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El carácter liberal y antiimperialista de Lunes permaneció desafiante, sin poder percibir ni evaluar los cambios que tenían lugar en el país. La sociedad cubana se hallaba en constante estado de transformación. Y Lunes entró en desacuerdo con miembros del Partido Comunista que ocupaban posiciones claves no sólo en la Dirección de Cultura, sino también en el Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC). El incidente más polémico ocurrió en 1961, con la censura y confiscación del documental de Sabá Cabrera Infante y Orlando Jiménez-Leal, P.M. El cortometraje, hecho según las pautas del Free Cinema recoge la vida nocturna de un sector de la población habanera. En P.M. el ojo de la cámara pasea por La Habana, de un lugar a otro, de bar en bar, donde los afrocubanos y otros amantes de la vida nocturna bailan, beben, fuman y se divierten. Según nuestra observación, es difícil percatar el peligro que representaba P.M. Tal vez la respuesta se encuentre no en el documental, sino en el contexto del mismo. Es posible que el comportamiento de los personajes que mostraba el documental no era considerado como una expresión revolucionaria apropiada, en momentos en los cuales el gobierno de Castro asumía una posición defensiva frente a los Estados Unidos. La actitud festiva mostrada en la filmación, pudo haberse considerado como antitética a la ideología que los líderes de la Revolución querían imponer a la población.21
P.M. entró en conflictos con películas producidas por Alfredo Guevara y el ICAIC. Cesare Zavattini, el famoso productor de cine italiano, había sido invitado a Cuba por el ICAIC, y contratado para impartir un seminario sobre el cine neorrealista.22 El ICAIC tenía interés en promocionar la tradición neorrealista, y Zavattini era su máximo representante. En algunos aspectos P.M. se convirtió en una especie de respuesta a Cuba baila, de Julio García Espinosa, un film de expresión neorrealista que retrataba la vida y el baile cubanos. Néstor Almendros publica una nota sobre la película para la revista Bohemia. A pesar de que Almendros tomó la precaución de ser positivo al realizar la reseña sobre la película de García Espinosa, no dejó de resaltar sus defectos. Obviamente había una diferencia entre la producción de P.M. y la de Cuba baila: García Espinosa contaba con el apoyo de la industria oficial cinematográfica, el ICAIC, mientras que Sabá Cabrera Infante y Jiménez-Leal eran jóvenes aficionados (Jiménez tenía diecinueve años de edad cuando se terminó el cortometraje) que pertenecían a Lunes y habían recibido una suma muy módica de dinero, de parte de la revista, a fin de acabar la filmación. Más allá de los recursos monetarios y artísticos a disposición de García Espinosa, Almendros le dio a Cuba baila tres estrellas -buena producción-, mientras que a los amateurs les otorgó cuatro estrellas -excelente producción.23 La reseña de Almendros fue apoyada por Luis Orticón, que en Bohemia había declarado que P.M. había logrado algo ausente en otras producciones cubanas.24
Durante este período, las producciones fílmicas se convirtieron en un campo de batalla entre Lunes y el ICAIC. Hubo tierra fértil con P.M., pero también con producciones soviéticas y checoslovacas que supuestamente desafiaban a sus respectivos gobiernos. Almendros, nuevamente, se vio involucrado en otra polémica, sellando definitivamente su destino como colaborador de Bohemia ya que, aunque trabajara para el ICAIC, su alianza política y personal fue con el grupo de Lunes.
La tensión entre los dos grupos ya se hacía evidente y fue expresada en un número de dedicado al cine, "Lunes va al cine," [no. 94 (6 de febrero, 1961)], preparado con la ayuda de Fausto Canel y Néstor Almendros; Almendros contribuyó con un artículo sobre la cinematografía española. El contenido del suplemento se concentró en el tema del cine e incluyó material relacionado con P.M., cuyo debate surgió unos meses más tarde. Emilio García Riera inició la polémica con palabras que de cierta forma se alineaban con la posición de Lunes y que apoyaban la tendencia del New Wave de la producción cinematográfica. Para él, el cine no reflejaba la realidad, sino que la recreaba; el neorrealismo era algo del pasado y el New Wave representaba el presente. En su artículo García Riera hizo hincapié no sólo en las diferencias entre los dos géneros, sino también apuntaba que ambos se oponían entre sí.
La primera parte del número de este Lunes en cuestión recoge el debate entre el neorrealismo y el Free Cinema; contiene artículos sobre películas producidas en el exterior, en países como Polonia, Checoslovaquia, Francia y España. La segunda parte de "Lunes va al cine" estuvo dedicada a la tradición erótica cinematográfica y al cine de Hollywood. Como es de suponer estos temas, en el contexto político y social antes mencionado, representaban un reto para el ICAIC y sobre todo para las ideas conservadoras de los líderes del Partido Socialista Popular, que a pesar de no haber participado en la guerra contra Batista paulatinamente ganaba terreno en las jerarquías políticas del gobierno de Castro.
Cabrera Infante no escribió en el número "Lunes va al cine", pero su posición respecto al tema era bien conocida. Como crítico de Carteles ya había demostrado su posición respecto a Zavattini y a De Sica en su reseña de "El oro de Nápoles," del 15 de enero de 1956. La versión que aparece en Un oficio del siglo 20: G. Cain 1954-60, y cuyo título nos recuerda al gigante de la cinematografía, el "20th Century Fox", está encabezado por el siguiente epígrafe: "La decadencia de zavattini (y también la de de sica) fue advertida a tiempo por caín".25
La posición de Cabrera Infante era evidente con respecto al Realismo Socialista. Sus reseñas componen su posición dentro del debate que tenía lugar en Cuba en aquella época. Cabrera Infante, "Lunes va al cine" y la película P.M. constituyeron un enfrentamiento directo al comunismo y a sus ideas, como así también una posición contra individuos como Alfredo Guevara, que pretendía controlar la industria cinematográfica. El ICAIC, como industria cinematográfica, deseaba tener control absoluto del cine en Cuba y no iba a permitir que ningún otro grupo intercediera en lo que Guevara pensaba que era de su propiedad y dominio.
La diferencia entre el ICAIC y los directores de P.M. y Almendros no era exclusivamente política; aunque éstos luchaban contra la amenaza ideológica que otros querían imponer en el cine, existían también discrepancias estéticas. Los miembros del ICAIC apoyaban las ideas neorrealistas de la escuela italiana que Rossellini y De Sica originaron al final de la segunda guerra mundial.
Al contrario de los miembros del ICAIC, los de Lunes rechazaron el anticuado neorrealismo y se ajustaron al Free Cinema inglés y al Cinema verité francés. Esta nueva corriente no transformaba la realidad para convertirla en lo que debía ser; por el contrario, el ojo de la cámara capturaba la realidad en su proceso de realización. El mismo Almendros había puesto en práctica esta teoría en su película Cincuenta y ocho cincuenta y nueve en la cual su cámara registró las celebraciones del año nuevo llevadas a cabo en el Times Square de Nueva York. A pesar de que el Free Cinema podía ser considerado una forma de neorrealismo, Lunes mantuvo una posición cultural abierta al respecto. A diferencia de Sabá, Guillermo era un entusiasta del cine de Hollywood, lo cual se hace evidente a través de su prosa en Arcadia todas las noches.
La censura de la película fue sobre todo un ataque dirigido a Lunes. Al intentar encaminar la cultura cubana en una nueva dirección que abarcaba una interpretación amplia de la cultura cubana, junto con P.M. se convirtió en víctima de un período de transición que llevó al Partido Comunista cubano a posiciones de liderazgo dentro del gobierno de Castro.
Si bien la Revolución Cubana suponía un cambio en las estructuras políticas y sociales, no ocurrió así respecto a la cultura. Los conflictos que surgieron a partir de la censura de P.M. y Lunes así como los enfrentamientos con el ICAIC pueden ser rastreados en las divergencias que existían desde los años cincuenta, por las cuales Cabrera Infante, Franqui y otros abandonaron la Sociedad Nuestro Tiempo. Lo acontecido en el Cine Club y en Nuestro Tiempo anticipó lo que ocurriría una década después.
El ICAIC se funda en marzo de 1959, inicialmente propone una actitud abierta que comparte Cabrera Infante quien fue su vicepresidente. No obstante, en poco tiempo, Guillermo renunció cuando se dio cuenta de que viejas concepciones del pasado se reproducían en el presente. Una diferencia fundamental entre el ICAIC y Lunes era que la revista fomentaba un diálogo y la industria oficial del cine quería controlar ese diálogo.
Es importante entender que el gobierno cubano no tenía una política cultural. La cultura se convirtió en un campo de batalla entre el ICAIC y el Consejo de Cultura y el grupo de Lunes y el periódico Revolución, que definía a un grupo de jóvenes libre pensadores no alineados a ninguna tendencia política. Como resultado de ese enfrentamiento desapareció Lunes, Alfredo Guevara devino el jerarca de la producción de la cinematografía cubana y la Dirección del Consejo de Cultura quedó bajo el control de los miembros del Partido Socialista Popular.
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