Carlos Murciano: orfebre del soneto

Sobre el poemario Amatorio 2

Carlota Juárez

Amatorio 2
Carlos Murciano
Huerga & Fierro Editores, Madrid, 2015

 

carlos-murciano-librario-poesia-otroluines37En la primavera de 2010, la editorial Huerga & Fierro dio a la luz el libro “Amatorio”, de Carlos Murciano; cincuenta y un sonetos, con prólogo del Marqués de Tamarón, quien escribía: “Estos sonetos amatorios de Carlos Murciano, son clásicos y, como tales, dan una lección de lengua y varias lecciones de pasión, ternura, ironía y elegancia”. El libro tuvo una excelente acogida, y numerosos críticos y poetas españoles e hispanoamericanos coincidieron en considerar al poeta andaluz como el sonetista cimero –vivo- de nuestra lengua.

Cinco años después –primavera de 2015- la misma editorial publica “Amatorio 2”: otros cincuenta y un sonetos, escritos como señala el autor en una nota previa “sin prisa y con pausa”. En esa nota, el autor apunta: “No se trata de una segunda parte -y no lo digo por temor a la tan repetida sentencia-, sino de un nuevo conjunto de sonetos amorosos, a los que he querido dar cierta unidad tipográfica, que los haga formar un bloque con los de ayer.

Un libro, sí, un sonetario que, sin perder sus raíces, que se hunden en nuestra espléndida tradición sonetística de siglos pasados, se nutren temáticamente de elementos propios de la actualidad latente: v.g., el proyecto de George Church de recrear un homo neandertal, la amenaza del asteroide que se acerca a la Tierra, el descubrimiento del bossón de Higgs o la erupción del volcán islandés Bardarbunga. Esas cuatro palabras que alineaba el Marqués de Tamarón, pasión, ternura, ironía y elegancia, se dan plenamente en esta nueva hilada lírica, con la misma frescura y maestría que ayer, como si los años no pasaran por la pluma del veterano poeta de Arcos.

Y, como es lógico, Arcos está de nuevo aquí, en los recuerdos de una vieja copla, de un lance amoroso adolescente o en las aguas de su río, el Guadalete, si corriente de olvido, aquí de viva memoria. Arcos presente, como en el “Amatorio” anterior, que si el pasado suele dejar huella en todo poeta, mayor será esa huella si se enmarca en un escenario con el del alto pueblo blanco gaditano, cuna de poetas.

“Para mí, Carlos Murciano es el mejor orfebre actual del soneto”; afirma Nicolás del Hierro. Esta, como cualquier otro afirmación similar, puede ser puesta en duda o discutida. Pero, antes de hacerlo, yo aconsejaría la lectura serena y objetiva de este medio centenar de sonetos (o de los 102 que componen el bloque) y luego opinen.

Naturalmente, se trata sólo de una recomendación, basada en el criterio de quien esto firma. (Dejo, al menos, como muestra, un botón. Digo, un soneto).

 

Revela el poeta a la amada el proyecto de George Church de alumbrar un homo neandertal 

Imagínate si esa criatura
que Church quiere traerse del premundo,
dicho mejor, desde lo más profundo
de los siglos, razón de su locura,

fuera yo. Con un resto de basura
fósil, pero mirífico y fecundo.
Church fecunda a una dama, y sale al mundo
-ADN y genoma- mi figura.

No sé, amor mío, lo que pensarías
cuando fuera a buscarte. Tu estarías
cosiendo en la butaca de la sala.

Grandón, peludo y con garrota nueva,
te llevaría a rastras a mi cueva
para que fueras mi neandertala.