La palabra escrita

Sobre Sobre el paciente que más me preocupa, de Emilio González Martínez

Jorge de Arco


Sobre el paciente que más me preocupa
Emilio González Martínez
Ediciones Ruinas Circulares. Buenos Aires, Argentina, 2021

 

En 2019, Emilio González Martínez dio a la luz, La vida es una herida absurda. El volumen, reunía al completo su poesía (1986 – 2016).  El otro nombre (1986), Tragaluces (1991), Talleres de poesía I (1995), Escoba de quince (2014) y Palabreando (2016). En todos ellos, podía adivinarse una estela común donde la fe de las horas y el humo del corazón surgían como propicios asombros desde donde desvestir su verso “con el pecho dolorido de comenzar”.

Ahora, la aparición de Sobre el paciente que más me preocupa, supone su regreso a  la palabra, a la manera mejor de mirarse por dentro y contemplar en derredor, a su vez, cuanto hay frente a las cuatro esquinas del tiempo.

Compuesto por escritos que no tuvieron cabida en sus libros anteriores y que van desde 1978 hasta 2020, el escritor bonaerense -afincado en España desde hace cuatro décadas- ha vertebrado una compilación que anhela atravesar los bosques del silencio, que busca respuesta entre lo infinito del cielo, que celebra cuanto encarna lo perecedero bajo su tacto.

“Cabría ver en esta obra, gozosamente híbrida, la sombra de un diario personal, los mimbres de un dietario desarmado y vuelto a armar con más aguda precisión en su punto de mira”, anota lúcidamente en su epílogo Antonio Daganzo. Y, en verdad, esa dualidad candente que remite al verso y a la prosa dispone un decir donde caben la paz y la guerra, la ilusión y la tristura, lo apolíneo y lo grotesco, lo sublime y lo material… Y, todo ello, tamizado por un verbo que no se detiene, que se hace materia moldeable, heterogénea, y halla en su propia libertad el baluarte mejor para armar una razón universal: “No quiero para mí varias viditas felices/ y en cada una ser un fugitivo de la memoria./ Quiero una vida ancha, infinita, definitiva”.

Todo aquello que un corazón puede sentir y vivir se hace, entre estas páginas, emblema de una metafísica que pretende ampliar la geografía del destino. La duración, al cabo, no es más que utopía, pues detrás de esa quimera no queda sino la realidad de ser yerba y olvido, solitario afán que desnude para siempre un inútil ensueño…, porque “la condena deberá ser consumada”.

Un volumen, sí, que dice de la fidelidad y la dimensión de un autor de  resplandores y certidumbres, y empírico conocedor de que “…lo que no puede la palabrada hablada/ lo puede la palabra escrita”