Parafraseando a Vicente Huidobro, genial pintor chileno, fundador del Creacionismo, diré que un trazo bien puesto sobre el lienzo es como una llave que abre las mil puertas de la imaginación. Y es que no me queda ninguna duda que ese artefacto-pincel que maneja con maestría Mendel Samayoa, es el responsable de que se abran de par en par las puertas de la percepción.
Ingresar al mundo pictórico de Estigma es viajar por estos lienzos, en los que no solamente la mano de su creador ha intervenido, pues también ha tenido el apoyo de un inmenso lago, la melodía de alguna flauta, las escaleras precisas, los árboles que opinan y la luz diaria que se ha logrado acomodar en cada uno de ellos.
Advertencia
Antes de ingresar a este mundo de personajes que me observan de lejos, que navegan por ríos imaginarios, a veces con paraguas, otras veces enmascarados, me senté frente a cada uno de ellos y cual jugador de ajedrez, ordené a mis ojos que recorrieran cada intersticio. En cada recorrido mi alma se hinchó de emoción y mi corazón latió como el reloj acelerado de un poseído.
Lo primero que me atrajo fue esa fuerza de cada uno de sus personajes. Una Mulata de tal o una morena que se pasea desfachatadamente por las calles de una ciudad en la que hasta los ateos creen en Dios. Una mujer que te ve a través de sus lentes de carey, pero te amenaza con la máscara del mismo belcebú, curtida de tanto fuego. O esos poderosos cuatro jinetes del baile, que a través de sus máscaras se ríen de nosotros, sin que nos percatemos y hasta les aplaudimos, a pesar de su reguilete, a pesar de sus matamoscas, ¿es que acaso son artefactos carnavalescos que logran mofa y respeto a la vez?
Con el paso del tiempo, aprendí que podemos navegar las pepitas de los ojos por esos lienzos-puertas, en lo que de pronto, te salta un erguido sacerdote maya idolatrando a la única reina que existió en los momentos más álgidos de su esplendor. Un parque con sus iglesias, un centro que se pierde en la espalda de los personajes, que como soldados se plantan frente a los ojos, para que solo a ellos los veas, para que solamente admirés su grandeza. Que lo de atrás quede en tu subconsciente, como si eso lo fueras a resolver cuando sientas el sabor del whisky, mientras brindas con esos seres que surgen de un mundo gótico, agreste, denso y calmo, pero con una actitud de tensa-calma, como decimos, a veces, los periodistas.
El apostolado del color
Pero no solamente el color y sus personajes llaman la atención de las pupilas. En este universo se nos cruzan diferentes mitos y leyendas. Algunas de estas últimas forman parte el imaginario colectivo, pero otras, van construyéndose en estas puertas-lienzos, en estos lienzos-estigmas. Son las leyendas de la oralidad que cobran vida en estos cuadros-mundos. Nuestros ojos observan cómo nace cada una de estas leyendas; de cómo la acromegalia los supera en sus historias y, también, cómo aterrizan al ocaso de la soledad. Y es que la soledad es reconfortante, se lee en uno de los lienzos, claro que el cartel está detrás de ese personaje escurridizo que no desea que lo leamos de primas a primera vista.
A veces un vaivén involuntario de la cabeza confirma que por allí aparece el personaje de la leyenda y el mito está justo donde volvemos a asentir. Y es que a nosotros, también el subconsciente nos ha robado la salida y se adelanta a criterios que luego debemos sostener.
Mejor acompañado
Claro, en otros lienzos deberá apoyarse por una musa, por un ser de luz que acompañe a sus ojos, tal como lo hizo conmigo, para, ahora volar sobre estos lienzos-cielos. Van surgiendo paisajes distópicos, naturalezas que no lo son, sino que fueron, lo que observamos es ese futuro que no ha terminado de cuajar, pues el pasado apenas no está construyendo. También hay páramos, cercas, ramas, raíces, agua, desiertos y un bosque. Este último pudo haber surgido de un sueño del mismo Akira Kurosawa. Quizá no nos hemos dado cuenta, pero el lienzo es como ese niño desobediente que sale a ver a los zorros, así como la desobediencia de nuestra alma nos lleva a seguir mirando, mirando y mirando hasta alcanzar esa nirvana que solamente esos personajes como fantoches, como pantomimos, como creyéndose Jesús Castillo o Domingo Bethancourt, apretando las baquetas como brujos, logran travestirse.
El viaje es largo, la Historia, también, las leyendas son universales, las puertas las abren los pinceles, también las baquetas y los matamoscas.
Prepárese para entrar en este universo con protagonistas que quizá usted ya conoció en alguna esquina del palimpsesto de su memoria. Déjese llevar por la creación y bienvenido a este mundo, en el que seguramente nunca ha estado antes.




