Las salas de cine

Ofelia Huamanchumo de la Cuba


 

«Los mendigos anónimos
vienen del cine mudo
posan en blanco y negro […]
los mendigos anónimos
antes tenían nombres
y memoria y subtítulos»

En  blanco y negro, Mario Benedetti

 

Si preparo popcorn en casa, dos cosas me vienen a la memoria: los festejos de cumpleaños de la niñez y las salas de cine de Lima. Desde el nacimiento mundial del séptimo arte las salas para proyectar películas parecían ser parte inherente de ese fenómeno que tanto fascinara enseguida a las vanguardias del mundo entero. Primero, mudo, y a blanco y negro, luego con música al paralelo, después con sonido, más tarde a colores, con subtítulos, mucho después doblado a otros idiomas, muchísimo después en 3D con las supergafas oscuras, incluso con efectos sonoros extras en sala y movimientos de butaca, dependiendo del lugar. Aquí en Múnich, sala de gala, con asientos reclinables y mesitas desplegables con servicio de champán y cena a la carta. Todo iba viento en popa hasta que pasó un huracán pandémico que nos movió la alfombra roja y convirtió la esencia del cine en una pregunta de vida o muerte, o de reinvención, o de renacimiento: ¿el cine es igual a sala de cine? ¿son necesarias las salas de cine? ¿netflix no es cine, por más que uno tenga un pantallón instalado en la pared más grande de la casa? ¿un streaming de película cinematográfica no es cine? ¿el chiste del cine era mirar la película en medio de una masa de gente, entre cuatro paredes, engullendo popcorn?

Del lado de la producción, se vio que del cine de celuloide se pasó a los instrumentos digitales sin mayores dramas, y acaso así ¿la producción cinematográfica se democratizó, o popularizó? ¿se puso al alcance de cualquier alma talentosa la posibilidad de rodar una película de cine con la camarita de un teléfono móvil de avanzada? ¿esa nueva línea popular de producción era digna de una sala de cine, o mejor dicho, de una proyección cinematográfica?, ¿o eso bastaba para el auto/coche-cinema o los cinemas al aire libre, donde el sonido y la calidad de otros elementos de cine no son decisivos para disfrutar una película?

Revisando la historia de las salas de cine, se ve que apenas nacido este hermoso arte de la pantalla grande y ni bien llegado a Latinoamérica, de los ‘proyectadores’ ambulantes que recorrían los pueblos hacia fines del XIX se pasó a las salas de cine de las grandes urbes nacientes, conocidas, por ejemplo, como los cinema-teatro en las primeras décadas del siglo XX en Lima; se trataba de lugares destinados para el negocio de la proyección cinematográfica. Pasada la segunda mitad de dicho siglo y ya con la televisión en los hogares, las salas de cine se habían popularizado en los barrios de las grandes ciudades, donde se proyectaban principalmente películas extranjeras, con las de Hollywood a la cabeza. Para el caso del Perú, acabadas las dictaduras militares, hacia la década del 80 aparecieron iniciativas culturales de llevar cine itinerante a los rincones más apartados de un país que empezaba a sumergirse en la pesadilla de una de las peores crisis sociales de su historia. Hacia el nuevo milenio empezaron a agonizar las viejas salas de barrio con capacidad para varios cientos de personas y se dio paso a los complejos cinematográficos, por lo general instalados dentro de modernos centros comerciales: diez salas de cine pequeñas que proyectaban varias películas en un mismo horario, dando la impresión de ofrecer al más exquisito consumidor una paleta de películas a escoger para todos los gustos. De paso se unió a dicho negocio, que daba derecho a exigir precios más altos por butaca, el negocio del popcorn de lujo y la cocacola en vasos de medio litro, a triple precio que en el supermercado.

El año pasado se cancelaron casi todos los festivales de cine en el mundo; este año se ofrecerán, al menos en Europa, muchos en versión híbrida: algunas películas por streaming y otras en salas de cine, donde uno se tendrá que sentar bien lejos del otrora anónimo espectador del costadito. ¿Será con máscara FFP2 puesta?, o sea ¿sin opción al popcorn? Tengo un sueño, como cinéfila: despertar de esta pesadilla angustiosa, creer que la película pandémica estaba ‘boring’ y solo me había quedado incómodamente dormida, soñando que había muerto el cine del popcorn.

Del Autor

ofelia-huamanchumo

Ofelia Huamanchumo de la Cuba
(Lima, Perú, 1971). Hispanista y escritora. Vive desde el 2001 en Múnich, Alemania, dedicada a la docencia universitaria, a la investigación académica y a la creación literaria. Estudió Lingüística y Literatura en la Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP). Es Magíster y Doctora en Filología Románica, Literatura Comparada y Literatura Alemana Contemporánea por la Ludwig- Maximilians- Universität München (LMU). Ha publicado los libros Magia y fantasía en la obra de Manuel Scorza (2008; 2015); Encomiendas y cristianización (2011; 2013); la novela Por el Arte de los Quipus (2013; 2015); además de cuentos, poesía, teatro y traducciones literarias en revistas impresas y electrónicas; así como estudios en publicaciones académicas.