"Todos los que hemos salido de Cuba en algún momento hemos tenido accesos de rabia"

Entrevista con el escritor cubano Alfredo Antonio Fernández

Por Amir Valle


Alfredo Antonio Fernández (Cuba, 1945 ). Profesor Asociado Prairie View A&M University. Autor de una amplia trayectoria de novelas y ensayos en Cuba, México, Estados Unidos, Francia, España y Alemania, cuyo primer título fue El Candidato (Premio de la Unión de Escritores de Cuba, 1978). Sus obras más recientes son Bye, camaradas (novela, 2012), A traves del espejo. El cine hispanoamericano contemporaneo. Volumen I (ensayos, 2013), Aló, marciano (novela, 2015) y Buñuel In memoriam (ensayos, 2016), todos por la Editorial El Barco Ebrio, de España. Dominó de Dictadores forma parte de una trilogía inédita de novelas junto a Citizen Kane se fue a la guerra (Iliada Ediciones, 2021) y El condotiero, la domadora y el escritor, aún inédita.

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Imaginemos que Alfredo Antonio Fernández, el que ahora responde estas preguntas, mira a ese otro Alfredo Antonio que, en Cuba, años atrás, decidió hacerse escritor. ¿Qué ha cambiado, más allá de los años, obviamente?

De repente al responder a tu pregunta me siento un poco confundido, pues no sé si al mirar hacia atrás sumo o resto años. Siempre es bueno replantearse en la vida si la decisión que uno tomó hace mucho tiempo sobre ser escritor ha cambiado, y mi respuesta es afirmativa: sí, ha cambiado el entorno, antes vivía en Cuba y ahora en Estados Unidos; antes daba clases en la Universidad de La Habana y ahora en una Universidad de Texas; pero la identidad de ambas profesiones se mantienen inalterables y, aunque con más años y un poco de cansancio, no me arrepiento de haber tomado una u otra decisión y el Alfredo de ahora que mira al Alfredo de antes encuentra el mismo interés en seguir llenando páginas en blanco de escritura como ganándose la vida enseñando en las aulas, en ambas actividades no hay  cambios sino permanencia.

 

Precisamente, se impone preguntar: ¿cómo fueron esos inicios?

La primera novela que intenté escribir y nunca publiqué, vale más como el reto de las condiciones en las cuales la escribí que como literatura y la anécdota supera a la imaginación, el cómo al por qué. Estaba por graduarme en la Facultad de Humanidades de la Universidad de La Habana en el año 1970 que coincidió con el año de la famosa zafra azucarera de los diez millones. Y formé parte de un “experimento social”. Una docena de estudiantes debían llevar a cabo una tarea maratónica o heroica -según se le mirara-: en bus recorrer la isla de Cuba de Pinar del Río a Oriente (1.000 kilómetros) con un propósito definido. Desde diciembre de 1969 a julio de 1970 (6 meses) recuperar documentos de la pasada administración capitalista de una docena de centrales azucareros (dos en cada una de las seis provincias de Cuba en 1970) en peligro de pérdida tras las nacionalizaciones de la década de 1960. Viajamos en bus por todo el territorio nacional, nos albergábamos en las casas de los dueños de los antiguos centrales azucareros, salíamos a cortar caña del amanecer al mediodía (6.00am-11.00 am), regresábamos, nos bañábamos, almorzábamos (11.30-1.00) y pasábamos la tarde en oficinas de los centrales azucareros (1.30 pm-5.30 pm) rastreando la huella de documentos de zafras azucareras. A esa labor diaria de trabajo-investigación, sumaba en las noches la escritura de mi primera novela mientras los demás se iban a dormir. Pero repito, no la cuento como tal porque nunca la publiqué, pero sí conservé el título y tras escribir años después en 1980 un guion por encargo del Instituto Cubano del Cine (ICAIC) para el director de cine Octavio Cortázar -el mismo de El brigadista-, con el título La barrera, al final, tras entrar en fase de producción, no se llegó a filmar y la convertí en novela y la publiqué en la Editorial Letras Cubanas con el título que guardé desde 1970: “Del otro lado del recuerdo”. Pero, volviendo al tema de la combinación de trabajo manual e intelectual en la zafra de los diez millones, te cuento otra anécdota. El fin de nuestro recorrido de 6 meses por los centrales azucareros terminó en Oriente, en julio, en el ingenio azucarero que Fidel había escogido para dar fin a la zafra de los diez millones que desde mayo pensábamos no se iba a cumplir -en realidad fueron 7.5 millones- y se daba por inútil el gran esfuerzo realizado. El lugar elegido era el antiguo central Delicias o Chaparra, no recuerdo bien, enclavado en el norte de la provincial de Oriente. Cuál no sería mi sorpresa al llegar y ver allí a los escritores Jesús Díaz y Pablo Armando Fernández, en tareas de recopilar documentos. Y ahora, dime si a veces la realidad no supera a la ficción como en ésta de un novel escritor -no Nobel, por supuesto- que corta caña seis meses en toda Cuba de la madrugada al mediodía, investiga en las tardes documentos en las oficinas de las administraciones de los centrales y en las noches duerme en las mansiones de antiguos magnates de la industria azucarera mientras escribe su primera novela y al final del largo viaje de medio año por toda Cuba se encuentra en el central que iba a ser la sede designada por Fidel de la culminación de la zafra más grande de Cuba con dos escritores que precedían a los estudiantes universitarios que llegaron en búsqueda de documentos a punto del olvido, aunque no estoy seguro de que ellos, autores reconocidos, cortaran caña como nosotros desde la madrugada al mediodía.

 

El ambiente cultural cubano, siendo sinceros, ha pasado página con tu obra, pese a que ganaste en Cuba importantes premios literarios que te convirtieron en un autor destacado. Cuenta a nuestros lectores, brevemente, cómo fue esa trayectoria, esos premios, qué hizo Alfredo Antonio Fernández como escritor, mientras estuvo en Cuba.

Eso de “pasar página” con mis escritos puede ser ambiguo. Dime ¿qué sabes? Pasar página literalmente significa que se ha leído la página. Nadie pasa página sin antes haber leído, no significa que se ha omitido su lectura. Peor sería no que “pasaron página” sino que “rompieron página”. Pasar página puede ser olvido, pero romperla o quemarla es fascismo, y si eso ocurrió y lo sabes, dímelo para enterarme. A mí nadie me ha enviado mensaje, o me ha llamado para decirme que “pasaron la página que me correspondía”. Que guarden silencio tras leer la página o que la crítica no se haga eco de ella es otra cosa. De eso no tengo yo la culpa, no estoy allá, y si vivo en Estados Unidos o en China o en Portugal fue por decisión personal. En estos casos, uno no elige, decide. Pero, si un crítico de Cuba piensa que, por vivir cualquier escritor o ciudadano fuera de Cuba no se le debe mencionar, ese es su problema, allá él o ella con su conciencia. Repito: ese no es mi problema. Mi problema en Cuba, en Estados Unidos, en China o en Portugal es seguir trabajando y seguir escribiendo, y en eso sigo y estoy. No obstante, a veces echo una ojeada a ver si aún existo “del lado de allá”. Si bien se ha “pasado página” por la crítica cultural, dos de mis novelas que incorporan temas o figuras foráneas dentro de la narrativa y que podrían ser acusadas por críticos adversos y perversos de poco patrióticas: “La Última Frontera 1898” -la intervención militar norteamericana en Cuba- y “Lances de amor, vida y muerte del Caballero Narciso” -dedicada a la figura mayor del anexionismo en Cuba-, aún aparecen en publicaciones y cátedras cubanas, la primera en EcuRed y la segunda en un curso sobre Narrativa e Historia en el Colegio Universitario San Gerónimo de La Habana. Que equivale a decir: si los censores “pasaron página”, los santos aún están de mi lado. Es decir, al menos estas dos, públicamente, se las ha leído y estudiado y divulgado su existencia. La censura en Cuba a la hora de escoger sus blancos a veces es surrealista. Pero, inevitable, pero, no creo que hayan tenido igual suerte los restantes 9 libros que escribí desde que salí de Cuba hace 20 años y que supongo deben ser desconocidos allá: el non-fiction book “Adrift: The Cuban Raft People (Estados Unidos), las novelas “Amor de mis amores” (México), “Bye, camaradas” (España), “Aló, Marciano” (España), “Dominó de dictadores” (Alemania), “Citizen Kane se fue a la guerra” (Alemania) y los ensayos “A través del espejo. El cine hispanoamericano contemporáneo” (España), “Buñuel in memoriam” (España) y “Cine Latino de Humor Negro” (España). En resumen, me parece que con toda la difícil situación que atraviesa Cuba en este momento y la necesidad imperiosa de elevar los niveles de la calidad de vida de los cubanos, más que homicidio intelectual, es suicidio inquisitorial dedicarse a “pasar página” de los escritores que emigraron, se exilaron o fueron desterrados. Pero, bueno, como dice la Biblia, “hay gente que le gusta mirar la paja en el ojo ajeno y no ver la viga en el ojo propio”. En fin, soy yo el que “pasa página ahora” ¡Allá ellos! Tontos útiles o inútiles hay de sobra en el mundo, uno más no importa… A la segunda parte de la pregunta, respondo rápidamente, mientras estuve en Cuba lo que hice fue estudiar y trabajar en la Universidad de La Habana y trabajar y publicar novelas y guiones en la Unión de Escritores de Cuba (UNEAC), el Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC) y la Editorial Letras Cubanas, el resto como cualquier otro ciudadano del período revolucionario, participar del trabajo voluntario y las milicias. Y en cuanto a premios, diría el primero es siempre el que más se recuerda, en este caso, el nacional de novela por “El candidato” (1978). Recuerdo esa noche de entrega de premios en la UNEAC y el pergamino correspondiente por premio nacional recibido. Los restantes premios: 1er finalista del Premio de la Crítica por “La Última Frontera 1898”, “Razón de ser” por “Lances de amor, vida y muerte del Caballero Narciso” y “Dios y Trujillo” -actualmente “Dominó de dictadores”- y Premio de Novela Alejo Carpentier por “Lances de amor, vida y muerte del Caballero Narciso”, también los recuerdo con agrado, pero, inevitable, pero, el primero (“El candidato”) siempre será el primero.

 

Puede cualquiera pensar, ante un acto de injusticia como el que se deduce de lo que cuentas, que el rencor puede asfixiarte. ¿Contra qué has tenido que luchar para evitar que tu espíritu se emponzoñe?

La pregunta me trae a la memoria el título de una película inglesa que exhibieron en La Habana en los años 60: “Look back in anger”, que suena mejor en español: “Mirando hacia atrás con rabia”, expresión propia de un perro que intenta morderse la cola más que de un ser humano bípedo y racional. Lo recuerdo, precisamente, para no caer en el error -casi necesario- de “mirar hacia atrás” con rabia, pues, como dices y una vez te comenté al empezar nuestra relación de escritores cubanos en el extranjero, la rabia “emponzoña el alma” y puede afectar a la creación artística que es el principal objetivo de nuestras vidas. No es que no se tenga rabia, todos los que hemos salido de Cuba en algún momento hemos tenido accesos de rabia al ver cómo afloran la incomprensión, la estupidez y la mediocridad en la Cuba que dejamos atrás. Pero, inevitable, pero, aunque a veces muerda los labios, prefiero mirar con nostalgia hacia atrás, es decir, envolver a Cuba en el manto de la bruma, no de la noche y repetir no con Martí “dos patrias tengo yo: Cuba y la noche” sino con Darío -que era de la misma cofradía de poetas modernistas- una frase que empleo de exergo de la novela “Citizen Kane se fue a la guerra”: “si pequeña es la patria, uno grande la sueña”. En resumen, allá o aquí, hay que luchar contra la rabia y la mejor manera es dejarle un hueso de recuerdo a los perros rabiosos de allá…

 

¿Cuándo y por qué decides salir de Cuba?

Eso ya lo conté en una reciente entrevista televisiva en Youtube (marzo 2021) al editor Héctor García Quintana (El barco ebrio, España) y lo resumiré ahora por si alguno no vio el programa y no tendré que repetirla pues futuros lectores se pueden remitir a ella. (1) Salgo de Cuba en 1993, el peor año del período especial (2) Con un contrato de trabajo de la Universidad Autónoma Estado de México (UAEM) como Profesor Invitado y una invitación de Latin America Studies Association (LASA) para participar en el congreso de Georgia (3) En México mientras trabajo (1993-1995) en UAEM (Toluca campus) estudio Master en Estudios Latinoamericanos en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Al venir a Estados Unidos visité a Florida International University donde había establecido relaciones y el Director del Cuban Research Institute (CRI) me ofreció aplicar para una beca Rockfeller (1995). Me preguntó cuál sería mi tema. Le dije la crisis de los balseros y esa misma tarde, víspera del regreso a México, estalla la protesta del Malecón de La Habana que da inicio al éxodo marítimo más grande de Cuba y del hemisferio occidental, unas 20,000 personas en balsas escapan en agosto de 1994 (4) Un año después, regreso a Florida para cumplimentar la beca Rockfeller y México deja de ser lugar de residencia (5) Completo en el College de Humanities & Liberal Arts de University of Houston mi doctorado en Hispanic Studies (6) Sigo trabajando de profesor universitario y escribiendo en Estados Unidos, hasta el día de hoy, 25 años, un cuarto de siglo después.

 

¿Cómo valorarías tu vida en el exilio?

La palabra exilio no me gusta aplicármela pues como levita me queda grande o estrecha, según se mire o quién la mire. Si lees detenidamente la anterior respuesta, mi llegada y residencia en Estados Unidos no provienen de un propósito consciente de ser exiliado como muchos que en Cuba fueron condenados y estuvieron en prisión por 10, 20, 30 años y tienen razón en ser llamados el “exilio histórico”, yo no, repito, no soy ni exiliado ni desterrado político ni tampoco quiero serlo, sino simple emigrado y mi emigración ya dije es más obra de la casualidad o de un conjunto de casualidades como los que se detallan sumariamente en la respuesta # 5.

 

Has seguido escribiendo. Hablemos ahora de tu carrera como investigador del universo del cine. ¿En qué sentido te ha alimentado? ¿Qué libros puede encontrar nuestro público en ese tema, escritos por ti?

El cine como ya dije en la entrevista para la publicidad de la novela “Dominó de dictadores” ha sido una constante en mi vida: desde niño cuando mi abuelo me llevaba todas las noches al cine en las vacaciones de verano hasta después de graduarme en la Facultad de Humanidades de la Universidad de La Habana en 1970 y pasar tres cursos de cine (Apreciación Cinematográfica, Historia del Cine y Guion Cinematográfico) en el Instituto del Cine Cubano (ICAIC) y trabajar en la década del 80 como guionista de la Dirección de Cinematografía del ICAIC e investigador del Centro de Estudios Cinematográficos Saúl Yelín (ICAIC). En la actualidad, siendo Profesor Asociado en una Universidad de Texas he creado un curso de Cine Hispanoamericano y escrito unos 60 artículos sobre cine hispanoamericano con una extensión de 8-10 páginas c/uno que se han publicado desde 2009-2022 en el magazine cultural Otro Lunes que diriges y que tras ser completados como serie de artículos se han publicado en formatos de @book o paper book en la Editorial El barco ebrio (Madrid, España) con los títulos: “A través del Espejo. El cine Hispanoamericano Contemporáneo”. “Buñuel in memoriam” y “Cine Latino de Humor Negro”. Así que, más que una ilusión o un sueño como suele ser, el cine para mí ha sido una realidad y una constante presencia en diversas formas y momentos de mi vida.

 

La historia es una constante en tus novelas, pero a modo de revisitación, de repensar la historia y lo que de ficción hay en ella. ¿Por qué esa insistencia que, según muchos piensan, podría alejar la obra literaria del terreno de la ficción?

La historia como el cine, es una constante en mis novelas, y no creo como dicen algunos que alejen a la literatura del campo específico de la ficción. Al contrario, como lector siempre encontraré más interés y diversión en una narración ficticia subjetiva sobre un hecho o una figura tomada a préstamo de la historia que en una historia que quiera revelarme por indagación la verdad objetiva de un documento. En otras palabras, mejor la alquimia que la física; más el hechizo del brujo que la palabra científica del galeno. La trilogía de novelas que publicas por Ilíada Ediciones (Alemania) grosso modo, tiene un perfil histórico por la cronología que abarca: más de un siglo, desde fines del siglo XIX hasta principios del siglo XXI ensamblada sin un orden preciso, con saltos de tiempo adelante y atrás que van de un año a medio siglo. Los saltos temporales y espaciales son un recurso estilístico experimental que más que empujar a los lectores por la espalda para que se asomen al abismo, aleja de él y los cambios abruptos tienen la finalidad de poner delante de los ojos de los lectores una mejor comprensión de la historia que se cuenta, aunque imaginativamente se le aleje de su presencia. Para un historiador como para un novelista, la verdad -si es que existe- como diría Ruíz de Alarcón, “siempre es sospechosa”, no está en el lugar debido ni aparece cuando la buscamos, se le encuentra a deshora y a destiempo; en otros espacios, a veces distantes; en otros tiempos, a veces lejanos. Más que de verdades o historias de texto se trata de verdades o de historias de contexto, las que permiten simultanear en “Dominó de dictadores” -como expliqué en la entrevista de noviembre de 2019- parte de las vidas reales de Hitler, Trujillo, Batista, Fidel Castro, Leni Riefensthal y Antonio (Tony) Guiteras con las vidas ficticias de personajes como Judith von Krieg, Aquíles Lora y Teodoro (Teo) Téllez en Alemania, España, Dominicana y Cuba entre 1933-1961.

 

Me gustaría que resumieras, en breves párrafos, el contenido de las novelas que conforman parte de esta serie, de la cual Ilíada Ediciones ha publicado Dominó de dictadores y, recientemente, Citizen Kane se fue a la guerra.

Me refiero a la segunda en publicación que motiva esta entrevista –“Citizen Kane se fue a la guerra”-, en ella, el carácter experimental es aún más agudo y los espacios que aparecen en la novela -primera de la trilogía aunque se publique como segunda-, son Cuba y Estados Unidos, México, la Unión Soviética y España en un dilatado período de tiempo que va de 1895 a 1955 con una increíble variedad de personajes que tienen en las antípodas como enemigos al magnate periodístico William R. Hearst y al director de cine Orson Welles, una pléyade de periodistas del tipo “yellow kyds” dispersos por el mundo cubriendo las más remotas guerras coloniales como la guerra hispano-cubana-norteamericana (1898), la investigación de ocho crímenes famosos que quedaron parcialmente en el misterio como los del primer ministro de España Cánovas del Castillo, el presidente MacKinley de Estados Unidos, la cabeza de Pancho Villa, el dirigente comunista cubano Julio Antonio Mella, la actriz italiana Tinna Modotti, el dirigente político bolchevique Leon Trotsky, el sindicalista cubano Sandalio Junco y el líder del Partido Obrero Unificado Marxista catalán Andreu Nín. Y no solo se trata de la pesquisa sino de quiénes la llevaron a cabo, y son los encargados de contarla como apócrifos: un anarquista cubano ficticio llamado Germinal, Sam Spade devenido alter ego de Dashiell Hammett y los cómicos de Hollywood Stan Laurel (El Flaco) y Oliver Hardy (El Gordo), entre otros. Uno de los temas que trata la novela “Citizen Kane se fue a la guerra” -el de la guerra hispano cubano americana de 1898- no es nuevo para mí. Ya antes lo había abordado en la novela “La Última frontera 1898”, 1era finalista del Premio de la Crítica, de la cual se editaron por la Editorial Letras Cubanas unos 20,000 ejemplares pese a que era un tema tabú en la literatura cubana de 1980’s eso de incorporar el punto de vista de periodistas y oficiales del ejército norteamericano sobre la primera intervención del imperialismo norteamericano en Cuba.  Pero es que yo antes -más gato que ratón de biblioteca- había encontrado una “mina” sobre el tema en la Sala Cubana de la Biblioteca Nacional de Cuba que no sé si sabes contaba con salas especiales donde se mantenían en secreto los libros de autores de lectura prohibida y a la cual se le llamaba irónicamente, “el infiernillo”, que siempre me hizo pensar que además del pequeño infierno debía existir un infierno grande, como el de Dante, con autores y libros prohibidos en jaulas y domadores de leones tusados de la cultura cubana que blandían látigos delante de fieras en exhibición. Bueno, en esa Sala Cubana de la Biblioteca Nacional de Cuba, gracias a una amiga que trabajaba como especialista, me di “banquete” con libros sobre la intervención armada de Estados Unidos contra España en la guerra de Cuba. Por ejemplo, uno de título muy gráfico: “The splendid little war”, y otro del que salió la idea de escribir un apócrifo del escritor norteamericano Stephen Crane que estuvo en Cuba, la novela “La Última frontera 1898”. Hablo del libro de memorias “Under three flags in Cuba” del autor británico George C. Musgrave, amigo de Winston Churchill que en vida combinó el arte militar, el espionaje y el  periodismo.

 

Hay, también, en tu obra un análisis casi obsesivo sobre el poder, sus límites y las consecuencias humanas cuando se rompen esos límites. Es algo que está presente incluso en tus “libros cubanos”. ¿Acaso es una tesis de autor que pretendes desarrollar? ¿Cuál sería esa tesis?

Tesis, no, sería demasiado pedir. Soy contrario a las novelas de tesis, suelen ser aburridas. No quiero probar ni demostrar nada. Ya he dicho: soy fan de Aristóteles, me gusta contar, desde la historia o fuera de la historia, pero narrar. ¿Qué tiene de particular que en “El candidato”, “La última frontera 1898” y “Lances de amor, vida y muerte del Caballero Narciso, el poder resulte centro de interés?. Da igual que el conflicto del poder en El candidato” sea por la gobernación de una provincia; en “La última frontera 1898” por descubrir al autor de la explosión del acorazado Maine y en “Lances de amor, vida y muerte del Caballero Narciso por arrancar a Cuba del poder colonial y esclavista de España y transferirlo al poder esclavista e imperialista de los estados confederados del Sur de Estados Unidos en 1848.  ¿Qué tiene de malo que en “Bye, camaradas”, Aló, marciano”, “Dominó de dictadores” y “Citizen Kane se fue a la guerra” -aunque escritas fuera de Cuba-, el poder vuelva a estar presente?. Da igual que el conflicto del poder en “Bye, camaradas”, sea entre un escritor contestatario y un policía de ideología comunista en medio de la caída del muro de Berlín; en “Aló, marciano, el intento de manipular en favor de un presidente el voto de marcianos recién desembarcados en Ecuador; en ”Dominó de dictadores”, una galería de dictadores europeos y caribeños unidos en el propósito de controlar el poder y en Citizen Kane se fue a la guerra”, una combinación de poderes en las élites de la política, el periodismo y el cine. En todas -escritas en Cuba en tono de comedia o en las escritas afuera- se desprende no la convicción de una idea sino la sospecha de un mal congénito: el poder es uno, donde quiera que se manifieste. Y no me apena que así sea porque como escritor, al escribir sobre el poder, estaría siguiendo la línea más fértil de la literatura clásica universal que va de “Macbeth” de Shakespeare a “La comedia humana” de Balzac. Y si hablo de la historia de la nación cubana, encontraría un derrotero similar en las palabras  del primer gobernador de la isla, Diego Velázquez, cuando aseguró en 1511 tras concluir la conquista del territorio: “triste tierra, como tierra tiranizada y de señorío”. Y en relevo de conquistador, vino medio siglo después el joven dictador revolucionario Fidel Castro, en 1961, cuando proclamó: “con la revolución todo, contra la revolución nada” que tuvo su primer eco visible de disidencia en la cultura cubana siete años después, en 1968, no en palabra dicha sino escrita en el poema “Fuera del juego”, del poeta Heberto Padilla, al afirmar: “¡Al poeta despídanlo! Ese no tiene aquí nada que hacer”. Saca la cuenta, los cubanos llevamos quinientos diez años de conflicto con el poder -o los poderes- y esa es razón más que suficiente para que no solo en mi literatura, sino en la de otros autores cubanos del pasado o del presente, el poder haya ocupado el sitio de honor.

 

Las dos novelas que has publicado en Ilíada Ediciones (Berlín, 2019-2021) tienen mucho de experimental. ¿Por qué ese apego al experimento literario, estilístico e incluso, estructural? ¿No es la experimentación cosa de principiantes, como piensan algunos?

Perdón por salirme del formato de preguntas y respuestas, pero voy a responder a esta pregunta en un tono epistolar. Querido Amir, si alguien piensa en términos de que la experimentación es cosa de principiantes, se hace eco, consciente o no, de las palabras de los que llevaron a la cárcel -dúo Stalin & Zhdanov-, al destierro o al paredón de fusilamiento, a las ideas estéticas, la creación artística y a escritores, pintores, escultores y directores de cine en la Unión Soviética y Europa del Este. Todos bajo acusaciones de formalismo. Te pregunto: ¿crees que James Joyce, el autor de la novela más experimental del mundo contemporáneo, escrita a edad provecta y no juvenil, pudo haber escrito “Ulyses” y “Finnegan’s wake” de haber nacido en Stalingrado y no en Dublín? Y en América Latina: ¿crees que Rayuela de Cortázar, Cien años de soledad de García Márquez o La ciudad y los perros de Vargas Llosa, serían publicadas por las editoriales soviéticas Mir, Lenizdat o Mezhdunaródnaya Kniga?. Precisamente, esa noche de fines de diciembre de 1978 en que acudí a la Unión de Escritores de Cuba (UNEAC) a recibir el Premio Nacional de Novela por El candidato, circulaba por las mesas sin que Nicolás Guillén lo escuchara un comentario entre viejos escritores que habían padecido los embates de la censura. ¿Qué debían hacer García Márquez, Vargas Llosa y Cortázar para que sus obras fueran publicadas en la Unión Soviética? Respuesta: García Márquez en Cien años de soledad, cortar alas a Remedios la bella y que no levitara hacia el cielo como ángel; Vargas Llosa en La ciudad y los perros, suprimir la relación entre el Boa y la perra Malpapeada y Oliveira, el personaje de Cortázar en Rayuela, cambiar el jazz y la marihuana que comparte con la Maga por un zapateado de beriozka rusa y té negro de Sochi. No, estimado Amir, el arte y la literatura -el buen arte y la literatura-, antes, ahora y después, necesitan de la experimentación. Cambiar estilo, renovarse, experimentar, ese debe ser su objetivo y lo demás, dejárselo al reguetón…

 

 

Vivir fuera de las raíces culturales en las que uno nace significa la obligatoriedad de superar retos. El mayor, piensan muchos, es superar el acoso de “la cubanidad política” o, como le llaman otros, “la cruz ideológica del cubano”. ¿Cómo se llevan Alfredo Antonio Fernández y Cuba en ese sentido?

Te respondo con una frase que escuché el tiempo en que trabajé en México de profesor universitario y pronto hice propia: ¡Me vale madre! Yo no soy Jesucristo para cargar cruces, más bien ateo por la gracia de Dios, como repetía Buñuel.

 

Estados Unidos es tu país de adopción. Si tuvieras que recomendarle a alguien probar suerte de vida en Estados Unidos, ¿qué le dirías?

Es una pregunta que tendrá miles de respuestas, o quedará sin respuesta y cada cual la responderá por sus intereses personales. Si quieres una recomendación, como en Estados Unidos la división social y racial cuentan: sugeriría que antes de venir pruebe a hacerse millonario para que pueda pagar puntual las muchas deudas que va a contraer y con el dinero sobrante se compre tres disfraces -uno de piel roja, uno de piel blanca y uno de piel negra- y los haga intercambiables como vestimenta durante el día y lo largo del año y así pueda acceder a los clubes representativos de los diferentes medios sociales.

 

Es bien conocido que no dejas nunca de escribir ficción. ¿En qué proyectos estás ahora mismo y de cara al futuro?

No dejo de escribir ficción, pero, inevitable, pero, es conocido porque lo he dicho antes que soy supersticioso y no me gusta revelar lo que escribo sin terminar. Hace poco en una entrevista respondí que acababa de escribir una trilogía que actualmente publica Ilíada Ediciones en Alemania –“Citizen Kane se fue a la guerra”, “Dominó de dictadores” y “El condotiero, la domadora y el escritor”- y andaba en la escritura de dos nuevas novelas y lo que antes fue trilogía devenía biología y no dije más.  Ahora, como ya tengo escritas casi doscientas páginas de una de las dos novelas (¡biológicas!), me atrevo a revelar el título. Se llamará si la finalizo y no me arrepiento antes y le cambio el título: “Míster Verde y la Señorita Greene”, y mantengo reserva sobre el contenido hasta que finalice y solo adelanto que espacialmente tendrá cuatro locaciones distantes entre sí: África, Europa, El Caribe y América Central, o quién sabe si también cambian y en lugar de continentes devienen planetas y se vuelven Neptuno, Venus, Saturno y Plutón. En fin, cuando comienzo a escribir una novela, solo sé que nada sé cómo diría quien lo dijo. De cara al futuro, quién sabe, mi fuerte no son las profecías. Pero, inevitable, pero, me interesaría terminar con la serie de artículos sobre cine hispanoamericano que publico en el magazine cultural Otro Lunes y publicarlo en la editorial El barco ebrio como “A través del espejo: el cine hispanoamericano contemporáneo. Volumen II”, pues se trata de la continuidad de otro ensayo de igual título publicado en 2013. Luego, Dios sabe…