El tercer reino
Santos Domínguez
Pre-Textos. Valencia, 2021
A su amplia trayectoria lírica, suma Santos Domínguez El tercer reino. Y desde su pórtico, el poemario se corona al par de una luz que incide y reincide como alumbramiento común de sus páginas: “Desciende hasta la piedra./ Destierra el cuerpo antiguo y enciende tu mirada/ bajo una nueva luz que no viene de arriba,/ que emerge de los fondos litorales del sueño”. Claro que ese bordón onírico no es sino un latido que se acompasa indefectible a una realidad frágil y extrema, una aspiración invisible que inquiere su nombre en la arena del tiempo: “Pregúntale a la tierra/ y al ojo de los dioses del vacío”.
Las tres secciones en que aparece dividido el volumen, “Híbrido mundo”, “El pájaro en la nieve” y “Punto de fuga”, convergen en el anhelo de hallar un espacio abierto, liberado del vacío y de la angustia, desde el que prender una llama presente y futura. Entre los signos y las cifras que van marcando las huellas del ser, Santos Domínguez afila su palabra y la torna bálsamo, redención frente a lo oscuro. Porque para aliviar la desolación, la inquietud de de lo que fue hoguera y ahora es ceniza, no queda sino conceder al verbo la pureza de sus alas: “Nos salva cada tarde la lentitud del pájaro,/ sus dos notas aladas, el hueco que en el aire/ va dejando su vuelo (…) Como una flor escueta, ese vuelo amarillo/ regresa cada tarde con su clave secreta”.
Frente a todo aquello que resulte inane, frente a todo territorio baldío, asoma una brizna de claridad que quiere ser murmullo, o tal vez, mudanza. Mudanza, sí, que se alce como sentido duradero en el verso, que se haga presencia sensorial en el lector, y se transforme en íntimo y ulterior conocimiento. Y todo ello, a través de una lumbre renovadora que deshaga la penumbra, que desvista la noche, que convierte la ceniza en flor: “Viene esta luz rampante del borde de una herida./ Vibre oscuro el instante y sucede la chispa,/ la palabra que busca la huella del prodigio./ En todo hay una grieta/ por la que entra la luz prodigiosa del sueño./ Ese borde de luz que lo ignoraba todo/ cuando invade la sombra”.