El paraíso según José Lezama Lima

Jorge Chavarro


Paradiso, la extraordinaria novela que José Lezama Lima publica en 1966, un año antes de la aparición de Cien años de soledad, no tuvo el arrollador éxito que acompañó a la obra de García Márquez; el encantamiento producido en los lectores del común por la historia de la saga de la familia Buendía se acredita a la fluidez de su narrativa, la ausencia de excesos de erudición y retórica, y la evidencia de un modo simbólico legible, a lo que se unió la también inmediata aceptación de la crítica que resaltó la universalidad histórico geográfica de ese microcosmos Macondiano.

Paradiso fue ignorada por el gran público y solo supera el ámbito cubano en 1968 bajo la premisa de las opiniones divididas entre el deslumbramiento y el rechazo amen de la censura, los ataques y defensas se emitían con pasión, veinte años más tarde en medio de la tardía aceptación, era evidente que la problemática se media en términos de política e hipocresía moral, que sumados a la no lectura de la novela se convirtieron en su condena. A ello se sumó la imagen de Lezama Lima, como poeta de la infinita minoría que lo seguía y admiraba.

La narrativa de Paradiso va en contravía de las técnicas utilizadas por el boom. Lezama insistió en pensar en modo poético y transgresor de toda norma, de ahí la acusación del uso de extravagancias ortográficas, puntuación y sintaxis caóticas; sin embargo logró crear un nuevo lector y crítico latinoamericano, de ahí su supervivencia y posterior emergencia.

Hoy el reconocimiento ha llevado a la discusión de otras particularidades, entre ellas la razón del inusual apellido del protagonista de la obra, José Cemí. José Juan Arrom, catedrático de la universidad de Yale, considera que Cemí es una voz taina y que es el desconocimiento de las realidades del mundo taino su construcción mentirosa por parte del español y quienes lo manejan, lo que ha llevado a la multiplicidad de explicaciones algunas traídas de los cabellos: el apellido es una voluntaria anagramatización onomística de Lezama Lima, otro que deriva de sema signo, uno más lo convierte en nombre Yoruba. Agrega Arrom que en la mitología taina, Cemí es la palabra con que se designaba a los dioses y a las imágenes que los representaban; designar a su protagonista con ese apellido lo envía más allá de la realidad, la de un mundo que se mira desde una realidad poética: El paraíso de los tainos.

Las coincidencias existentes entre el protagonista y el autor llevan a la novela a ser una autoficción novelada o una novela con rasgos autobiográficos; las coincidencias cubren no solo al autor sino también a su familia, la parte autobiografiada no es literal, esta teñida con la ficción necesaria para que el autor pueda contar su historia, la de alegoría familiar y la del sujeto biográfico alegórico que es José Cemí.

Regresando al autor, José Lezama Lima es un escritor marginal por las escasas ediciones de sus obras, pero también por decisión personal. Sin embargo, Paradiso ha tenido enorme análisis crítico, que se ha centrado en cuatro aspectos: el estudio de los elementos barrocos y/o neobarrocos; el aspecto formal y estilístico de la novela, con especial énfasis en su aspecto poético; el tema del erotismo, la sexualidad y específicamente la homosexualidad; y por ultimo. el tema cubano, en el que el estudio de la identidad cubana a través del paisaje y la comida como imagen que funda y evoca identidad nacional e individual, revelando el proceso de transculturación entre lo español y lo cubano.

Pero antes que el festín de la comida criolla, lo que se ha resaltado de la novela es el despliegue de una homosexualidad exuberante con la utilización de herramientas neobarrocas; luego de su incorporación a las bibliotecas públicas, fue relevante la desaparición de las páginas con pasajes de erotismo desmesurado, dado a Paradiso se le considera el paradigma de la exuberancia en la transgresión sexual; es quizá por esta condición que el autor desarrolla el barroquismo alimentario antes que el sexual.

El cocinero mulato maneja el estilo de comer de cinco países, además el texto nos relata la orgullosa habilidad de Doña Augusta como dulcera; La descripción da testimonio de la glotonería familiar que se expresa en el marco de las costumbres de una familia burguesa, consiente de su estrato social que expresan en buena parte en tales festines como expresión de orgullosa burguesía militar criolla. Las guerras de independencia se señalan como inicio de la emancipación de la cocina cubana de sus modelos foráneos, pero un poco más tarde se revela que él mismo no es el representante de esta nueva cocina insular. Cuando el mulato está preparando el quimbombó, plato criollo típico por excelencia, Rialta lo critica por haber mezclado dos tipos de camarones.

El debate familiar no logra acuerdos entre por ejemplo la supremacía de las frutas españolas y las cubanas. En Paradiso, la función del festín es sobre todo demostrar cómo la vida del señor americano transcurre en un barroquismo cotidiano que, resultado de fuentes diversas, se entiende por su carácter terminantemente criollo y al que corresponde el estilo furiosamente decorativo de la novela con todas sus exuberancias lingüísticas y proliferaciones narrativas. En las descripciones de alimentos, la narración adquiere a veces una dimensión explícitamente erótica, como ocurre en la escena en la que el coronel abre el melón y saca la mogolla antes de dar unas bofetadas a Juan Izquierdo.

Lezama Lima utiliza la exuberancia del festín para dar relieve a una clase criolla en vía de formación en la época colonial tardía, y la combina con la proliferación barroca del estilo de su novela que servirá de modelo a una cierta manera de escribir en las Américas.

Después de la danza de los festines aparecen los temas relativos a la sexualidad, las certezas de Cemí. En Paradiso la homosexualidad no aparece como una sexualidad diferente a la heterosexualidad, sino como una fijación del desarrollo normal de la sexualidad y resolución infeliz del complejo de Edipo. Paradiso no es la Divina Comedia, solo sus últimos treinta y tres cantos, y está localizado en Cuba, quizá por extensión es el Caribe, el paraíso de los taínos, los sobrevivientes.

 

Del Autor

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Jorge Chavarro
Medico colombiano residente en Houston, Texas. En diciembre de 2014 se graduó en la maestría de español y literatura hispanoamerica en la Universidad de Sam Houston de Huntsville, Texas. En la actualidad es estudiante del programa de doctorado en literatura del Departamento de Estudios Hispánicos de la Universidad de Texas A&M en College Station, también en Texas.