innecesarios riesgos, “días de hurgar heridas y resecar su costra (…) días repletos de fantasmas que esperan en los cruces”, que han sido razón para emprender una singladura distinta, inédita.

En suma, un poemario donde se ovilla una conciencia tangible, legítima, reveladora de una personal semántica que aúna sabiamente una sobriedad contemplativa y una notable sensorialidad: “Todo sucede bajo la perspectiva de cada voz,/ de mujer y de hombre/ que ni se oculta ni se niega a las demás/ fuera del paraíso ficticio/ con vistas al jardín original/ que heredaron, ya siendo malditos…”.