
I
Las literaturas nacionales son un constructo intelectual, ideológico e histórico que “conforma un concepto más o menos preciso de lo que ha de entenderse por literatura y proyecta sobre el pasado una pauta hermenéutica en busca de reconocer en la historia literaria las señas de identidad de la nación (El Boomeran (g))
Las literaturas nacionales surgen en un momento histórico determinado, la Edad media, tras la caída del imperio romano y su fragmentación en diferentes nacionalidades, y se consolida siglos más tarde con el advenimiento del Romanticismo (Inglaterra, Alemania), que da suma importancia a lo local y nacional. El espacio de su surgimiento es Europa. Pero con la llegada de los movimientos de independencia a la América Hispana y la creación de los nuevos estados a lo largo del siglo XIX (la totalidad se independizan de España en las cuatro primeras décadas del siglo, salvo Cuba, que lo hace en 1902) surgen aquí las diferentes literaturas nacionales hispanoamericanas.
Las literaturas nacionales expresan el alma de una nación o aspectos sustanciales de la misma. Con el resto de la cultura y con la lengua ayudan a construir (definir, establecer, reforzar, fortalecer) la identidad nacional. Cervantes fija con El Quijote la lengua castellana y Dante hace lo propio con el italiano, que surge del dialecto toscano con el que escribe su Divina Comedia; el alemán, por su parte, se plasma por primera vez y se difunde con la impresión de la Biblia de Gutemberg (1455). Shakespeare crea el inglés moderno en sus poemas y obras dramáticas. Como sostiene Jesús Ruiz Mantilla (2016) en “Shakespeare: la conquista global del inglés”: “Aquel dialecto remoto y despreciado en tiempos, se convertía en manos del poeta inglés en algo elevado y de gran potencia expresiva”.
Los logros señalados hacen posible que la población de cada una de estas naciones en formación pueda leer las obras que se producen en su seno y lo que es más importante, puedan reconocerse en las mismas. El impulso de la imprenta de Gutenberg en el siglo XV fue decisivo en este sentido de afianzamiento y divulgación de las lenguas vernáculas y de las literaturas nacionales.
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II
Ahora bien, ¿tiene toda literatura nacional de hoy, si es que existe, unos rasgos distintivos marcados y característicos que pueden ser revelados a simple vista o a través de un empeño analítico? ¿Siempre podemos saber cuándo estamos ante una obra literaria mexicana, peruana, argentina, salvadoreña, nicaragüense o dominicana, acudiendo a aquellos rasgos esenciales que así supuestamente las definen e identifican? Y, ¿cuáles entonces serían estos rasgos distintivos, definitorios?
Intentemos analizar cuáles son los elementos constructivos que determinarían que una obra pertenezca o no a una literatura nacional. Será ¿la nacionalidad del autor, la lengua (y con esta el léxico), los temas y su tratamiento, el color local, o algo más sutil como un tono, un estilo, una sensibilidad?
La autoría como posible elemento definitorio de las literaturas nacionales
Deberíamos preguntarnos en primer lugar si la literatura nacional brota o surge de manera espontánea o se construye con deliberación. Si se escribe desde la voluntad, a partir de una decisión consciente del autor o es creada de una manera espontánea y brota como una flor “natural”. Es decir, por el hecho de ser un autor de nacionalidad argentina ¿ya se escribe “en argentino” o “como argentino” y la producción literaria de este (poemas, cuentos, novelas…) queda marcada con los signos de identidad de “la argentinidad”, participando así de las características esenciales que definen (o habrían de definir) a la literatura de esa nación, con lo que puede, por tanto, ser esta englobada y clasificada (¿encasillada?) bajo la categoría o la denominación de literatura nacional argentina “como una fatalidad”? Para muchos autores “literatura nacional” es, justamente, sin más problemas ni análisis elucubrativos, esta: la escrita por autores de una nación.
La lengua como posible elemento definitorio de las literaturas nacionales
Pero ¿no será por el contrario la lengua la que define a una literatura nacional? ¿Si escribo mis obras en inglés, soy por ello un escritor anglosajón? Konrad polaco escribe en inglés y los estudiosos lo incluyen sin titubear en la literatura inglesa. Kafka, judío checo de cultura alemana escribe en alemán y hay consenso en incluirlo en el corpus de la literatura alemana. En ambos casos la lengua determina la adscripción de estos autores a una literatura nacional. Pero un caso paradigmático es el del escritor irlandés Samuel Beckett, que a partir de un momento dado abandona el idioma inglés por el francés en su obra huyendo, como sostuvo en su momento, de la facilidad que brinda el inglés para construir frases sonoras, rítmicas y cadenciosas. Pero nadie habla del autor de Esperando a Godot como un escritor francés.
Los hispanohablantes escribimos todos en el mismo idioma de Cervantes, el castellano o español, pero claro está, con evidentes rasgos distintivos en cada nación y aun incluso con notables diferencias dentro de las diferentes regiones que conforman cada país, los llamados regionalismos. ¿Puede la variante del castellano que se habla en cada país latinoamericano ser el elemento definitorio de sus literaturas nacionales? ¿O debemos hablar mejor y con más propiedad, en lugar de “literaturas nacionales” de “literaturas en español”? Hay quienes apoyan esta visión como la más idónea y hacen una sola de la literaturas latinoamericanas y españolas. Por el contrario, otros defienden que debemos pensar de forma más apropiada en literaturas regionales. En un reportaje de Álvaro González (2013) “La diversidad es la unidad en la actual literatura latinoamericana”, tras señalar que el concepto de literatura nacional está superado para muchos y que es posible pensar en tradiciones literarias regionales, reproduce estas palabras del escritor boliviano Rodrigo Hasbún (Cochabamba, 1981): “En mi caso, puedo ser un escritor cochabambino, boliviano y latinoamericano, dependiendo desde dónde se mire. Son territorios imaginarios que se superponen y en los que seguramente aparecería ocupando y defendiendo distintas posiciones”.
Los temas como posible elemento definitorio de las literaturas nacionales
También debemos considerar y prestar atención a los temas y el tratamiento de los mismos como el elemento definitorio de una literatura nacional. Tradicionalmente los autores de las literaturas nacionales decimonónicas tratan temas de la nación a la que pertenecen, que afectan directamente a la sociedad y a sus conciudadanos y que muchas veces tienen una intención educativa. También hay toda una tradición de literatura de denuncia más o menos seria, acertada o panfletaria. Y la literatura realista y el realismo socialista abundaron en esta dirección. Pero ¿es el tema realmente definitorio de la literatura de una nación? Con relación a los temas se pueden observar cosas muy interesantes. Por ejemplo, el premio nobel de 2017 El escritor británico de origen japonés Kazuo Ishiguro, escribe en inglés pero sus temas, sus escenarios y sus personajes son japoneses, como se ve en Pálida luz en las colinas (A Pale View of Hills, 1982) que ocurre en Nagazaki (lugar de nacimiento del autor) y evoca el horror que supuso el lanzamiento de la bomba atómica por parte del Gobierno Norteamericano en 1945.
De igual modo en los últimos años se ha notado una clara tendencia en la literatura latinoamericana a ampliar el repertorio de sus temas de forma clara. En El hombre que amaba a los perros (2009) el cubano Leonardo Padura trata de la trayectoria vital de León Trosky y su asesinato en México a manos del anarquista barcelonés Ramón Mercader. Andrés Newman en El viajero del siglo (2009) se comparando el pasado con nuestro presente global narra una historia situada en el siglo XIX en una pequeña ciudad de provincia alemana (Wandernburgo), todo visto con la perspectiva del siglo XXI.
Como señala Álvaro Gonzáles (2013) quien en el reportaje más arriba citado nos habla de un caso destacable, el de Carlos Yushimito, “escritor peruano de ascendencia japonesa que escribe sobre las favelas brasileñas desde los Estados Unidos”.
El color local como posible elemento definitorio de las literaturas nacionales
¿Es el llamado “color local”, la mayor o menor presencia de elementos característicos y propios de una nación o de una de sus regiones (hábitos, costumbres, vestimenta, utensilios y elementos del folklore local…) lo que define una literatura nacional? La literatura de costumbres y las estampas del siglo XIX ya recorrieron este camino hasta agotarlo. El color local, íntimamente relacionado con los temas tratados y con el léxico, fue tratado por Jorge Luis Borges (1997) en su ensayo “El escritor argentino y la tradición”, donde nos dice:
La idea de que la poesía argentina debe abundar en rasgos diferenciales argentino y en color local argentino me parece una equivocación. Si nos preguntan qué libro es más argentino, el Martín Fierro o los sonetos de La urna de Enrique Banchs, no hay ninguna razón para decir que es más argentino el primero. Se dirá que en La urna de Banchs no están el paisaje argentino, la topografía argentina, la botánica argentina, la zoología argentina; sin embargo, hay otras condiciones argentinas en La urna.
Y continua Borges:
Además, no sé si es necesario decir que la idea de que una literatura debe definirse por los rasgos diferenciales del país que la produce es una idea relativamente nueva; también es nueva y arbitraria la idea de que los escritores deben buscar temas de sus países. Sin ir más lejos, creo que Racine ni siquiera hubiera entendido a una persona que le hubiera negado su derecho al título de poeta francés por haber buscado temas griegos y latinos. Creo que Shakespeare se habría asombrado si hubieran pretendido limitarlo a temas ingleses, y si le hubiesen dicho que, como inglés, no tenía derecho a escribir Hamlet, de tema escandinavo, o Macbeth, de tema escocés. El culto argentino del color local es un reciente culto europeo que los nacionalistas deberían rechazar por foráneo.
Si hacemos caso a Borges (y creo que en este punto sí debemos hacérselo), convendría concluir que son entonces elementos más sutiles, menos fácilmente palpables y tangibles los que de verdad vienen a configurar y definir una literatura nacional? El mismo Borges nos habla de un autor que con elementos constructivos foráneos (tejas, ruiseñor) logró expresar un elemento esencial del alma argentina: “el pudor.”
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III
Conclusión
Por definición y por esencia la literatura es ruptura, amplitud, enlace, puente tendido, ventana abierta, mezcla y heterogeneidad. Intercambio e intertextualidad.
Mientras más reconocible, más obvia, más esperable sea una construcción literaria, ciertamente más pobre y predecible será.
¿No es equivalente a encerrarla, constreñirla, cercenarla, limitarla el hacerla o pensarla deliberadamente nacional o nacional o regional a ultranza? Claro que los nacionalistas no podrán estar de acuerdo con esto…
Personalmente huyo de toda imposición y de toda etiqueta, de todo cliché y de toda arbitraria regla encorsetadora, así como de lo local, lo anecdótico y lo folklórico, y desde luego también de las jergas de moda y de los localismos y regionalismos. Todo ello además, sin llegar o promover o propiciar la estandarización que tantas veces la modernidad propone e impone, que es igualmente a mi entender, perniciosa y empobrecedora. Ya Auerbach la temía. Temeroso de la pérdida de la “diversidad cultural.”