La hechicera, la extranjera, la migrante  

Sobre La ira de Circe, de Yankilé Hidalgo

Yanier H. Palao


La ira de Circe
Yankilé Hidalgo
Ilíada Ediciones, 2021

 

El libro empieza con una palabra incómoda: ira, ese sentimiento debió estar contenido para que la autora pudiera tejer su historia. He visto a la escritora contener palabras, momentos, por miedo a sus propias reacciones. Yankilé es directa, pero sin llegar al discurso explicito, toma para su descarga lírica un referente clásico, Grecia, un país que en su gran mayoría lo conforman islas, para ser más específico, por archipiélagos, palabra que en los últimos meses le ha sido muy incómoda al gobierno cubano. Yankilé no es una mujer cómoda, ella tiene conciencia de eso, no se amilana por eso, por su  origen, por sus preferencias culturales, ideo-estéticas. La ira es un buen motor para tomar decisiones, se asocia a lo femenino. Prefiero a las personas que reaccionan que a las que se mantienen pasmadas viendo lo injusto y no se pronuncian.

En el libro habla la bruja, la hechicera, la mujer que se venga, que vive sola en una pequeña isla.  En La ira de circe hay gritos, denuncias, y pruebas, el libro duele; porque él en sí mismo es la quemadura que arde cuando la piel ya debería de estar sanada. Es humano, por eso es contradictorio, como la propia autora.  Pero quién no lo ha sido al explicar la situación de un país  que vive por más de 60 años bajo un régimen dictatorial. En el conjunto de los textos la consumación se reitera, no es el simple hecho de la falta de alimentos, es la escasez de oportunidades, la falta de sueños y la falta de sueños es la ausencia mayor que puede sufrir cualquier individuo o país.

El banquete que ofrece el sujeto lirico en el libro es una directa referencia el mito griego.

La mujer-escritora tuvo su hijo lejos de la tierra que ama y odia con la misma intensidad. Es la hechicera, la extranjera, la extraña, la migrante. Es la hija del preso político. Con estas  amalgamas ella fraguó a nuestra  Circe-caribeña-andina. Desde el primer poema que da inicio al libro la poeta es cínica: La fiesta ha comenzado, juerga de hambrientos en la mesa. Pero se podría calmar el hambre de tantos años. Y si esa hambre solo la padecen los pocos que se manifiestan, porque el resto ya no tiene estómago, se les fue cercenando, o lo que es peor, la sensación de hambre ya no habita en esos cuerpos sin ilusión. Confieso que he vivido ese desánimo de no comer, de no alimentarme. En el libro el hambre tiene una multiplicidad de sentido que a veces se yuxtaponen.

Muchos creen que se siente con el corazón, pero para los hindúes se siente con el estómago, y en este libro lo comprueba. Llenar la panza no es solo sinónimo de seguir vivo, sino se tomar fuerza y hacer algo por los míos. He comprobado la relación de los sentimientos con el abdomen. Siento un vacío enorme, unas punzadas por debajo del ombligo cuando me enfrento a lo desconocido. No tengo buena digestión cuando no me trago del todo las ideas, cuando no las proceso, cuando no digiero, es decir: cuando no tomo de una situación los nutrientes para alimentarme y seguir. Pero Yankilé ha sabido sacar los nutrientes del embarullo de sus días, de ese desorden ideológico que es ser parte de un país que ya no existe, en el que ya no se vive físicamente en él, pero sigues cargando con él,  tratando de que algo cambie. De la misma manera que se sigue hablando con el familiar tóxico, porque te tildarían de un mal hijo, o un sobrino desagradecido.

No hay demasiado lirismo en sus estructuras, sus palabras son francas, desnudas, el simbolismo es rápido de descifrar, como si el propósito de la autora fuera llegar a todos. Los poemas sin títulos se leen como si fuera una sola composición. Sus versos son de frases cortas, construcción que favorece el discurso sentencioso, rotundo, de definiciones. La presencia de dos fluidos es recurrente, se trata de las palabras: saliva, y sangre. Saliva para hablar, pronunciar vocablos, articular, saliva para tragar, comer. Sangre para vivir, tomar fuerzas, y ver cómo brota la sangre del enemigo. Aquí no hay reconciliación con el pasado, ni con el presente, su postura es categórica: Hemos transformado nuestras celdas/en lugares comunes./nacimos de cadáveres exquisitos;/frankenstein, de semi humanos/con pensamientos ruines./

Hay crudeza en el libro, como era de esperar, se trata de Circe. No es casual que el libro esté lleno de preguntas. Hay una pregunta que me salta la reflexión, que seguro muchos de los que hemos emigrado nos las hemos hecho: Traerás contigo la muerte embalsamada en tu mente. Toca evaluarse constantemente, pues sucede que de querer tanto a un país cargas con sus dolencias, y uno termina cargando en el centro de la cabeza  con el cáncer, con el lodo enfermizo del país que abandonaste físicamente por voluntad propia, pero que aún espiritualmente estás en la batalla. Hay un erotismo carnal, si se quiere animal en algunos poemas: …en tu boca, en mi boca/tanto se enredan las lenguas/que las palabras quedan dispersas, estallan enrarecidas como gotas ante el hombre que le habla a la multitud vacía….

La pareja de jóvenes enamorados terminan de hacer el amor frente al mandatario del país. El vetusto presidente pronuncia un enérgico discurso, la plaza está llena, nadie presta atención a las palabras del dictador. Solo por esa imagen vale la pena leer La ira de Circe.

Para nadie es un secreto que la carne que más se consume en Cuba es la carne de cerdo. Todos los festejos, cumpleaños, reuniones familiares, están acompañados de la deliciosa carne. En ocasiones vimos cómo se le da muerte al animal, y ese asesinato doméstico es parte de la fiesta. En el mito griego Circe invita a una cena a Odiseo y su tripulación que habían naufragado en la isla donde la hechicera vivía.  La comida está embrujada, los comensales, acto seguido de comer se convierten en cerdos. La carne escasea en la isla hace años, qué diremos de las cerdos, aunque la alta cúpula del poder en Cuba tiene un parecido muy próximo con los benditos animales de corral, los que se bañan con fango, los que son la delicia de casi todas las familias en el país caribeño.

Sé lo que quiere decir la autora, somos muchos los que esperamos que muy pronto el pueblo de Cuba mate y se alimente de la carne de los únicos puercos, cerdos bien alimentados que están dirigiendo el país. En definitiva, esa carne bien sazonada podría ser sabrosa. Lo que quedaría prohibido de comer serían sus cerebros.

El primer libro de esta autora se titula: Para nada inocente; declaración de principio que aún se mantiene en pie, afirmación vigente que podemos comprobar con la lectura de La ira de Circe, su más reciente libro publicado. Yankilé empieza a edificar una obra ligada al compromiso político. El centro de sus textos es el devenir de su país de origen, como si la razón de la existencia  de la mujer, madre, poeta encontrara algún atisbo en esas indagaciones.