Categoría: Este Lunes

Miradas sobre el arte


Tres Mujeres. 1921. Fernand Léger. Museo de Arte Moderno de Nueva York.

Tres Mujeres. 1921. Fernand Léger. Museo de Arte Moderno de Nueva York.

SI NO ENCUENTRA EL PUNTO CIEGO, SIGA MIRANDO Y NO CIERRE LOS OJOS
Caravaggio. La llamada de San Mateo.

Caravaggio. La llamada de San Mateo.

No discuto, aunque no disimulo mi incredulidad, que desde el Barroco hay en toda obra de arte un “punto ciego” que pone en cuestión el contenido de la representación, de tal forma que en todo este transcurso del tiempo desde entonces el campo artístico ha tratado de encontrarlo. Inútilmente claro. Pero todas estas estrategias, de acuerdo con sus defensores, se centran en evidenciar esa sustracción de la realidad ocultada como consecuencia de factores mediáticos, tecnológicos y culturales.

Sin embargo, si partimos de esa premisa, cada vez que visitamos una exposición o una muestra, lo único que como espectadores nos preocuparía sería la forma de ver lo oculto, de observar como lo que era visible se ha transformado en invisible. Y de ser así, los que empezaríamos a cambiar seríamos nosotros, quedándonos, la verdad, en una situación muy comprometida, extraviándonos sin identidad en una red de fantasmas que han abandonado vida, significado e historia.

Siempre he creído que el arte es representación para ser “mirada”, y en la medida en que lo miramos, nos contemplamos a nosotros mismos, tal como somos en nuestra verdad y conocimiento. Que haya una fusión de lo real y lo elusivo en toda manifestación de las distintas estéticas, no quiere decir que la realidad, la misma realidad, sea esa verdad que pueda quedar fuera de las imágenes. Pues éstas son las que en definitiva nos transmiten los creadores, materializadas, casi carnales, para que sean las que infundan impacto en la sensibilidad, el intelecto y en el logro de una ampliación de los modos visuales con los que comprender el mundo en que habitamos.

En conclusión, ha de pensarse que el arte ha de tener una máxima recepción, ha de configurarse en lo que se ve, tal es la naturaleza de su condición, no en lo que se esconde y después sirva para formular el argumento de que el núcleo esencial de lo visible será en todo momento invisible. Si ése fuese el caso, probablemente cerrando los ojos en un espacio tapado habríamos hallado ese “punto ciego” que tanto se nos escapa.

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NO NECESITO A LA MUERTE
Henry Wallis. La muerte de Chatterton.

Henry Wallis. La muerte de Chatterton.

El artista considera que después de décadas de un quehacer dedicado al arte no ha llegado al clímax de su trabajo. Le requiere más tiempo (y también más espacio). Sabe que su yo activo no cuenta con una libertad pura, porque está condicionado por él, por ese ser implacable y mefistofélico que ha condenado a todos los humanos a un fin precipitado. Tiene razón Roa Bastos cuando suscribe que todos hemos de morir, pero asimismo el que todos nos resistamos a la idea de la muerte. Y Juan Antonio Masoliver Ródenas consigna esta estrofa de su poema “Lo único que tenemos es el cuerpo”:

Todo lo que tenemos es el cuerpo.

Y todo lo que tiene el cuerpo es muerte.

Tampoco es un argumento válido el que Drieu La Rochelle haya dicho que si la muerte no está en el corazón de la vida como un hueso duro, ésta es un fruto blando y podrido.

Ha de seguir, pues, el creador en la búsqueda y formulación de conjeturas, posibilidades, soluciones, creencias, especulaciones, hipótesis e innovaciones que le permitan proseguir la experiencia de sobrevivir, de estar, sea como fuere, dentro de la realidad física y metafísica, con todas las dificultades que ello trae aparejado. Pero sin plantearse un final que da por no existente.

Dentro de ella significará el ir transformando por siempre, concibiendo, creando, procesando en una historia sin término. Argan ha declarado que no hay un solo momento de la existencia que no sea experiencia de la realidad. Y ello es debido a que en su interior el artista es bienaventurado y no ése al que se ha referido Tomás de Kempis como el que tenía ante sus ojos la hora de la muerte y estaba dispuesto cada día a morir. Tampoco su oficio es aquel citado por Fray Luis de Granada de bien morir al que convenía aprender toda la vida. Lo que nos lleva a Heidegger en su alusión de que el único modo de ser es “ser para la muerte”.

Si la obra de arte es un medio de expresión y de comunicación de los sentimientos y del pensamiento, el autor nunca deja de manifestarlos sin pausa, fraguando mediante ellos distintos desarrollos, tránsitos, movimientos, traslaciones, metamorfosis,  dado que nacemos con un tiempo contado y avaro -que sí cuentan los demás-, y de cuya finalidad intentamos escapar sin éxito, pues, como ha señalado Fernando Colina, el tiempo es un duelo que guarda el secreto de su propia desaparición.

Claro que si el creador ya no tiene ese ansia romántica por indagar en la noche, en las simas, en lo más negro del corazón humano, quizás obtenga ese aprendizaje al que se remite Cesare Pavese como único modo de huir del abismo: tal que mirarlo, medirlo, sondearlo y bajar a él.

Bien es verdad que de ser cierto lo que mantenía Schopenhauer sobre lo de que el universo no es esencialmente más que dolor irremediable y miseria infinita, nadie querría permanecer un momento más en él, ya que el artista debe saber que la voluntad no es en su esencia más que un esfuerzo sin finalidad. Incluso un peor imposible sí que lo hay cuando además asevera que es una bendición llegar a la nada absoluta, pero desgraciadamente la muerte no abre esa perspectiva, por lo que al artista aún menos se le promete una expectativa de continuidad sin límite en la instancia eterna.

Al final nos quedan las palabras escritas por Cervantes de que “el tiempo es breve, las ansias crecen, las esperanzas menguan, y con todo ello llevo la vida sobre el deseo que tengo de vivir”.

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¿CÓMO PINTAR UN RETRATO DE CERVANTES Y HACERLO PASAR POR AUTÉNTICO?
Juan de Jauregui. Don Miguel de Cervantes y Saavedra.

Juan de Jauregui. Don Miguel de Cervantes y Saavedra.

Corría el año 1910 cuando José Albiol, profesor de dibujo en la Escuela de Artes y Oficios de Oviedo y valenciano de querencia obsesiva, encontró una tabla del siglo XVI en la que aparecía el retrato de un caballero desconocido. Con la ayuda de Eugenio Tamayo, alumno suyo y después un conocido pintor asturiano, que fue además el que lo contó, borró el óleo antiguo y pintó y repintó la tabla haciendo un nuevo retrato, a la que sometió a continuación a un proceso de humedecimiento y secado, seguido de un barrido y craquelaje, con el fin de conseguir una apariencia de envejecimiento. A la vista del resultado creyó haber logrado la perfecta falsificación, el famoso retrato de Cervantes realizado por Jaúregui, nunca encontrado y siempre buscado, que éste le había prometido al escritor.

En su autorretrato literario, Miguel de Cervantes se describe de rostro aguileño, cabello castaño, frente lisa y desembarazada, alegres ojos y nariz corta aunque bien proporcionada; las barbas de plata, que no ha veinte años fueran de oro; los bigotes grandes, la boca pequeña, los dientes no muy crecidos……. Sin embargo, en su falso retrato aparece con una cabeza apepinada y unos bigotes que le llegan hasta la gorguera, lo que remata con un letrero de letras claras en la parte inferior del cuadro: “Juan de Jaúregui pinxit, año de 1600”, fecha, por cierto, en la que el (precoz) artista no pasaba de los dieciséis años, detalle que al falsificador le pasó inadvertido o consideró que no era como para reparar en él. Y para completar el entuerto, escribió en la parte superior del lienzo “Don Miguel de Cervantes Saavedra”, ignorando que Miguel de Cervantes nunca había usado el “don”.

Terminado el retrato, propagó por todo Oviedo el feliz descubrimiento, que presentó a Rodríguez Marín, Director en aquel entonces de la Real Academia Española, que lo dio por bueno y ordenó colocarlo en un lugar de honor, donde es posible que todavía siga. Y como colofón, el Sr. Albiol, en recompensa, obtuvo su ansiado retorno a su tierra, que era en el fondo de lo que se trataba.

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SALGAMOS DE LA TUMBA

Futurismo.

La creciente mundialización, con sus perennes desequilibrios y los constantes avances de los recursos tecnológicos, han hecho que los límites del arte se hayan convertido en casi inabarcables.

Y lo que nos dice Giulio Carlo Argan es que “todo lo que está más allá de los límites canónicos del bien y del mal pertenece a nuestro ser y a nuestra realidad, borra toda frontera delimitada y deambula libremente a través de todos los estratos del ser que están por encima o por debajo de la conciencia convencional”.

No obstante, la nueva era del arte que se anuncia –sea o no un espejismo- conserva el pasado al mismo tiempo que trata de ser precursora del futuro, pues la búsqueda de los artistas persigue su identidad en marcar su hacer en unos confines que no hayan tenido lindes, aunque otros se posicionen en un modo de crear transformaciones y transfiguraciones dentro de unos paradigmas que han estado vigentes hasta ahora. Lo cual sólo viene a refrendar lo manifestado por Hannah Arendt en relación a que “la capacidad humana es por su propia naturaleza comunicativa y abierta al mundo, trasciende y libera en él una apasionada intensidad que estaba prisionera en el yo”.

Tal puntualización nos conduce a ver que en el arte hay tantas tinieblas como claridad en un proceso histórico que se despliega entre incertidumbres, sin las cuales no podría existir. Lamentablemente en mucho del arte contemporáneo se echa en falta esa penetración en el ser más profundo de las cosas, esa intuición pensante que sabe ir más allá de la superficie sensible hasta concluir en el sentido más hondo del universo.

Las relaciones con el contorno y consigo mismo han perdido fuelle o han sido banalizadas, como si se omitiese esa premisa de que la problemática es, sin lugar a dudas, un aspecto de la problemática del hacer. Y dentro de esa problemática el arte representa un aspecto preponderante, de supremacía.

También pasa que ese universo estable, relativamente dentro del cual circulamos como si fuese el escenario de un territorio inexplorado, se puede resquebrajar por esa obsesión de lo nuevo, del que el pasado no tuvo esa enfermiza obsesión, que lleva en nuestros días a valorar tantas veces la simple ocurrencia por encima de la reflexiva elaboración (Alfonso Pérez Sánchez).

Así, ya no tenemos una concepción sino múltiples concepciones de un espacio a la medida del hombre en sí mismo y en virtud de esa categoría kantiana del pensamiento. Tal como lo expresa Argan, “al artista lo que le urge es una nueva dimensión  o una nueva perspectiva de la realidad, reconocer los límites de espacio y tiempo en los cuales se realiza la existencia, volver a tejer la trama del universo partiendo de ese punto que es el yo, con toda su voluntad de hacer y formal”. La realidad, pues, es una continua metamorfosis.

El arte, por consiguiente, ha de salvar al hombre con claridad, precisión, brillantez y apasionamiento, de ser un hombre-masa, de su pérdida de valor, de ser un elemento más del sistema instrumental y conformista que no le permite expresarse. Los hombres han de abrirse a la dimensión de la calidad, no a la de la calidad y la repetición.

Cierto es que las amenazas no desaparecen, incluso se incrementan: por una parte el mercadeo, la especulación, la falsificación, la manipulación, las modas, el fetichismo, las tramas, la falta de escrúpulos, y, por otra, las declaraciones absurdas, los textos ridículos, la pedantería e ininteligibilidad, la pretenciosidad (Sánchez Cuenca).

Ya es un tópico manido el justificar, al conceptualizar el discurso artístico, el que el arte contemporáneo no tenga eco en el público porque éste carece de formación intelectual, de percepción ontológica y estética para comprenderlo.  Sin embargo, hay que ser consciente de que el esfuerzo que se requiere en todo momento afecta a ambas partes, cada una empuñando sus propios recursos y aplicándolos con voluntad, interés y acierto, especialmente en lo que se refiere a su extensión, propagación y difusión. Y no quedarnos sin más con las palabras cautivadoras de Argan de que “hemos agotado las posibilidades que hacen libres a los hombres; vivimos en una condición de necesidad, y esa hora está señalada justamente por la materia irrefutable como el lodo podrido de la tumba”.

Cultura de la pobreza


Estas son algunas de las características que Lorenzo de Zavala (1788-1836) en 1830 señaló como parte de la idiosincrasia del mexicano, y que sin problema podrían extenderse como descripción del latinoamericano:

«El mexicano es ligero, perezoso, intolerante, generoso y casi pródigo, vano, guerrero, supersticioso, ignorante y enemigo de todo yugo. El mexicano se divierte, gasta hasta lo que no tiene, abandona las empresas que inicia a los primeros pasos, pasa su tiempo en la calle, huye a la habitación, y en un suelo donde no hay estaciones poco cuida del lugar de su descanso. En México, los pocos que son propietarios de su tierra, la descuidan e incluso la dilapidan. ¿Queréis que no se diga eso de nosotros? Enmendaos. Quitad esos ochenta y siete días de fiesta del año que dedicais al juego, a la embriaguez y a los placeres. Acumulad capitales para vuestra decente manutención y la de vuestras familias; tolerad las opiniones de los demás; sed indulgentes con los que no creen lo que vosotros creéis: dejad a los huéspedes de vuestro país ejercer libremente su industria, cualquiera que sea, y adorar al supremo autor del Universo, conforme a su conciencia. Dedicaos al trabajo útil, componed vuestros caminos, levantad casas para vivir como racionales, vestid a vuestros hijos con decencia, no excitéis tumultos para apoderarnos de lo ajeno; vivid del fruto de vuestro trabajo, y entonces seréis dignos de la libertad y de los elogios de todas las naciones.»

El texto en el que el gran liberal mexicano redacta estas líneas se titula: “Viaje a los Estados Unidos del Norte de América” publicado en París en 1834. Y justo son las palabras que recordé al leer la Introducción del libro “El subdesarrollo está en la mente: el caso latinoamericano”, un trabajo de Lawrence Harrison cuya publicación se realizó en el año de 1985, poco más de 150 años después de la visión expuesta por Lorenzo de Zavala, quien fuera Secretario de Hacienda del presidente Vicente Guerrero.

Lawrence señala en su introducción haber escrito un texto anterior en el que indica: “El norteamericano y el latinoamericano tienen conceptos diferentes sobre el individuo, la sociedad y la relación entre ambos; sobre la justicia y la ley; sobre la vida y la muerte; sobre el gobierno, la familia y las relaciones entre los sexos, la organización, el tiempo, la religión y la moral”.

Lo dicho por Lawrence Harrison (1932-2015), quien fuera director de la Agencia para el Desarrollo Internacional de los EEUU durante más de diez años, se parece mucho a la comparación que entre norteamericanos y mexicanos realizara Lorenzo de Zavala con muchísima antelación (casi doscientos años antes) en el prólogo del libro sobre “Viaje…”, ya señalado: “El norteamericano trabaja, el mexicano se divierte; el primero gasta lo menos que puede, el segundo hasta lo que no tiene; aquél lleva a efecto las empresas más arduas hasta su conclusión, éste las abandona a los primeros pasos…”

Valdría la pena que ante las teorizaciones de los investigadores norteamericanos (sobre todo de sus burócratas que juegan a ser pensadores) sobre los procesos de América Latina no caer siempre en las generalizaciones, tal como ocurrió con la idea de “El fin de la historia” de Francis Fukuyama, cuyas tesis fueron combatidas por teóricos latinoamericanos, incluso hasta con furia, revelando que Fukuyama trabajaba para la CIA. Lo mismo pareciera tener que señalarse contra Lawrence Harrison. Resulta por demás sesgada su visión al señalar que el subdesarrollo está dentro de la mente de los pueblos latinoamericanos, y que no logran el desarrollo ni siquiera con la samaritana ayuda económica de los Estados Unidos de América.

Harrison actúa justo como con el autor de “El fin de la historia”, teoriza sobre América Latina, restando la culpa a los mismos gobiernos gringos de las invasiones expansionistas, la explotación de los pueblos latinoamericanos como mano de obra barata, el saqueo de sus recursos naturales, así como el financiamiento de la violencia, de las guerrillas, sus revoluciones, incluso del narcotráfico, cuyos fines siempre han sido el control geopolítico de la región, para que las empresas transnacionales puedan tener las mejores garantías de ganancias económicas, y cuyos tratos siempre se han realizado con los partidos políticos que surgen en América Latina, dispuestos a enriquecerse, y actuando al paso de lo que los gringos requieran. Todo en detrimento de los habitantes latinoamericanos.

En eso me ha hecho pensar la lectura de esta obra de Lawrence Harrison. La visión del director de una Misión no es más que una mirada paternalista teorizando desde la comodidad de su oficina gubernamental, que todo está perdido para los pueblos latinoamericanos, e incluso supone —con el mismo título de su obra— que el subdesarrollo en el que la región está sumida es un asunto de mentalidad improntada en su cultura, y no es al menos del todo preciso. No es del todo cierto. Pues son comparaciones que se hicieron ya desde el siglo XIX cuando la América toda estaba luchando por independizarse de Europa y comenzar a construir su propio camino.

Habría que revisarse el proceso histórico de la Colonia en los países de América Latina, y también los procesos intervencionistas que se desarrollaron al consumarse los procesos independentistas en los países que conforman la región, y revisar también cuál ha sido el actuar de los Estados Unidos de América en dichos procesos. Sobre todo, en el de intervenir para sacar pasta que le beneficie.

 

El caso de México es singular.

También lo ha registrado el historiador Lorenzo de Zavala. Simplemente, lo real, es que no hubo tal emancipación del pueblo de México de España. Sino que fueron los mismos grupos de poder, la Iglesia Católica Mexicana incluida, quienes supieron aprovechar el proceso de emancipación (la mal llamada Independencia), para que el pueblo mexicano solamente terminara cambiando de opresor: antes lo fue España (de 1521 a 1821) y a partir de 1821, serían los españoles radicados en México, que se habían enriquecido mediante la esclavitud de los pueblos originarios, y que ahora se libraban de pagarle nada a la “Madre Patria”; es decir ahora tendrían más para ellos sin necesidad de enriquecer a otros. La pugna entonces ocurrió entre dos facciones enfrentadas exclusivamente por el poder, y la capacidad de continuar el saqueo de los recursos naturales de estas tierras, sin cambio alguno en los procesos de opresión, explotación, incultura, fanatismo, superstición de los que menos tenían, de los mexicanos habitantes de estas tierras, que continuaron en un estado de sumisión, carencias de educación, de salud, de dominio sobre sus propias tierras, y sobre sus propias personas. Fueron incluso armados para pelear durante casi todo el siglo XIX en revueltas que se levantaban por todo el país.

Las facciones masónicas, al menos dos diversos Ritos, que se debatieron para sostenerse en el poder, y que la gran mayoría de los habitantes de México, no tuvo por qué haberse enterado, y menos participar más que como peones para la guerra y el asalto. Estos mecanismos políticos fueron implementados, al menos en México, desde 1829 por los Estados Unidos de América y sus gobiernos.

Ocho años apenas habían pasado de la Consumación de la Independencia, y Martin Van Buren, Secretario de Estado de los Estados Unidos, instruyó a Joel R. Poinsett, ministro de los Estados Unidos en México, a iniciar sin demora, una negociación para hacerse de Texas, con cuestiones como las siguientes:

“el presidente se ve inducido por la convicción profunda de la necesidad de realizar tal adquisición, no solo como guarda de nuestra frontera occidental, así como la protección de Nueva Orleans, sino también para asegurar para siempre a los habitantes del valle del Mississippi la posesión indisputada e imperturbada de la navegación de dicho río”.

Desde acá ya se ve que el afán extensionista de los Estados Unidos y su intervención en la construcción de los políticos y la política de los países latinoamericanos, para que estén a su servicio, y tienen que ver con la adquisición de recursos naturales, en el saqueo de las materias primas. En el caso que acá apunto se trata del control del cuarto río más extenso del continente americano, apenas menor al Amazonas, el Paraná y el Misouri. Un río mediante el cual se podría navegar desde el Golfo de México, subir tierra adentro y llegar hasta Minesota que limita al Norte con Canadá; río desde el cual, en el siglo XIX, se podría hacer un enlace al río Hudson era posible, y podría llegarse a Nueva York sin problema. Controlar la navegación y hacer crecer la industria. Solo imagine lo que significó en aquel tiempo el dominio del Mississippi.

Es justo por estos ideales de expansionismo, de la explotación de los Recursos Naturales, que los Estados Unidos siempre han buscado ese afán protagónico al que llaman “democratizar” a las sociedades latinoamericanas; sin embargo, los acuerdos han ocurrido siempre entre los grupos de poder asociados a las iglesias católicas, en algún momento, y a las iglesias cristianas no católicas, en los últimos 50 años. Sobre todo, baste revisar lo que ha ocurrido con los pueblos latinoamericanos tras el Concilio Vaticano II (década de los 60) en el que la Iglesia Católica buscó mediante la paulatina aceptación de la Renovación Cristiana, recuperar a los feligreses que se habían cambiado de religión, sobre todo en el mismo Estados Unidos de América. Tan se sabe que América Latina es el bastión más importante de feligreses para la Iglesia Católica que para el año 2013 fue electo el argentino Jorge Mario Bergoglio, como el Papa 266 de dicha iglesia.

Dichos procesos rituales-supersticiosos-morales, fueron estableciendo sus brazos políticos desde la Conquista de América hasta nuestros días. Véanse los casos y liderazgos políticos alrededor de América Latina en el transcurso del siglo XX y sus relaciones con las iglesias. Mientras en Sudamérica el libertador Simón Bolívar fustigó a los miembros de la Iglesia Católica, acusando de ser artífice de la opresión de los habitantes de esas regiones, en México, la misma Iglesia fue quien solicitó a Agustín de Iturbide poner fin a la lucha de independencia acordando con Vicente Guerrero la tregua. En el caso de México este hecho fue el inicio de la consumación de la gesta, sin embargo, mantuvo en el poder a los mismos personajes: españoles radicados en México, y miembros del clero.

En México los procesos de la Revolución Mexicana al inicio del siglo XX, también están cimentados en el control de la minería y del petróleo que el gobierno de México sostenía con empresas europeas y no con los Estados Unidos de América. El financiamiento a personajes como Francisco I. Madero traía consigo los acuerdos del caudillo con el Imperio Gringo de romper con la British Petroleum, y dar preferencia a las empresas norteamericanas.

Los procesos históricos de la Colonia Española, su explotación de los pueblos originarios, aunados a su mestizaje y apropiación y sincretismo entre los diferentes pueblos, pudo haber sido bueno para América Latina (por la diversidad que dichas mezclas de ideas, cosmogonías y “razas”, presuponía), contrario a la erradicación, expulsión del territorio, y confinamiento en reservaciones, que los colonos de Estados Unidos realizaron con los pueblos originarios de América del Norte. Sin embargo, mientras que los colonos del norte eran descendientes de las ideas de Lutero, de Calvino, descendientes de un pueblo que tenía a John Milton y a John Stuart Mill; los americanos del centro y sur sufrimos a la Iglesia Católica, sus culpas y castigos, y sobre todo sus tribunales de la Inquisición (que se extendieron en territorio americano hasta 1820). Podríamos incluso señalar que la Edad Media, que en Europa concluyó cerca de 1492, extendió su oscurantismo hasta el inicio del siglo XIX en toda América Latina, y solamente se intentó sacudirla hasta algunas la promulgación de las Leyes de Reforma (1855), al menos en México.

¡El daño que ha hecho la búsqueda del poder de la Iglesia Católica en América Latina es inconmensurable! Aún con todo, para la mitad del siglo XX nos brindaron la Teología de la Liberación, apenas como un hecho utópico que desde el mismo vaticano se decidieron a exterminar, por órdenes del papa Juan Pablo Segundo.

Por ello, contrario a lo que señala Lawrence Harrison en su libro “El subdesarrollo está en la mente: el caso latinoamericano”, el subdesarrollo para cualquier pueblo, no solo en Latinoamérica, está en la opresión, en el abuso del poder, en la esclavitud moderna (salarios que no alcanzan para cubrir las necesidades básicas a las que todos los seres humanos tienen derecho); en los gobiernos que mantienen el ideal de enriquecerse a costa de los recursos naturales de América Latina y su mano de obra baratísima, mediante acuerdos onerosos que privilegian a las empresas norteamericanas y europeas.

No es que los pueblos de América Latina debido a su cultura se nieguen a salir del subdesarrollo; el subdesarrollo no está en su mente; el subdesarrollo en América Latina persiste debido a la opresión de los grupos de poder sobre sus gobernados. Y ese poder es debido a las falsas democracias existentes en la región; a las farsas electorales, a las imposturas que vienen desde todos sus gobiernos, a la construcción de procesos de impunidad desde los propios Congresos que desarrollan una legislación para proteger la corrupción que ellos mismos perpetran.

Así generan la construcción de una necesidad aspiracional en los pobladores. En México, para este año 2021, por ejemplo, el promedio escolar apenas es de 9.2 años; hablamos de que la gran mayoría de los pobladores apenas tienen estudios que no alcanzan ni siquiera el bachillerato. Y ante esta pobreza de educación, ante esta Cultura de la Pobreza que se sigue construyendo desde el poder, se pretenden los procesos electorales. De esta manera cualquier personaje que se vuelva candidato, dentro del Teatro de la Democracia que ocurre en los pueblos latinoamericanos, será votado porque se le pinta utilizando todo el poder de la mercadotecnia, como supuestos héroes, o mesías, o salvadores. Los votantes se conducen como feligreses, se han dejado envolver en el proceso sincretizado de cambiar al Santo que antes adoraban por el Candidato, porque se los han construido con los mismos valores y conceptos, y así es como se les concibe en el imaginario. Lo cual solo es posible manteniendo en la ignorancia a los pueblos. Por eso puede ser candidato un pederata, o un personaje acusado de abuso sexual puede ser candidato a un gobierno; por eso un traficante de mujeres puede presidir un partido político, por eso un senador puede pasar fotografías de una joven estudiante en las mismas instalaciones del congreso, por eso una senadora puede dirigir grupos de choque e invasores de terrenos en las grandes capitales.

Con esa ignorancia se sigue impulsando a los habitantes de Latinoamérica al consumismo desde un afán aspiracional, a mantenerse en la deuda, a no exigir derechos, a soportar estoicamente la pobreza: “¡Bienaventurados los pobres!” mutado en “Primero los pobres”.

Documentos existen en México de cómo se han creado, desde los gobiernos, Áreas Naturales Protegidas, que tienen como objetivos sacar a los pobladores de sus regiones, hacerlos migrar, para poder explotar los recursos naturales sin presión social alguna. Procesos de migración y abandono del campo que son impulsados por la generación de violencia, cárteles de la droga que exigen la siembra de sus productos (mariguana, amapola, coca) vía la intimidación, la amenaza, el asesinato de quienes no están de acuerdo; y esta generación de violencia por parte de grupos del Crimen Organizado, o por traficantes, tienen sus raíces igual en los gobiernos, en personajes enraizados por décadas y generaciones familiares en la política; actividades todas que se ha documentado son permitidas por los Estados Unidos de América para someter a los latinos, a las poblaciones negras, o para financiar guerrillas en la misma región. Todo este entramado político-cultural-religioso, sigue dejando de lado los derechos de los habitantes de América Latina. Va de nuevo: El subdesarrollo no es mental, ni cultural, es fruto de la explotación de los pueblos.

 

Conclusión:

No deja de sorprenderme lo que el autor apunta al final de la Introducción: “este libro no presenta evidencia concluyente que de validez a la tesis”, y no podría estar más de acuerdo con lo que el autor, en un acto de honestidad, termina por señalar. Con las lecturas hechas, y la reflexión podemos concluir:

  1. La formación de los países de América Latina apenas alcanza los primeros 200 años de existencia. Una existencia en la que aún no se ha logrado evitar el saqueo de los recursos naturales por los países que son potencia en el desarrollo económico.
  2. Todos los gobiernos de América Latina, hasta este 2021, siguen viviendo de los residuos de políticas del siglo XIX, siguen impulsando en sus gobernados temas como Patria, Honor, Orgullo, y no se nos ha permitido reconocernos —a pesar de la creciente migración a nivel mundial, de la comunicación expedita y universal— como ciudadanos del Mundo con derechos humanos vigentes.
  3. Los gobiernos de América Latina siguen impulsando el apoyo paternalista sobre sus gobernados (programas sociales de dádivas, las mal nombradas como becas, que no se traducen jamás en mejores salarios), pero también como Gobiernos que siguen esperando de los Estados Unidos de América, o del Banco Mundial, los apoyos. Apoyos que jamás logran llegar a los gobernados; y que son siempre perdidos en temas de corrupción e impunidad enriqueciendo a muy pocas familias por generaciones.
  4. Al ser América Latina una región cuyos recursos naturales siguen siendo saqueados, y que en desde el último cuarto del siglo XX, han puesto en la creciente violencia, el material incendiario para mantener: los procesos aspiracionales: los jóvenes quieren ser como los narcos o como sus mujeres; la pobre educación de sus gobernados (promedios de 9.2 años de estudios), pues no se impulsa la educación superior, y se obliga a los jóvenes a migrar para no ser reclutados y formar parte de esos ejércitos de narcos sumidos en la ignorancia.
  5. Los pueblos de América Latina siguen teniendo el cuello de botella y el freno para su desarrollo en sus políticos, sus partidos políticos, esa clase gobernante que solamente busca llegar al poder para beneficiarse de los recursos económicos, y enriquecerse, sin pudor.
  6. Son cuatro puntos primordiales en los que los Nuevos Gobiernos deberían trabajar para comenzar a salir del subdesarrollo. Esos son esos cuatro pilares: Salud, Trabajo, Educación y Seguridad. Construyendo plataformas políticas para sostener estos pilares los gobiernos atenderían todo lo demás. Para que la Salud siga siendo un pilar del desarrollo de los pueblos se necesitan desde alimentos adecuados, hasta hospitales de alta especialidad, por ejemplo.

El presidio político en Cuba de José Martí


José Julián Martí Pérez (La Habana, 28 de enero de 1853-Dos Ríos, 19 de mayo de 1895).

José Julián Martí Pérez (La Habana, 28 de enero de 1853-Dos Ríos, 19 de mayo de 1895).

El presidio político en Cuba (1871) es el primer manifiesto (autobiográfico) de los valores y categorías de Martí. En el centro de todo está el hombre y su dignidad. El núcleo rector de esta obra es el amor, que engloba también al enemigo. Lo que presenta es el mundo real, con criterios de razón y llamadas a la emoción. Su finalidad es movilizar al lector al cambio, y aquí se inicia un importantísimo modo martiano de producirlo: transforma los elementos de opresión en instrumentos de liberación. Leer más…

Herencias

El año pasado, Narciso J. Hidalgo presentó este libro, vía Zoom, en las ferias del libro de Bogotá, Cali y Medellín, Colombia.[1] En una de ellas, estuvo acompañado por James Conrad[2] y quien esto escribe. Es miembro de la junta editorial de Afro-Hispanic Review y ha publicado desde 2005 hasta el presente varios artículos sobre la presencia africana en el Caribe como parte de antologías y publicaciones académicas.[3] Es también autor, coautor, compilador/editor de las obras: Bajo el sol naciente: Latinos en Japón. Antología. (Editorial Fridaura, México, 2007), con Rafael Reyes-Ruiz; Choteo: irreverencia y humor en la cultura cubana (Siglo del Hombre, Editores, 2012) y José Lezama Lima. Universo poético. Recopilación y edición (Ediciones Unaula, Medellín 2016).[4] Leer más…

A través del espejo (IV): Cronos


Introducción

No por casualidad hemos dejado para el final de la serie de artículos dedicados a la figura del cineasta mexicano Guillermo del Toro (1964), el que fuera el resultado de su primera incursión profesional en la pantalla: Cronos (1993). Y digo no es casual porque tras haber analizado sus películas más recientes, El laberinto del fauno (2006) y La forma del agua (2017) -premiada una de ellas con el Oscar de la Academia de Hollywood-, resulta de interés contrastar la ópera prima de un director que en el pasado estuvo confinado a un estudio de cine mexicano con un modesto presupuesto, al director consagrado del presente que se da el lujo de rechazar los proyectos que le envían los estudios e impone filmar los que son cercanos a su mundo imaginativo, poblado de seres fantásticos, monstruos de la mitología, hadas y fantasmas1. Leer más…

Catauro del fumador reincidente


Fumar un tabaco habano es sencillo, como comer o amar. Pero el que quiera complicarse la vida tendrá disponible reglamentos, advertencias y sabiduría acumulada por los viejos fumadores. No obstante, conviene no hacerle caso a todo el mundo, ni siquiera a mí: aférrese a su método cuando lo encuentre, no se desvele pensando si cometió algún error. Se fuma por placer y no por masoquismo evaluativo. Lo que reúno en este catauro son rudimentos del arte de fumar, un par de consejos útiles y varios términos del fumador esnob, para impresionar a las mujeres o a los cigarreros novatos. Fumar es algo mucho más honesto, más simple y visceral que cualquier cuerpo legislativo. Fume, sea feliz, lo demás es literatura. Leer más…