Filmes sin filmar

Fragmento de la novela Citizen Kane se fue a la guerra

Alfredo Antonio Fernández


Alfredo Antonio Fernández (La Habana, Cuba) Licenciado en Historia por la Universidad de La Habana, Master en Estudios Latinoamericanos en la UNAM, México y Doctorado en Español de la University of Houston, Estados Unidos, donde reside actualmente. Ha publicado: El Candidato (Premio de la Unión de Escritores de Cuba, 1978), Crónicas de medio mundo (relatos, 1982), La última frontera, 1898 (novela, primera finalista Premio de la Crítica, Cuba, 1985), Del otro lado del recuerdo (novela, 1988), Los profetas de Estelí (novela, Feria Internacional del Libro, Guadalajara,1990), Lances de amor, vida y muerte del Caballero Narciso (Premio Razon de Ser de novela, 1989 y Premio Alejo Carpentier de Novela 1993, de la Fundación Alejo Carpentier), Amor de mis amores ( novela, Planeta, México, 1996) y Adrift: The Cuban raft people (Rockfeller Foundation Grant, 1996; Arte Publico Press, Estados Unidos, 2001), Bye, camaradas (novela, 1era finalista Premio Internacional Novela Marcio Veloz Maggiolo, New York, 2002 y finalista Premio Novela La ciudad y los perros, Madrid, 2003, publicada en la Editorial El barco Ebrio, España, 2012) y A traves del espejo. El cine hispanoamericano contemporaneo. Volumen I (ensayo, Editorial El Barco Ebrio, España, 2013). Sus libros más recientes son la novela Aló, marciano y el libro de ensayos Buñuel In memoriam (ambos por la Editorial El Barco Ebrio, España, 2015). La editorial Iliada Ediciones acaba de publicar su novela Dominó de dictadores, segunda parte de la serie que inicia con Citizen Kane se fue a la guerra, a la que pertenece el fragmento que reproducimos a continuación, novela que resultó 1era finalista en el Premio Internacional de Literatura «Hypermedia», 2020 y que acaba de publicarse en Ilíada Ediciones.

Puede adquirir el libro a través de este link: Citizen Kane se fue a la guerra, Alfredo Antonio Fernández, Colección Caribdis de narrativa, Ilíada Ediciones 2021

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FILMES SIN FILMAR

HOLLYWOOD, 1946
RITA BOMBA

 

Su nombre de pila bautismal era Margarita Carmen Cansino; a los trece años, su padre, que la llamaba Carmita, la arrebató a su madre que prefería llamarla Margarita y se la llevó a bailar flamenco sobre el mostrador de las cantinas de Tijuana con zapatos de charol, hebillas de plata y herraduras en los tacones para que el zapateado sonara fuerte.

Quién le iba a decir a la flaca Carmen que el 30 de junio de 1946, a las ocho de la mañana, desdoblada en la obesa Gilda, abordaría un B-29 de la Fuerza Aérea que cumplía una misión secreta.

Al cambiar de la Carmen hispana a la Rita gringa, Margarita Carmen Cansino, pasó a ser de apellido Hayworth y se convirtió en una mujer de múltiples personalidades: algo así como tres caras tiene Rita.

En foto de Life de 1941 aparecía con negligé que ceñía las caderas y teñía de rosa las puntas de los pechos y el resto de Rita sobre un sofá con las piernas desnudas en alto y el pelo rojo esparcido sobre la almohada.

A las ocho y cuarentaicinco de la mañana, a veinte mil pies de altura, a través de la mira del depósito de bombas, Gilda miraba el círculo perfecto de treinta y seis islas del atolón de Bikini en torno a una laguna de agua salada: una laguna singular con esqueletos de barcos de guerra hundidos y tiburones de aletas doradas que nadaban en círculo en el Océano Pacífico.

La foto de Rita acompañaba a los soldados a los frentes de guerra.

No era Rita, era La Diosa del Amor.

Rita ahora era Gilda

La foto de Gilda en los dormitorios del ejército en ultramar.

La foto del striptease de Gilda en las proas de los acorazados y en las cabinas de los bombarderos B-26 y en las torretas de los tanques Sherman y en las oficinas del Pentágono.

A las nueve y diecisiete de la mañana, el B-29 se ubicó en el cenit y dejó caer a Gilda como si fuera un huevo.

Gilda, ovoide, flotó en el aire en caída libre hasta una altura de quinientos veinticinco pies del suelo y a punto de rozar el blanco fue detonada por control remoto.

No era una bomba cualquiera.

Era el primer ensayo nuclear de Estados Unidos.

Era Gilda.

La bomba con un peso de veintitrés kilotoneladas equivalía a desplazar una masa de energía siete mil veces más poderosa que la que se lanzó sobre Hiroshima.

La imagen de Rita desdoblada en Gilda se te hizo cotidiana sobre la luna del espejo del baño cada mañana al despertar.

Margarita Carmen Cansino, un sueño hecho Rita.

Rita un sueño hecho Gilda.

Rita, un sueño de cinco pies y seis pulgadas que adorabas cada mañana mientras te rasurabas, desayunabas tocineta con huevos revueltos y te ibas a los Estudios RKO en un Ford cupé de color verde perico.

Gilda, un sueño de ciento veinte libras de peso en los brazos ajenos de Fred Astaire en filmes musicales que no te cansabas de mirar.

Rita, un sueño de uñas color malva, cabellos de fuego y labios de fresa que la Artists League proclamó como los más bellos del mundo.

Gilda, un sueño que los científicos nucleares y los generales del Pentágono paranoicos con la fiebre atómica convirtieron en pesadilla.

Rita que al cantar Put the Blame on Mame, no provocaría el incendio de Chicago, ni el huracán que azotó a New York ni el terremoto de San Francisco.

No, Gilda establecería una marca de devastación mayor en la historia: la fusión del átomo, la explosión nuclear, el equivalente al estallido del Sol.

La bomba atómica Gilda al estallar expelió una sólida columna de humo.

Un hongo atómico de bordes perfectos se elevó a miles de pies de altura.

La imagen fue recogida por seiscientas cámaras en las islas Marshall.

Captada por sensores fotoeléctricos de aviones de reconocimiento a control remoto que penetraron la masa de cenizas radioactivas del hongo atómico para recopilar la información.

Rita sería Rita

Rita para mí

Ri-ta

Ri-ti-ca

Ri-quí-si-ma

Ri-tí-si-ma

El actor Joseph Cotten organizó una fiesta en Beverly Hills para que la conocieras.

Rita se apareció con traje de gasa azul turquesa y una orquídea prendida del pelo.

Prendida del brazo galante de Víctor Mature que esa noche hizo honor a-su-cara-de-dolor-de-estómago de la serie B de gánsteres y se fue al baño atacado de súbitos espasmos.

Y Orson Welles se llevó a Rita a otra fiesta.

La llamaste sin parar todos los días y el 7 de septiembre de 1943, en el receso de una filmación, vistió un traje beige y una blusa blanca y con el rostro cubierto por un velo te dio el sí delante de un sacerdote de utilería, un clérigo stutman que los declaró marido y mujer en un estudio de la MGM delante de un set de papier maché del Coliseo romano.

Una muestra del efecto de la explosión atómica recayó en los cuerpos de cincuenta y siete conejillos de Indias, ciento nueve ratones, ciento cuarenta y seis chanchos, ciento setenta y seis chivos y tres mil treinta ratas blancas colocadas por el ejército de Estados Unidos cerca del blanco.

En los minutos y horas que siguieron al ensayo atómico los animalitos fueron abrasados y carbonizados y pulverizados y calcinados y derretidos por la enorme masa de calor.

La explosión atómica los partía en pedazos como cáscara de huevos y los desaparecía y los hacía humo y los transformaba en cenizas atómicas que flotaban sobre el Océano Pacífico.

Durante años Orson Welles y Rita Hayworth fueron felices, aunque a veces despertabas sudoroso en medio de la madrugada.

Despertabas no al lado del sueño hecho mujer de Rita, despertabas febrilmente abrazado a la bomba atómica Gilda.

Y pueden imaginar al despertar, ¡qué susto tan grande!, la bomba atómica entre las piernas.

Y aunque no lo crean, en reposo sobre tu panza mora, la bomba atómica.

Y pueden palpar a través de mis palabras escritas el frío glaciar del fuselaje de la bomba atómica sobre tus testículos.

Y no es mentira si digo te derretías en la cama de puro miedo atómico.

Y aunque parezca una mala metáfora de un poeta de buhardilla, té de menta y bizcochos sentías latir a la bomba atómica dentro de ti como el feto de una ballena.

Y daba miedo pensar que para siempre vivirías una experiencia casi mística y daba terror que sentirías vértigo en el estómago en medio de la madrugada y daba pavor que la bomba atómica fuera arrojada desde un avión contigo aferrado a ella.

Contigo en calzoncillos,

Contigo en pijamas,

Contigo desnudo,

Contigo al dormir,

Contigo al soñar,

Contigo al despertar,

Contigo arrojado al vacío,

Contigo feto, bebé, niño, joven, hombre, anciano.

 

Siempre
Contigo la Bomba
Siempre
Contigo
Y
Orson Welles acercándose al blanco
A cientos de millas de velocidad
Cada vez más cerca
Cerca
Cerquita
Ya
Y
De repente
Se desencadenó
La fusión
Del
Átomo
En
Rita
Y
De Rita
En
Gilda
Y
De Gilda
En
Estallido
Nuclear
Y
De estallido nuclear
En
Hongo
Y
De hongo atómico
En
Rita
¡¡¡¡¡Bomba!!!!!