RAÚL ALONSO (Mar del Plata, Argentina, 1963). Escritor, músico y cantante. Cursó estudios de Economía y de Filosofía y Letras. En 2005 se radicó en Madrid donde colaboró en revistas y dio forma a su poemario Estación Uno. A su regreso a Argentina cofundó la revista digital de cultura Cirque. En 2017 publica su primer libro de poesías, Urbano y en 2018 edita Lo amargo por miel, ambos en Gogol Ediciones. En 2020 publica el libro de cuentos Alétheia, para Azul Francia Ediciones. Desde marzo de 2019 reside en Granada, España.
Puede adquirir el libro a través de este link: Nadie sabe responder, Raúl Alonso, Colección Marejadas de poesía, Ilíada Ediciones 2021
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Soledades
La multiplicación
de intimidades muertas
algunas luces persisten
mientras otras se agazapan
tras las bocinas y los timbres.
Un hombre y una mujer
se advierten en la arena.
Es el preámbulo de una nada
ofensiva y sigilosa.
La avenida se siente Evita:
mis callecitas negras / dice.
En el bar piden la cuenta
/ el ocaso de una página blanca /
es mi vos y tu yo
en otros pechos y otros minutos.
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Silencios
Siento nostalgia de tus silencios
tal vez resulta una confesión extravagante
fronteriza / tal vez /
con la falacia o con el fraude
tan hablados que éramos
tanto cine y tanto Perlongher
tanto plan y tantos ayeres
pero en ciertas tardes de aire viciado
me arrojo hacia mí mismo
me enrosco / me aprendo /
me ejecuto / me impaciento /
y tus silencios retornan
y mi alma renuncia a la idea de morir.
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Nieve
Cuando menciono la palabra nieve
las calles se vuelven intransitables
caen tristezas sobre los techos
y los autos se convierten en hormigas
sin destino y sin aliento.
Me cubro con un otoño de dulzura
y un sombrero de olvido, bien ceñido.
Arrojo mi muerte negra contra la pared
permanezco inmóvil ante la blancura del mundo
y observo los labios de la tarde breve.
Cada vez que digo la palabra nieve
me crecen mis uñas blancas
salgo a la infinita cintura de la calle
y camino solo como un puerto
mientras fumo con rostro de enero
y te recuerdo blanca, otra vez.
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Gente
En ciertas ocasiones
camino por la ciudad
provisto de una mirada extraña
gestora de cierto espanto
y de una perseverante cobardía.
Alcanzo a desvanecer, a través de ella,
cada edificio, cada automóvil,
cada arquitectura científica,
tecnológica, cultural.
La ciudad renace en mis ojos
sin señales ni horizontes precisos,
todo reaparece en un origen contenedor:
tierra, barro, arena, agua.
Los seres que deambulan,
aún con sus pretextos y sus ocultaciones,
se incomodan, se aturden,
se revelan ante sus propias fronteras,
sin tiempo para adorar otros dioses,
para asediar otros labios.
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Anoche
Siento mis músculos relajados
largos / amables /
dan dos vueltas a cada hueso
miro de soslayo el mundo
que se posa sobre mi cuerpo
se mete los dedos en la boca
me vomita un sol / dos nubes /
un café tibio / un nuevo espejo /
me sorprende una sonrisa
al rato me reconozco
anoche dejé de gritar tu nombre.
