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Entonces, ¿Qué es hoy Cuba? Lejos de ser un país igualitario y homogéneo, se ha convertido en un puzzle socioeconómico armado con piezas de muy distinto calibre: un país fracturado en dos monedas, en dos razas, en campo y ciudad, entre los que se fueron y los que se quedaron, la Cuba del poder y la del no poder, un país envejecido, divorciado o que prefiere la consensualidad como forma de unión, de familias desestructuradas y natalidad mínima, que ha convertido el aborto en un medio anticonceptivo, un país que se ha acostumbrado a cifrar sus esperanzas en la huida: una suma de países que, entramados, componen el país real, no el que figura en los discursos y en los prospectos turísticos: un país dividido entre los que insisten en creer y los que simplemente esperan sin demasiadas esperanzas. Quizás por ello en el país donde se abolieron los dioses por decreto, éstos han resucitado con un entusiasmo sin precedentes. Cuando los hombres miran hacia el horizonte y sólo ven brumas o negros nubarrones, se arrodillan y miran al cielo en busca de explicación o alivio.
Cuando se habla de la diáspora cubana, inmediatamente se piensa en Estados Unidos, y en especial en Miami, la Cuba Outside por excelencia. Y hay 1,3 millones de razones -los cubanos residentes en Estados Unidos, de acuerdo a estimados confiables- para esa asociación. Eran 1.241.685 según el Censo de Población de 2000, el 0,4 por ciento de la población del país y el 4 por ciento de los hispanos, de los cuales 680.000 residen en la Florida, en especial en los condados de Dade y Broward, y puede que hasta un millón en todo el sur de la Florida.
Durante casi medio siglo de éxodo se han producido diferentes oleadas migratorias de cubanos que apenas tienen en común el haber nacido en la misma Isla:
Exilio histórico suele llamarse a los que llegaron antes de 1970: 520.604 personas divididas en tres oleadas: la de 1959, personas muy relacionadas con la dictadura depuesta; la de 1959-1961, integrada por la alta burguesía, grandes empresarios, profesionales liberales y opositores políticos, continuada hasta 1970, y posteriormente hasta 1979 (otras 158.153 personas a pesar de las trabas impuestas por Cuba al éxodo), por empresarios, profesionales, clase media y numerosos técnicos y obreros calificados. Especialmente tajante fue la fuga del sector empresarial, cuya iniciativa había quedado proscrita por el esquema ultracentralizado de economía estatal y por la extirpación de la propiedad privada. Esta oleada constituyó durante varios años el grupo de inmigrantes de mayor éxito en la historia de Estados Unidos, debido a su preparación y actividad empresarial y profesional. Al salir de Cuba eran obligados a entregar todas sus propiedades al gobierno, lo que producía el "efecto Hernán Cortés", "quemar las naves". Tenían que huir hacia delante. Hitos de esta emigración fueron "los vuelos de la libertad", la "operación Peter Pan", mediante la cual miles de niños fueron enviados al exilio por sus padres, y las salidas masivas por el puerto de Camarioca. Por su poder económico, los llegados antes de 1970 son, aún hoy, el grupo más influyente en la comunidad. Una característica de estas oleadas primeras es que llegaron con un claro sentido de provisionalidad: permanecerían en Estados Unidos sólo hasta la inminente caída de Castro y la restauración de la República. Aunque el éxito económico les ayudó a paliar su frustración, muchos conservan intacto un comprensible odio hacia el gobierno, y en especial hacia el hombre que les arrebató una vida ya construida y los arrojó a rehacer familia y fortuna en un país ajeno. Aunque entre ellos suelen estar los rostros más beligerantes del exilio, una encuesta reciente demuestra que menos del 10 por ciento regresaría a Cuba en caso de un cambio político.
Marielitos han sido llamados los 125.000 que huyeron por ese puerto en 1980. Esta nueva oleada trajo a las costas norteamericanas personas procedentes de todos los estratos de la sociedad cubana, con una presencia anormalmente alta de delincuentes comunes y enfermos mentales, embarcados a la fuerza por las autoridades cubanas en una operación de "limpieza social", más cientos de agentes infiltrados. Los marielitos cambiaron en cierta medida la percepción que de los cubanos se tenía en Estados Unidos. Desde ese instante hasta 1990, 215.640 personas (cifras oficiales cubanas) abandonarían la Isla, una población mayoritariamente formada dentro del período revolucionario y que veía frustrarse sus expectativas, a pesar de que durante ese lapso las privaciones que se derivaban del absoluto fracaso económico eran paliadas por la copiosa subvención soviética.
Una vez cerrado el grifo ruso, librada Cuba a su suerte en 1990, se produjo una verdadera estampida, que estuvo a punto de transformarse en estallido social en 1994, durante la llamada crisis de los balseros, cuando 32.000 cubanos huyeron en precarias embarcaciones alentados por el gobierno de la Isla, que retiró la vigilancia de las costas. Desde entonces hasta 2.000 han emigrado 210.000 personas (ONE, 2001). Estos nuevos emigrantes tienen, en su mayoría, alta calificación técnica y profesional. Muchos han salido para instalarse definitivamente en los países de acogida, pero otros intentan ganar experiencia, escalar posiciones, prever las claves de la transición en Cuba e intentar convertirse en los protagonistas del poscastrismo. Sus destinos se han diversificado muchísimo, y hoy encontramos colonias importantes de cubanos en España, Italia, Francia, Alemania y el resto de países europeos, incluso los del este -37.000, dicen las autoridades cubanas, pero cifras oficiales españolas hablan de 38.332 cubanos censados oficialmente sólo en este país-; en casi toda América Latina, en especial Venezuela, México, Puerto Rico, República Dominicana, Costa Rica, Nicaragua, Argentina, Colombia y Chile -Cuba estima que son 130.000, cifra muy por debajo de la realidad-. También las autoridades cubanas hablan de 1.000 cubanos en el resto del mundo, cifra ridícula. Aunque hoy se estima en 2.000.000 los cubanos repartidos por todo el mundo, sólo cuando se abran los archivos oficiales de la Isla conoceremos la cifra exacta de emigrantes legales e ilegales, de los que alcanzaron su destino y de los -quizás 30.000- ahogados en el estrecho o pasto de los peces, muertos por las minas cuando intentaban alcanzar la Base Naval de Guantánamo, tiroteados por los guardafronteras, cayendo desde trenes de aterrizaje, etc.
¿Puede hablarse entonces, exclusivamente, de que la Cuba Outside es ese Miami-Exitoso-Intolerante-Anticastrista-Conservador? Evidentemente, no. El evento derogador de ese Miami como espacio más representativo de la Cuba Outside fue el Caso Elián, cuando el pequeño balsero que vio morir a su madre en el Estrecho fue objeto de una guerra legal (política) entre el padre, residente en la Isla, con el respaldo del gobierno cubano, y los sectores más conservadores de la sociedad miamense, que apostaron por la apropiación simbólica del niño como un acto de reafirmación de su hegemonía en el universo de "lo cubano", aún contra el sentido común, la opinión pública mundial y las propias leyes norteamericanas. Batalla condenada al fracaso, como sabía Fidel Castro en el momento de emprenderla, y que le sirvió, además, para desviar la atención de sus ciudadanos (una vez más), de la grave crisis que asola la Isla. Los medios de comunicación y los agentes creadores de opinión, sectores tradicionalmente dominados por los liberales y la izquierda, siempre dotó a ese Miami tradicional de muy mala prensa, por el contrario del tratamiento dispensado siempre a los exilios generados por dictaduras de derechas. El Caso Elián fue el clímax de esa mala prensa. Una vez retornado el niño a la Isla, se impuso un proceso de reflexión del exilio. Una reflexión autocrítica que ha visto trasformarse radicalmente espacios tan conservadores como la Fundación Nacional Cubano-Americana. En Miami hoy crecen distintas alternativas en un clima de diversidad democrática, algunas tan interesantes como el Cuban Study Group. Ya es lugar común el reconocimiento de que el protagonismo de la transición corresponderá a la oposición interna de la Isla, que deberá recibir apoyo, sin pretensiones de liderazgo, de sus compatriotas del exilio. Nuevos espacios sociales, artísticos, de pensamiento e ideas circulan en la ciudad, fenómeno al que no son ajenos las oleadas de inmigrantes recientes formados en Cuba, las nuevas generaciones de cuban-americans, niños y adolescentes durante los 60, que han tomado el relevo al frente de muchas instituciones. Se observa incluso el regreso a la ciudad de intelectuales y artistas que huyeron alguna vez del claustrofóbico cubaneo. Se reincorporan a una sociedad que es menos cubana, más cosmopolita y universal, capital latina de Estados Unidos, capital norteamericana de Latinoamérica. Si en 1970 los cubanos eran el 91 por ciento de la población hispana en el condado Dade, en 1990 ya eran apenas el 59,2 por ciento.
De modo que el propio Miami, el exilio cubano por excelencia, ya es varios Miamis. Y en ese varios hay que contar a los americans de origen cubano, para los cuales Cuba es apenas una de sus varias tradiciones culturales. Ellos, como reza una camiseta que se vende en Bayside, son "Made in USA with cuban parts" (hechos en Estados Unidos con piezas cubanas). Sus homólogos son los hispanocubanos, los germanocubanos, etc., etc. Pero al margen de Miami y de Estados Unidos, hay comunidades cubanas en otros países cuya perspectiva de la Isla es diferente. Así como exilios que no cuentan, para el gobierno cubano, como tales.
Está el llamado exilio de terciopelo, que apareció a fines de los 80, cuando ante la crisis, el gobierno cubano aplicó a los intelectuales contaminados de perestroika y glasnost el axioma "a enemigo que huye, puente de plata". Intelectuales y artistas recibieron autorizaciones para residir fuera de la Isla con permisos renovables cada dos años, siempre que el sujeto "se porte bien", no haga declaraciones contra Castro a los medios de prensa ni se acerque a las instituciones anticastristas. De "portarse mal" no se le renueva el permiso y se le considera exiliado sin apellidos. El gobierno cubano cobra el "préstamo" de libertad en silencio al contado. Miles de exiliados de este tipo residen hoy en México, Europa, Latinoamérica e incluso en Estados Unidos.
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Rafael
Alcides
Yo no tengo ni teléfono, Amir. Ni teléfono. El correo me llega a través de una piadosa amiga. El electrónico. El otro, si es de afuera, del extranjero, sencillamente no me llega, y si me llega es abierto. Cosas del cartero, me imagino.
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Amir
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Dicen que a la tercera es la vencida. Eso espero. Hace unos años, cuando en esa isla que llamamos Cuba no existían las revistas literarias digitales que hoy pululan, a cierto escritor se le ocurrió...
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"Hay hijos que nunca vieron a su padre, ni en fotos. Y hay otros que probablemente estén llenos de fotos de su padre, y sin embargo nunca lo hayan visto bien, o nunca se hayan tocado el alma"...
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Ya a mediados del siglo pasado Carlos Gustavo Jung alertaba sobre la catástrofe que acecha a Occidente desde su flamante entrada a la modernidad; no por la modernidad misma, sino por la neurosis colectiva que produce el distanciamiento del hombre de lo numinoso...
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Hércules Poirot, el detective belga, andaba por el mundo resolviendo casos con arrogancia y displicencia. Bajo de estatura, calvo y con mostachos, Poirot era una figura cómica, una suerte de pariente cercano de Chaplin.
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Cuando se produjo el fin de los sistemas comunistas de Europa del Este, los intelectuales(...) "No sabían reinventarse en condiciones libres, no sabían qué hacer con la libertad"...
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"José Martí"
Damaris Betancourt. 2005