A mis hermanos María de los Ángeles y Roberto en La Habana
Mi abuelo Emilio Saumell, de la ciudad de Manzanillo, Cuba, fue boticario del Ejército Constitucional a principios del siglo XX. Según contaba mi padre, el viejo le hizo muchas anécdotas de la guerra de independencia de 1895 a 1898.
Una de ellas trata de un soldado mambí que va caminando por el campo y tropieza con un cráneo del cual sale una flor a través de una de las cavidades oculares. Aquel encuentro está resumido en unos versos que él persistentemente recordó: “Triste flor que has nacido/y tan fatal fue tu suerte/que el primer paso que diste/te encontraste con la muerte/El arrancarte me es muy triste/y el dejarte me es muy fuerte/porque dejarte con la vida/es dejarte con la muerte”. Leer más…






