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Al terminar de producirse P.M., Castro ya se había unido al sector comunista y tenía una idea más definida en cuanto a la dirección que debía tomar su gobierno. Para ese entonces el Partido Comunista cubano se había fortalecido, y el discurso de Castro del 26 de julio de 1961 confirmó lo que ya se sospechaba. Declaró que varios grupos revolucionarios se habían unido bajo la Organizaciones Revolucionarias Integradas (ORI), controlada por prominentes líderes comunistas de la vieja escuela. Según K. S. Karol, "Aníbal Escalante estaba a cargo de la organización, su hermano César dirigía la propaganda, Carlos Rafael Rodríguez los asuntos económicos y Edith García Buchaca la cultura. Todos eran comunistas de la vieja guardia".26
El 16 de abril de 1961, el día anterior a la invasión de Playa Girón, Castro había declarado el carácter socialista de la Revolución Cubana. La invasión provocó la unidad en el país contra el invasor. No obstante, el impulso que causó el fracaso de las fuerzas antirrevolucionarias y sus simpatizantes estadounidenses, se empleó también para unificar más el país mediante el acoso de aquellos individuos y grupos que no se adhirieron al nuevo carácter socialista revolucionario. Karol indica en su libro que acto seguido a la invasión, había una ola de arrestos de más de 100,000 personas.27 Entre los detenidos estaban Lisandro Otero y Marcia Leiseca; Franqui intervino para que ambos fueran puestos en libertad.28
Franqui había pedido una reunión con Castro, que después se convirtió en pretexto para atacar a los "nuevos enemigos de la Revolución". Alfredo Guevara explica la amenaza que representaba Lunes para el concepto que él tenía de la cultura revolucionaria:
En una carta que dirigí al compañero Fidel semanas antes que se produjera la reunión, y con motivo de un incidente entre el compañero Carlos Franqui y yo, del cual Franqui se quejó ante Fidel, y quedé con Fidel en hacerle un informe mediante una carta en la que le explicara toda una serie de cosas, recuerdo perfectamente que en lo que concierne a Lunes de Revolución, mis planteamientos [...] eran los siguientes: lo que era inaceptable, lo que estaba rechazando, lo que no era admisible es que Lunes de Revolución se declarara el vocero de la revolución en el arte [...] saliera como expresión de un grupo que no era todo el frente cultural en Cuba, y cuando decía todo el frente cultural, me permitía referirme a gente y movimientos que sentía totalmente distantes, es decir, los compañeros que mantenían y mantienen, queriéndolo o no, una posición sociologista en la crítica y, por lo tanto, en sus posiciones del análisis de los procesos de la cultura y una veta en algunos de los casos francamente populista, o del grupo Orígenes, por ejemplo, al cual no podía unirme desde el punto de vista ideológico, por ser un grupo que en el terreno de sus posiciones filosóficas respondía a las posiciones del catolicismo.29
Las reuniones llevadas a cabo los días 16, 23 y 30 de junio, que marcaron el fin de Lunes, fueron presididas por Edith García Buchaca, Carlos Rafael Rodríguez y Alfredo Guevara, director del ICAIC; todos ellos miembros del antiguo Partido Comunista. Entre los presentes, además de Castro, estuvieron Osvaldo Dorticós, presidente; Armando Hart, ministro de Educación; Haydée Santamaría, presidenta de la Casa de las Américas; Vicentina Antuña, directora del Consejo de Cultura y Carlos Ordoqui. Franqui y Cabrera Infante no asistieron a la primera reunión, pero sintieron la necesidad de presentarse a la segunda, a fin de defenderse de los ataques contra sus publicaciones, sus posiciones y la película P.M. Sin embargo, Franqui, al darse cuenta de la verdadera intención de los nuevos dirigentes, no estuvo presente en la última reunión y se fue a Europa.
Guevara acusó al periódico y al magazín de ser enemigos de la Unión Soviética, y de causar una división dentro de la Revolución; Franqui señaló a los que lo acusaban que el propósito de ambos, el periódico y el suplemento, era el de combatir el imperialismo. Lunes había publicado textos marxistas y sus escritores, como ya hemos dicho, estuvieron en la defensa de la Revolución durante la invasión. Franqui afirmó que la cultura contemporánea era de carácter anticapitalista. Asimismo, defendió la producción de P.M., indicando que tanto la música y la danza eran elementos intrínsecos de la cultura cubana heredadas de África. Lo argumentado por Franqui ante el panel acusador recibió total apoyo por parte de los escritores presentes en la reunión, quienes, como hay que suponer, rechazaban las posiciones oficiales.30
La idea de consolidar la Revolución que tenía Castro implicaba dar la espalda a amigos del Ejercito Rebelde, como era Franqui, y aceptar en cambio, la ayuda del Partido Comunista, aunque sus miembros no hubiesen participado en la lucha armada contra Batista. Por supuesto que esta actitud obedecía al hecho de que la realidad histórica había cambiado: Castro necesitaba, entonces, la ayuda de los soviéticos a fin de combatir el imperialismo norteamericano y, así, asegurar su permanencia en el poder. Bajo estas nuevas condiciones, los conceptos políticos y culturales fomentados por Lunes llegaron a contemplarse como incompatibles con aquellos establecidos por la ORI. En el proceso de transformación de la sociedad cubana, la cultura resultó ser, quizá, el último reto y quizás el más difícil de cambiar y controlar.
La Revolución no había surgido como movimiento socialista y cuando Castro declara abiertamente el carácter socialista de su gobierno, muchos de los que procedían del Movimiento 26 de Julio no querían reconocer o, mejor dicho, se negaban a aceptar las posiciones ideológicas socialistas. En un lapso de tiempo mínimo los miembros del suplemento literario y el periódico pasaron de ser proveedores de lo que representaba la Revolución para convertirse en enemigos de la misma.
Lunes cerró sus puertas bajo el pretexto de haber sufrido una falta de abastecimiento de papel; en la última reunión de junio, Castro pronunció sus famosas "Palabras a los intelectuales", "dentro de la Revolución, todo; contra la Revolución, nada. Contra la Revolución nada, porque la Revolución tiene también sus derechos y el primer derecho de la Revolución es el derecho a existir y frente al derecho de la Revolución de ser y de existir, nadie",31 estableciendo así las normas definitorias de lo que deberían ser la literatura y la cultura dentro del régimen revolucionario. De acuerdo con el discurso de Castro, el tema relacionado con P.M. había sido ampliamente discutido durante el transcurso de las reuniones y a pesar de que admitió no haber visto la película y haber expresado una opinión diferente respecto al cortometraje, cuestionando la naturaleza del método utilizado para emitir un juicio sobre el mismo, aún así defendió el derecho del gobierno de cumplir con sus obligaciones, y reafirmó enfáticamente el derecho gubernamental de existir.32 A pesar de su largo discurso, Castro no ofreció mucha transparencia en cuanto a su posición con respecto a los intelectuales en Cuba; muchos repetirían sus palabras, pero también las reinterpretarían a fin de hacerlas coincidir con su propia visión de la Revolución.
Los problemas con Lunes no acabaron con su cierre en noviembre de 1961, por el contrario: continuaron y afectaron tanto a los escritores como a los artistas, particularmente a aquellos que permanecieron fieles a los ideales fomentados por Lunes. La confesión de Baragaño, que se había equivocado en su crítica a la Revolución, durante una de las reuniones de junio, sería repetida con la confesión forzada de Padilla en 1971, frente a una reunión semejante de escritores y artistas cubanos, que coincidentemente fue también presidida por miembros del Partido Comunista.33
Con la clausura de Lunes, se formó la Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba, UNEAC, que reunió y supervisó a los escritores y sus medios de expresión. Esta organización, esencialmente, se aprovechó de la función creada y establecida por Lunes de promover la literatura y las artes, formalizándola bajo sus propios conceptos. El cierre de Lunes provocó un espacio vacío, en lo literario y cultural, que necesitaba ser llenado, y es así como surgen dos publicaciones de la UNEAC: Unión y La Gaceta de Cuba. Al mismo tiempo la UNEAC abrió una casa editorial y además contaba con un programa televisivo.
El último número de Lunes fue una abierta protesta contra lo acontecido en las reuniones de la Biblioteca Nacional, aunque no se incluyeran los feroces ataques y las acusaciones hechas al suplemento. Ese número fue un homenaje al arte moderno y a Picasso, simpatizante de la Revolución Cubana, cuyas obras mantenían una postura de oposición a las rígidas normas de interpretación artística de los comunistas. El último número incluyó un ensayo escrito por Apollinaire, como también artículos escritos por Franqui, Cabrera Infante, Fernández, Desnoes y Lezama Lima.
Lunes, en realidad, fue una verdadera revista revolucionaria, no tan sólo por su contenido sino también por su concepción de la literatura y de la cultura tal y como hubiera sido una auténtica Revolución.
Por
Rafael
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Yo no tengo ni teléfono, Amir. Ni teléfono. El correo me llega a través de una piadosa amiga. El electrónico. El otro, si es de afuera, del extranjero, sencillamente no me llega, y si me llega es abierto. Cosas del cartero, me imagino.
Por
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"José Martí"
Damaris Betancourt. 2005