Penélope a la orilla de la noche
Ana Vega Burgos
Ayuntamiento de Cazalla de la Sierra, Sevilla, 2021
Con Penélope a la orilla de la noche, Ana Vega Burgos obtuvo el premio “Carmen Merchán-Cornello. Cazalla de la Sierra” en su ultima convocatoria. En su anterior poemario, Barras de luna (2021), la autora cordobesa desgranaba de manera solidaria los soles y las sombras, las pasiones y los desencantos de lo humano. Su verso se derramaba al par de un universo que alumbraba días que antaño fueron deseo, fuga, amor…: Me persiguen tu voz,/ y tu piel,/ y tus labios./ Te me enredas al pelo como un viento sin nombre”.
Ahora, en este nueva entrega, Ana Vega Burgos ofrece un himno de vívida ausencia, de furiosa nostalgia. El sujeto lírico que se mira y se interroga en el albor de estas páginas sabe mucho de soledades, de horas de lágrimas, de amargos lamentos: “Son blancas estas sábanas, pero parecen grises/ en el amanecer que llama a mi ventana./ Dibujan en mi espalda, desnuda de caricias,/ arrugan que me gritan mi noche solitaria (…) Madrugadas insomnes de recuerdos que incrustan/ su aguijón en el torpe deslizar de los años”.
Lo que fue certidumbre es quimera, lo que fue terneza es rabia y palabra descreída. Con la pretensión de despojarse de cuanto aconteció en otro espacio alado, en otro tiempo feliz, la poeta escribe con el deseo de borrar “el dulce escalofrío de su recuerdo”. Porque la vehemencia que, a su vez, atesoran estos versos, son también escudos protectores de las intensas emociones que revelan. Y desde ese corazón-coraza, el lector puede asomarse a la desnudez de una poesía que fluye pura, honesta, que retorna con la sabia melodía de sus tonos hasta un escenario de abisal melancolía: “Devuélveme el verano que te llevas. Devuélveme/ el terciopelo oscuro de los pétalos (…) No te lo lleves todo, no me dejes/ tiritando en la orilla como un árbol de invierno”.
Un bello libro, en suma, que va más allá de lo que su realidad ofrece y devela un vital existencialismo, una necesaria alquimia, una unívoca transparencia que lo hacen balsámico y legítimo: “Mantengo en carne viva/ la herida de tu ausencia./ Por si un día/ te devuelve a mi costa la marea”.