Rumores y cantatas de Ernesto R. del Valle:

El latido del corazón a través de cada línea

Carlos Enrique Cabrera


Rumores y cantatas, pertenece al género de la poesía amorosa. En este   eclosiona con la sabiduría, gracia y ternura de un yo lírico  vivo,  una enfebrecida e imaginativa exaltación de  la mujer.

El libro está dividido  en diferentes apartados,  titulados de la manera siguiente: A modo  de exordio, Cuaderno número 1. Rumores, Cuaderno 2. Breve cantata para tres temas. Este cuaderno  queda estructurado  con su correspondientes epígrafes en tres tema:  Tema 1. El encuentro, Tema 2. La despedida, Tema 3. El olvido. Cierra el libro el Cuaderno 4. Te pareces al mundo.

Ernesto R. del Valle  tiene predilección por las formas cortas, rítmicas y rimadas. Las décimas y el soneto predominan en Rumores y cantares, donde  también comparecen  no obstante algunos pocos poemas de más largo aliento de verso libre y  suelto (“Como si la lluvia”, “En la paz sagrada de mis sueños” y “Poema casi oratoria por nuestro amor”),  y aun incluso algunos fragmentos de prosa poética.

En el “Cuaderno 4. Te pareces al mundo”, el propio poeta nos describe,  en una breve nota,  la naturaleza de los poemas que  conforman el contenido del referido cuaderno:

“En el presente cuaderno –expresa del Valle-, el autor desborda todo el caudal imaginativo y lubrico. La mujer centra la atención del poeta para convertirse en ese mundo mítico o en esa realidad palpable que a veces nos traen los sueños. La ternura y la delicadeza están a descubierto en cada verso, como el latido del corazón a través de cada línea. “

La acertada descripción o comentario de  del Valle que acabamos de leer  más arriba,  puede ser perfectamente extrapolada a la totalidad  del poemario, en el que la mujer es  el epicentro, y la visión que de ella se tiene  es la de una  presencia necesaria, benéfica y reparadora, que ya con el simple sonido de su voz hace florecer  la primavera y brotar la lluvia en el interior del poeta:

Cuando escucho tu voz /es como si por dentro /de mí rompiera/la primavera /y una llovizna muy fina,/humedeciera mi corazón lentamente. (“Como si la lluvia”)

Por el contrario, la  ausencia de la amada genera incertidumbre, malestar y vació en el poeta:  “Un día sin verte/ es el vacío más extraño./ en que mi alma cae.”
La añoranza, la nostalgia, el dolor ante la ausencia de la amada,  se manifiestan aguadamente en el corazón del poeta en los lugares en los que ya esta no está (la casa, las calles,  la plaza): “Mira tú que desconsuelo/andar sin ti por las calles.”

Si hubieras visto la casa
como aquel día la ví
vacía y sola de tí
¡qué tristeza la traspasa!
¡La plaza sin ti, rebasa
la soledad que encontré!

 

Hay breves descripciones, casi apuntes del acto sexual (“Con ansias tu cuerpo bajo mi tendías/entregándote plena a mis antojos/que se amansaban tiernos en tu sexo”.),  añorado ahora desde la herida de la ausencia, “la ausencia que aniquila”.

La ausencia y sus rigores no le hacen olvidar al poeta a su amada: “de nada vale la ausencia/para olvidar tanto ayer.” La voz lejana de la amada le llega “como remota fragancia/de la flor que más se añora”.

La amante, que ahora por primera vez adquiere nombre propio, (“Marina”), embellece  y adorna el mundo y lo metamorfosea, lo ilumina y lo hace amanecer: “cuando tú no estás, Marina,/no parece que amanece.”

El poeta se consume de amor, y así lo canta, esto a pesar de lo que le recomiendan y de sus muchos años y de la fuerza de la costumbre (“Las aguas de la costumbre/no apagaran esta lumbre”): “No quiero dejarla, muero/de nostálgica querencia”

En el poema titulado  “La paz sagrada de mis sueños”,   el poeta (que lee a su vez allí  un poema Fernandez-Larrea, “Canción de invierno”) se revuelve contra la idealización de la mujer como la canta el poema (“una mujer que no es mujer   sino un endiablado e irremediable hechizo”, “ no es mujer, sino un encantamiento”)  y quiere,  en la añoranza,  sentir la suya  viva y real:  

 

Que no eres fantasma, ni sueño,
sino este insomnio que me dejas en la piel:
tú, que no estas idealizada
sino viva en mí como los latidos
más íntimos de la sangre
y en los símbolos luminosos de la noche.

 

En  “Poema casi oratoria por nuestro amor”,  el amor queda convertido en barrera, protección, escudo contra todo mal y toda adversidad:

nuestro amor allí, en medio de tanta locura, sangre, hechizo,
mantiene incólume su emblema.
Ante el manotazo de la soledad,                                   el amor.
Ante el ocaso de los grandes y fallidos amores                           nuestro amor.
Ante las tempestades y silencios,                                                        nuestro amor.
Ante las palabras que nos niegan,                                               nuestro amor.

 

Y,  finalmente, el poeta eterniza la memoria de la amada con la palabra, con sus versos, haciéndola  trascender el tiempo  y la muerte:

Debiste nacer de mí,
de estas palabras
que en definitiva
te van a eternizar
ante la lluvia, el tiempo
y la cabrona muerte.

 

Una imagen expresa con fuerza y exactitud la ruptura y la perdida de la amada: “Hay argumentos, sombras,  palabras incineradas, canciones, desesperos. ¡Entre el olvido y tu cuerpo navega un barco de ceniza!”

La amada ausente y ya perdida en la distancia se metamorfosea en otra, en una desconocida (“ya no eres aquella que yo amé/tienes otro rostro”),  y también el poeta amante mismo  cambia, ambos son ya “dos fantasmas/ que una vez fueron felices.”

El poeta está decidido  –enamorado del amor y de los dones que este sentimiento prodiga y  los muchos inenarrables  placeres que brinda–, a inventar el cuerpo de la amada  en el que tanto gozo encuentra:  “Si eres sueño, si no existe/ Tu cuerpo, ¡yo me lo invento!”

La amada se enciende de lujuria (“y en lujuria te enciendes”). El cuerpo de la mujer amada se percibe  en erupción (de tu cuerpo en erupción”) como un volcán. Las noches que brinda la amada son “noches de fuego y miel.”

De nuevo surge la necesidad del poeta de inventar el cuerpo deseado de la amada que tanto placer le ofrece,  pero que percibe de forma difusa y desconcertada entre el sueño,  la “realidad” y el “mito”: “Tu cuerpo yo me lo invento/si eres sueño.”

Las manos de la amada son pródigas en caricias que llevan al frenesí al amante: ” ¡Que lentas se enrumban por /senderos de frenesí/ y ponen fuegos en mi/piel ardida en su fragor.”

Fuego,  volcán, ardor, lumbre,  se enciende, ardidas,  son  vocablos que dejan  su marca persistente de  significación y sentido a lo largo de  los poemas  de Rumores y cantatas,  clara expresión de la pasión amorosa que recorre la totalidad del poemario. Es bueno asimismo destacar (así sea  brevemente),  los epítetos,   los símiles y metáforas con los que el poeta describe el cuerpo de la amada trozo a trozo, detalle a detalle (“Cuaderno 4. Te pareces al mundo”),  como descomponiéndola en una imagen cubista que debe el lector atento reconstruir por sí mismo.

Así,  el rostro der la mujer amada es «desamparado y pequeño» y en el mismo  hay juventud , el pelo espejeante, cargado de reflejos, las orejas «dos diminutas hogueras», los ojos son vistos como «aves nocturnas» (“Aves nocturnas tus ojos.»), las pestañas como «abanicos de reseda» o «breves follajes frondosos», los labios son como «cerezas» («cereza/de jugos prohibidos»), el cuello «dulce nido», girasol los brazos, los senos de la amada son «de luz y viento», y el ombligo «punto homicida  y el eje de tu elegancia.», los pies son «breves», «acariciables y finos».

El poeta  se acerca al trovador provenzal,  asume  los valores del amor cortés, postrándose reverencial a los pies de la amada, ser superior. Y así lo canta: «En mi camino yo estrecho/tus dos pies contra mi vida.»

En conclusión,  Rumores y cantares de Ernesto R. del Valle es un poemario en el que  se  prodiga a manos llena imaginación, sensualidad, delicadeza y ternura, en el que definitivamente se siente  de forma  persistente el arte de quien domina los tropos, las estrofas  y los versos, pero sobre todo  el latir de un corazón vivo  (“el latido del corazón a través de cada línea“ como dice el mismo poeta ) entregado irrefrenablemente al amor y a la exaltación del objeto de su deseo: la mujer. Todo ello hace que Rumores y cantares  se lea con atención y extremo gusto, buscando el lector sensible con deliberación y entusiasmo  no perder detalle alguno del  sutil y bien elaborado  entramado lírico del poemario.

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Ernesto R. del Valle es un prolífico y contumaz escritor cubano estadounidense que persiste a través de los años  en generar belleza sirviéndose  de la palabra de todos, esto  a pesar de los muchos males, quebrantos  y pesares que aquejan a nuestro mundo contemporáneo, o quizá precisamente y justamente por eso mismo, buscando con obcecada deliberación   aliviarlos y aun incluso conjurar esos males,  que es lo que en definitiva debe hacer todo verdadero poeta -y es lo que impone  hacer realidad  y materializar con su magia verbal e imaginativa la poesía.

Nacido en  Camagüey, ciudad cabecera de la provincia del mismo nombre el 9 de junio de 1940,  Ernesto quedó claramente inoculado por los espíritus que en esa  maravillosa isla antillana  esparcen y fomentan la cultura y la creatividad,  como quien expande  y prodiga  el límpido aire indispensable  para vivir  (no en vano es la patria de José Martí y José Lezama Lima) y  se lanzó pronto a la generosa tarea de la docencia, la gestión cultural y ¡cómo no,! el cultivo pertinaz  de la narración y de la poesía. Su obra se prodiga  en foros y revistas de la Internet,  en numerosas  antologías internacionales, tales como  Poesía cósmica cubana Tomo II (México, 2002.),  la poesía universal Siglo XXI (España) de Fernando Savido,  Eclipse II  y Cuba poética  (Editorial Hispana US de EUA, 2018).

Entre sus  muchos títulos se encuentran: el libro de relatos Miércoles de cenizas  (2012),  y los poemarios: Alabanzas y alucinaciones (2011), Emboscadas del sueño (2012) y Amén de Mariposas. Ha cultivado nuestro autor  asimismo  la literatura infantil con títulos tales como: Carrusel de rondas. Poesía infantil  (2019), Duendería. Relatos infanto-juvenil (2019),  Aquellos niños que somos (Relatos para niños y jóvenes). Su obra ha merecido  numerosos galardones y  ha sido traducida  al gallego, italiano, portugués, inglés, húngaro y alemán.

 

Del Autor

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Carlos Enrique Cabrera
(La Vega, República Dominicana). Se licenció en Filología Hispánica en la Universidad Autónoma de Madrid (España) y realizó estudios de Bibliotecología y Documentación en instituciones educativas de esa capital europea. Durante años se desempeñó como funcionario de la Red de Bibliotecas Públicas de la Comunidad Autónoma de Madrid y como colaborador externo de importantes editoriales españolas (Editora Nacional, Plaza y Janés, Alfaguara, Playor). En 2001 fundó la revista de letras, artes y pensamiento Caudal, que bajo su dirección dio a la luz, de forma ininterrumpida, 29 números. Ensayos y cuentos suyos han aparecido en diversos medios impresos y digitales y son de su autoría los libros Reflexiones de bolsillo (2002), Tiempos difíciles (2010) –recopilación de ensayos– y el conjunto de microrrelatos: Conjuros y otros microcuentos (INTEC, 2013). Es también coautor de la obra didáctica Español Universitario (Santillana Universitaria, 2006) y el de información turística Ciudad Colonial Santo Domingo (Tando Editora, 2011). Asimismo, mantiene en la Red varios blogs: Conjuros en “La Comunidad” del diario madrileño El País, y en Blogger el personal Carlos Enrique Cabrera (CEC) y el promocional de la revista Caudal, así como el educativo: Español CEC. Desde 1994 es profesor a tiempo completo del Área de Ciencias Sociales y Humanidades del Instituto Tecnológico de Santo Domingo (INTEC).