Recorrido breve por su obra poética

Carlos Esquivel Guerra

Carlos Esquivel Guerra

(Cuba, 1968) Ha obtenido múltiples premios nacionales e internacionales. Ha publicado, entre otros, los libros de poesía Perros Ladrándole a Dios (premio a la Mejor Opera Prima del año en Cuba, 1999), Tren de Oriente (México, 2001), El boulevard de los Capuchinos (2003), La Segunda Isla (2004), Bala de Cañón (2006), Matando a los pieles rojas (2008), Los hijos del kamikaze (2008), Cuarteaduras (2013), Once (2014) y La autopista cero (2016). Otras obras suyas editadas son las novelas Un lobo, una colina (2010 y 2018, España), Diario de Caín (España, 2016), Los elefantes las prefieren rubias (2019), (Panamá, 2020). Los libros de cuentos Los animales del cuerpo (2001),  Hablando mal de los otros  (2014), La historia del lobo contada otra vez (2018), Diez cuentos que estremecieron a Cuba (Estados Unidos, 2019), 69. La sexualidad vigilada (Ensayos, 2019). 90 minutos (Estados Unidos).

–***–

De “PERROS LADRÁNDOLE A DIOS” (1999)

REQUIEM POR DYLAN THOMAS

Dios nació en la cama seis
a las once menos cuarto
Su madre dijo probéis
la oscuridad de mi parto
Él nada es sino el reparto
enemigo   Nada   Cruel
se va bebiendo la miel
de sus hermanos y aguanta
para borrar la garganta
con su nombre en el papel

Cama seis   el cuarto piso
Dios aprendía el inglés
para fingirse después
Robert Burns   pero su hechizo
fue dejando sin aviso
los mendrugos    Ya estaba harto
de los goznes en su parto
Mi madre dijo Apuréis
Yo nací en la cama seis
a las once menos cuarto

–***–

ÚLTIMA FOTO DE LA FERIA

Para Daniel Laguna

Vendo mi posteridad
a los cuervos    la locura
del que frisa su ternura
al lápiz     Vendo ciudad
y almejas contra la edad
de partir   Vendo la tela
para pintar una esquela
de aguafuertes y de asfixia
Vendo el reloj que resquicia
su nombre como una vela

Marx cuesta un dólar   (se vende
a sobreprecio)   París
es una simple nariz
entre los muros  Asciende
desde el cuerpo quien ofende
con su rock    (ruleta rusa)
“un tal Esenin”   Abusa
su fantasma el entresijo
de los pobres   Algún hijo
salvará su escaramuza
entre las piernas    Hossana
Ostras de las doce   yugo
de fantasma o de verdugo
(Coctail Club)     pero La Habana
es una lengua mundana
a los olivares   Vendo
Mac Donald´s con Van Gogh   siendo
la oreja simple mortaja
para apretar la navaja
filosofal   Nunca entiende
el surtidor que se escribe
la sopa oscura y abierta
que Marx me lee en la puerta
Escribo que ya no vive
Dios y que nunca se exhibe
(Dinero- Mercancía- Dinero)
(Hombre- Disneas- Cordero)
humus agrio de la orilla
magma final que se astilla
al cenit de algún viajero

Carlos Marx nuca existió
lo dice Dios a mi perro
cuando sopla bajo el hierro
de nostalgias que fingió
Jamás la nieve cayó
herrumbrada a la cabeza
de New England   Dios empieza
a ponerse Dios y duele
Pero la historia no suele
ser Historia   Dios regresa
toca a los hombros y oficia
como un leñador perdido
Nada cuesta lo vendido
sólo una vaga noticia
que por las calles oficia
a los senderos   La breve
reciedumbre no se atreve
todo el polvo que descansa
Vendo sílex y esperanza
y vendo por fin la nieve
de los pobres   y el adiós
sobre un barco que me escapa
de la bruma     de este mapa
de oscuridad en la voz
Aquí está enterrado Dios
aquí Marx   mi perro    un coto
para dividir el roto
esplendor de la miseria
Ya se termina la feria
Pueden romper esta foto

–***–

EL

Para Anybis Labarta

Al que Dios no le perdona
su perro de Galilea
su Montesquieu   su pelea
contra el Whitman de Ramona
Senders   su Stars Arizona
su vértigo ya neptúnico
a las islas donde es púnico
el San Juan de Donatello
su Judas Browning al velo
su Charles Du Bus    su único
Landor Ferri   su Marat
bajo Durero o Cartujo
su Jack Dempsey   su dibujo
de la lluvia en Marienbad
su polvo trisrte    su edad
una y otra vez al ojo
de Woodrow Wilson   su rojo
Pudovkin   sus abdaquías
al jueves    sus sinfonías
en Castellani   su dojo
a la espalda de algún Toante
sin Lemnos o vellocino
su Ciacco de Florentino
sus proverbios del Levante
su Montefrío   su Dante
gris  su maledetto fiore
fatto ha lupo del pastore
su Génova   su Provenza
su perro Prinz que comienza
desde El Elba a Pascual Fiori
su Caifás   su Panteísmo
de Spitzer    su Silvia Great
descalza por Fort Street
(según el ilusionismo
de Jasper Johns)   su cartismo
al ruido de alguna copa
ruana   su Contantinopla
su Pánfilo de Narváez
su Lembrum     su Joan Báez
su Edouart Manet que sopla
del escarnio hasta el averno
su les morts cachés sont bien
su midi sans mouvement
(Paul Válery sempiterno)
su Vivaldi en el invierno
o en la aurícula de marzo
su Signey Kingsley   su cuarzo
a la orilla del nirvana
bestias de Robert Indiana
bajo el núbil de Frank Tarzo
en ónix y providencia
su Ulises desde los ápices
de Tintoretto   sus lápices
en la ceniza o la ciencia
de Attar    su circunferencia
entre Plinio y Barantinsky
sobre el ruido que Stravinsky
salva de Joaquín Rodrigo
su Bertram Thomas   su Vigo
en la catedral Kandinsky
sus viajes de Torrigiano
al país de magdalena
su Ben Nicholson   su quena
bajo el túnel de la mano
su Dessider Settignano
su San Telmo    su Cabral
al auxilio del Pascal
Cerbero    su Montaperti
su Tesoretto   su Berti
su purgatorio final
su William Blake que fulgura
Tyger! Tyger! Burning bright
In the forest of the night
su siqueo   su locura
por esa Dickinson pura
que no tiembla en la Gorgona
su ninguno   su persona
su no morirse  su rezo
casi perdido     Y por eso
es que Dios no me perdona


De “FUERA DEL CÍRCULO” (2000)

BOTELLAS SUCIAS

Este sería un poema de Hermann Hesse.
Le diré a mis amigos cuánto anduve
ardiendo como lobo en las estepas.
Sé de la ciudad que nada predijo
y amontonó sus calles hacia la niebla de París.
También quise asustarme,
estar vivo sólo engaña a los de arriba.
Lo diré a mis hijos.
Mejor soy de la loba su herrumbre.
Si no fuera porque llueve y caen de jugar los niños,
o, quizá, porque estuve minuciosamente sólo
y no marché a casa frente a las moscas,
o porque la  carne se hizo agua de los verdugos.
Si no fuera quien vende a ciegas el fin.
Lo diré a mi madre.
Este sería un poema de Hermann Hesse.
Apaguen ustedes las escenas del hombre.
Ignoro cuanto escribí del que llaman Abel,
sus moscas maniobrando en mi ganado.
Ignoro cómo se corta el pan o el tabique diario.
No sé quien queda su madre al dolor de los dedos,
ni el plato en los hot-dogs.
Ignoro la espina que aguarda mi boca,
el agua en la ciudad de un siglo,
el humo de la defecación y mi perro.
Ignoro cuánto escribí para ignorarlo todo.
Lo diré a mis hijos.
Este sería un poema de Hermann Hesse,
hasta el alfanje.
Hasta el lobo que sufre en la estepa.
(1991)

–***–

FUERA DEL CÍRCULO

                                   de Hart Crane

En Xangongo morirá un soldado:
saben los árboles su bandera extraña.
No ensaya la patria el juego de llorar.
Marcos I. L. aburre de morir,
sentando en el lugar donde más cerca estuvo
de la vida,
fingiendo a los hijos como asunto remoto de la casa.
Mira sobre la hierba oscura su guerra.
Todos sermonean un minuto enfermo:
Los héroes son ese pedazo de muerte necesaria.
He visto a un soldado llorar
como sílaba pura la señal de su madre.
Hubiese preservado sus huesos soplando al círculo.
El fiscal echará al cuerpo
su pájaro doloroso en la tarde.
Ha matado,
así su dura eternidad será el silencio.
Un muerto es el muerto de todos,
un labio, un nariz,
una parte matutina que odia su viaje.
Seis dedos esqueléticos abren a los meses
el fenol.
Todos miran desde sus piernas la caída,
levantan las banderas como crucificados.
Esos que disparan son sus amigos,
lavarán manos y bocas bajo el riflero.
Aunque muera el hombre, su madre duerme,
y cuando sueña el toque de su hijo
seis cubanos apuntan.
Cuando abre la luz, el mundo a su hijo,
seis cubanos disparan.
Entre ella y el hijo que cae
está Dios durmiendo.
Entre la madre y el hijo que cae
van seis balas,
seis horas de Greenwich a cualquier puerta,
seis segundos de reliquias en la cama.
Cuando el hijo muere y la madre despierta,
la patria se inventa llorar por un minuto.
(1989-1993)


De “BALADA DE LOS PERROS OSCUROS” (2001)

LA ROJA INSIGNIA DEL CORAJE

En el presente, se declaró a sí mismo que sólo los predestinados y los condenados rugían con sinceridad contra las circunstancias.

            Stephen Crane

Dejadme estar allí:
con la yerba debajo y encima todo el cielo.
                John Clare

John Clare que estás en el cielo
de la mirilla. El fusil
debe lanzar este añil
migratorio. Desde el suelo
hay un país, un desvelo
un soldado y su bandera,
hay un muerto que no espera
por mi sien. Jonhannesburgo,
College Liberty,  y el burgo
jura una historia que no era.
John Clare en el otro lado,
con su rock de polvo y ascuas,
esperando por las pascuas
del hijo que lo ha salvado.
John es un triste soldado
enemigo,  y hoy su bala
no podrá saber mi mala
puntería, su mujer
llorará hasta envejecer
mientras su nombre regala
un poema a mi memoria.
John Clare nunca fue poeta,
nunca supo alguna treta,
alguna madre ilusoria
llorándole por su historia
de soldado. Su aventura
es un país que lo apura
a los naipes. En el lecho,
su amada tendrá el derecho
a elegir, mientras le dura
la bala que en mi locura
apunto. Del otro lado
(escucha madre), un soldado
sabrá que mi bala oscura
debe sajar la hendidura
de su pecho. Serán otros
quienes salvarán los potros
de mi nombre. John Clare hubo,
pero sólo Dios estuvo
a la mitad de nosotros.


De “TREN DE ORIENTE” (2001)

Y AHORA PARA USTEDES, FRANÇOIS VILLON EN BALADA DE LOS AHORCADOS

Alma, le dije a Jack Kerouack
sobre la tumba de Allen Ginsberg.
Traigo estas manchas y me he tatuado
bajo la carne un lobo.
Tú no conoces el escozor,
tú no conoces la edad que tengo.
Alma, recé, sin aliento y con bufanda,
a la memoria de Lautreámont
en un circo de París
la noche amarga que caía Leon Bloy.
Ellos creen en la devastación, te dije,
y no imaginé a verdugos que morirían por nosotros.
Saludemos al César
porque muere como el mejor César,
aun si su nombre de guerra es culpable
de entregarnos a los griegos.
Alma, pensé ante los fiadores
que dibujaban con la daga
un atisbo de Carriére.
Yo no tengo más convencimiento
que cortarme las venas, esperar en albañales
como un inválido sin música,
sin epitafio.

–***–

HABLO CON ÁNGEL ESCOBAR PERO PIENSO EN VIVIANNA

Odio al que se va a volar los sesos,
al que salta de un techo porque no supo saltar antes,
quien va a poder con el veneno en su vino
e irá a soplar
malas palabras del paisaje;
quien redunda con la cuerda
y se despide de los insectos
que cruzan el porvenir del árbol;
los que crujen y abren las piernas
al barco que los borrará del cuerpo,
los que consisten en dejarse asesinar
o tener miedo
y regresan al polvo
por encima de la carne.


De “LOS EPIGRAMAS MALDITOS” (2001, 2006, 2015, 2016, 2017, 2020)

MUCHACHA RUBIA CON ANTIFAZ

Le dije que la llevaría a mi apartamento.
Encantada, dijo la rubia de senos grandes.
Allí Marilyn Monroe se desnudó y me dijo: poséeme,
hazme volar.
Lo que más odio del sueño
es que ni siquiera tengo apartamento.

–***–

 

RECETA PARA SOMETER A UNA MUCHACHA A TU VOLUNTAD

Para Jesús David Curbelo.

Pulverícese la fruta del nobuk con un ojo de cangrejo.
Mézclese con tintura de acetileno
y leche de rata australiana.
Aplíquese sobre la superficie del pene antes del coito.
Si no cae la mujer a tus pies para siempre,
es porque el pene ha caído a tus pies,
para siempre.

–***–

 

LIVERPOOL S.A.

John Lennon se hizo el músico,
luego se hizo el famoso,
después se hizo el drogadicto.
Ahora se hace el muerto.

–***–

 

FUEGOS

Hablaba un poeta de este país
sobre el hecho (no consumado) de quemar
los poemas inservibles de este país.
Qué lastima, digo yo, no comenzar el incendio,
ahora mismo,
con los de él.

–***–

LA POESÍA ES EL OPIO DE LOS PUEBLOS

Cuando King Kong bajó de esas torres neoyorquinas.
Cuando la rubia sensual que antes estuvo en sus manos
fue a otra película.
Cuando dijeron ahora sí viene el lobo.
Cuando vino.

–***–

DEPORTE NACIONAL

Que tire la primera piedra
quien no haya robado jamás en Cuba, dijo.
Al momento descubrió que también
se habían robado las piedras.

–***–

REPARACIONES

Desde muchos años,
Cuba está cerrada por reparaciones.

–***–

SUPERFICIES

Para Yamíl Medina

Volando sobre La Habana supe que La Habana era bella.
Volando sobre Buenos Aires supe que no era una ciudad
triste, como tanto decían.
Volando sobre Mariela supe que ella me extrañaba mucho.
Ahora comprendo que las cosas deben mirarse siempre,
desde arriba.

–***–

CONQUISTAR AL LOBO

Tus héroes están en los crapulosos billetes
que acuñas como un celador de diamantes.
Mis héroes respiran en amarillas páginas,
roídas por los tiempos de los tiempos.
Basura de héroes, nuestros héroes.

–***–

SUSURROS

Lo que pertenece a Dios es de los ministros.
Lo que pertenece al pueblo es de los ministros.
Lo que pertenece a los ministros es
de los ministros.

–***–

DAMNIFICADO

Damnificado y no de lluvias,
sí de temporales políticos que no proveen
otros recursos que paciencia o rebeldía,
oportunismo o emigración,
la máscara o morir de cara al sol.

–***–

FELICIDAD

La felicidad en tierra patria no es,
como la brumosa metáfora Beatle,
una pistola caliente,
sino una comida caliente.

–***–

COMERCIALES

Las únicas cosas que no funcionan mal en Cuba
son esas que no funcionan.

–***–

PROXIMIDAD

Cuando estaba a punto de ser libre recordó
que la libertad en su país era,
por réplica del gobierno,
la puerta de entrada a la muerte.
Y decidió ser eterno.
Y esclavo.

–***–

CORRECCIONES

Casi es lo mismo, El poeta cubano disertó en Madrid,
que, El poeta cubano desertó en Madrid.

–***–

INFORME DE METEOROLOGÍA

Hoy habrá un ciclón de carne, arroz,
jamones y cervezas por doquier.
Pero no se preocupen,
no ofrece peligro para Cuba.


De “EL BOULEVARD DE LOS CAPUCHINOS” (2003)

LOS COSACOS BAJAN LAS ESCALERAS. SECUENCIA PARA EISENSTEIN

La Rusia, madre,
y los cañones que disparan
a pueblos pequeños.
Qué rara cercanía a mencheviques
y mujeres prohibidas para Trotski.
Qué raros los huesos estivales
y las consignas sembradas
hacia una hueste de marinos
que no regresarán.
Por las escaleras va la Rusia,
y van los cuchillos que le persiguen,
madre, ahí los frijoles de Pushkin,
la bala que Maiakovski disparará,
el alcohol para Esenin.
Arriba quedan unas isbas demoradas.
en antiguos inviernos.
Arriba la madre, que nos cambia de sitio,
y pone la patria en un virus,
y a mí, en el pequeño coche
rodando
por la escalinata.

–***–

EL GRAN ROBO DEL TREN

Yo aprendí de los hombres la presión de mis cabales,
anduve con una jaula para perdonar
e igual que el ladrón tuve mi espíritu.
Siempre caminé sobre los muertos
y con mi madre hice una cerbatana
para dar en la piedra.
Un día di a mis hijos la colecta
y me puse con himno y revólver a esperar
el convencimiento o los palos.
Pero estaban quienes prefieren la línea,
los que vienen por detrás y juran cauterizar a los árabes,
abrir la carroza con números del uno al dos,
y salté al tren,
la masa plateada, la ley comercial, el verdadero.
Supe la involución de los bandidos
que dan su miedo al tránsito, estuve con olor
en los coches sin penitencia, y caí secuestrado,
de espaldas al cantón y con la máscara de hierro.
No me enfrié en los hijos que acariciaban la trampa,
no volví a la hoja, pero fui fiel
a una mirada que se perdía sin espacio
en el humo de la carretera.

–***–

 

LA ÚLTIMA TENTACIÓN DE CRISTO

A Jesús Machado.

Yo tuve los clavos y fui como dice Borges
un hombre áspero.
Tuve un retrato y una estatura
que amoldé con el fuego de mis enemigos.
Mi madre me dio un espacio y una enfermedad,
arrastré la cuerda y sufrí la oscuridad de mi casa.
A veces miraba el aguardiente de los hombres,
y mi cuerpo tan abierto,
con esa humedad, se extendía.
Me armaron con llantos
y con mujeres que llegaban a la ciudad.
Me puse a confundir a los pescadores
y caminé sobre aguas grises,
enrarecido,
de país en país,
sin tiempo para tocar el pan
o para hacer los peces.


De “LA SEGUNDA ISLA” (2004)

AH, QUE TÚ ESCAPES

(José Lezama Lima)

Si fuese como el mar de Egipto,
como la medialuna sin brillar
casi en la fiera del alcohol despacio,
que providencial suena como una estrella de agua.
Si fuese con los laberintos y el túnel de neón,
o en la flema de la mujer bronceada por un violín de superficie.
Pero el orden de mis praderas y la sombra
de una tempestad casi en el cuchillo.
Pero una tarde con leopardos y aves ñu,
y esos que evaporan con los hierros la parte de una ópera.
Y más, sin que pueda, con el perfil de tu rostro
acercarme al viento.

–***–

LA ISLA EN PESO

(Virgilio Piñera)

Con el ojo universal, te arraso, Isla.
Como en un madero, yo, el pus nos arde,
ya será el mediodía de la Isla,
y los barcos que conocen Persia,
lugar de pregones.
Frente a las aguas,
yo, en la jungla de los pescadores que salieron al mar
por unas luces de provincia lejana.
El pueblo invoca al cielo de flamencos:
qué harán con nosotros en los estampados del puerto,
Isla que clarea como un juguete de angustia.
Terra más fermosa
como el huevo de la piel
y la costa de españoles a bajo precio.
Peces en abluciones con las propias hierbas del mar,
peces que pasan, aves de un silencio
que no detiene el paso.
Hueles los flecos  de la nariz
y saltas con el aire de Aquiles la patria prohibida.
Empuñas el tañido que el papel prefiere:
ser infiel a las maldiciones de la madre,
a bendecir que el piojo y el beriberi
no caigan como cae Rusia.
No es una Isla sino una boca larval,
un invento de arroz que el apóstol agradece.
Cristóbal besa los ojos de arrancar una isla en el suelo,
si perdemos esta lluvia,
estas libaciones de entrar al cuerpo del país,
a la espina de esos cadáveres que comienzan a crecer.
Si perdemos las sanguijuelas que hacen respirar,
si perdemos más, si perdemos la transformación
del corsario holandés que da vueltas,
si perdemos los mosquetes del campeador,
dracmas para el pez mecánico
o una deliberación del Tao, allí donde dice:
el hombre es más sabio que el carretón;
la Isla será una isla del borneo.
Al caer caerán los bastoneros,
quienes sorben  y se arrepienten,
o arrancan a Cristobal una franja de los huesos,
los que no abren el estómago para el deporte de Sade,
quienes son próximos y bajan a una resignación que mezcla,
me dobla a los ingleses que aprietan las fotos:
parque de Cienfuegos: las flores caen, hay un molinero,
padre de Daniel, hijo de los dolorosos y que fuma
y se calma; puente de Matanzas: hay un fleje
para el pescador y una gimnasia para que sonría así,
con una caja de Corea, con un dolor económico;
bosques de Guantánamo: es el revoltillo de las hojas
y unos pájaros condicionados a quedarse
aunque le corten las alas;
una barca en Trinidad: es la forma de mascar, el trueno
de un color, el submarino de Maisí, la pelota de
los que buscan la costa.
No venga el ancla, no hagan hundirnos
con el español en los ríos,
no entren con plátanos a unas cáscaras que repican
frente a la identidad.
En esta Isla nos llamamos Pablo y David,
estómago, metro líquido, módulo ideológico
de campesino sembrando el café para que el alma resista.
No sé si viví, si estuve muerto,
si, irresistible, me pegué al olor de una tierra escarbada,
si volé en las alfombras el trasmundo,
las especies que sobrevivían, suspendidas
a los puntos de Pilato.
Los malos entendidos, Cristóbal,
indican un punto y juran al espíritu de Weyler;
juran las cortas jaulas
de los que no tienen un rostro para declarar,
de los que en tierra escriben y revientan
pero desconocen.
Patria, es decir, cuerno de cemento en los hoteles,
amor que amenazo como niño desnudo,
bestia que poseo dulcemente junto a los soldados;
es decir, grado invisible, patria, cuerpo nacional,
perro nacional.
Escribo: no pongáis suculento, palabras amargas,
no arrastréis reservas inútiles,
no pongáis albacea a estas primeras fugas.
He visto una isla bajo otra isla,
y he visto el circo de un león
que no sabe ser frágil y regresa.
Una Isla frente a otra Isla,
frente a estas islas que nadie ve,
aun cuando sepas que volver, quedarse o partir
son el nombre casi posible
de sus aguas.


De “ZONA NEGRA” (2004)

LA LANCHA DE REGLA                                      

Para Roberto Silva Esquivel

La lancha de Regla llega a Nueva York. Último
en la cola. Manto estelar, tiburones: migajas.
Mi padre tiene miedo aunque sea un día extraño.
El señor Dennis Quaid parece ese emperador de
terracota que escarba en algún lugar de los huéspedes.
La lancha de Regla tiene unos veinte metros
de eslora, una humedad sucia que le permite no ser
descubierta por los guardacostas, cuarenta
asientos y un mapa de la Isla.
Como nadie sabe izar las velas,
como las banderas o las libretas de viaje se
perdieron en otro naufragio será mejor confiarse
al capitán.
La lancha de Regla hoy llega a Nueva York. Se ha
corrido la noticia y ya contagia inactiva,
demasiado tarde.
Qué fácilmente iremos prendidos de los telones
y los altavoces gritando, por única vez, la lancha
de Regla llega a Nueva York.

–***–

MÉLICA DE HEREDIA

Es cierto que me han cruzado y conducen con
disfraz remoto Santiago de Cuba/ chinos de gran
frío a punto de vivir donde estábamos
sin que el hueso se adormezca.
Yo no soy lo único que han visto y adulan
contornos corredores devastados Santiago de Cuba
y se asoman a leer torres de Meandro
las ingravideces amores caminos que salen a un
barco admitido de antemano.
Es cierto que el alimento simula y no sabe ser
idiota ante el estómago aunque digamos el
albaricoque el refresco eléctrico Santiago
de Cuba con disfraz como un chino de gran frío
a punto de vivir casi.

–***–

 

HOMENAJE A CARL SANBURG

Me hubiese llamado de otro modo,
la misma nevada sobre la calle Halsted
lo confirma,
pero mi madre quiso que mi nombre fuera
Carlos Sanburg,
que naciera en Galesburg
como un burdo poeta.
Las revistas parecían no entenderlo,
entonces yo era un amor muy grácil.
Yo sé de escapes menores,
que en Halsted se hacen los tontos y cierran las puertas.
Que Dios hubiese impedido que yo naciera,
que tal vez no, y una araña tejiese distraída
sobre las cervezas de la cantina amarga.
Me llamo Carlos Sanburg,
y si el pez comparte junto a mí el mar
fue porque mi madre lo quiso.
No tuve hijos, solo palabras
que ahora desconozco.
El rostro de una mujer
aparece en el rostro de un hombre.
Como el arroz y el almidón,
mi amigo y la carnalidad son fracciones
que imagino.
La hoguera,
yo he soplado la hoguera,
y el viento salía del maizal
hacia los perros.
Me he convertido en ti
y, sin embargo, doy vueltas sobre mi madre.
Mi corazón, el corazón de Carlos Sanburg,
es como una roca en el fuego;
no me importa ser útil o desconocido,
soy yo y no tengo sino un amigo
con quien preparar la cena.
En mis libros un viejo sillón
aplasta las hojas instantáneas.
Sobre las mesas habré pintado el Sur,
tumultuoso es tuyo,
pero no somos eso, sino los que pasan
de vuelta,
los que soplan a la araña que el viejo
pisa en la hierba, o somos, y el viento con la infinitud,
pero ella lo que amaba nada más existía en ti.
Quería divertirse,
escribe el herrero de mis libros,
o somos los últimos
para alargar contrario a ellos esta casaca.
No he tenido mejor sospecha que mi nombre.
Quizá me crean
y aun así no sea suficiente.


De “BALA DE CAÑÓN” (2006)

HABANA COLONIAL. FRESCO DE IBAÑEZ

Lo que sale a buscarme con su banderín
de gritar hambre en el alma,
el hambre en la pradera de oriente,
en el buen visor de Weyler,
aquí es una hormona negada,
un pájaro de situación que se pierde en el bosque.
Lo que cimbra demasiado y protege
en la patria cortada por los parrales
y una vendetta cerca del mar,
aquí es música de un farol y noche.
Los que muerden la mano y me asustan,
quienes descongelan frente a la bahía
una flota de Penthouse y hombres
separados de la muerte por judíos
de la iglesia, están aquí,
se esconden en pantalones con rayas
y entran a las partes fieles para adorar
los contagios con Gibraltar, las muchachas
de la calle España, los ríos con rabia.
Están aquí y caminan con arpones el mediodía
para hacer comercio, leer El Cubano Libre,
y saber que ha muerto Agramonte,
que ha muerto Díaz de Roura,
y estar justamente con la amnesia
de los comprometimientos y contagiarse,
descubrir que la ciudad es una máquina sobre cero,
un camino borroso de vuelta a casa.

–***–

HOMBRE DE MACEO

Aunque me hayan derribado cien veces
y beba la leche de una oveja
para despertar el cuerpo, aunque me esfuerce
por no caer más
y entone un canto inmundo a la mujer
que espera en algún lugar mi piel quemada,
yo diría que el alma vuela
y aspira a una puerta del sol,
a un terremoto de paz.
He de profanar lo que me alimenta,
lo que es agua y árbol,
lo que condena al pueblo natal
y a un perro que me extraña,
aunque me hayan derribado cien veces
y me levante buscando un enemigo invisible.

–***–

COMUNICADOS. BATALLA DE MAL TIEMPO

(Español)

Ha muerto Máximo Gómez, tan poco y nutrido,
sin flexibilidad, murió el brigadier
José González Guerra, expuesto a la sierra
y enmascarado por la fatiga, murió el general
Flor Crombet, de paso por la vacilación
y la lluvia española, murió Martínez Freyre,
y doscientos mambises cercanos a un pinar
y a unas pocas hierbas, murieron seis coroneles,
nueve capitanes y doce sargentos.
Sólo los caballos se fueron en libertad
hacia el poniente.

–***–

(Mambí)

Sólo dos heridos y un movimiento sin equivocación
fue el saldo, y en el campo de ellos más de mil
cadáveres, como pueden con sepultura las madres
a los hijos que volverán en barcos; todo acata al resplandor de una avalancha y las muertes del General Prado de Maestre,
el General Berceo,
el general Salamanca, condecorados en el Norte
y en Cataluña y con supervivencia en las levitas
de una infiltración provisional para el Rey Alfonso;
miles de reclutas y voluntarios para asuntos
de caer con sangre en las inculpaciones
de una batalla donde no se salvaron
ni sus caballos.

–***–

HIJO DE MARIANA

No me mandes madre a la guerra que no quiero
partir el espíritu yo quiero el conocimiento, la ruta
a los cíclopes, no me mandes a morir
contra Unamuno.
Que no escape la piel, si elige un bosque adentro,
una cadena al dominio superior.
La patria es la adolescencia, la Alejandría
de La Habana, el ejército de obreros
con años monacales que quieren perfume
de Aliatar, novelas rusas.
No me mandes a la manigua, madre,
que, a veces, morir por la patria
es morir.


De “TOQUE DE QUEDA” (2006)

ÚLTIMOS DÍAS DE UNA CASA

Una casa es como un país.
La Loynaz. 9 de marzo de 1981.
Una carta a Julio Orlando Martínez Malo.

Para Diusmel Machado

La casa es como un país
abarrotado de ausencia.
La casa me diferencia
de la nieve cuando es gris.
La casa es mi cicatriz
desde algún barco remoto.
La casa es el puente roto,
y es el vino, y es el pan.
Es los muertos que no están
pero viven en la foto.

La casa es como un cuchillo
que despedaza por dentro,
es mi madre sobre un centro
de pesadumbre, es el trillo
hacia el pobre molinillo
donde mi padre invisible
teje un himno, es la creíble
caída de toda nieve,
es la libertad tan breve,
es otro viaje imposible.

La madre, el padre, el arroz,
ellos son también la casa,
y humedecen una masa
para el invierno de Dios.
La casa tiene mi voz,
mi silencio y mi visaje
hasta un país sin paisaje.
Acaso queda en el rezo
carcomido como un hueso.
O en el pesebre del viaje.

El perro que no murió,
la nube por ese hermano
si no supo desde el piano
la casa que lo inventó.

Mi padre siempre partió
en busca de un acertijo.
Ya era casa, ya era el hijo
sobre la ausencia fingida.

Casa: dolor y partida,
todo en el mismo amasijo.

Casa: lugar de la ausencia
que fluye y jamás me nombra.
Siempre habitas una sombra
que el extravío sentencia.
Los nombres de mi existencia
ya no van a detenerte.
Existe una casa inerte,
una lámpara, una nube:
son cosas que siempre tuve
y las llevará la muerte.

Y qué dejé sin olvido
en el Dios que balbuceaba:
¿un mar? Pero el mar se acaba.
¿Acaso quedó el sonido
de una isla que ha dormido?
Todo es un viaje otra vez.
Todo es ser casa y después
ser casa para ese olvido.
Como el hombre que ha fingido
ser su casa en la vejez.

Casa: ante ti sólo queda
polvo del sueño lejano
y una foto sobre el piano
perdido entre la humareda.
Casa sin mí, qué nos queda:
una cruz, el cuerpo fijo,
un tiempo que nos maldijo,
y lo que di al universo:
mi única forma del verso,
la casa, un árbol, y el hijo.

–***–

PEQUEÑA ELEGÍA A ÁNGEL ESCOBAR

Había utilizado una idea de Joseph Brodsky para ampliar otras ideas. Lo mismo que para John Donne, o para Cioran, igual sentido tendría decirle adiós a Ángel Escobar.

Ángel se ha dormido y todo
duerme a su lado. La leña,
el olmo, alguna cigüeña
que volaba antes. Un codo
de bellotas, un recodo
del traspatio, una ventana,
la gruta, la porcelana
caliza de los tazones.
Se duermen los eslabones,
la fucsia, el perro, la rana
blancuzca. En una alacena
se han echado los guardianes,
la luz, el brezo, los panes
guardados por la quincena
dormida. Duermen la cena,
las cómodas, los cerrojos,
la sangre con sus abrojos
de San Arcángel. El muro
duerme blanco, casi oscuro,
y el libro cierra los ojos.

Se duerme la noche inglesa,
profundamente, y obstruye
el averno que construye
un lobo. Duermen la mesa,
los pájaros, la cerveza
Stock Ale, los peregrinos
que prefieren los caminos
a una piedra en la ciudad.
Duermen mares, la verdad,
la ceniza, los marinos,

la borrasca, las tabernas,
los arroyos, los países,
las sílabas infelices,
el abeto, las eternas
mazmorras, el sol, las piernas
del Leteo, los amigos,
la madre, los enemigos.
Duermen la espuma, la ley,
el prisionero y el rey.
Se duermen ya los testigos

finales. Se duermen Dios
y el diablo. Ya no hay sonidos,
sólo sueños, sólo olvidos.
Duerme la rima, el adiós
en unos yambos sin voz
ni líneas. Duerme el creíble
Cielo. Todo es invisible.
Ángel los abraza y lucha
sin volver. Nada se escucha.
Ya no hay regreso posible.

–***–

LÁMINAS DE PROTESTA

La idea de este poema  no consiente la revalorización épica de un acontecimiento de una magnitud (incluso visual) extraordinaria. Surgió del recuerdo de un machete o sable que poseyó mi abuelo y que, según él, perteneció a un importante oficial de la Guerra del 95. Yo era un niño y jamás puede aclararme de qué bando peleó aquél recio artefacto. Mi abuelo nunca me lo dijo y el sable desapareció algún día.

Yo te doy un jardín de rosaleda
y un rayo para que entres a Pamplona.
Te entrego el castañar de aquella zona
donde el vino se confunde en la seda.
Te doy una mitad del Espronceda
que vive entre mi sangre, de pirata,
y el flujo de Quevedo cuando mata
al Duque de Olivares sobre Vigo.
Te entrego una lámina como abrigo:
a Cervantes leyendo el Maranatha.

Te  doy una piel extraña,
hecha de pus, carcomida,
como la piel del suicida
que no se muere y engaña.
Te entrego la cruel hazaña
de derrotarme a mí mismo,
algo de paz y cinismo
juntos, te doy el deshecho
de mi nombre y todo un trecho
a mi casa en el abismo.

Te doy una ciudad en Almería,
las aguas de Toledo, el haz de Goya,
tan lleno de mujer como una joya
que cambia su color: fotografía.
Te doy El Escorial, la algarabía
de Verdi cuando sale de Valencia,
una orden de Santiago, la inclemencia
que vuelve la marea hacia Cernuda,
o un encuentro en Segovia, o la desnuda
muchacha que te ofrezco en su inocencia.

Yo te entrego una mujer
que ya no suena, un retrato
del traidor, otro relato
de neblina, al parecer.
Te doy lo que pude ser:
un ojo mortal, furtivo,
el nombre que siempre escribo:
un verdugo imprescindible
volviendo casi imposible
la máscara con que vivo.

Te entrego a Moratín, a Gil Vicente,
a Lope, a Garcilaso, a Santillana,
la hierba del Russafa en la mañana,
un parque de Almudena y la corriente
del Duero en una foto sobre el puente.
Te doy de mi fortuna los extremos
de un barco en Gibraltar, vuelto a los remos.
Te entrego de Velázquez un cobarde
dibujo del guerrero hacia la tarde.
¿Nos entendemos? No nos entendemos.

Te doy un miedo feroz,
la simpleza del espía,
la nieve que caería
y nunca cayó; la voz
de una herida tan atroz,
la que jamás sanaremos.
Te doy lo que padecemos:
el lobo y su vieja estampa,
el camino hacia la trampa
vil. Pues no nos entendemos.


De “MATANDO A LOS PIELES ROJAS” (2008).

HOY, ESTA NOCHE, ALLÍ

Yo pudiera creer en Dios
como en la noche de Santiago.
Nada hay en mí que no pueda saltar,
mi memoria desconoce.
Los estadios donde crecí son un puente salvaje,
humo.
Otros entraron al invierno,
la riqueza es arrastrar,
ver agua de país
donde las fosas domésticas.
Yo estuve despedazado en una jaula frugal,
una nieve me esperaba,
un día fácil,
un suicida que retornaba.
Dentro de mí había traidores,
dentro de mí un hombre en la mesa
dividía el pan,
inventaba los peces.
Yo estaba a punto de ser,
como un cristal,
como una foto cualquiera.

–***–

COMO EL ALBATROS

Fermín Laffita ondea en mi país
como el albatros,
y un mar de aire lo arrastra,
y unos pocos peces.
Una vez saltó las aguas de Santiago,
y una vez tembló,
y tuvo, como su especie,
un ojo de isla, la mirada triste.

–***–

MICKEY MANTLE SIEMPRE EN LA ESQUINA

Ya es hora de que me dejes en paz,
sea lo que sea, fantasma de Mickey Mantle.
He traído la obstinación y sacude
como pescado.
Por eso miro la mitad de las cosas
y no te veo,
o camino con una campana
o exprimo la leche de mamá.
No sé a qué vienes,
si ya no entras a mi falta de fe,
si ya creo en otro que merodea sin fantasma:

Robinson, llamado el gato negro,

al que rastreo con una gota de sangre
pero transcurre lento
como aquel juego en Boston donde tú pedías
rencor.
No estaré más aquí, no busques en otros filamentos,
no caigas en el lugar,
sea lo que sea,
fantasma de Mickey Mantle,
con el alma, o con los dientes.

–***–

PREGUNTA POR LOS MUERTOS EN KANSAS CITY

En Kansas es donde no hay densidad, como una fuerza ondulatoria y una fila de dunas del detrito, en Kansas estuvo mi abuelo para asuntos de arroz.

En Kansas Stan Musial bebió una tarde en
que Kansas estuvo dispuesta.
Había una ladera melancólica,
era
llegar a una costa con Melampo,
hijo de las tierras letárgicas que rodean a Kansas.
Ashburm, que bateaba casi trescientos cuarenta,
invitó a William Mays que impulsaba más,
siendo negro y de New York,
a apearse en un pabellón cerca de un casino de brujas, no
escrutaron mucho,
el alma de Kansas era alegre como la de
los marinos
hollados por un río invernal.
Una vez Babe Ruth le diría a Crowder
(el delgaducho curveador de Saint Louis):
me gusta Kansas porque el olor de la arena me hace enmudecer.
Al arribo de otros viajeros que solían buscar
en los teléfonos de Kansas
el sitio de un tal Boby Auker, cerrador del Detroit,
que en 1939
se bajó en la ciudad y no subió al ómnibus.
Me aparece oportuno recordar que en Kansas el sonido del aire
era menor que la impresión,
quizás porque la acústica de la Doble AA fuera
preferible
para los Reales.
Allí se busca el fly de Clemente
en un cielo protegido por la transformación
del
hombre en hierro.
Kansas no era más que unos indios temporales
y unos islotes a su alrededor.
O la victoria ante el Washington en veinte
innings que costó
algo así
como seis muertos, diecinueve
heridos y un hombre que me lo recuerda cada noche.

Es en Kansas donde no hay una densidad, donde mi abuelo no se conoce ni a sí mismo, aunque estuviera con el mar allí, con un techo de piedra en su olvido humano.

–***–

LA ORILLA

Los helicópteros sobrevuelan la ciudad,
lanza Vinent y un niño me dice caerá la nieve,
caerá el imán de la tierra.
Cierro los ojos y olvido el frío,
un ancla de cañoneras me dice en el carbón,
a que no ardes.
Quizás crecí con otros fantasmas,
en mi casa un perro era como el fly
de Pedro José, con menos compasión
por las casacas y los nombres
que se pueden parecer a ti.
Los helicópteros sobrevuelan la ciudad,
qué buscan,
Vinent lanza contra los zarcos y contra el pan negro,
y contra las grullas que se esconden,
y contra la taberna invisible
donde me esperaba Liudmila
con aquel rostro invisible.
Hay nevada y mi padre comparte su bufanda conmigo.
Mi madre comparte otros modos,
otras distancias,
ese relámpago que asoma ya no es
la escalera fingida.
Aunque desde aquí no sean distintos
unas formas del pitcher,
viejos helicópteros.

–***–

FINAL DE MAPA

Para Alejandro Arias

La isla pura es la de Antonio Pacheco, arrasa con el reloj,
franquea alambres de conciencia, como un dios insoportable me lleva a casa.
Por la ventana el horizonte es una aldea de trenes que van y no vuelven,
agobiado por tribus yo me he puesto temeroso y
me pongo a frotar,
no vale el ocre de ganado que es rudo como el pasto,
que tiene otra dirección.
La isla pura es la de Rafael Palmeiro, usa uniformes de confirmación,
patrias de cadenas como bancos de mar,
la urgencia está en que por allí fluyen las puntas de un mapa,
castillos para no salir, puentes que cruzaron como un viaje a
Houston: veríamos a Andy Pettite, lo vimos.
La isla pura es la de Felix Nuñez, sin que pudieran convencerme
de que no reprimía de que no era móvil de que estaba en los chamuscados,
bajo esas arrugas hacíamos cruces para perder, a veces perdíamos.
La isla pura es la de Luis Tiant, encontraba un son, había nieve,
miraba a la noche, la transparencia de una franja, había nieve pero encontraba un son.
Yo necesitaba caminar una isla entera para comprender,
una isla pura no existe, una isla pura.


De “LOS HIJOS DEL KAMIKAZE” (2008)

PRÍMULAS

Cada cual tiene un New Jersey encima o lo que es lo mismo
pesa sobre la espalda
recuerda un olor.
Cada cual ha descubierto que prosperar es vivir en Camagüey.
Yo era desigual por dentro
no me identificaba
mi negocio era dejarme matar.
Que eso era la demencia o no lo era.
A veces yo volvía a mi madre
a veces recapaba en la industria
como tenía vanidad
como mamá me achacaba los miedos.
No me vieron resistir hasta el fondo
no me vieron con tenazas por algo distinto
a no impulsar el perro.
Me han contraído sin comprender
porque yo raspaba
con un abrigo
o porque yo era desigual por dentro,
no me identificaba
mi negocio era dejarme matar.

–***–

UCRANIA COMO LA CARNE DE POLLO, COMO LA CARNE DE SHEVSHENKO

En el río Dniéper nadar es eso: la luz del gato desde arriba.
La muchacha era un juguete separado de la patria llorando con ciertas latas y con un dibujo del hombre en la trayectoria.
Tienes un bote raudo.
Y Odesa.
De expediciones que no se dan voy y no llego a ti buscaremos estudiantes que salpiquen tomaremos vodka con arenque éramos unos que regresaban y no sabían pescar.
En el Dniéper pescar es eso: un pie detrás de la puerta.
La muchacha tenía el vicio del pescado no desenmascaraba era la virgen por el dinero.
Conmigo funcionaba desde una sopa.
Soy más rápido que el esófago puedo ser más rápido que el de la calle.
Taras. Y no presionas ni te consagras es la misma emoción el mismo trabajo contra el cristal.
No te sacudes no entras al fuego es muy escabroso para ti parecerte a mí en estos tiempos no sirve de mucho no da ventajas el que es un perro levanta la mano y da un paso hacia atrás.

–***–

AUTORRETRATO CON PIEL DE CERDO

Una foto con Alina K.

Yo pedaleaba por el bledo no me gustaban los Rolling/ o sí.
Ella iba con la raya en el suburbio olía tan impermeable en el autobús era una zalema yo afinaba los bálsamos un bulevar es dejarse colocar.
Una astilla allí al aire libre un polvoriento que invita a los jarrones atiborrados de hierbabuena.
Que yo iba a encontrarla/ yo en bíceps como un automovilista almendrado/ o no.
Y a la aproximación le daba un escurrimiento quería su estampilla su vuelo a Escocia su mar de cerraduras unas losas excavadas era la galaxia de hierro y por el altoparlante.
Mi piel descompuesta en el zoológico en vez de la jactancia deflagraba/ tú en Wagner
yo entre los mosquitos sin una señal sin una gaseosa una filacteria como si durmiera.

–***–

ELLA SIRVE EL TÉ PARA EUGENIO FLORIT

Inventamos un pueblo donde tocábamos a
una para catorce en días bajos
después podría ser como a cualquier turista
eso era único para las muchachas
que se desplegaron hacia el puerto a una señal de bandera
si volvían o no
era cosa de no mirar
o como se dice en las murallas de heno:
deja que los perros pasen de largo.
El punto de la isla es una entrada
en cosacos/ levantan sus rifles
fuman como sospechosos
se dejan caer
ella había traído no mucho para su padre
él era pollinctor de gobernantes
conocía de difuntos como de susurrar contraseñas
y el otro se llamaba Peter
sabía de las trampas de un camionero que iba a la línea
como un controlador.

–***–

HANSEL Y GRETEL EN UN BOSQUE DE TERUEL SE ENCUENTRAN A UNA MUJER QUE LLORA

Infiel versión de un cuadro de Enuel Etxebarría

Para estas cosas los obreros salen del trabajo como siempre
como siempre no quiere decir como siempre sino que salen porque no hay otra opción
digamos
y hay frío y mi hermana lleva bufandas y lo que fue un pan
nos acostamos juntos pero somos felices
felices porque no hay otra opción
la mujer que busca a su hijo
sabe que en estos tiempos no se busca a los hijos
cuando escoges la opción y vas al bar
y está uno de la colina que tropieza
con la chatarra/ espera susurros del policía
espera que se momifiquen campestres como latas
inservibles como latas de puré
pero no abras la boca
ya no podrías abrir la boca
ya no quedará uno que prefiera el tumulto
a esa noche de pueblo
donde mi hermana espera.
En verdad es siempre el influjo
de una manera fácil de reincidir
y mi hermana sabe que un dolor compartido
es una encrucijada lejos del bosque
cerca de la sangre.

–***–

LÁMINA JUNTO AL EBRO

Antes de aparecer el fantasma de François Villon yo era un hombre honrado, creía comestibles aun los desperdicios cortados por la resignación de mi especie, tenía dos mujeres y no amaba a ninguna, vivía de negocios turbulentos vendiendo mi país todas las noches al primero que comprara.
Hasta donde supe, François Villon había sido ajusticiado y, quizás, escucho el sordo gemido de su crimen en el fuego. Yo sonreía y era triste. Entonces tocó
a la puerta y flotaba.
Me dijo ¿quieres comprar?
Yo era un hombre honrado, aun creía comestibles los desperdicios cortados por la resignación de mi especie, tenía dos mujeres y no amaba a ninguna.

–***–

NOSOTROS NO SOMOS COMO LOS DE HAMBURGO

El ser viviente más antiguo del planeta es
Casal
Julián
de carácter abstracto
y sin resistencia
es el hijo mayor de mi padre
ellos huyen cada vez

Yo les he dicho los monstruos de verdad son los que se han convertido
los que se convierten camino a otra tierra
sin que necesiten ser intrusos
tampoco las tienen con los vecinos
no obsequian
y jamás se les escucha decir que tienen necesidad
de entrar en copas
de que atormenten
La culpa no es del ser más antiguo del planeta
Casal
Julián
ni de mi padre
la culpa es de estar solo.


De “EL LIBRO DE LOS DESTERRADOS” (2011)

TRADUCIR A JOSÉ MARTÍ EN RUMOR DE VUELO

El novelista guatemalteco – norteamericano Francisco Goldman en El esposo divino (Anagrama, 2008), abriga a Martí en cientos de páginas entrañables: un héroe afligido y voraz, un ser del destierro torrentoso. No creo en las novelas que resucitan, o lo intentan, el paralelo epopéyico licencioso de cierta figura real. Más si esa figura es alguien tan trascendente como José Martí, pero creo en esta novela y en el beneficio de una irreconocible sensación de paz y alborozo, un descendimiento alucinante (y desperanzado también, aunque por ello más vívido, más poético). Guatemala, México, Nueva York, son más que itinerarios de una vida, mucho más que una novela disputando el acto de reducir lo perfecto en lo interminable. Enmascaro distorsiones martianas, estatuas vivas, fluyendo hacia ese arroyo que se confunde con el mar.

Dos patrias tengo yo, rotas
navegan, escapan, fluyen
de mis destinos: no huyen
ni permanecen: remotas,
parecen las mismas notas
de invencibles perdedores.
Dos espejos. Dos rencores.
Dos equipajes. Dos dudas
entre la espada. Dos Judas.
Dos Cristos. Dos resplandores.

Dos patrias. Dos resplandores.
Dos circunstancias de exilio.
Dos madres y el utensilio
para guardar sus dolores.
Dos abismos interiores.
Dos culpas. Dos viejos puentes
sin cruzar. Dos impacientes
mentiras, y dos verdades.
Dos olvidos. Dos ciudades.
Dos suicidas inocentes.
Dos enemigos salvados.
Dos silencios inseguros.
Dos naufragios por oscuros
reflejos. Dos desterrados.
Dos heroísmos manchados.
Dos paisajes sin colores.
Dos heridas: dos amores.
Dos soledades me aguardan.
Dos fulgores que se tardan.
Dos patrias. Dos resplandores.

Dos patrias en la ruleta.
Dos vestigios transparentes.
Dos fantasmas en simientes
azotando mi veleta.
Dos distancias: la secreta
neblina que en Dios se incuba.
Dos cuerdas para que suba
a ti. Dos muertos leales.
Dos principios. Dos finales.
Un único tiempo: Cuba.

–***–

APRENDICES DE FORASTEROS

Tú solo vales por ninguno. Shakespeare. Una frase entonada como en una trompa de caza. Trombón, clarines, cornetas.

Para José Luis Serrano

Dylan Thomas me esperaba entre el alcohol y la nieve. Era su año 39 rumbo al cielo. Le rogaba para salvarlo y hablaba él de voces, de un asalto decidido: Si no es alto, y siempre quedaré indemne, no existe nada solemne si uno necesita el salto.

En un cuadro de Picabia, los ojos son luces muertas y las nubes rojas, puertas, y el orfismo, vieja rabia, y París es una Arabia desterrada y sin color, y el mito es un cazador insurgente, sempiterno, y el pánico hacia lo eterno le inventa un rostro al dolor.

La hora de Macedonio Fernández ya se aproxima, quién sabe si Dios le exima del tributo al patrimonio inútil: su matrimonio pertinaz con lo perdido. Y yo temo que su ruido despierte al viejo incendiario, quien escribió en su obituario: Larga vida en el olvido.

Recuerdo un filme de Corman, la imagen de dos leprosos que persiguen jubilosos una niña. Me deforman los temores si conforman un flack back que ya fenece. Estoy allí y parece la nave hacia el mar dantesco, que si yo desaparezco, lo demás desaparece.

Apollinaire almorzaba con Bergson y con Virgilio. La frase es de Paul Virilio: una neblina cerraba el élan vital. Dudaba yo si exprimir mi contrario del misticismo diario, o temer cuando termine esta aventura y yo incline mi rey al rey adversario.

Descubro de Gottfried Benn El poema de los cerdos. Son más espurios los cuerdos, el traidor viaja al Edén. No es tan difícil que estén las zozobras desterradas, las alquimias develadas. Dios vive en un porquerizo, Judas cuida el Paraíso. Las cartas fueron echadas.

–***–

ELEFANTES EN UN BAR APACIBLE DEL SUR

No me duelen más cosas que los dolores que no tuve. El dolor de temer a las imágenes de esa lluvia parecida a la lluvia habanera, las montañas cercadas por unas máscaras de frío, mi dolor de muerte: prohibido por el aire efímero de los recuerdos que regresan una y otra vez. Así he puesto nombre a esas sombras. Así he puesto mi olvido en ellas.

Una carta de Heberto Padilla, un fragmento de una carta, que escribió a su amigo Carlos Ojanes. Y este me lo resume años después: Le obsesionaban pocas cosas, no era un hombre del exilio, y sí lo era, porque presiento que no pertenecía a sitio alguno, en todos era un extranjero, un ser desterrado.

 

1
Dios bebía en la taberna de Quinta y 44. Dios estaba en un teatro judío viendo la pierna de Bob Kaufman (una eterna obra del hombre judío). Dios limpia un auto en el frío (un Ford del ´53). Hay una foto después: un ojo blanco y vacío.

 

2                                                                               
Dios era morir por mí que no moría por nada. Dios también era la espada y el elefante, un rubí, aquel griego que yo vi, tatuado por un recluso. Dios era un verde inconcluso. Dios era el pulpo en Manhattan, y era la oveja que matan en un Sócrates confuso.

 

3
Dios es el perro remoto que se acerca aunque peligre. Dios es la forma del tigre en Borges. Dios es la oreja de Van Gogh, la mano vieja que sostiene aquella foto: el fuego inútil y roto por un aro de cristal. Dios era el Whitman de nieve que vigila con su leve máscara todo el final.

 

4
Se abre el telón y aparece Dios en su caverna, el buey a su lado no es la ley de Jonás, pero padece. Dios como un árbol padece el final de su obituario. Revisen en su diario: una florecita quema al relámpago (un poema siempre dirá lo contrario).

(El hombre camina y piensa, cuando ve llegar a Dios, quiere hablar pero no hay voz, y mira la calle extensa donde huir no recompensa esa herida que sutura: ¿escapo o no? La locura no me salva, estoy despierto, o escribo que soy un muerto ante Dios, una basura).

—Perdón. Soy un miserable.
—No tienes alma mejor.
—Es mi metal del dolor: él me convierte en culpable.
—La culpa es solo probable,
y vive a tu alrededor.
—¿Moriré?
—Nunca.
—¿Señor?
—¿Sí?
—¿Por qué no desmorona mis huesos
y me perdona?
—También Yo entiendo el dolor.


De “CUARTEADURAS” (2013)

RESPIRADEROS

Me importaron cosas menos terrenales
como las tripas de los vampiros,
o como una oscilante película
de Wajda donde todo es oscilante,
como esos suicidas con
rostros alemanes acertados en un vómito de
callejones suburbanos.
Apagado yo por los rumores
que me convertían en un contrario, con dos angustias,
un mapa de barrizales, y creyendo furtivamente en
Nostradamus y en cantos de Upanishads,
me entendía con los tigres maromeros
de la filosofía, aquellos a
quienes no les costaba arriesgar porque habrían
descubierto la posibilidad, en el caso extremo de que
ocurriese cualquier hecatombe,
de declararse en cordura transitoria.

–***–

MOTIVOS DE ROCK

Para Lázaro Gómez y Gustavo Ramírez

En un restaurant del puerto fingía despostar surcos
del puerto, un marino americano evitaba puentes y
antipoemas y me quiso dar un marino americano y
yo porque escurría mi mal nombre sobre una mujer
de Kentucky que no me quería porque estaba, diré,
para cosa peor o porque yo andaba para el ahínco,
diré, y no prometiéndome más que búsquedas del
otro todo, que es la nada.
Mi madre en Burdeos perpetuándose búsqueda de
dinero. Mi padre en un taxi llevando en palo de nadie
la carta a España.
Dinero necesita el cura para devaluar creencias.
Dinero es lo que sustrae la pasión de un aguador de
Francia.
Donde quiera que estemos.
En un restaurante del puerto yo reclamaba a
Aristófanes una cerveza y no era mi postura beber
con lo elemental de las demoliciones como si el
perdón sirviera para que perdonasen una vez.
Y le quise dar.
Y me quiso dar.

–***–

SEÑORAS Y SEÑORES, EL ÚNICO, EL MAJESTUOSO, LEONARD COHEN PARA USTEDES

Los laicos se parecen a los sacerdotes. Voy a la tumba
de Erasmo. Soy un fraile mendicante y soy un
esquilado del rap y soy quien reparte beneficios a
mujeres pobres de espíritu.
Este es uno de los sarnosos, le digo a Erasmo sobre
Sartre. Creo en los maléficos como personajes de
un paraíso sensorial.
Es el silogismo de Erasmo de Rotterdam lo que me
retiene, su ceguera por los sermones.
Me finjo entonces recaudador. Eso me iguala a lo
que me espanta.

–***–

TRADUCIR A J. MARTÍ EN RUMOR DE VUELO

Para Rafael Vilches

Dos patrias tengo yo: Cuba y el atardecer en una tasca de Segovia, el atardecer en Guatemala, las máscaras me impulsan a corroer,

Cuba y la necesidad de que permanezcan, una fluyendo hacia la otra, las dos en mi oclusión. Y así son menos duras que rasgar, menos duras que la mezcla de banderas en un patio con miserias de mercado, hierbas de poetas, hijos aparecidos.

Dos patrias sin corregir sus extrañezas, una contra los vinos rotos, la otra en cloacas de humo.

Dos, como la aureola en las Cabanillas del Monte, como la noche de hastío bajo un circo en Santiago.

Cuba y el atardecer en una tasca de Segovia.

Dos patrias, dos resplandores, dos destierros.

–***–

HABLÁNDOLE AL CONDUCTOR DEL TAXI MIENTRAS PERSEGUIMOS A UN TURISTA ESPAÑOL (27-6-2001)

Para Luis Felipe Rojas

Dispara a la cabeza del sheriff a la cabeza de bob
marley mi cabeza bajo el fango de tu ciudad un round
de paz donde froto las semillas
del viaje unos culpables por derramar dispara a la
cabeza del sheriff a la cabeza de bob mi cabeza
crucificada entre moscas de otro país o del mío en
fin nadie sabe lo que tiene hasta el disparo los
adversarios excluidos
como si cruzaran por un ojo áspero el ojo de ablación
un borboteo de viajes lo que tú quieres saquear de
esta jaula de pedros sin su casa lo que deja una frontera
si la sangre pesa la sangre en una mentira
que corre o desciende y no sirve para envilecer ese
el riesgo solo la paz atrae angustias envilecer desde
la ventana de un istriano
que pasaba frente a los autos preferidos por Werther
y si no era así nunca fue un pulpo de patria
absolutamente convencido de que esa es otra historia
mi cabeza en la cabeza del sheriff en la cabeza de
bob lo cual es legal si bob es negro amigo desnaturalizado
por aborrecer canciones de cuna dispara-me una bala
tan solo una bala tan sola
una cabeza en tantos y tantos cuerpos con deseos de
aullar.


De “ONCE” (2014)

ILUMINACIONES

En algún momento fui lo que llaman un kubala,
es decir, el que no se ha detenido a mentir:
(Ladislao Kubala: 7 goles al Sporting de Gijón, patricio
de Les 5 Copes, húngaro porque podría ser español
como las moscas.)
En algún momento hice “la cola de vaca” de Romario
al madridista Alkorta.
Encontraba degolladeros en los despojos de Gaudí
y Miró,
entre ramblas de un puerto asaltado por serpientes.
Mis nombres para lo barroco: Mariano Martín &
César Rodríguez & Helenio Herrera & Luis Suárez
Eulogio Martínez.
En algún momento fui lo que llaman un kubala,
que es como decir un Eto’o, un Kluivert, cien de los otros.
En mi memoria, en la memoria de los que vine a salvar,
eso que se escurre como el color del ímpetu,
semejante al susurro manso y neutral de los torrentes.

–***–

DE LAS CULPAS DEL MIEDO

Tanques alemanes: Klinsmann, Matthäus, Rummenigge, Völler, y algunos más, me hacían temblar cuando, como un huracán, rebasaban el centro del campo.

Ahí vienen los panzers y crispamos porque vienen
panzers como cortadores de cuellos sobre ovejas
que se espesan cerca de nosotros.
Ellos son quienes escarban en el estiércol de los cerdos
enemigos y queman hasta la respiración del búho
de piedra.
Ahí vienen los panzers y tiemblan torres holandesas
y peces de Italia y torcidos de Rumania y congelados
que no arden en Argentina o en Rusia.
Ahí vienen y somos las campanillas dormidas, el vuelo
zigzagueante, el pez lejano.
Ahí vienen los panzers, para estar tan cerca yo,
para no tener una sola cosa que ofrendar
al aire.

–***–

LAS ESTEPAS DORMIDAS

El tiempo recto de los vivos nada tiene que ver con el tiempo
elíptico de los muertos.
Rodrigo Fresán. Mantra

Es el águila solitaria, el hombre misterioso, el último defensor.
Vladimir Nabokov

Lev Yashin criaba cepos para delanteros del Spartak y era
menos ruso que el torrente de culpas, borraba de los barcos
unos sahumerios de América, entendía que para no desterrar
a veces es mejor desterrar.
Una araña flameada por carreteras siberianas, un abrigo
para Yevtushenko, un aire como aire sin leer.
Era tan ruso como las apariencias, tan ruso, o más, que las
hormigas de Besarabia.
Lo pienso en la victoria que oscurece, oculto en la postrera
suerte de la piedra.
Yo anhelaba ser como Lev Yashin, en un vuelo permanente,
desde el gruñido silencioso de su país en el aire.

–***–

EL DREAM TEAM CONTRA LA QUINTA DEL BUITRE

Tú anclabas en La Quinta del Buitre, que era como
del lenguaje la seda del lenguaje, una vibración silvestre,
la cañada a través de ello:
Sanchís, Míchel,Pardeza, Rafael, Emilio: cinco.
Cinco eran las nebulosas prohibidas.
Cinco los tránsitos de las bocas de Hefesto.
Cinco pilares cósmicos, cinco vedas, cinco suicidios
del rey Indra.
Cinco el Hong-fan.
Cinco alsacianos venían por el bosque cuando
se encontraron con un elfo.
Mi lámina es de juglares órficos:
Koeman, Stoichkov, Laudrup, Guardiola, Romario: cinco.
Cinco los druidas vencedores de cinco hidrocéfalos.
Cinco las puntas del duende Darabia.
Cinco fratrias disputan el globo solar.
Tú manabas en la extinción de mis aullidos,
y yo cavaba túneles para desmoronar.
Tú abrías los espejos.
Yo los cerraba.


De “CAFÉ LUMIÉRE” (2016)

LA PELÍCULA EL SABOR DE LAS CEREZAS VISTA EN UN CINE DEL VEDADO

La yerba encima, el cielo debajo, o presumiblemente al revés, como en el poema de John Clare.

No me busquen para resucitar: estoy cansado, bebí en lo sonoro de la ciudad, coseché peores argumentos que una mujer apacible, la mujer pública. No supe desterrar amores carnívoros, franjas de un muerto fugaz.

Eso soy. Una visibilidad que recuerda nombres mezclados con fantasmas.

Me sepulto ilícito como un vivo con una piel cercenada por perfumes de paz.

La yerba encima. O el cielo. El polvo reintegra a los hijos para una madre temblorosa. Los hijos de esas arañas invisibles que rasgan en la pulpa de las cerezas.

–***–

LA PELÍCULA EL CIELO SOBRE BERLÍN VISTA EN CASA DE M

Husmeo, husmeo como movedizo a la luz del verano,
husmeo.
Como un condenado.
No perteneces a las parábasis de los reyes del oro.
No perteneces a héroes sumergidos.
No perteneces al inválido que regresará.
Husmeo, husmeo el olor de la tormenta fingida.
Husmeo.
La ceniza en la botella de vodka.
Un monstruo que hace muecas.
Sin un fulgor.
Sin cortejar las regiones del gris,
hechas sangre de los alemanes fúnebres.
Husmeo los muros de carroña,
husmeo y soplo dentro de las cerezas.
Gusanos póstumos.
El alma haraposa.

 

2
Vivir con la mirada en la pantalla.
Estar suspendido por las piadosas puntas de una cámara sinuosa, la cámara de Günter Eich en un río de Costanza, un río de botellas de whisky y de heridos en la corriente. Un río melodioso y oscuro.

 

3
Miro cerca de mí y te veo: una anciana que bebe varias cervezas y sólo espera que el día no sea más que chupar una noche fría. Un pescador sombrío en una tienda de bebidas, con la picadura de su tabaco apilada y húmeda. Una puta mareada por el sol y el perfume de los desconocidos. Te veo, no puedes verme. Yo soy lo inmediato, y lo inmediato siempre es invisible. Camino con una ligera tragedia: yo soy quien suprime todas las distancias, y si me alejo lo demás se aleja. Si desaparezco, todo desaparece.

–***–

LA PELÍCULA BLUES IS THE WARMEST COLOR VISTA EN UN SÓTANO DE MIRAMAR

La revelación de la amada en esa imagen de verano:
la vida burbujeante frente a ese aire de mar
neoyorquino, esos pájaros nocturnos que sollozan
transformados en ella,
esos muros de hielo,
escaleras imperceptibles,
el susurro de una alegría que no se comparte.

La imagen de mi amada en esa revelación:
la cicatriz y la ruina de un silencio.

No nos olvidamos una de la otra,
pero el cielo abría
cada noche las puertas
y las cerraba.


De “LA AUTOPISTA CERO” (2016)

Que
Mi
padre
quería(se)
librar
de

por
las
buenas
o
por
mi madre
sin
imaginar
que
el
tiro
salía
por la
cabeza
de
Heráclito
Sin más
ceremonia
que
cortar
(o contar)
las
veces
que
encasquillaba
una
caída
rellena
de
otras
caídas.

–***–

(FLUJOS)

Que
no
siempre
bailé
con
la
más
fea.
Que
no
siempre
tuve
el peso
de la
conciencia
por
debajo
de la
conciencia.
Que
no
siempre
desperté
encima
del trono
ni
me
llamé
como

te
llamas
cuando
vuelves
extraviado
a
mí.

–***–

(AUTOPISTAS)

Le
hablo
a
mi
hijo
como
se
habla
a
las
vísceras:
oscila
entre
el
fango
de
otoño.
Lo
que
nos
come
integra
un
nuevo
destino:
oxígeno,
membranas
de
humo:
todo
queda
en
una
eclosión
derruida.
Lo
más
humano
es
aquello
que
aísla
mis
partes.
Estamos
donde
puedo
ser
silencio.
No
hay
más
lugar
que
tu
lugar
a
solas
conmigo.
Allí
no
necesitamos
de
la raíz
o
la
piedra.
Allí
no
tiene
nombre
lo
que
somos.

–***–

(LO QUE ESCONDES TÚ)

He
visto
a
Marianne
Moore
cagando
por
una
ventana
encima
de
ciertas
flores
(que
los
mexicanos
llaman
“aledules“)
y
vi
que
era
hermoso
el
paisaje
y
bendije
a
todos
los
mexicanos
por
cambiar
el
nombre
de
las
flores
por
estar
lejos
del
paisaje.

–***–

(TRÓPICOS)


te
ibas,
yo
me
quedaba,
así
resolvía(se)
el
enigma
de
la
nación.
Pocos
adornaban
con
cuitas
semejantes
la
intersección
de
un
punto
donde
el
maíz
en la
selva
del
Cauto
y el
maíz
de Illinois.

esperabas
en
tinieblas,
yo
esperaba
de
manera
a
desbordes.
Perpetuos
declives
dicen
los
últimos
que
respiraban
un
mar
perseguido
por
otro
mar.

entendías
las
aguas,
yo
murmuraba
piedad
y
el
lento
fluir
del
horizonte.

(HONGOS)


De “LOS HEMISFERIOS CONTRARIOS” (2018)

CAÍDAS (INCOMPLETAS)

El gran sueño americano
es caer y nada es.
La verdad cae después.
El honor cae temprano.
Un héroe jamás humano
en cada salto regresa
y exprime una fiel rareza:
caer, saberse neblina.
Todo empieza y no termina.
Todo termina y empieza.

Todo termina y empieza,
todo empieza y no termina
en el salto, su neblina
exprime una fiel rareza:
con cada salto regresa
un héroe jamás humano.
El honor cae temprano.
La verdad cae después.
Solo caes si  eso es
el gran sueño americano.

–***–

LOS HEMISFERIOS CONTRARIOS

El nacimiento compara
lo que se opone a su ley.
Whitman nace en Camagüey.
Borges muere en Santa Clara.
Después la muerte repara
su demorado confín.
¿El nacimiento es un fin
ficticio, un único trago?
Heredia vuelve a Santiago.
Sócrates nace en Holguín.

Todo cambia si Dios quiere.
¿Cuál de nosotros es Dios?
Una historia tiene dos
acertijos, el que hiere
a su autor o el que prefiere
defenderlo. La mañana
desbroza en una ventana
su perenne cicatriz.
Piñera nace en París.
Hemingway muere en La Habana.

Paul Celan se pone viejo
en el mar de Manzanillo.
Novás no aprieta el gatillo,
Escobar no salta al tejo.
En Tunas nace Vallejo
un día en que Dios estaba
saludable y apostaba
sus monedas y puñales.
Franz Kafka nace en Viñales.
Guillén muere en Bratislava.

Zenea cae en Granada
y Lorca cae en Bayamo.
Parece ubicuo ese tramo
en la carne fusilada.
Nacer, morir, una espada
para inevitables citas,
tales distancias escritas
a metros del precipicio.
El final es el inicio.
Te mueres y resucitas.

Gelsomina en un fragante
verso de Gastón Baquero.
Divina comedia, fuero
magno de Cabrera Infante.
Tres tristes tigres, de Dante.
Baudelaire usa un disfraz:
la Avellaneda. Detrás
algo que nadie contó.
Carpentier nunca nació.
Martí no se muere más.

No sé dónde naceré,
cuál libro tendrá mi nombre,
si en piedra, metal, o en hombre
luego me convertiré.
Mi fingimiento no fue
en los mapas fingimiento.
Errante, sin nacimiento,
mi oscurecido disfraz
echó anclas. No mucho más
fue lo que puse en el viento.