Dos cuentos cortos

(Cuento)

Carlos Esquivel Guerra


Carlos Esquivel Guerra

(Cuba, 1968) Ha obtenido múltiples premios nacionales e internacionales. Ha publicado, entre otros, los libros de poesía Perros Ladrándole a Dios (premio a la Mejor Opera Prima del año en Cuba, 1999), Tren de Oriente (México, 2001), El boulevard de los Capuchinos (2003), La Segunda Isla (2004), Bala de Cañón (2006), Matando a los pieles rojas (2008), Los hijos del kamikaze (2008), Cuarteaduras (2013), Once (2014) y La autopista cero (2016). Otras obras suyas editadas son las novelas Un lobo, una colina (2010 y 2018, España), Diario de Caín (España, 2016), Los elefantes las prefieren rubias (2019), (Panamá, 2020). Los libros de cuentos Los animales del cuerpo (2001),  Hablando mal de los otros  (2014), La historia del lobo contada otra vez (2018), Diez cuentos que estremecieron a Cuba (Estados Unidos, 2019), 69. La sexualidad vigilada (Ensayos, 2019). 90 minutos (Estados Unidos).

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Paradiso y la tortuga griega

Lezama Lima andaba muy a la zaga en la maratón. Si hacía un esfuerzo notable podría colocarse penúltimo, otro esfuerzo lo llevaría al último y de ahí a coronar su ideal atlético.

A Virgilio Piñera no le iba mejor. Por mucho que intentaba lanzar la jabalina lo más cerca posible, el aditamento, arisco, caprichoso, indomable aun en manos virgilianas, resistía y superaba en varios metros las marcas de sus contrincantes.

La natación no era el fuerte de Alejo Carpentier. Sabía sumergirse a ratos y perder el ritmo de sus brazadas, indefensas casi, solo el murmullo de la pantomima acuática, pero al salir a la superficie para respirar, perdía inobjetables segundos y, aun así, adelantaba a varios competidores.

Manuel Navarro Luna se enfrascaba en una adversa competición de trampolín, cada salto calculado con el erróneo sentido artístico, con la precisa intención de entrar al agua de espaldas e incluso de pie. La ejecución resultaba impecable una y otra vez.

Regino Pedroso se aseguraba de que su rival en el ring pegase los golpes fundamentales, los más efectivos, impactos en zonas visibles y dolientes, y, sin embargo, por cualquier amago de pomposo o teatral swing, sin lanzar sus puñetazos, el otro iba a la lona. El árbitro les advertía sobre el hecho de enrolarse en una pelea limpia y con objetivos victoriosos: “Aunque me tienten o provoquen no descalificaré a ninguno”. Así que el pleito iba a proseguir en una danzarina ruta a cualquier parte. Regino Pedroso acercaba su rostro a los puños del boxeador contrario pero este solo disparaba al aire.

Nicolás Guillén avanzaba en una inerme pesadilla ciclística. Descubría (por pavor, con resentido fastidio, con rabia engordada) que no era el único que usaba sus gomas sin aire, pinchadas en el kilómetro cero de la carrera. El ruido chirriante, metálico, del coro de pedalistas, resonaba hacia un paisaje que parecía extraído de una luctuosa película iraní de carretera. ¿Cuál sitio privilegiaba las notas de su ranking inmemorial? Ninguno, es decir, la rocosa catadura de retratarse entre el diez y el quince, y eso, entre un culebreo de doscientos atletas sería una gloriosa pero ineficaz derrota.

Guillermo Cabrera Infante importunaba a su caballo (un escuálido ejemplar garrapatoso y famélico) en la justa de equitación, nada justa además porque cuando compites contra hombres mucho mayores que tú parece lógico que la balanza tome el destino lógico, hecho nefasto, esa idea aterida a los márgenes de liderazgo fatal. Por eso azota al noble animal, escogido entre desechos en una finca zarrapastrosa del oriente nacional, especie rezongona, pero con un orgullo silvestre que el jinete menosprecia y castiga.

Lo llama necio, burro, mula dentada, Platero, y aun así la bestia intenta un paso espléndido, lo más veloz que su amo no pretende.

Una cosa es querer y otra aparecerse entre los últimos, que no resulta exagerada conquista del gladiador encima del potro sagrado, pero la diferencia es ridícula. Guillermo Cabrera Infante suspira y luego sus proezas desaparecen hacia un túnel lleno de ropas sucias.

Las imágenes concurren para un pueblo que espera muestras de valor e hidalguía de sus héroes deportivos. Tal para cual.

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El boxeador ciego

El boxeador ciego discute y gana los títulos más encumbrados a los boxeadores que enfrenta.

Comienza por peleas insulsas, rivales inválidos como él, luego pide que lo enfrenten a boxeadores normales. Muchos se resisten, aducen temas de desequilibrio, desventajas, y otros, pero el boxeador ciego termina enfrentando a esos contendientes.

Siempre tomándose precauciones necesarias, siempre se vigilan contratiempos que no aparecen.

El boxeador ciego derrota a todos sus rivales de manera fulminante.

Hay dudas entre especialistas y fanáticos. ¿Realmente es ciego? ¿Aprovechará las sutiles trampas de laboratorios hormonales o parecidos para convertirse en un monstruo solo asimilado en las malas series de televisión?

Dudas que se descartan. Pasa todas las pruebas, todos los chequeos, los test e investigaciones más avanzadas, sin una objeción.

Pide enfrentar al campeón invicto de su peso, un hombre leyenda que ha roto récords y sus hazañas son bendecidas por legiones de admiradores.

Después de incesantes discordias respectos a asuntos propios del combate (cantidad de rounds, lugar dónde celebrarlo, ganancias económicas para uno y otro, tipo de publicidad), el pleito se concreta y el boxeador ciego destruye al hasta entonces invicto campeón.

Es el héroe y el héroe toma una decisión aplastante y sorpresiva. Se retira del boxeo.

Se hace escritor. Son acciones separadas por un mínimo tiempo. Casi unidas.

Escribe y después gana todos los concursos en los que participa, primero aquellos que admiten solamente a ciegos, más tarde no importan distinciones, solo hay un triunfador: él.

Una noche discute con un colega literario sobre diferentes maneras de asimilar las vanguardias poéticas. La discusión asalta toda cautela. Se van a los golpes. El otro escritor lo acribilla a puñetazos.

No hay nada más peligroso que la literatura, después le comenta a un amigo mientras intenta convertirse, otra vez, en boxeador