Nos acercamos a la etapa final de la extensa filmografía de Luis Buñuel, un cineasta del cual el diario New York Times en su obituario (1980-1983) reconoció como “iconoclasta, moralista y revolucionario, líder en su juventud del movimiento surrealista y una de las figuras más relevantes del cine internacional por medio siglo” 1.
Tras finalizar el periplo en México, que coincidió con la llamada “Edad de Oro del Cine Mexicano”, se trasladó a Francia (1960’s-1970’s) y allí se asociaría con el guionista Jean-Claude Carrière y el productor Serge Silberman en una fructífera alianza que se tradujo en siete filmes en trece años2.
Entre ellos El discreto encanto de la burguesía (1972), el primer filme de un autor español en obtener el Oscar, y Ese oscuro objeto del deseo (1977), su último filme.
Paradójicamente, ambos filmes clausuran el ciclo vital como cineasta de Buñuel, que se iniciara en Francia casi medio siglo antes con sus primeras dos películas surrealistas: El perro andaluz y La Edad de Oro.
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El discreto encanto de la burguesía
Es un filme en el cual Buñuel con toda intención se torna “manierista” a la hora de mostrarnos la vida de un selecto grupo de aristócratas y burgueses.
La elegancia de los salones corre paralela a la elegancia del buen vestir, la selección de las comidas, las bebidas y los placeres.
El autor quisiera decirnos, sí, vale la pena ser burgués, no sean hipócritas, a quién no le gustaría comer y beber bien, mantener una charla animada y solazarse con doncellas y mujeres casadas.
Todo eso y más forma parte de los cien minutos de la “mise en scene” de El discreto…, pero con una intención satírica y paródica que ridiculiza a la aristocracia con un refinamiento digno de esa clase 3.
En lo formal, Buñuel vuelve a realizar innovaciones.
El filme parece una historia contada a retazos, una historia que carece de un argumento válido o un argumento mal hilvanado que se interrumpe por causas ajenas a la voluntad de los protagonistas.
Una muestra de la historia (o las historias) llenas de malentendidos y contradicciones:
El embajador de Miranda (actor Fernando Rey) y el matrimonio Thévenot (actores Paul Frankeur y Delphine Seyring) están invitados a cenar en casa de los Sénéchal (Jean- Pierre Cassel y Stéphane Audran), pero hay un error y deben ir a un restaurante donde no pueden cenar porque el patrón ha muerto y lo velan en el comedor.
Otra comida en casa de los Sénéchal se frustra: los anfitriones en lugar de atender a los huéspedes se escapan por la terraza y se esconden en el jardín para practicar el “amour fou”.
Un obispo (actor Julien Bertheau) pide a los Sénéchal plaza de jardinero.
Las señoras Thévenot y Sénéchal y Florence (actriz Bulle Ogier) en el salón de té son abordadas por un teniente para contarles traumas de su infancia, pero no pueden tomar té ni café porque se agotaron las infusiones.
El embajador de Miranda y la señora Thénevot intentan hacer el amor sin poder.
Una chica revolucionaria intenta matar al embajador, pero la desarma y la entrega a la policía.
Maniobras militares interrumpen otra cena en casa de los Sénéchal: un sargento cuenta un sueño a los invitados.
En una nueva cena frustrada, los comensales se encuentran en un escenario de teatro en el que son observados por el público como actores.
En una soirée los invitados hacen preguntas ofensivas al embajador y éste dispara sobre un coronel.
El obispo oye la confesión de un moribundo y se entera que éste asesinó a sus padres y, tras darle la absolución, lo mata de un escopetazo.
En otra cena en casa de los Sénéchal irrumpe la policía y se lleva a todos presos por tráfico de drogas.
En la cárcel aparece el fantasma del oficial sangrante que en vida torturaba a los prisioneros.
Liberados de la prisión, el embajador y sus amigos intentan de nuevo cenar, pero entran unos asaltantes y los tirotean (sueño del embajador).
De este filme podría decirse que glosa a la obra de Luigi Pirandello “Seis personajes en busca de un autor” en “Seis personajes en busca de una cena”, de acuerdo a las interrupciones que sufre la cena inicial, postergada, (re) hecha y vuelta a romper en las más variadas locaciones y horarios.
Y también acotaríamos otra relación intertextual, no de autor ajeno, sino Buñuel que pone frente al espejo de su filme mexicano ”El ángel exterminador la parodia de su filme francés El discreto encanto de la burguesía.
El “leit motiv” central es una cena compartida por burgueses y aristócratas.4
Del conjunto de semejanzas y diferencias extraemos un par de ejemplos:
En El ángel… la cena se prolonga noches y días al desaparecer los criados y quedar encerrado el grupo sin explicación en la mansión.
En El discreto… la cena se interrumpe noches y días en diferentes escenarios siempre por motivos ajenos a los protagonistas.
En El ángel… los invitados a la cena se pelean entre sí, rompen las paredes, matan ritualmente a un cordero, encierran a los muertos en un clóset y los que no pueden aguantar el encierro se suicidan.
En El discreto… nadie atiende a los invitados porque los dueños tienen sexo en el jardín, un grupo de militares de maniobras llega a la casa a pedir comida, un obispo a solicitar empleo de jardinero y al final todos se dan cuenta que son parte de una obra de teatro y no pueden recordar los parlamentos ante un público asombrado.
El discreto encanto de la burguesía es un filme de desplazamientos discontinuos en el espacio, de personajes que parecen obedecer el orden secreto del director que frustra sus objetivos y nos hace pensar si alguna vez de veras los tuvieron y sus conductas, por bellas y atildadas que parezcan, están condenadas de antemano al fracaso.
Son, en suma, los representantes de una clase social “en sí” que dejó de ser “para sí” y se tornó parásita, una colección de “cadáveres exquisitos” como en las técnicas de composición aleatorias de los surrealistas.
Y de nada vale que el embajador de la hipotética república sudamericana de Miranda justifique “el discreto encanto” que aún les queda con frases elocuentes como “ningún sistema puede dar a las masas el correcto encanto social”.
Nada, al final no les queda nada, Buñuel los dejó desnudos de cualquier encanto y se reservó para sí el Oscar.5
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Ese oscuro objeto del deseo
Estrenada en 1977, con una duración de ciento dos minutos, es el filme que marca la despedida de Luis Buñuel de la pantalla, y aunque no sabemos si era consciente o no que con esta película cerraba una carrera de medio siglo, Ese oscuro… puede verse como un concentrado de algunas de sus obsesiones fílmicas en el contenido y en la forma.
El filme es una adaptación libre de la novela de Pierre Louys La femme et le putain y en la forma se presenta como una historia itinerante de estructura lineal.
Aunque carece de un argumento convencional, tiene como eje central a Mathieu (actor Fernando Rey) que viaja en tren de Sevilla a Madrid y aprovecha las largas pausas del viaje para conversar con sus compañeros de compartimento, a los que deleita como en un bien aprendido monólogo teatral con los avatares de una pasión otoñal surgida entre él (cincuenta años) y Conchita, una chica de veinte años.
La caracterización sicológica que Buñuel da del personaje es un “señorito” –siempre viste el mismo saco- misógino y prematuramente envejecido con una pasión –tal vez mejor obsesión- monotemática y dominante: lograr por cualquier medio el amor de Conchita.
La caracterización de Conchita interpretada por dos actrices –la distante francesa Carole Bouquet y la temperamental española Ángela Molina- va bien con el carácter bipolar de la imagen cinematográfica de ambas que, por momentos, es tímida y angelical y otros audaz y apasionada.6
La relación entre Mathieu-empleador y Conchita-criada es la de “quién domina a quién”.
No es nada descabellado establecer vínculos de semejanza y diferencia con otras figuras femeninas de Buñuel en roles centrales sometidas al dominio masculino en las décadas de 1960’s-1970’s en los filmes Viridiana y Tristana.
Grosso modo, en los tres filmes se establecen relaciones amorosas a deshora con diversos grados de aceptación y de rechazo entre hombres viejos y ricos y mujeres pobres y bellas.
En Viridiana, la mujer (actriz Silvia Pinal) es una predecible víctima de los desmanes primero de su tío, luego de los mendigos a los que por caridad cristiana intenta proteger y por último del primo con quien termina por sellar la relación de vasallaje de la mujer al hombre.
En Tristana, la cuerda que une la mujer al hombre es tensa, no afloja en todo el tiempo y es la figura tiránica de Don Lope quien tira de las riendas. Solo al final se les reserva a los espectadores la oportunidad de ver en pantalla la venganza cumplida cuando –como en el teatro griego o isabelino, Tristana (actriz Catherine Deneuve) “involuntariamente” abre la ventana en una noche de ventisca invernal en medio de los espasmos de ahogo de un ataque cardíaco de su marido.
Comparativamente en Ese oscuro objeto del deseo la relación de dominio hombre-mujer es mucho más flexible y dialéctica que en Viridiana y Tristana.
Expliquémonos, Mathieu con siete años de viudez, amplia renta y viajero impenitente, quiere mantener bajo control la relación amorosa con Conchita que acepta de él halagos y regalos, se deja seducir y le hace al “señorito” promesas de sexo.
Pero luego la relación afectiva se frustra por culpa de Conchita, que tan pronto encarna a la joven virtuosa como a la libertina en una relación que, con un virtual contenido sado-masoquista, sobrepasa y asfixia a Mathieu.7
Y de nada valen algunos comentarios misóginos que hoy en día escandalizarían al público como crímenes de género orales (“Cuando vayas con una mujer, no olvides el palo” o “La mujer es un saco de excrementos”) que en el filme “funcionan” como salidas extemporáneas (el balde de agua que arroja a Conchita) o paliativos de la creciente frustración sexual de Mathieu.
Buñuel resuelve muchos de los tensos encuentros-desencuentros de los personajes con grandes dosis del humor que caracteriza a sus filmes.
Muestra la frustración de un amor no compartido que deviene odio en parte como consecuencia del peso que pueden tener los prejuicios de la educación cristiana y la doble moral burguesa.8
Conchita, pobre y sin estudios, más por intuición que por enseñanza tan pronto pasa de la masturbación solitaria al misal y de los encajes de la lencería erótica al cinturón de castidad medieval.
De cara a las provocativas caricias femeninas que se diluyen en fulminantes negativas, Mathieu solo sabe oponer, torpe, desmañadamente, dinero y promesas de bienes materiales.
Conchita sabe cómo arreglárselas para conseguir los caprichos, a sabiendas de que por grandes que sean los pedidos (¿casa?, ¿joyas?) no se los negará.
Su actitud de “consentida” del amante se resume en una frase ejemplar: “Mateo, tú no me quieres a mí, sino lo que no te doy”.
Esa frase, sin dudas, explica mejor que citas extraídas de las filosofías de Sade, Freud o Schopenhauer el misterioso título del filme.
El oscuro objeto del deseo surge entonces como consecuencia de una reiterada negativa de gratificar con placer la demanda masculina de la mujer, de una entrega amorosa a plazos que nunca llega a materializarse y de una renovada frustración sexual.
El oscuro objeto del deseo puede ser como en algún momento lo indicó Buñuel una de estas tres cosas encarnadas todas ellas por Conchita como símbolo de: ¿la mujer?, ¿el sexo?, ¿el espíritu?
¿O de las tres cosas a la vez…?



