Las salas de cine


 

«Los mendigos anónimos
vienen del cine mudo
posan en blanco y negro […]
los mendigos anónimos
antes tenían nombres
y memoria y subtítulos»

En  blanco y negro, Mario Benedetti

 

Si preparo popcorn en casa, dos cosas me vienen a la memoria: los festejos de cumpleaños de la niñez y las salas de cine de Lima. Desde el nacimiento mundial del séptimo arte las salas para proyectar películas parecían ser parte inherente de ese fenómeno que tanto fascinara enseguida a las vanguardias del mundo entero. Primero, mudo, y a blanco y negro, luego con música al paralelo, después con sonido, más tarde a colores, con subtítulos, mucho después doblado a otros idiomas, muchísimo después en 3D con las supergafas oscuras, incluso con efectos sonoros extras en sala y movimientos de butaca, dependiendo del lugar. Aquí en Múnich, sala de gala, con asientos reclinables y mesitas desplegables con servicio de champán y cena a la carta. Todo iba viento en popa hasta que pasó un huracán pandémico que nos movió la alfombra roja y convirtió la esencia del cine en una pregunta de vida o muerte, o de reinvención, o de renacimiento: ¿el cine es igual a sala de cine? ¿son necesarias las salas de cine? ¿netflix no es cine, por más que uno tenga un pantallón instalado en la pared más grande de la casa? ¿un streaming de película cinematográfica no es cine? ¿el chiste del cine era mirar la película en medio de una masa de gente, entre cuatro paredes, engullendo popcorn? Leer más…

Bruno Vidal: La oveja se viste de lobo


Bruno Vidal es en sí mismo un juguete de guerra, libros como Arte Marcial, Poesía de Guarda y Rompan Fila, lo sitúan en el imaginario literario chileno como ejemplos de una radicalidad extrema, por lo mismo, siempre ha sido complejo leerlo desde alguna vertiente literaria, precisamente porque parece más bien romper con la tradición que lo antecede. Aún así, se le emparenta, de manera forzada a mi parecer, con poetas como Nicanor Parra, José Angel Cuevas o Elvira Hernández. Es cierto que es fácil concebir su trabajo como antipoesía, o que con los dos últimos comparte el tratamiento de lo político, pero el gesto brutal de ser “la voz de los victimarios” de la dictadura cívico-militar chilena, no tiene antecedentes, al menos en las letras chilenas. Por tanto, me propongo leer a Bruno Vidal desde otra perspectiva: la poesía del horror, la poesía de lo inenarrable, en particular lo confrontaré con parte del trabajo del poeta judio rumano Paul Celan, en un intento de encontrar las claves que permitan asir la propuesta de Vidal. Leer más…

Otro toque de censura


Luis Manuel Otero Alcantara, artista cubano, actualmente secuestrado en un hospital por la dictadura.

Luis Manuel Otero Alcantara, artista cubano, actualmente secuestrado en un hospital por la dictadura.

Una estocada muy fina contra la independencia de pensamiento y creación fue la promulgación del Decreto 349, que establecía oficialmente en carácter de ley un grupo de normas y conceptos de control estatal en la esfera de la cultura que habían sido esgrimidos a lo largo de años por los comisarios culturales. En simples palabras, la represión practicada extraoficialmente convertida y estipulada en ley, con lo cual quedó creado el perfecto mecanismo para transformar en delito una serie de manifestaciones creativas, artísticas e intelectuales que, curiosamente, eran los únicos espacios de independencia y oposición cultural aún “tolerados”. Dicho decreto se impuso, pese a que por primera vez en la historia de la cultura “revolucionaria” se produjo un consenso crítico entre protagonistas de la cultura opositora (la artista plástica Tania Bruguera, el escritor Angel Santiesteban, el cineasta Juan Carlos Cremata, el pintor Pedro Pablo Oliva, por sólo citar algunos) y figuras oficialistas reconocidas por la cultural oficial, como Silvio Rodríguez, Pablo Milanés, Antón Arrufat o los cineastas que protagonizaron la campaña para exigir la Ley de Cine antes citada en este capítulo. A los comisarios culturales y poder político no les importaron, una vez más, los llamados de atención de quienes serían precisamente las víctimas de las limitaciones de opinión, creación y afiliación social impuestas por este bochornoso decreto. Leer más…

Patricia Mateo. Dossier

Patricia Mateo nació en madrid en 1953. Su mirada artística resulta, para todos los críticos, subversiva, desmitificadora y rompedora de los cánones de la tradición. «En sus postales intervenidas intenta que la gente piense por sí misma, que no dé nada por establecido. Utiliza imágenes de cuadros conocidos y postales que compra en los museos y rastrillos que visita. Desde la irreverencia,  introduce  elementos con óleo, como si hubiera sido el pintor el que  lo hubiera pintado de esa forma y deja a la gente reaccionar, plantearse otra forma de ver una imagen que su retina ha mantenido siempre como se la han presentado, sin ninguna posibilidad de  planteamiento», se asegura sobre ella en varios sitios de internet.

Francisco Carpio, al comentar su exposición «Tiempos Modernos», presentada en mayo de 2021, dice que:

Siempre he dicho –con un guiño de orgullo y un acento de cierta nostalgia- que yo me inicié en el amor al arte y al maravilloso mundo de las imágenes a través de los tebeos (eso de comics nunca me ha acabado de convencer del todo…). Un universo de felicidad y de fantasía en el que me sentía perfectamente acompañado por personajes como Mortadelo y Filemón, Rompetechos, Pepe Gotera y Otilio, o los entrañables y humanísimos vecinos de la Rue del Percebe número 13.

Humor y seriedad son, sin ningún género de dudas, dos de los condimentos básicos que Patricia Mateo utiliza, además con gran maestría, para elaborar sus creaciones pictóricas. Humor, porque en sus obras nos propone una nueva lectura con respecto a las imágenes matrices que emplea, al incorporar toda una bendita y querible fauna de seres sacados de esos benditos y queribles tebeos a los que me acabo de referir.

Jesús Cámara, con motivo de otra exposición: «El viaje Fueradcarta», define así el arte de Patricia Mateo:

Patricia Mateo construye desde el óleo un estilo cuya principal fuente de inspiración es el arte mismo, la Historia del Arte no sólo vista, o revisitada, sino participada desde nuestra vida cotidiana, no exenta de humor –o de ironía-, algo tal vez imprescindible para soportar los rigores del estrés de nuestra cotidianidad. Tampoco falta un punto de critica, posiblemente también necesaria para mantener en el mundo que vivimos cierta coherencia moral. Así nacen sus remakes de las grandes obras del Renacimiento, el Barroco, la Pintura Flamenca, el Clasicismo francés, o el Realismo estadounidense. Sus intervenciones son como pequeños cambios que no alteran la estética pero revolucionan la ética; un masaje al mensaje pictórico de tiempos pasados. Patricia Mateo re-nueva, más que re-hace iconos plásticos, sin pretensiones grandilocuentes. No son grandes frases las que hay en sus cuadros; a veces es suficiente con una interjección para hacernos a veces sonreír, o para conducirnos a reflexionar siempre.

Agradecemos entonces a nuestro colega, el crítico de arte Gregorio Vigil-Escalera, la posibilidad de traer a Patricia Mateo a las páginas de OtroLunes, en este brevísimo dossier.  

Amir Valle
Director General

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Entrevista

Galería

 

Carlos Esquivel Guerra. Dossier

Carlos Esquivel Guerra es un nombre referencial en las actuales letras cubanas. Miembro de una generación de reconocido poetas, ha impuesto su estilo personal en una prolífica y sólida obra que le han valido el respeto de los más importates críticos cubanos en el género. Su narrativa, de una singularidad expresiva que lo diferencia de las modalidades narrativas imperantes en su generación y en el país, lo convierten además en una exquisita voz del cuento y la novela. Sobre su impacto, el escritor cubano José Kozer ha dicho:

Poesía que siendo cubana remueve lo cubano y se mueve en direcciones que van volviendo la poesía cubana en una poesía abierta, tumultuosamente tranquila, no señera y soberana, sino rala e inmensa. Poeta referencial, estructuras ortodoxas en las que incrusta la propia desazón arraigada en la desazón de la patria devastación, la construcción en la ruina y con las ruinas ir trazando desde el polvo y la caída (el gordo Lezama cae, qué no habrá desfondado) y mediante la ironía una continuación discontinua, una poesía que con otros poetas de su generación van desbrozando calidad en caminos más inéditos que se acercan a la necesidad de lo ulterior, que está a la mano, intuyen.

Tanto la poesía como la narrativa de Carlos Esquivel Guerra sobrepasan los límites de su natal Elia, en el oriente rural del país, y se lanzan a conquistar la universalidad que toda obra literaria aspira. Su humildad, su sencillez y su cordialidad, también, le han granjeado la admiración de escritores cubanos de todas las generaciones. Uno de ellos, el recientemente fallecido Pedro López Cerviño, escribió de este autor lo siguiente:

Carlos Esquivel  es sin dudas uno de los grandes escritores actuales. Nada del realismo burdo hallaremos en los trazos con que llena la página en blanco  como si los escribiera sobre nuestra misma piel. Asume las encrucijadas del hombre como si fueran propias y da voz al secreto, al entredicho, a la pregunta jamás respondida. El cine, las guerras, los fantasmas del pasado, la memoria del país, el béisbol, el futboll… Todas las pasiones se vuelcan en única vorágine. Cada cuento, cada poema nos deja una angustiosa cicatriz, la misma que le dejó a él  el trance de la escritura como un acto de Fe, una autobiografía  nostálgica y terrible, una pesada carga de la que no puede desasirse. En el cuento, la novela, el verso blanco, la décima, Carlos Esquivel se muestra renovador, revolucionario en todo el sentido que abarca el concepto, trasgresor, intertextual en todas sus múltiples lecturas y saberes. Un escritor maduro que escribe lo que sabe porque sabe lo que escribe.

OtroLunes, entonces, agradece a Carlos Esquivel Guerra toda la colaboración prestada para poder presentar a uestros lectores este breve dossier sobre su imprescindible obra.

Amir Valle
Director General Leer más…