Categoría: Unos escriben

Futuros peligrosos, por Carmen Fernández Etreros

¿Alguna vez te has preguntado cómo será nuestro futuro dentro de unos cincuenta años? ¿A dónde nos llevará esa obsesión por el culto al cuerpo, esa búsqueda de la inmortalidad? ¿Has pensado hasta dónde pueden llegar los realitys show televisivos o los tratamientos milagrosos que prometen la eterna juventud?

La escritora Elia Barceló nos propone en Futuros peligrosos siete relatos de ciencia ficción, pero alejados curiosamente del previsible mundo tecnológico que todos nos podemos imaginar y hemos leído o contemplado en multitud de libros y películas, de ese mundo de androides o de robots. La autora expone siete situaciones futuras bastante creíbles, a las que podríamos llegar si esos deseos de inmortalidad, culto al cuerpo o diversión sin barreras se pudiesen llevar al límite. Deseos que sin control pueden destruirnos y arrastrarnos. Relatos bien estructurados, adictivos para un lector joven o adulto que no podrá dejar de leerlos hasta el final. Un lector que se puede aterrorizar en ocasiones, pero que reflexionará ante las preferencias de los humanos actuales y sus consecuencias futuras. La autora detecta con su certero bisturí literario cuáles son “las grietas” de nuestra sociedad y hasta dónde podríamos llegar los humanos con nuestros deseos. Y nos avisa. Nos previene de cuáles pueden ser esas consecuencias de nuestros deseos incontrolados. Quizás a un mundo futuro en el que las diferencias con el Tercer Mundo sean abismales, en el que una vida humana pueda valer solo 1000 euros o en el que la xenofobia esté socialmente aceptada.

Elia Barceló es una de las autoras españolas que más ha cultivado el género de ciencia ficción y que en ocasiones cultiva la narrativa juvenil. Un terreno en el que resultó el año pasado ganadora del premio Edebé de Literatura Juvenil con su original Cordeluna y en esta misma colección Alandar de Edelvives publicó El almacén de las cosas terribles.

En este libro Futuros peligrosos, destaca con fuerza para mí, además de Mil euros por tu vida que cuenta una historia original y bien desarrollada, el último relato Noche de sábado. En él la escritora nos presenta una situación límite pero previsible: una vez al año con motivo del Gran Concurso televisivo, se permite un intento de desembarco masivo de inmigrantes a nuestras costas. Cientos de inmigrantes seleccionados intentan acceder a la costa española mientras son recibidos y perseguidos a tiros por los vecinos del lugar elegido. Se trata de un concurso televisivo en cuya gran final sólo puede quedar uno y en el que los espectadores disfrutarán de la desgracia ajena. Violencia, reality show y juegos de realidad virtual, un cóctel explosivo con un buen final.

Este libro Futuros peligrosos celebra el número 100 de la colección Alandar de la Editorial Edelvives con estos inquietantes relatos sobre un futuro cercano y previsible. El libro se acompaña de una novela gráfica de 32 páginas en blanco y negro basada en uno de los relatos del libro Mil euros por tu vida y creada por Jordi Fargas y Luis Miguez con el que la editorial Edelvives inaugura una colección de novela gráfica. Un terreno, el de la novela gráfica poco cultivado en nuestro país pero que cuenta con grandes aficionados entre los lectores jóvenes y adultos, tras joyas en blanco y negro como Persépolis de Marjane Satrapi y que ilustra con destreza el relato de Elia Barceló.

En suma una serie de relatos que anticipan nuestro futuro, que sorprenden por su calidad y destreza narrativa, y que inquietan con su asombrosa recreación de una realidad futura. Un libro Futuros peligrosos dedicado por la propia autora a los jóvenes en sus primeras páginas “en cuyas manos está el poder de crear un futuro mejor para todos, un futuro luminoso donde no tengan espacio la violencia y la banalidad”.

Elia Barceló y los mundos imaginarios

No por gusto se le ha llamado “la Dama de la Ciencia Ficción y la literatura fantástica de España”. Lees sus libros y notas que se trata de algo fuera de lo común, una verdadera imaginería anclada en un profundo conocimiento de las verdades humanas, y no ese retablo de esquemas superficiales que se vende en librerías y salas de cine como éxitos del género.

Elia Barceló, junto a la cubana Daína Chaviano y a la argentina Angélica Gorodischer son consideradas las tres cumbres del género en lengua española. Y aunque sea cierto que ellas conforman eso que se ha llamado “la trinidad femenina de la ciencia ficción en Hispanoamérica”, yo prefiero eliminar esa incómoda palabrita “femenina” y decir que ellas son autoras de la mejor literatura de ese género que hoy se escribe en español. Así de simple, sin etiquetas discriminadoras.

Desde la aparición de Sagrada, allá en 1989, la narrativa de Elia Barceló se notaba distinta. Y la lectura de cualquiera de sus novelas desde la excelencia de El secreto del orfebre, del 2003, hasta Las largas sombras, del recién concluido 2009, ofrece un amplio diapasón de todas las cimas de calidad alcanzadas a lo largo de estos 20 años desde que su nombre comenzara a sonar en las letras de España.

En una de nuestras conversaciones en Semana Negra, en Gijón, me contó que incluso su primer escrito, que según ella era algo indefinible genéricamente, se movía por los lindes de la ciencia ficción; que el cuento le sirvió para ir dando pasos cada vez más confianzudos dentro de esa temática, pero que la publicación de Sagrada, por Ediciones B, una noveleta o relato largo de poco más de 100 páginas, le supuso un reconocimiento que ella misma no esperaba, aunque como todo escritor que se inicia, lo soñaba. Desde entonces hasta hoy, Elia ha ido creando ese universo imaginario propio que alcanza cumbres de configuración literaria como “Umbría”, ese sitio mítico que aparece en El vuelo del Hipogrifo y El secreto del orfebre (ambas publicadas por la muy respetada editorial española Lengua de Trapo). Aunque para llegar a esa altura haya tenido que atravesar algunos momentos difíciles, como el que se produjo cuando su novela Consecuencias naturales, de 1994, la enfrenta a otros escritores del fantástico español, a partir de un tratamiento muy especial que ella hace del machismo, que fue entendido como un ataque contra los hombres.

Escribo lo anterior con toda intención: nótese, quiero decir, que aunque sus mundos imaginarios se ubican en los precisos terrenos de la ciencia ficción y la literatura fantástica, no se trata de una obra que anda por los cielos, sin anclas echada en esta tierra que habitamos. De ese modo, como ella misma confiesa, Umbría, su territorio novelado, nace en el recuerdo de una España que la niña Elia vivió, y es un sitio donde la nostalgia gravita como igual gravitan ciertas esencias mágicas de todo espacio fantástico. De ese modo, como ella misma ha repetido en algunas entrevistas, sus personajes, escenarios, tramas, le sirven para ofrecer una mirada crítica sobre el presente a partir de un profundo conocimiento de la historia que ha vivido su país, y el mundo, hasta el momento en que se escribe la novela. “Las numerosas aristas de lo mágico pueden ser un camino muy directo a la más directa de las criticas sociales”, dijo en una de sus intervenciones durante la Semana Negra de 2004.

Sus mundos imaginarios, además, incluyen una cota abierta de espacios fantásticos, cada uno de ellos rico en posibilidades expresivas, con lo cual su obra se distingue porque no desanda los trillados caminos del género: la mezcla de historia y fantasía, realidad y absurdo, amor y odio, religión y cultos paganos, brujería, terror, intriga apegada al cauce de la novela negra con la más cotidiana de las estrategias de vida: la vida misma que nos ocupa en estos años de cierre de siglo e inicio de un nuevo milenio (con todas las particularidades comunicativas que ese escenario permite) son claves para ese éxito, para esa especificidad distintiva en la narrativa de Elia Barceló.

Corazón de Tango, por Alberto García-Teresa

Un tango. Un tango intenso, poderoso y añejo. Ésa es la mejor metáfora para describir la última novela de Elia Barceló, quien se reafirma en su gran calidad como narradora, por encima de géneros y registros.

Corazón de tango es un tango hecho novela. La propia historia es un relato propio de una canción; una historia de pasiones, amores, engaños y fatalidad. La lograda atmósfera que crea es nostálgica, melancólica, como el baile que envuelve el texto. Los personajes se mueven por pasiones, por el instinto de supervivencia, rozando el arquetipo, como las figuras que pueblan el folclore. El tango aparece como fin en sí mismo y como motivo principal pero también sirve para crear, pues es quien abre el relato en un soberbio capítulo inicial, la atmósfera densa, de cierto misterio vago, de neblina, que desde el principio atrapa el libro. “El tango difumina las cosas, las desdibuja, como el alcohol”, y con ello se origina esa atmósfera de irrealidad.

Ésta se sostiene esencialmente en los episodios milongueros, pero su potencia hace que se mantengan durante muchas páginas, como un extraño eco. Es en ese juego precisamente donde se aprecia más la influencia de los narradores fantásticos latinoamericanos (no en vano, el último agradecimiento de la autora es: “Por supuesto, al maestro Julio Cortázar, siempre”), que no es una influencia imitativa sino genuina y original; de espíritu, textura y terrenos. Afortunadamente, Elia Barceló hace muchos años que mantiene una voz propia en sus obras, que se asienta cada vez más.

En esa línea, de hecho, se pueden vislumbrar los hilos que comunican la presente obra tanto con El secreto del orfebre como Disfraces terribles, sus antecesoras. Puede decirse que el ambiente nostálgico, de mañana pueblerina de El secreto del orfebre; ese aroma a primeras décadas del siglo XX, tremendamente evocador, igualmente rodeado de melancolía y sentimiento amoroso, es uno de los ejes de Corazón de tango (sensacional aquello de que era una mujer como “una foto en tonos sepia”). Del mismo modo, también encontramos aquí el periplo entre ciudades, que juega con el desarraigo de sus personajes emigrantes, que se va convirtiendo en una marca de esta segunda etapa narrativa de la autora. Desde Innsbruck (su residencia habitual, a la cual despacha con un “una ciudad triste (…), una ciudad gris poblada por gentes grises, como si el peso de su historia, de tantos y tantos siglos, fuera una losa que no los dejara alzar la mirada, el alma, la voz”) hasta Buenos Aires.

Además de un tango, Corazón de tango es una novela fantástica y un artefacto de gran valor literario. El hecho fantástico que sirve de pilar a la historia puede no ser temáticamente demasiado original, pero el planteamiento y, sobre todo, su desarrollo, lo dotan de una fuerza y una frescura notables.

Ya desde el comienzo, el ritmo es marcado con firmeza e intensidad. El libro discurre con una enorme fluidez, con la resonancia más o menos audible de los tangos entre sus líneas. Por momentos, esa particular confluencia parece sugerir que la obra, efectivamente, avanza a golpe de tango: flexible, tensa, dinámica y mágica. Esos momentos de irrealidad, en esos bailes, van punteando la trama como momentos climáticos, que aumentan conforme pasan las páginas. Son episodios límites, de felicidad e intensidad extremas.

El relato se enfoca desde el multiperspectivismo, con la alternancia de diferentes narradores en primera persona. Se cruzan entonces flashbacks y saltos temporales, lo que, sumado al cambio de narradores y a paralelismos narrativos y estructurales, da lugar a un juego de confusión con las identidades bien planificado.

En el fondo, la escritora nos está contando una historia de seres empequeñecidos, solitarios, asfixiados, que buscan un asidero o una evasión: una promesa; el tango, que es la constante de casi todos los personajes; el amor correspondido apenas vivido y largamente ensoñado; la esposa en tierra del marinero… Todos los personajes, desde sus narraciones en primera persona, parecen personas desamparadas, bondadosas, aunque desde otras perspectivas se presenten severos y firmes, cuando no agresivos o distantes. Es una historia tremendamente triste, de seres que anhelan un sueño para mantenerse a flote, que lo buscan sin descanso pero que se van hundiendo cada vez más.

Sin embargo, se abre una vía a la esperanza (simbolizada en el libro con un vestido), y esa vía está marcada, cómo no, por el tango. El tango, por tanto, es asociado con vitalidad, con energía. Se trata de la evasión de una sociedad triste, monótona y previsible. La intensidad, el sentimiento y el sabor del tango es lo que permite sobrevivir a varios de sus personajes, que se llegan a encontrar en ese mundo cotidiano viviendo dos vidas (combinando un “yo diurno” y un “yo nocturno, el tanguista, el milonguero”) o procurando hacer convivir en sí mismos a dos pasiones incompatibles causadas por ello.

Jugando con lo premonitorio, con que el lector intuye o sabe lo que va a pasar, Elia Barceló explota brillantemente la tensión. Hitchcock decía que, para crear mayor tensión y ansiedad en el espectador, no había que mostrar una cafetería donde explotara una bomba, sino una bomba dentro de una caja, con un reloj en marcha, a los pies de una mesa de una cafetería donde una pareja conversa animosamente mientras discurren los minutos y el paquete permanece a sus pies. La autora utiliza ese recurso. Retrasa los momentos de enfrentamiento (el multiperspectivismo es una herramienta clave para ello), que se le antojan inevitables al lector, para dejarle completamente a merced de la narración y atraparle sin remedio.

Por otra parte, hay que añadir que la perspectiva de uno de los personajes femeninos da pie a una recreación, no exenta de crítica, del papel de la mujer en la sociedad y, sobre todo, en el ámbito doméstico y sentimental de principios del siglo pasado. La crítica se va haciendo más explícita conforme avanza la trama, y, finalmente, la escritora exalta que la mujer pueda decidir su vida en igualdad, que trate de ser feliz, de seguir sus pasiones e intereses y no doblegarse a los dictados sociales que la subordinan al varón.

En ese sentido, debemos destacar también la espléndida progresión de la novela. Elia va cuidadosamente ahondando en los diferentes elementos y aspectos que se entreven, titubean, se asientan y finalmente se reafirman vigorosos del texto. El libro va excavando en su propia materia ficcional y filosófica en espiral, con un trabajo de planificación e indagación en las posibilidades del planteamiento verdaderamente notables.

Así, por todo ello, podemos decir que, además y por encima del sentido y honesto homenaje que realiza la autora al tango en el libro, Corazón de tango es una novela brillante, meticulosamente armada y exquisitamente ejecutada, con un sobresaliente dominio de la tensión narrativa y de la intensidad emocional.

De su vida y obra

La narrativa se inventó para contar lo extraordinario

Amir Valle, Elia Barceló y Rolando Hinojosa-Smith en el Tren Negro, rumbo a Gijón.

Amir Valle, Elia Barceló y Rolando Hinojosa-Smith en el Tren Negro, rumbo a Gijón.

El escritor cubano Justo Vasco y el chicano Rolando Hinojosa-Smith fueron mis puertas para conocer a la escritora española Elia Barceló.

Justo Vasco, apoltronado en una de las butacas del lobby del Hotel Chamartín, de Madrid, desde donde partiría al día siguiente el Tren Negro que conduciría a los escritores a la Semana Negra del año 2002 o 2003, comenzó a señalarme a los escritores que tenía al alcance de la vista y a “presentármelos” del único modo en que él sabía hacerlo: caracterizándolos por sus méritos literarios y a través de anécdotas que los convertían en seres de carne y hueso, como él o yo. Y cuando alguien del grupo soltó por lo bajo, en tono algo dolido, “como siempre, sólo hombres, y para colmo, somos feos a matar”, Justo sonrió y dijo, en tono paternal: “no se preocupen, chicos, ya aparecerán las escritoras”.

Y así fue: poco después, vimos salir del bar del lobby a un viejo alto, con rostro pícaro y gestos de muchacho travieso, acompañado de una mujer que, como él, se hacía notar: vestía con una rara mezcla de informalidad y elegancia y, sobre todo, enseñaba una luminosa y bella sonrisa.

— El gran Rolando Hinojosa-Smith – me dijo –. Un gringo bueno.

Y luego, casi señalando a la mujer con su prominente y ya canosa barbilla.

— Y Elia Barceló – dijo –, la Gran Dama de la Ciencia Ficción y el fantástico español. Te va a encantar conocerla. Para empezar, te voy a regalar un libro que acaba de publicar. Tienes que leerlo.

Y dos días después, ya en Gijón, me regaló El vuelo del hipogrifo, en una bella edición de la editorial española Lengua de Trapo.

Ese fue el comienzo de mi afición por la literatura de Elia Barceló. Después, una hermosa y sincera amistad con ese gran escritor a quien empecé a llamar como otros, afectuosamente, “Nuestro gringo viejo en Gijón”. Y a través de él, y de Justo Vasco, y de Paco Ignacio Taibo II y de Cristina Macía, muchos encuentros con Elia en Semana Negra, siempre con la alegría de encontrarme otra vez con su luminosa e inagotable sonrisa.

 

Comencemos por lo que debía ser el final: ahora mismo, ¿qué escribe Elia Barceló?

Llevo más de dos años trabajando en un proyecto nuevo. Se trata de una trilogía fantástica, o incluso una saga, ya veremos, cuyo primer volumen aparecerá en mayo de 2013. Se llama Anima Mundi y es una especie de híbrido entre fantasía urbana y novela de aventuras con fondo de ciencia ficción, en la que prescindo de motivos clásicos como vampiros u hombres lobo, dragones y unicornios, o naves espaciales para intentar crear una sensación nueva. Hay una gran variedad de escenarios, ya que la trama sucede en muchas ciudades de nuestro planeta, y aparecen muchos personajes, no todos humanos convencionales. Trato también temas que nos preocupan en la actualidad: el poder, la fuerza que dan el dinero y la belleza, la extinción de las especies, el deseo de abrirse a otras realidades, de alcanzar el contacto con otros planos, el enfrentamiento entre diferentes ideas y grupos de poder… Más de mil páginas de texto dan para mucho…

 

Y el inicio… ¿qué viene a tu memoria si te preguntara por el primer escrito con alguna pretensión creativa?

Descontando lo primero que traté de escribir a los doce años –una novelita de ciencia ficción que no llegó a tener más de diez páginas porque mi imaginación iba mucho más rápida que mi mano– empecé a escribir con cierta intención literaria al llegar a la universidad, a los diecisiete, dieciocho años, en gran parte porque me sentía muy sola y, al principio, me sobraba el tiempo. Mis primeros textos eran de un género que yo bauticé como “espejismos”. Se trataba de una especie de imágenes, viñetas, cuadros… en los que normalmente aparecía una figura inquietante o curiosa en un paisaje extraño; con frecuencia no pasaba casi nada, no había apenas acción, yo misma no sabía quién era esa figura ni dónde estaba ni qué hacía allí, pero había una magia especial en el hecho de crear con palabras una realidad alternativa. Era muy importante que las palabras fueran precisamente esas y no otras –como en la poesía– porque sólo con esas aparecía esa sensación extraña, esa magia. Quizá si hubiera sabido dibujar bien, me habría dedicado a plasmar en un papel o en un lienzo mis visiones internas, pero como no era lo bastante buena, me decidí por la palabra.

Después, dos o tres años más tarde, escribí mi primer relato terminado. Se llamaba Embryo y lo escribí un viernes santo, de una sentada, a mano, en la mesa de la cocina del piso de estudiantes en Innsbruck donde vivía mi novio. Yo había venido a visitarlo por la Pascua y, mientras él ayudaba a un compañero a montar una estantería, me refugié en la cocina y escribí de un tirón la historia que se me había ocurrido por la mañana. Unos meses más tarde fue también mi primer relato publicado. Se lo envié a Miquel Barceló, que acababa de poner en marcha un fanzine estupendo llamado Kandama, y lo aceptó inmediatamente junto con otro muy cortito –Minnie– que escribí poco después de Embryo.

 

Sé que esta frase: “Semana Negra, la única semana que tiene 10 días”,  significa mucho para una gran cantidad de los más importantes escritores hispanoamericanos y españoles de los últimos 25 años. ¿Qué significa para Elia Barceló, la escritora y para Elia Barcelo, el ser humano, así, por separado?

Significa mucho, muchísimo, para mí, en las dos vertientes. Cuando fui por primera vez a la Semana Negra, en 1996, había escrito unos cuantos relatos, no tenía más que tres libros publicados, todos de ciencia ficción, y había ganado el Premio Internacional de la Universidad Politécnica de Catalunya con El mundo de Yarek (1994). Sólo conocía a gente del fandom, no tenía ninguna experiencia editorial, nunca había tratado a escritores profesionales, jamás se me habría ocurrido que pudieran invitarme a un festival de esa envergadura.

Llegar a Gijón, a la Semana Negra, fue una revelación, un milagro. Por primera vez me sentí parte de un gran colectivo de personas que inventan historias, que usan la palabra para comunicar sus sueños, sus esperanzas, su rabia, su denuncia, su optimismo, su crítica… No he vuelto a sentirme sola como escritora; allí he ido conociendo, año tras año, a muchos de los que ahora son grandes amigos: colegas escritores, editores, traductores, agentes, correctores, periodistas, fotógrafos, jefes de prensa… personas que viven en torno a los libros. Allí conocí al que fue mi primer editor de mi primera novela fuera del género en el que había trabajado siempre, mi primera novela “blanca” –en palabras de Paco Ignacio Taibo II–: el también escritor Javier Azpeitia; allí compartí unos días con César Mallorquí, que me empujó a escribir novela juvenil, cosa que hice con éxito poco después –gané el Premio Edebé con una novela negra juvenil, uniendo así las dos influencias “semaneras” –; allí te conocí a ti, Amir, y a otros amigos cubanos, como a Justo Vasco, y a Lorenzo Lunar, y empezó mi amor por la literatura cubana, que ha cristalizado en varios cursos universitarios; allí empezó mi amistad con el mismo gran Paco Taibo, y su mujer, Paloma, y su hija, Marina, y su yerno José Ramón, con el maestro Rolando Hinojosa-Smith, con Cristina Macía, Fernando Marías, Care Santos, Alfonso Mateo Sagasta, Jose Carlos Somoza, Lorenzo Silva… tantos y tantos excelentes compañeros del “honrado gremio de escritores” que va aumentando cada año con colegas más jóvenes que se dedican a todo tipo de géneros y se redondea con los amigos de siempre, con los que empecé en la ciencia ficción hace más de veinte años, como Rafael Marín y Juan Miguel Aguilera.

La Semana Negra ha sido, profesionalmente, lo más importante y maravilloso que me ha pasado en la vida. Y desde el punto de vista personal, un enriquecimiento que no se puede medir. No puedo separar las dos vertientes porque mi profesión es mi vida y todo está muy unido.

 

En una de esas Semanas Negras, nuestro inolvidable amigo, Justo Vasco, me dijo que yo iba a quedar encantado cuando conociera a la “Gran Dama de la Ciencia Ficción y la Fantasía Española”. Confieso que tuvo razón, te conocí y me encantó y ya sabes que soy uno de tus fans, como también soy fan de la cubana Daína Chaviano, catalogada también de “Gran Dama” de este género en América Latina. Pero, intentando no ser sexista ¿cómo se lleva eso de ser considerada la Gran Dama de un género en el que, sobre todo, predominan los hombres?

Justo era de esas personas que habría que haber inventado si no hubieran existido. Siempre tenía una palabra amable y alegre para todo el mundo, nos ponía en contacto a unos y a otros, nos hacía sentirnos incluídos, bienvenidos, en casa. Él ya no está, pero sus novelas siguen ahí, tan estupendas como siempre.

Lo de la “gran dama” es halagador, ¿qué duda cabe?, pero es algo que hay que relativizar un poco. Primero: no hay muchas mujeres de lengua castellana que se dediquen a la literatura prospectiva en general, ni siquiera a la fantasía. Si lo ampliamos a la gran casa del fantástico hay alguna más –está Cristina Fernández Cubas, está Pilar Pedraza, Lola Beccaria, algunas veces Rosa Montero, y Ana María Matute con una novela-, pero la verdad es que hay muchos más hombres. Por eso a veces resulta más halagador estar considerada entre “los mejores escritores de género fantástico”, así en masculino. Pero no voy a negarte que es bonito y hace ilusión eso de que la llamen a una “gran dama” o “dama negra” y que la consideren parte de la “trinidad femenina” junto con Daína Chaviano, a quien sólo conozco por carta y a Angélica Gorodischer a quien también conocí en la Semana Negra, donde tuve el honor de llevar junto con ella el taller literario para jóvenes..

 

Cuando leí tu primer libro, Sagrada, tuve la impresión de que esa recopilación de historias tenía algo de cierre de una etapa literaria; algo así como si tirabas en un rincón la llave de un momento de tu carrera en la que andabas buscándote lo mismo en textos donde el lirismo es muy palpable o en historias con códigos lingüísticos muy claros del cyberpuk o la modernidad. ¿Fue algo premeditado o pura casualidad?

Sagrada –el libro, no la novela corta del mismo título– fue mi primera publicación y no fue realmente premeditado. El editor de la colección Nova, de Ediciones B, era casualmente el mismo Miquel Barceló que publicaba el fanzine Kandama donde habían salido mis primeros relatos. Miquel me ofreció la posibilidad de reunir los cuentos que habían aparecido dispersos, completar el volumen con otros aún inéditos y redondearlo con una novela corta –Sagrada– que yo había terminado poco antes. Naturalmente me entusiasmó la idea y lo hicimos. En ese libro está, como muy bien dices, todo lo que a mí me interesaba temática y formalmente en esa época. Ahí se ve una especie de escaparate de lo que yo era entonces como escritora: mi amor por la evocación a través de la palabra, la influencia de Ray Bradbury, de Ursula K. Le Guin, de James Tiptree Jr., el deseo de modernizar el género en lengua española probando ciertos experimentos formales que yo había descubierto con autores latinoamericanos generalistas, como Gabriel García Márquez, Carlos Fuentes, Mario Vargas Llosa… y como, en ciencia ficción, estaban haciendo Alfred Bester, Philip K. Dick y Joanna Russ, aunque yo tenía una voluntad muy clara de desligarme de modelos abiertamente anglosajones… yo quería trabajar en el género que más placer de lectura me había dado a lo largo de mi vida, pero quería que ese género se convirtiera en algo que no diera esa ligera vergüenza que sentían algunos lectores (que incluso forraban las novelas para que la gente en el autobús no supiera la “basura” que estaban leyendo). Yo quería contribuir a que fuera algo más literario, más en la línea de lo que se estaba haciendo en literatura general. Por eso escribí La dama dragón o Aquí estamos todos juntos, para demostrar que los temas son importantes, pero el tratamiento que se les dé es lo que los convierte en literatura.

 

Si tuvieras que describirle a nuestros lectores, específicamente a esos que no te conocen, qué es, cómo nació y cuál ha sido el desarrollo novelístico de tu mundo personal, Umbría, ¿qué dirías?

Umbría no es un invento solo mío, por eso es tan bonito y variopinto. Nació hace ya bastantes años –aún el siglo pasado– de una idea original de César Mallorquí. Nos habíamos hecho amigos durante una Semana Negra y habíamos estado hablando de los universos compartidos que algunos escritores estadounidenses de ciencia ficción habían desarrollado para colocar sus historias. A los dos nos parecía una buena idea eso de pedirle prestado un escenario galáctico a un colega para situar una historia concreta sin tener que crear, además, todo un universo.

Unas semanas después. César me escribió proponiéndome la creación conjunta de algo parecido aunque de dimensiones más modestas: nosotros no íbamos a crear un universo sino una simple provincia española, una autonomía uniprovincial, donde situar nuestras historias fantásticas. Esa región tendría ciertas características especiales, como la de que dentro de sus fronteras suceden cosas realmente extraordinarias y todos los habitantes son conscientes de ello, pero nadie lo confiesa ni lo nombra en voz alta.

Luego pensamos que si, en lugar de dos escritores, fuéramos cuatro, nuestra tierra crecería de manera más orgánica, así que decidimos incluir también a Julián Díez, gran periodista y especialista en literatura prospectiva, y a Armando Boix que en aquella época estaba produciendo unos excelentes relatos fantásticos. Entre los cuatro –por e-mail y en dos reuniones “físicas” a lo largo de dos años– creamos la base de Umbría, con su geografía, su historia, literatura, monumentos, fiestas, tradiciones, gastronomía, etc. El resto iría haciéndose a lo largo de nuestros relatos y novelas ambientadas allí. De momento sólo hay dos novelas mías que suceden en Umbría: El vuelo del Hipogrifo, (2002) (la tercera parte de la novela) y El secreto del orfebre, (2003), y una de César Mallorquí, Leonís (2011).

Lo bonito de crear un espacio entre cuatro es que hay muchísimas cosas que uno tiene que aceptar “porque sí”, igual que cuando uno nace los ríos y las montañas ya tienen nombre, tanto si a uno le gustan como si no. El principal río de Umbría se llama Lugones (que en mi opinión es un nombre horrible para un río) porque lo inventó Julián y a él le gustaba. Y en Oneira –la capital, inventada por Armando, si no recuerdo mal–, hay una puerta gótica, resto de la antigua muralla, que me inventé yo, que se llama la Puerta de las Rosas, y que cualquiera que ambiente una historia en Oneira no tiene más remedio que usar. Igual que la especialidad culinaria de Umbría es el cerdo al estilo de Lotar porque así lo decidió César.

Hay veces que me da mucha pena que aquel entusiasmo inicial se perdiera y que no haya más historias de Umbría, pero quizá lo retomemos antes o después. La verdad es que durante un tiempo Umbría fue tan real para mí que cuando, viendo las noticias de la tele española, salía la carta meteorológica, siempre miraba a ver qué tal tiempo tenían por allí. Muchas veces me sorprendía diciendo: “ay, los pobres, ya está lloviendo otra vez”, porque Umbría es una región cantábrica, norteña, con un gran influjo mediterráneo impuesto por mí, claro, y con una isla, también de mi cosecha, que a veces está y a veces no.

 

Hay escritores que aseguran (aunque en verdad me resisto a creerles) que a ellos no les importan los lectores. En tu caso, tus historias llenas de intriga, misterio, aventuras, parecen estar escritas para conectar con el público y me consta que hay un público amplio que sigue tus libros. ¿Influye ese lector sin rostro en lo que escribes? ó en otras palabras ¿cómo es tu relación con el lector durante y después del acto de escritura de un libro?

¡Pues claro que me importan los lectores! Cuando uno cuenta una historia –oralmente o por escrito, tanto da– la cuenta para alguien y ese alguien es la mitad del proceso. Todos los libros están mudos hasta que alguien los lee, los activa, los completa; leer es una cooperación, es un acto de amor que se cumple entre dos.

Lo que pasa es que yo, cuando imagino a mi lector ideal, pienso en alguien muy parecido a mí. No pienso en masas de lectores, no decido si esto lo van a leer más las mujeres o los hombres, los jóvenes o los mayores; yo pienso en una persona parecida a mí en tanto que lector, alguien a quien le gusta ir descubriendo poco a poco lo que hay en el pasado –secretos, misterios, actos aparentemente incomprensibles– y que está afectando el presente; alguien a quien le hace feliz que lo sorprendan, que lo lleven por caminos inesperados, que tenga la paciencia de leer ciertas informaciones crípticas o extrañas sabiendo que más adelante se desvelará el misterio; alguien que cree que el amor importa y que uno tiene derecho a luchar por su felicidad aunque fracase; alguien que sabe que hay gente mala pero mucha menos que gente buena, aunque los malos hagan más ruido y más daño.

Me importan mucho las personas que leen o van a leer mis libros y por eso me encanta conocerlos, ponerles rostro, hablar con ellos después de esas lecturas públicas a las que tan aficionado es el público austriaco y alemán y a las que yo me he aficionado tantísimo.

A modo de biografía

Elia Barceló, Escritora española.Considerada la Gran Dama del fantástico español, Elia Barceló nació en Elda, Alicante, en 1957. Estudió Filología Anglogermánica en la Universidad de Valencia (1979) y Filología Hispánica en la Universidad de Alicante (1981). Se doctoró en literatura hispánica por la Universidad de Innsbruck, Austria (1995) con una tesis sobre los arquetipos del género de terror en los relatos fantásticos de Julio Cortázar.

Desde 1981 vive en Innsbruck, donde trabaja como profesora de literatura hispánica, estilística y literatura creativa en la Facultad de Letras de la Leopold-Franzens-Universität.
Durante diez años dirigió el grupo de teatro universitario Tachuela, que montaba obras de autores españoles.

Ha publicado novelas, ensayo y numerosos relatos en antologías y revistas españolas y extranjeras (Alemania, Argentina, Bélgica, China, Estados Unidos, Francia, Italia, Grecia, Hungría, México). Parte de su obra ha sido traducida al francés, italiano, alemán, catalán, inglés, griego, húngaro, holandés, danés, noruego, sueco y esperanto.

En 1994 y 1995 colaboró en El País de las Tentaciones con artículos de opinión.

Entre otros premios, ha recibido el Premio Ignotus de relato fantástico de la Asociación española de Fantasía y Ciencia Ficción (1991) y ha sido nominada en tres ocasiones más (1994 -en dos categorías- y 2000), el Premio Internacional de novela corta de ciencia ficción de la Universidad Politécnica de Catalunya (1994) y el Premio EDEBÉ de literatura juvenil (1997).

Participa regularmente en la Semana Negra de Gijón, donde ha conducido talleres literarios junto con los escritores Luis Sepúlveda, Laura Grimaldi, Angélica Gorodischer y Rolando Hinojosa-Smith.

Con el nombre de Elia Eisterer-Barceló se dedica a la investigación literaria, da conferencias, imparte cursos de formación de profesorado, participa en congresos de su especialidad y publica reseñas y artículos académicos.

Su campo de investigación es la literatura fantástica, de ciencia ficción y de terror, así como la narrativa argentina y cubana del siglo XX, la novela negra y la literatura juvenil en España.

Está casada y tiene dos hijos.

Ha publicado los siguientes libros:

  • Sagrada. Ediciones B, Barcelona, 1989.
  • El mundo de Yarek, premio UPC 1993, Barcelona, 1994. Editorial Lengua de Trapo
  • Consecuencias Naturales. Madrid, 1994.
  • El caso del Artista Cruel, premio Edebé, 1998.
  • La mano de Fatma, 2001.
  • El vuelo del hipogrifo, 2002. Editorial Lengua de Trapo
  • El caso del crimen de la ópera, 2002.
  • El secreto del orfebre, 2003. Editorial Lengua de Trapo
  • La roca de Is, Edebé-Edición Nómadas, 2003
  • Disfraces terribles. Barcelona, 2004. Editorial Lengua de Trapo
  • El contrincante, 2004.
  • Cordeluna, Premio Edebé de Literatura Infantil y Juvenil, 2007.
  • Corazón de Tango, 2007. Editorial 451 Editores
  • El almacén de las palabras terribles, Zaragoza: Edelvives, 2007.
  • Caballeros de Malta, 2007. Edebé- Periscopio
  • Las largas sombras, 2009. Ediciones Ámbar

 

Elia Barceló

Elia Barceló. Foto: Fundación Tres Culturas

Elia Barceló no por gusto es frecuentemente mencionada como “la Dama de la Ciencia Ficción y la literatura fantástica de España”. Lees sus libros y notas que se trata de algo fuera de lo común, una verdadera imaginería anclada en un profundo conocimiento de las verdades humanas, y no ese retablo de esquemas superficiales que se vende en librerías y salas de cine como éxitos del género.

Elia Barceló, junto a la cubana Daína Chaviano y a la argentina Angélica Gorodischer son consideradas las tres cumbres del género en lengua española. Y aunque sea cierto que ellas conforman eso que algunos estudios citan como “la trinidad femenina de la ciencia ficción en Hispanoamérica”, esa etiqueta metodológica (quizás necesaria a la hora de los estudios académicos) puede ser cambiada por palabras más realistas y, en nuestra opinión, efectivas: se trata simplemente de autoras a la cabeza de la mejor literatura de ese género en lengua española.

En un artículo que reproducimos en este dossier, se afirma que “como ella misma ha repetido en algunas entrevistas, sus personajes, escenarios, tramas, le sirven para ofrecer una mirada crítica sobre el presente a partir de un profundo conocimiento de la historia que ha vivido su país, y el mundo, hasta el momento en que se escribe la novela. “Las numerosas aristas de lo mágico pueden ser un camino muy directo a la más directa de las criticas sociales”, dijo en una de sus intervenciones durante la Semana Negra de 2004.

Sus mundos imaginarios, además, incluyen una cota abierta de espacios fantásticos, cada uno de ellos rico en posibilidades expresivas, con lo cual su obra se distingue porque no desanda los trillados caminos del género: la mezcla de historia y fantasía, realidad y absurdo, amor y odio, religión y cultos paganos, brujería, terror, intriga apegada al cauce de la novela negra con la más cotidiana de las estrategias de vida: la vida misma que nos ocupa en estos años de cierre de siglo e inicio de un nuevo milenio (con todas las particularidades comunicativas que ese escenario permite) son claves para ese éxito, para esa especificidad distintiva en la narrativa de Elia Barceló.

Agradecemos entonces a Elia la amabilidad con la que nos atendió, en medio de la usual tormenta de ocupaciones que es su vida, permitiéndonos de ese modo poder dedicarle este Dossier, que honra las páginas de OtroLunes.