Recientemente Eduard Encina (Baire, 1973) obtuvo la Beca «Prometeo» de La Gaceta de Cuba con parte de su libro Lecturas de Patmos. Antes había publicado: De ángel y perverso, El perdón del agua, Golpes bajos y El silencio de los peces y obtenido, entre otros, el Premio «Calendario» en poesía y poesía para niños, y el Premio de cuento «César Galeano». Conversar con Eduard siempre conlleva a la polémica, a la valoración de algún hecho, fenómeno o libro.
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Lectura de Patmos se aleja de tus discursos poéticos anteriores…
Es un libro que se ha escrito con lentitud, en el asma de las palabras. El título es un referente teológico, porque de eso se trata: la vida en el espíritu. Lo importante no es lo que acontece fuera, sino lo que está dentro del hombre, el peso de las cosas buscando un lugar que las signifique. Tal vez por eso lo escribí en pequeñas prosas, a veces con el tono existencial de quien descubrió los límites al mismo tiempo que perdió la noción de futuridad. No es un libro que intente cambiar nada. Yo escribo para salvarme, no para salvar a nadie. Ahí está lo que he sufrido, lo que he vivido en estos años hermosos y terribles.
¿Cuál es tu visión sobre la poesía actual en Santiago?
En Santiago pasan cosas. Es la causalidad, la poesía permanece. Hace poco leí un artículo de Manzano referente a la literatura y la vida literaria. Hay quien se dedica a tocar los címbalos de la bohemia y se olvida de escribir, o lo que es peor: de leer. Entonces el tiempo les pasa el serpentín y ya sabes, no dialogan con su época, hacen tanto ruido que no la pueden oír. Después de nada le sirven las poses ni las farándulas ¿y su obra dónde está? Es terrible. Sin embargo, pasan cosas.
Ahora mismo en Cuba coexisten sospechosamente varias generaciones y poéticas. Santiago no está exento de ello. No sé si eso será bueno. No hay espíritu de rebeldía, demasiado silencio. Nadie se ocupa de la poesía, en la revista Sic apenas una reseña, una nota de presentación. Nadie ataca. Nadie defiende. NADIE no existe. Eso no quiere decir que la poesía tenga estertores, hay unos cuantos jóvenes con propuestas inquietantes, que hacen de estos días un respiradero.
Vivimos un momento de expectativa, porque he notado el interés por mantener espacios como Prosa Nostra o la Casa del Alibi que le han robado el show a la Casa Heredia, dolorosamente dormida, como un objeto museable, como una postalita de la ciudad donde cierta vez nació un poeta. Tengo confianza en lo que viene, porque esta promoción (si puede llamársele así) participa de la vida literaria y escriben y leen y se restriegan en la cara sus poéticas y se ganan concursos, aunque estos no legitimen la obra de ningún autor, pero cuando el río suena… pasan cosas, pasarán.
