La risa de los fantasmas

Sobre Gárgaras para ahorcados, Bocaditos para velorio, Miseria humana, de Oswaldo Castro

Walter Lingán


Gárgaras para ahorcados
Oswaldo Castro
Libre e independiente Editorial. Lima, 2021.

 

Gárgaras para ahorcados es un conjunto de 29 Incisiones y 50 Extirpaciones que van desde los relatos cortos hasta microficciones, ese formato tan de moda ahora en la era de las redes sociales, contados por Oswaldo Castro, un eximio fabulador, que se aparece con bisturí en mano para encantarnos con el humor desenfadado e hilarante de la muerte. Esta vez los fantasmas, esas terribles apariciones, se encargan de perturbar el aburrido descanso de los cuerpos y, como irreverentes mensajeros del Más Allá, juegan con nuestra perversa sacrosanta realidad.

Las singulares y fascinantes narraciones de Oswaldo Castro incluidos en Gárgaras para ahorcados, y sus otros libros, tienen como hilo conductor la existencia de los fantasmas como parte de nuestra cotidianeidad, por eso no es necesario recorrer cementerios para descubrir que ese mundo, llamado de espíritus malos y tenebrosos con lamentos, quejas y gemidos aterradores solo están en nuestra mente, en nuestro subconsciente, porque al parecer los muertos transitan, con cierto pudor y mucha risa, por el mundo de los vivos como si estuvieran en su propia casa, pero con las puertas clausuradas porque se les ha condenado a no exhibir en público su alegría, además, como se dice, los trapos sucios se lavan, máximo en el patio trasero de las viviendas.

Entre esa población de fantasmas que andan escondidos entre roperos, cajones, agazapados tras las puertas, mirando por las ventanas, está aquél que buscando venganza se posesiona furtivamente entre los cuerpos de una pareja en pleno acto gozoso y queda atrapado incapaz de realizar el asesinato que había planeado, la erección del amante y la taquicardia de la bella se lo impide, entonces “muerto” de vergüenza abandona el lecho apabullado por la fuerza del orgasmo de los amantes. También nos encontramos con muertos amparados por la oscuridad de las noches intentando reconstruir sus anatomías mutiladas. O aquellas almas que han perdido el rumbo y, desoladas, aparecen perdidas en lugares ignotos de este mundo ingrato.

El mismo demonio intenta hacer negocios con San Pedro para conseguir un poco más de espacio en el Cielo. El desorden en los cementerios, tumbas desprovistas de flores y ornamentos de los deudos por los suelos, ante el reclamo la administración solo explica que no es raro pues “luego del crepúsculo vespertino, el cementerio adquiere vida propia y nadie se responsabiliza por lo que suceda durante la noche”.

Las extirpaciones son más bien un conjunto de historias muy breves, son tan solo nudos en la garganta que han sido extraídos para que nuestros sueños no estén invadidos por pesadillas o en la mañana no aparecer colgado de un árbol.

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Bocaditos para velorio
Oswaldo Castro
Libre e independiente Editorial. Lima, 2021

 

En su libro Bocaditos para velorio Oswaldo Castro nos introduce en la psicología de los personajes, de los propios muertos, sí, ha leído bien, aunque parezca extraño decirlo; da cuenta certera de sus instintos, en su afán de desmitificar a la dama de blanco, a la Muerte. Estas historias están vinculadas a la ciencia ficción, pero sin despercudirse de su apasionado y mortal humor. Necro- y zoofilia no le son ajenos a ese mundo, según nuestra lógica, puesto de cabeza, porque en el reino de los muertos existen los actos del amor sin mirar a quien, donde tampoco hay tiempo para ponerse a pensar en la moralidad terrenal, en ese espacio eterno toda trasgresión tan solo es un juego de canicas, segundos de luz armando un rompecabezas o construyendo un artefacto con las piezas multicolores de Lego, de tal manera que la lectura de los relatos nos llama a dudar de la existencia de los fantasmas como criaturas atormentadas, esos seres dispuestos a “matar de miedo”, sino más bien se aparecen ejerciendo su derecho a la diversión, a la broma, a jugarnos una buena pasada ante tanta desesperanzas.

Oswaldo Castro maneja la trama del relato sarcástico, esa chispa de humor oscuro, con meridiana habilidad de tal manera que monstruos, bestias, horrendos mutilados se muestran como tiernas criaturas para el jolgorio de sus lectores. Los relatos se leen como si estuviéramos en un velorio libando, degustando canapés, gozando como se nos eriza la piel al enterarnos que los muertos nunca aprendieron a vivir como fantasmas. De pronto recordamos la muñeca que alguien botó a la basura por faltarle un ojo, los brazos o una de las piernas. Nos enteramos del coraje de Giovanni frente al secuestro de Gianlucca, un acontecimiento que alude al terremoto del 1970 en Ancash, el encuentro de Julio Verne y H.P. Lavocraft para planear sus historias de horror; de enfermedades raras y eventos sobrenaturales o paranormales, del preso que se hace humo, en fin, la muerte en sus más diversas formas.

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Miseria humana
Oswaldo Castro
Libre e independiente Editorial. Lima, 2021.

 

La tragedia humana se pinta en toda su dimensión desbastadora en el libro Miseria humana compuesto por once historias, mezcla de ensayo y crónica, donde la ficción y la realidad pierden sus límites con la irrupción del SARS COV-2 en nuestras vidas que puso de manifiesto la vulnerabilidad del sistema sanitario, financiero y moral de los pueblos y estados de todo el planeta. De nuevo Oswaldo Castro, médico de profesión, utiliza la palabra certera para desgarrarnos la piel y dejarnos heridas que tardarán mucho tiempo en cicatrizar. “La pandemia”, dice el autor en el prólogo, “del coronavirus rescató al reptil dormido de nuestro cerebro prehistórico”. Luego agrega: “La miseria humana afloró como la perfecta depredadora y encontró́ campo fértil en los predios invisibles de este virus mortal”.

En el primer capítulo Manual de Buenas Prácticas de Manufactura concluye que se obtuvo suficiente «Fertilizante Humano». Con Paradero final nos recuerda todas nuestras miserias, fueron primero las almas de Wuhan que empezaron a poblar el misterioso paraíso ubicado en algún recodo de la geografía celestial, luego se descolgó la maldición contra las viejas civilizaciones selváticas que desautorizó la sabiduría de sus curanderos. Las secuelas de la pandemia se observan en el futuro cercano con el nacimiento del primer mutante, cementerios que han cambiado su fisonomía y el florecimiento de fosas comunes; el surgimiento de gerentes del alma de clubs que ofrecen servicios a sobrevivientes de COVID-19, los avatares de un vendedor ambulante tratando de esquivar a la policía y un posible contagio con el virus; continúa, como antaño, el negocio ilegal de cadáveres para el aprendizaje de los estudiantes de medicina; el destino amoroso de personas que sufren enfermedades crónicas en tiempos de pandemia y, finalmente, la muerte sigue causando estragos, de tal manera que los cementerios han “cerrado hasta nuevo aviso”.

Estas son pues las historias de Oswaldo Castro que con sus “escribideces” repletas de una extraña imaginación de humor mortal que raya en la locura nos empujan al auxilio de los fantasmas buscando desentrañar el paso por el ojo de una aguja, y si se les hace “un nudo en la garganta, beban agua”.