Sobras de pan
Reinaldo Jiménez
Cálamo Poesía. Palencia, 2021
Galardonado con el V premio internacional “Jorge Manrique”, ve la luz Sobras de pan, de Reinaldo Jiménez (1969). Al hilo de su anterior entrega, De la mano (2017), anoté que su poesía sostiene sus anhelos sobre una naturaleza durativa, abrigada a una cronología que eleva la conciencia hasta un ámbito de fértil humanidad. Además, los territorios, los objetos y los protagonistas de su decir, cobran unísona cadencia en la verdad ulterior de cada acontecer.
En esta nueva entrega, el autor granadino da un paso más a la hora de dotar al verso de una semántica purificadora, lo cual le permite alzar su palabra hasta un ámbito de sustantiva significancia. Sabedor de la fuerza del verbo, los poemas se van sucediendo como una precisa cadena de intensos pensamientos, de tentadoras meditaciones en las que el poeta se ve llevado en volandas por el amparo de la memoria: “Como quien se arrodilla/ a la entrada de un templo, me he postrado/ ante la arquitectura ya vencida/ de adobes de este horno (…) Igual que tú, ante ellos/ también me he persignado, madre,/ con idéntica fe aguardaré el pan”.
La gracia de la Naturaleza, la esencia y los dones del campo, se dan cita como entrañable cobijo desde donde la voz del yo se hace aún más vigorosa. Y así, junto al hilván de las flores, de los pájaros, de las colinas, del mar, de la brisa…, su discurso cobra conformidad y se corona de lírica creencia junto a la desnudez de lo proclamado: “Para que el mundo fuera/ abriéndose en sus nombres/ pronunciaba, en el empeño/ de franquear qué lindes,/ las palabras/ que rompieran su ser/ a la belleza./ Harina de un decir/ que en la materia del dolor o el canto/ fueron al pronto un luminoso pan”.
Seguro de que la redención encuentra mejor su camino al par de cuanto la tierra ofrece, Reinaldo Jiménez se aferra a la semilla del verso límpido, sugestivo en su vuelo. Y así lo esparce y lo brinda, confiado en que desde su claridad podrá germinar y hacerse orilla y horizonte: “Y tú traes en tus manos, como si culminaran/ en ti tantos procesos, el dulce de esos frutos,/ que al notarlo en mi boca/ he roto en lágrimas”.
Un libro apolíneo, trascedente, hecho de afanes y de promesas, de luces y de asombros, y que muestra “tras el mundo aprendido/ otro que trasparece”.