Categoría: De Narrativa

Sobre Los ingratos


Los ingratos
Pedro Simón (Madrid, 1971)
Barcelona, Espasa, 2021

 

Pedro Simón es periodista y escritor. Se alzó, como periodista, con el Ortega y Gasset de 2015 y el Premio al Mejor Periodista del Año de la APM en 2016. Cuenta con dos antologías de reportajes (Siniestro total y Crónicas bárbaras) y una novela, Peligro de derrumbe, además de la que es objeto de esta reseña. Leer más…

Una novela que refleja la integridad de su autor


Procesado en el paraíso
Ismael Sambra
Ilíada Ediciones, 2021

 

Recientemente ha salido publicada por Ilíada ediciones, en Alemania, el libro Procesado en el Paraíso del escritor y poeta cubano Ismael Sambra. Se trata de un voluminoso ejemplar, que ocupó durante 20 años el quehacer literario de este autor. Él ha preferido identificarlo como novela, aunque es un texto donde confluye una impresionante diversidad de géneros, sin que esto signifique pérdida de intensidad ni afecte el interés del lector, sino todo lo contrario. Se trata de una obra que, a ratos, es autobiografía, testimonio, documento, periodismo, texto didáctico, crónica, ensayo histórico y, por supuesto, narrativa novelesca o narración. En cualquiera de estos tópicos se puede percibir el aliento poético de un lenguaje diáfano y ameno, donde además la poesía como género aparece incorporada al texto. Leer más…

Literatura y psicoanálisis para curar de una enfermedad llamada Perú


El mendigo y su sombra
José Zapata

 

En El mendigo y su sombra, la segunda novela de José Zapata (Trujillo, Perú, 1958) estamos ante un universo topográfico fácilmente reconocible para el lector limeño, aunque en su entramado nunca se mencione la ciudad. Lima no tiene nombre y el personaje central tampoco. Reconocemos la ciudad por los escenarios. Reconocemos al personaje sin nombre porque él también posee los mismos reflejos de quienes residen allí y de quienes sobreviven obsesionados por las grandes preocupaciones de sus contemporáneos: ¿Qué ha fallado en esta sociedad? ¿Por qué nos enzarzamos en confrontaciones sin fin a medida que más nos hundimos en las arenas movedizas? Leer más…

Berlin, du bist so wunderbar, Berlin


Las calles de Berlín
Amira Armenta
Ilíada Ediciones, 2021

 

Sin duda Berlín es una maravillosa metrópoli llena de contrastes, de históricos palacios y espectaculares monumentos, de irreverentes grafitis, grandiosos museos, de calles y plazas donde se esconde tradición y modernidad, una vida activa sin lugar para el sueño, pero que de alguna forma la pandemia del coronavirus ha truncado. Muchos artistas y escritores han encontrado allí su residencia al ritmo de esa canción cervecera y pegagosa, Berlin, du bist so wunderbar, Berlin, Berlin, Berlin… de Kaiserbase, seudónimo del músico berlinés Robert Phillip. Y como no podía ser de otra manera, Amira Armenta, escritora colombiana, le declara su amor a la capital germana con su más reciente novela, Las calles de Berlín. Leer más…

El orgullo de ser quienes somos


Sadurija. Anales secretos de la casa Membrado
Ramón Mur Gimeno (Pamplona, España, 1944)
Alcañiz (Teruel), Centro de Estudios Bajoaragoneses, 1990

 

Ramón Mur es licenciado en Periodismo. Fue parte de la plantilla del diario Deia (periódico vasco) entre 1979 y 1986 y de El Correo (anteriormente conocido como El Correo Español-El Pueblo Vasco) hasta 2001. En el periodo comprendido entre 1994 y 1995, fue también director del periódico alcañizano La Comarca. Ya jubilado, mantiene vivo su espíritu periodístico con sus interesantes artículos en revistas y periódicos, como Diario de Teruel, y ha fijado su residencia entre Belmonte de San José (Teruel) y Zaragoza.

De padres aragoneses, siempre ha permanecido unido al Bajo Aragón. Ha colaborado en diversas obras colectivas, como los volúmenes sobre el Bajo Aragón publicados por el Gobierno autonómico en la colección Territorio; del mismo modo, ha publicado trabajos sobre diferentes personalidades de la comarca, como el abogado Juan Pío Membrado y Ejerique (Belmonte de San José, 1851-1923), antepasado del propio Mur, en su obra Sadurija, que es la que nos ocupa. Otros títulos son Genuino de la tierra (perfil novelado de Juan Pío Membrado), Huellas de herradura, El sueño de Kil, Amor al arte. 50 años en la vida de Alcañiz y Luchadores.

Mur se ha dedicado durante muchos años a estudiar los documentos de Juan Pío Membrado Ejerique, un periodista y escritor bajoaragonés de la época del regeneracionismo (del siglo xix al xx), cuyo adalid más conocido fue el también aragonés Joaquín Costa.

La novela refleja numerosos personajes y acontecimientos de la historia de la comarca aragonesa de la Tierra Baja que se desarrollaron en los doscientos años que precedieron al año 1923. Se centra en la historia de la familia Membrado a lo largo de varias generaciones, la cual sirve de apoyo para mostrarnos un crisol de costumbres, tipos, paisajes y paisanajes, así como de momentos críticos de la historia de nuestro país.

Para compilar la historia familiar, Mur lleva a cabo esta recopilación novelada partiendo de datos obtenidos del archivo familiar. Resulta francamente sugestivo que el propio autor nos dé a conocer que ha buceado en los documentos familiares, lo cual dota a la novela de un aire más introspectivo, al tratarse de sus orígenes. Toda novela histórica de calidad precisa una investigación previa, pero, aunque se trate de una búsqueda dentro de los antecedentes familiares, se percibe el rigor investigador.

A este respecto, considero pertinente aportar unas pequeñas pinceladas sobre qué es un archivo familiar. Los archivos nobiliarios se asocian estrictamente al Antiguo Régimen, motivo por el cual no podemos circunscribir, aunque la familia Membrado formara parte de la nobleza del lugar, los legajos en los que se apoya Mur a esta tipología archivística. Los archivos familiares de las personalidades ennoblecidas en los siglos xix y xx, como militares, políticos, o personalidades de otros ámbitos, ¿son archivos personales o son archivos nobiliarios?

En este caso, siguiendo las premisas de Olga Gallego en el Manual de archivos de familia1, son archivos familiares «los generados por las actividades de una persona a lo largo de su vida o por las de los distintos componentes de una familia a través de generaciones». Los compondrían, pues, los documentos de «familias nobles como los de sabios, escritores, artistas, hombres de Estado, políticos, militares, miembros de las Iglesias, periodistas, obreros, profesionales, que han producido y conservado documentación de sus actividades».

Para terminar de situar este concepto dentro de la propia historia, no podemos separarlo de la figura jurídica denominada vínculo en el reino de Aragón, que permaneció hasta bien entrado el siglo xix como garantía de la preservación de un patrimonio común e indiviso, al no permitir al cabeza de familia que disponga libremente de sus bienes. El vínculo era un patrimonio constituido por un conjunto de bienes, que su propietario, denominado fundador, reservaba perpetuamente y con carácter inalienable a favor de determinadas personas presentes o futuras, las cuales irán entrando sucesivamente en posesión de sus bienes sin poderlos someter a partición o herencia, y a los que se sucede de acuerdo con un orden establecido en la escritura de fundación, generalmente, por primogenitura. De todo ello se logra una magistral exposición y explicación en esta obra. Como muestra de estos documentos, se incluye la «Oración panegírica en honra y gloria del señor San Ibo» como apéndice final.

Es inevitable, durante su lectura, pararse a reflexionar acerca del tratamiento del lenguaje, puesto que se deja constancia de arcaísmos, presentes en la documentación, así como regionalismos (masovera, pas, sinyor, lledoner, botiguers, jocalía o collida pueden servir de ejemplo) y ciertos «fallos» gramaticales propios de la época. No es sencillo aclimatar el desarrollo del argumento a los requerimientos del idioma en épocas y lugares lejanos, o, más bien, sería más fácil no complicarse con esto último y ceder el protagonismo únicamente a la historia en sí, pero Mur aceptó el reto de atender ambos aspectos y lo superó con nota.

La narración logra una buena presentación física y psicológica de los personajes, asunto que siempre suele ser arduo para un escritor. Se presenta una saga familiar que siempre trae de nuevo a la mente el recuerdo de Cien años de soledad como caso paradigmático, aunque tantos títulos más se hayan apoyado en esa misma estructura. Sirva de ejemplo este breve extracto: «Era el joven Matías de rasgos finos y tez pálida, débil y delicado como su madre, pero despierto para los estudios. El tío vicario hubiera preferido encaminarlo hacia la carrera eclesiástica, por la que además el muchacho sentía una cierta inclinación».

En cuanto a las descripciones de lugares, véase la presentación del pueblo: «El poblado está levantado sobre una colina rocosa situada en el centro de un semicírculo montañoso abierto hacia poniente, en una gran extensión por donde la vista alcanza a distinguir el Moncayo en los días de mayor claridad. Las casas se agrupan sobre el montículo, alrededor de una iglesia de grandes dimensiones, cuya torre parece enorme, pues tiene cuatro cuerpos y un capitel cónico. Los dos primeros son de piedra y, los más altos, de ladrillo. En el tercer cuerpo está el campanario, y, en el cuarto, la torre presenta cuatro ojos de buey. Va rematada por un capitel con una cruz del mismo calibre que la que corona la media naranja del templo […] Esta es una porción del Bajo Aragón donde la tierra deja de ser baja, el sol brilla todos los días del año, las lluvias son escasas y crece abundante la sadurija».

La sadurija crece entre las coscojas (Quercus coccifera) y era muy apreciada entre los curanderos, que «cortaban la planta en flor» y dividían los hierbajos en pequeños trozos y los introducían en frascos con aceite de oliva puro. La leyenda aseguraba lo siguiente: «Sadurija, doscientos años en aceite, la vida concede por los siglos de los siglos». Parte de la magia y hechos inexplicables que acontecen en el libro surgen de la sadurija, pues de uno de los personajes principales se dice que continúa vivo y que «aparece todos los años cada vez en un punto diferente, durante la época de la recolección de las olivas». Al final de la narración, se descubre qué ocurrió con este personaje, cuya última palabra pronunciada será, precisamente, sadurija.

Las relaciones entre los miembros de la familia y también con las personas que se ocupaban de las tareas domésticas, así como los trabajadores del campo, son parte fundamental del libro. No solo se atiende a estas en tanto algo puramente humano, sino también como algo imbricado en las costumbres y modos de pensar, sentir y actuar. Quedan patentes filias y fobias, patrones mentales y formas de asumir la existencia propia y ajena.

La familia posee, a lo largo de su historia, distintos integrantes que ocupan todo tipo de puestos, y experimenta, como todo grupo, diferentes situaciones: aparecerán hijos ilegítimos (criados por el servicio como propios), embarazos extramatrimoniales, paternidades sacerdotales, estancias en la cárcel, bandoleros, soldados, matrimonios de conveniencia, militantes políticos, matrimonios bien y mal avenidos, etc.

Podremos observar dicotomías: señores y criados, poder político y eclesiástico, tradición y modernidad, campo y ciudad, etc. En cuanto a las diferencias entre señores y criados, son muy acusadas («Y no olvides, jovencita, que en este mundo cada uno ha de ocupar el puesto que Dios le ha dado»), aunque también se aprecia el sentido del humor en alguna escena que nos retrotrae a nuestras mejores obras de teatro clásico, en las cuales podíamos observar que la sirvienta sabía más de la vida que las señoras, y se dejaban deslizar algunas frases de doble sentido. Aquí, podemos recoger pasajes como este, referido a la noche de bodas, en el que la señora se acaba de casar: «Todo ha sido tan, tan bonito…», a lo que la criada responde: «Pues todas dicen que la primera vez es para olvidar».

Entre el poder político y el eclesiástico, se percibe con claridad en la relación que mantienen mosen Mariano y su hermano Ramón, este último, diputado por Teruel, y que es estimulado y dirigido por el primero para que luche en las Cortes, en Madrid, para defender sus intereses y prebendas.

Los vínculos con el terruño quedan siempre claros y manifestados: la familia defiende la tradición frente a la modernidad, pero, poco a poco, va viendo llegar los nuevos tiempos, no sin dolor («La realidad está cada día más alejada de la sociedad rural»).  Será el libro El porvenir de mi pueblo. Batalla a la centralización (Zaragoza, 1907), de don Juan Pío Membrado Ejerique, cofundador y primer presidente, en 1913, de la asociación «Fomento del Bajo Aragón», el que deje claro que «Aragón y el regionalismo aragonés no eran un problema político de Parlamento, de ciudad y de señoritos incapaces de andar sin fatiga, a no ser sobre asfalto; era un problema de todo Aragón; y, ¡oh, sorpresa!, en Aragón había pueblos y esos pueblos eran lo más permanente y, por eso, lo más importante que puede haber en la vida de un país». No obstante, no significa esto que el citado don Juan viviera aislado, ya que, por ejemplo, la declaración de independencia de los Estados Unidos era un texto que podía recitar de memoria.

El texto es un espejo por donde aparecen todo tipo de referencias a la vida en el campo y todas las marcas de tiempo que van segmentando la vida: se explican las tareas de cada estación, las formas de tratar el ganado y las cosechas, las festividades populares y cómo transcurrían, las circunstancias climatológicas, las vías de paso y un sinnúmero de pequeños detalles.

Igualmente, parte de la acción tiene lugar durante las guerras carlistas y la ocupación francesa, y se va informando al lector de cómo transcurre, de quiénes eran los que formaban parte de cada bando, de cómo se desarrollaba la guerra de guerrillas en un territorio abrupto y difícil para los desconocidos, de las maneras que tenían de comunicarse secretamente, etc.

Los capítulos que nos informan sobre la vida política son muy reseñables, ya que muestran sin tapujos algunas verdades un tanto incómodas, aunque muchos podamos llegar a sospecharlas, acerca de cómo funcionan las más altas instituciones, entre otras cosas, con las influencias ajenas al bien intrínseco y a la búsqueda del mejor porvenir de la nación. El autor incluye algún discurso en la Cámara Alta; sirva como representación este pequeño extracto: «Que es preciso no ver estos principios aisladamente, que no deben perderse de vista las necesidades, las esencias, las costumbres de la nación en que se vive. Que no solamente es el pan la vida de la nación, que cada uno tiene una moral que lo conduce a perder todo».

La unión de las casas nobles del momento con la Iglesia se explicita muy bien en el libro, con las dádivas a la iglesia local, con el sufragio de imágenes, etc., pero se hace patente en la introducción del concepto de casahermanos: «En cada población se reservaba un albergue para los frailes limosneros y las familias que los acogían se llamaban casahermanos. […] siempre estaban repartidas entre los apellidos notables o pudientes del lugar».

Sobre el clero, podemos destacar esta inclusión de los frailes mendicantes, de quienes se nos dice que muchos «eran venerados como santos en vida y su porte espiritual estimulaba al pueblo a regalarles con los mejores presentes, que ellos recolectaban para el sustento de su comunidad. […] vivían más en contacto con el mundo que el resto de sus hermanos de religión». También nos regala Mur un retrato de la vida monacal, desde la descripción minuciosa del propio monasterio a una detallada pormenorización de horarios y rituales para comer en el refectorio.

Cabe destacar, asimismo, cómo se recoge y se transmite la tradición oral familiar, con el cuento del Lopín, que se transcribe íntegro. De la misma manera, resulta enternecedor, en esta época nuestra de mensajería electrónica, recordar cómo eran antes las comunicaciones mediante el género epistolar, cuyo sentido último reside en crear un intercambio intermitente que permite estudiar una época en concreto y, por supuesto, conocer más sobre el autor de la misiva. Son muchas las cartas que se intercambian en el libro los personajes, y las hay de diferente cariz: de amor, de negocios, de amistad, fraternales, etc.

Trata también, cómo no hacerlo cuando el título ya remite a una cura, de la epidemia de cólera de 1820 y de cómo afectó a la comarca y, naturalmente, a los diversos miembros de la familia Membrado, puesto que supuso un punto de inflexión. De especial relevancia resultan los métodos curativos de una de las vecinas del lugar, que, por supuesto, era una outsider, aunque no es la única de los personajes que se sitúa al margen de las convenciones, lo cual incide en ese crisol que mencionábamos al principio.

Como no podía ser de otra manera, debemos nombrar a Goya, el aragonés universal, de quien ejercerá como guía Meregildo (un outsider, de nuevo). «El objeto de la visita de Goya era conocer las pinturas rupestres de estilo levantino que existen en una pared de roca […] El pintor de la cámara real tenía referencia de ellas desde su juventud […] Hasta bien entrada la tarde, para aprovechar las horas de luz, estuvo Goya tomando medidas de todas las figuritas y reproduciéndolas sobre unas láminas […] Gran parte de la noche estuvo el pintor trabajando a la luz de los velones, sumamente interesado en reproducir con fidelidad los dibujos y colores que había contemplado aquella tarde».

En definitiva, Sadurija no elude ningún componente de la vida familiar: las obligaciones, las expectativas, las decepciones, el amor, el deber, la descendencia, las preocupaciones, todo encuentra su lugar, además, dentro del contexto histórico y geográfico, lo que nos permite conocer más de cerca a quienes nos precedieron y nos posibilita sentir el orgullo de ser quienes somos en esta hermosa tierra.

La risa de los fantasmas


Gárgaras para ahorcados
Oswaldo Castro
Libre e independiente Editorial. Lima, 2021.

 

Gárgaras para ahorcados es un conjunto de 29 Incisiones y 50 Extirpaciones que van desde los relatos cortos hasta microficciones, ese formato tan de moda ahora en la era de las redes sociales, contados por Oswaldo Castro, un eximio fabulador, que se aparece con bisturí en mano para encantarnos con el humor desenfadado e hilarante de la muerte. Esta vez los fantasmas, esas terribles apariciones, se encargan de perturbar el aburrido descanso de los cuerpos y, como irreverentes mensajeros del Más Allá, juegan con nuestra perversa sacrosanta realidad.

Las singulares y fascinantes narraciones de Oswaldo Castro incluidos en Gárgaras para ahorcados, y sus otros libros, tienen como hilo conductor la existencia de los fantasmas como parte de nuestra cotidianeidad, por eso no es necesario recorrer cementerios para descubrir que ese mundo, llamado de espíritus malos y tenebrosos con lamentos, quejas y gemidos aterradores solo están en nuestra mente, en nuestro subconsciente, porque al parecer los muertos transitan, con cierto pudor y mucha risa, por el mundo de los vivos como si estuvieran en su propia casa, pero con las puertas clausuradas porque se les ha condenado a no exhibir en público su alegría, además, como se dice, los trapos sucios se lavan, máximo en el patio trasero de las viviendas.

Entre esa población de fantasmas que andan escondidos entre roperos, cajones, agazapados tras las puertas, mirando por las ventanas, está aquél que buscando venganza se posesiona furtivamente entre los cuerpos de una pareja en pleno acto gozoso y queda atrapado incapaz de realizar el asesinato que había planeado, la erección del amante y la taquicardia de la bella se lo impide, entonces “muerto” de vergüenza abandona el lecho apabullado por la fuerza del orgasmo de los amantes. También nos encontramos con muertos amparados por la oscuridad de las noches intentando reconstruir sus anatomías mutiladas. O aquellas almas que han perdido el rumbo y, desoladas, aparecen perdidas en lugares ignotos de este mundo ingrato.

El mismo demonio intenta hacer negocios con San Pedro para conseguir un poco más de espacio en el Cielo. El desorden en los cementerios, tumbas desprovistas de flores y ornamentos de los deudos por los suelos, ante el reclamo la administración solo explica que no es raro pues “luego del crepúsculo vespertino, el cementerio adquiere vida propia y nadie se responsabiliza por lo que suceda durante la noche”.

Las extirpaciones son más bien un conjunto de historias muy breves, son tan solo nudos en la garganta que han sido extraídos para que nuestros sueños no estén invadidos por pesadillas o en la mañana no aparecer colgado de un árbol.

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Bocaditos para velorio
Oswaldo Castro
Libre e independiente Editorial. Lima, 2021

 

En su libro Bocaditos para velorio Oswaldo Castro nos introduce en la psicología de los personajes, de los propios muertos, sí, ha leído bien, aunque parezca extraño decirlo; da cuenta certera de sus instintos, en su afán de desmitificar a la dama de blanco, a la Muerte. Estas historias están vinculadas a la ciencia ficción, pero sin despercudirse de su apasionado y mortal humor. Necro- y zoofilia no le son ajenos a ese mundo, según nuestra lógica, puesto de cabeza, porque en el reino de los muertos existen los actos del amor sin mirar a quien, donde tampoco hay tiempo para ponerse a pensar en la moralidad terrenal, en ese espacio eterno toda trasgresión tan solo es un juego de canicas, segundos de luz armando un rompecabezas o construyendo un artefacto con las piezas multicolores de Lego, de tal manera que la lectura de los relatos nos llama a dudar de la existencia de los fantasmas como criaturas atormentadas, esos seres dispuestos a “matar de miedo”, sino más bien se aparecen ejerciendo su derecho a la diversión, a la broma, a jugarnos una buena pasada ante tanta desesperanzas.

Oswaldo Castro maneja la trama del relato sarcástico, esa chispa de humor oscuro, con meridiana habilidad de tal manera que monstruos, bestias, horrendos mutilados se muestran como tiernas criaturas para el jolgorio de sus lectores. Los relatos se leen como si estuviéramos en un velorio libando, degustando canapés, gozando como se nos eriza la piel al enterarnos que los muertos nunca aprendieron a vivir como fantasmas. De pronto recordamos la muñeca que alguien botó a la basura por faltarle un ojo, los brazos o una de las piernas. Nos enteramos del coraje de Giovanni frente al secuestro de Gianlucca, un acontecimiento que alude al terremoto del 1970 en Ancash, el encuentro de Julio Verne y H.P. Lavocraft para planear sus historias de horror; de enfermedades raras y eventos sobrenaturales o paranormales, del preso que se hace humo, en fin, la muerte en sus más diversas formas.

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Miseria humana
Oswaldo Castro
Libre e independiente Editorial. Lima, 2021.

 

La tragedia humana se pinta en toda su dimensión desbastadora en el libro Miseria humana compuesto por once historias, mezcla de ensayo y crónica, donde la ficción y la realidad pierden sus límites con la irrupción del SARS COV-2 en nuestras vidas que puso de manifiesto la vulnerabilidad del sistema sanitario, financiero y moral de los pueblos y estados de todo el planeta. De nuevo Oswaldo Castro, médico de profesión, utiliza la palabra certera para desgarrarnos la piel y dejarnos heridas que tardarán mucho tiempo en cicatrizar. “La pandemia”, dice el autor en el prólogo, “del coronavirus rescató al reptil dormido de nuestro cerebro prehistórico”. Luego agrega: “La miseria humana afloró como la perfecta depredadora y encontró́ campo fértil en los predios invisibles de este virus mortal”.

En el primer capítulo Manual de Buenas Prácticas de Manufactura concluye que se obtuvo suficiente «Fertilizante Humano». Con Paradero final nos recuerda todas nuestras miserias, fueron primero las almas de Wuhan que empezaron a poblar el misterioso paraíso ubicado en algún recodo de la geografía celestial, luego se descolgó la maldición contra las viejas civilizaciones selváticas que desautorizó la sabiduría de sus curanderos. Las secuelas de la pandemia se observan en el futuro cercano con el nacimiento del primer mutante, cementerios que han cambiado su fisonomía y el florecimiento de fosas comunes; el surgimiento de gerentes del alma de clubs que ofrecen servicios a sobrevivientes de COVID-19, los avatares de un vendedor ambulante tratando de esquivar a la policía y un posible contagio con el virus; continúa, como antaño, el negocio ilegal de cadáveres para el aprendizaje de los estudiantes de medicina; el destino amoroso de personas que sufren enfermedades crónicas en tiempos de pandemia y, finalmente, la muerte sigue causando estragos, de tal manera que los cementerios han “cerrado hasta nuevo aviso”.

Estas son pues las historias de Oswaldo Castro que con sus “escribideces” repletas de una extraña imaginación de humor mortal que raya en la locura nos empujan al auxilio de los fantasmas buscando desentrañar el paso por el ojo de una aguja, y si se les hace “un nudo en la garganta, beban agua”.

Citizen Kane se fue a la guerra: cuando Orson Welles no fue Charles Foster Kane 


Citizen Kane se fue a la guerra
Alfredo Antonio Fernández
Ilíada Ediciones, 2021

 

En varios libros de memorias o ensayos sobre cine se nos recuerda los últimos años de la vida del gran director de cine Orson Welles. Treinta años después del éxito de crítica (no tanto de público) de su mítica Citizen Kane, deambulaba por las calles europeas buscando financiación para realizar nuevos proyectos que nunca empezaban, terminaban de forma abrupta o se estrenaban con muy poca suerte, y que finalmente daban con los huesos del director en New York o Los Ángeles, arruinado e implorando algún tipo de ayuda económica.

Es sugestivo que, de ambos momentos, el encumbramiento y caída del genio, tengamos imágenes como testimonios. La primera, descendiendo de un taxi frente a los estudios de la RKO en 1941, joven y con bríos; la segunda, muy avejentado y canoso en Arizona, cuando el peso de ser aquel emperador Welles-Kane, le ha doblado la cerviz.

Estas dos imágenes ejemplifican lo que nos propone el novelista Alfredo Antonio Fernández en su novela Citizen Kane se fue a la guerra, si bien su narración va más allá. Fernández nos propone un título subversivo. Lo provocador no es aquí identificar al ficticio Charles Foster Kane con el real William Randolph Hearst, que no tiene misterio ni secreto, sino con la agudeza de crear una elipsis ficcional con la idea de que Kane-Hearst se va a varias guerras que no existen, o que existen a medias, o que cuentan como si no existieran, o incluso hacer ficción de guerras que son verdaderas, pero parecen novelas.

Este trabalenguas se explica cuando leemos que en Citizen se fue a la guerra la guerra se “ficcionaliza” en tres parábolas. Asistimos al conflicto de Estados Unidos contra México en el surrealista relato de convertirlo en una alabanza a Pancho Villa y la no menos rocambolesca  búsqueda posterior de su cabeza desaparecida; somos testigos incómodos de la guerra Hispano-cubano-norteamericana (el término molesta a algunos historiadores porque le otorga una preminencia a los Estados de Unidos de Norteamérica que ellos no aprecian) por la irregular idea del propio Hearst de convertirla en algo más grande de lo que era; y a la no menos surrealista idea de reescribir la historia de la Revolución (guerra) de Rusia entremezclando a apóstoles con apóstatas, y a apóstoles que en el proceso devinieron apóstatas. Estos tres conflictos se narran con el punto de vista del novelista, con el desparpajo y la ironía propios de una ficción surrealista que no se aleja demasiado de aquellos conque llegó a sus contemporáneos a través de la prensa.

En las páginas de Citizen Kane se fue a la guerra, asistimos desde esos años finales de Welles, hasta las citadas guerras en Cuba y México; conflagraciones que nos llegan por trozos, de manera intempestiva y fragmentaria, pero iguales de seductoras. Porque aquí no importan tanto los enfrentamientos como la cáustica forma en que el público la recibe, y también nosotros, los lectores. Porque quizás existe un cuestionamiento útil sobre el papel de la prensa, los argumentos que se usan a veces para decidir si lo importante es informar la realidad o vender diarios.

La estructura de la novela que propone el autor, con capítulos que conversan entre sí como vasos comunicantes, es de exigente lectura. Los años que van desde finales del siglo XIX, en las citadas guerras, hasta mediados del siglo XX, con la caída del genio cinematográfico, pasando por los primeros años de la república cubana y las vicisitudes de un Pancho Villa que intenta presidir sin tener idea de gobierno, los vivimos en esa suerte de diálogo entre los capítulos que nos obliga a estar alertas.

Especial atención merecen los exquisitos cortes narrativos que intercala el autor en la historia sobre la labor cinematográfica de Welles, desde un punto de vista neutro o “ambiguo” por su resbaladiza identificación espacial ficcional; funcionan como una conciencia casi inquisitorial de poder sobre el pasado, presente y futuro de la vida creativa del cineasta. Estos recuadros parecen funcionar como caricaturas, trozos de irónico repaso de la labor profesional del genio que sube, anda y se derrumba con la misma fuerza conque leemos estos fragmentos.

Como creador, yo mismo, imagino al autor haciéndose unas preguntas que, a nosotros sus lectores, se nos van ocurriendo durante la lectura: ¿Cómo vivió Orson Welles su ascenso? ¿Y cómo su caída? ¿De qué forma vivieron los diferentes implicados de ambos bandos la guerra hispano-cubano-norteamericana? ¿Por qué la obsesión de dos actores humorísticos norteamericanos Stan Laurel (El flaco) y Oliver Hardy (El gordo) con el general mexicano Pancho Villa? ¿Cómo habrá vivido un testigo la adaptación radial de La guerra de los mundos?

Las preguntas están respondidas, o cuando menos reflexionadas, en esta novela de Alfredo Antonio Fernández con una magia que solo puede la ficción porque la voz que nos cuenta esta novela, no es la del novelista, sino las voces y los puntos de vista de sus alter egos el político comunista Ignazio Silone, el periodista Louis Fischer, Pancho Villa, los presidentes de la naciente república cubana, los escritores Frank Brady, André Gide, Arthur Koestler, Ambrose Bierce, Mark Twain, y hasta Oliver Hardy y Stan Laurel, entre otros personajes que nos llegan en esta increíble brujería que es la ficción de Citizen Kane se fue a la guerra.