Tiempo común

Sobre Márgenes de error, de Ignacio Pérez Cerón

Jorge de Arco


Márgenes de error
Ignacio Pérez Cerón

Rialp. Adonáis. Madrid, 2021

 

Tras Restos de sal (2019), Ignacio Pérez Cerón (1996) da a la luz su segundo poemario, galardonado con un accésit del premio “Adonáis”. En esta entrega, su voz transita por dos espacios bien diferenciados que remiten, a su vez, a las dos partes que componen el volumen.

En su primera, “Todos los cuerpos se hunden solos”, el escritor malagueño ambienta su decir en escenarios y elementos dispares: el vuelo del transbordador espacial Challenger, el vagón de metro donde un borracho grita en japonés, un cementerio de su tierra natal…. Y, de ellos, va extrayendo una materia lírica que le sirve para destilar su personalísima mirada. Y lo hace, con ojos burlones, cómplices, críticos, fraternos y ácidos. Pues aquello que gira junto a su consciencia resulta, demasiadas veces, complejo de asumir. Y aún más de entender: “Porque los aviones tienen/ ceniceros en el baño/ si el piloto siempre insiste/ en que no se puede fumar./ En el baño hay tres carteles en cinco idiomas/ que lo prohíben”. Claro que, no en vano, Pérez Cerón sabe mejor que nadie de la contradicción que puede caber en cada Certeza: “La catástrofe habita en los márgenes de error”.

Todo lo abarcable que resulta la aventura humana parece ser recurrente en el segundo apartado del volumen, “Escribo familia con el polvo de los muertos”. El amor infinito de una madre, la distante disyuntiva del padre, la emotiva acordanza del abuelo, se unen a los espacios habitados por un yo que ha participado y experimentado episodios de un tiempo común, inolvidable. Ahora, el presente cifra la interiorización de un aprendizaje que se hace veraz testimonio: “Viendo una película en el cine he sentido que era un niño y tenía la tarde para mí para salir con amigos jugar en sus casas ese instante que dura apenas tres segundos donde pienso en esto en el niño que aún no sabe qué son los celos mentir por piedad los pensamientos lascivos…”.

En ese reordenamiento de instantes que la memoria mantiene bien anudada, el poeta andaluz se sabe conciencia de un espacio contemporáneo, si bien la lejanía del recuerdo es también reflexión que vindica su mañana. En el conjunto de su imaginario hay, en suma, un intenso humanismo, una visión afectiva por cuanto anticipa lo tangible. Y desde el decurso mismo de su condición de observador y mensajero, es donde Ignacio Pérez Cerón mejor arraiga su verso vigoroso y terrenal: “Hace un día maravilloso para morir”.