Violencia en Cuba

Cae el mito del país más seguro en América Latina

La izquierda adoradora de dictadores, los tontos útiles que en el mundo siguen defendiendo ese engendro mal llamado Revolución Cubana, han perdido definitivamente uno de sus slogans: Cuba ya no es el paraíso de la seguridad en América Latina…

Cuba es hoy un país tan violento, que la inmensa mayoría de los cubanos cierran sus puertas a cal y canto apenas cae la noche y ni siquiera así se sienten a salvo, porque ya son numerosas las denuncias de cubanos asaltados y asesinados a machetazos dentro de sus propias casas, mientras duermen. En lo que va de año hemos sido estremecidos en numerosas ocasiones por desapariciones de mujeres jóvenes, por asesinatos de muchachos para robarles los teléfonos celulares, por crímenes contra personas de cualquier edad que terminan golpeados o muertos luego de ser asaltados para quitarles bicicletas o las llamadas motorinas… y, por si no bastara, en lo que va de año, la violencia machista se ha cobrado ya la vida de más de 50 mujeres en una alta cifra de feminicio que no parece importarle nada al gobierno de Díaz Canel.

La violencia creciente en la isla siempre ha sido manipulada, escondida y disfrazada con eufemismos por quienes detentan el poder en Cuba… llámense Castros en su poder real y totalitario o llámense Díaz Canel y su orquesta sinfónica de gordas marionetas del poder real que los ha puesto allí.  Recuerdo que ya a mediados de la década del 90, en 1993, cuando yo trabajaba en Publicitaria Coral, la agencia de publicidad de la corporación Cubanacán SA, el entonces presidente de esa corporación, Abraham Maciques, confesó en una reunión que eran preocupantes las agresiones de delincuentes a turistas en la Marina Hemingway, Varadero y Santiago de Cuba. Entre esos casos, la violencia había terminado en muerte en al menos 3 turistas… Y jamás en Cuba se habló de eso.

Años después, cuando investigaba para escribir mi conocido libro sobre la prostitución en Cuba, Habana Babilonia, tuve en mis manos el expediente policial del asesinato de 2 jóvenes españoles que se vincularon con los grupos marginales de tráfico de droga en La Habana. Convertí esa historia en una de mis novelas negras o policiales: Largas noches con Flavia… en esa novela doy detalles reales de ese caso, de dónde fueron encontrados los cadáveres y de cómo un miembro de aquel grupo de turistas españoles, una muchacha, logra salvarse y regresar a España. Tampoco de ese caso se habló en Cuba.

Y ya conté en uno de mis artículos hace años que en Santiago de Cuba existió una banda de delincuentes llamada “Los diez negritos”, cuyos miembros violaron a varias mujeres y asesinaron a dos jóvenes para robarlos… y la policía nunca logró dar con ellos… hasta que cometieron un grave error… dibujaron una esvástica, ya saben, el signo nazi, en la tumba de José Martí en el Cementerio de San Ifigenia, allá, en Santiago de Cuba. Una semana después ya estaban presos.

Durante mi vida en Cuba tuve la suerte de vivir en medio de la marginalidad: allá en Santiago de Cuba viví a unas cuadras del barrio Los Cangrejitos, donde conocí formas diversas de la violencia provocadas por el hacinamiento, la pobreza y la insalubridad en la que miles de santiagueros estaban condenados al residir en ese sitio tan depauperado. Cuando me fui a estudiar a La Habana, viví en una zona muy marginal de Párraga, en otra zona todavía más marginal y depauperada de Luyanó, y después me fui al corazón de la marginalidad capitalina: primero en un apartamento horrendo en la barriada de Jesús María, y luego en el barrio de Centro Habana donde, desde antes de la Revolución, se concentró el mercado sexual, de travesti y de drogas, características que, por cierto, siguió siendo aunque de forma más encubierta así en los años de Revolución: Los Sitios…

Eso explica que en mis novelas la violencia contra la mujer, la prostitución femenina y masculina, el mercado negro, la corrupción policial, el hacinamiento habitacional, la insalubridad, y otras muchas carencias y problemas sociales y humanos derivados de la marginalidad sean ingredientes naturales… La Revolución, como bien sabemos, intentó evitar que esa realidad se conociera… pero sus esfuerzos por esconder esa cara siempre oscura y terrible del que vendían como un proceso social con todos y para el bien de todos, no estaban dirigidos a combatir realmente esos fenómenos… A los líderes de la Revolución siempre les interesó únicamente mostrar una cara limpia, hermosa, paradisíaca de la Revolución…, no les interesó terminar con esas enormes diferencias sociales que estaban ahí, aunque nosotros mismos los cubanos, nos habíamos acostumbrado tanto a ellas, que todavía escucho a muchos cubanos decir que en Cuba, en esos tiempos, no había diferencias sociales. Lo siento, pero durante más de 30 años de mi vida en esos barrios, yo viví en un mundo de diferencias sociales, y a veces esas diferencias eran bastante drásticas entre quienes tenían y quienes tenían poco o no tenían nada. Hoy esa diferencia es terriblemente mayor, pero en aquellos años también existía.

Como existían también las bandas organizadas de narcotráfico locales, pequeños capos que ganaban poco a poco poder en convenios con altos mandos de la policía que, curiosamente, eran quienes alimentaban el mercado negro y de la droga, como conté en mi novela Entre el miedo y las sombras, también basada en un expediente policiaco real…, la tercera novela de mi serie negra “El descenso a los infiernos”… Y como muchos cubanos sabemos, existían conexiones muy organizadas de tráfico humano hacia la Florida.

Como se ve… la violencia social en Cuba es algo que me toca muy de cerca porque lo viví y porque convertí esas historias reales en temas y escenarios de mi periodismo y de mis novelas. Y que conste, las convertí en novelas porque siempre que, como periodista, iba con esos temas a los órganos de prensa donde trabajé allá en Cuba: la televisión cubana, la radio o la prensa… jamás logré que se publicaran mis reportajes sobre esas problemáticas… y aún recuerdo una reunión en la UPEC con ese buen amigo que fue Julio García Luis, que entonces presidía la Unión de Periodistas de Cuba, en la cual me dijo que le habían dicho “de arriba” que tenía que pararme en seco para que no siguiera metiendo las narices donde no debía… Fue, por poner un ejemplo, Julio García Luis uno de los primeros en leer el manuscrito inédito de mi libro Habana Babilonia o Prostitutas en Cuba, pues le llevé el libro para que se entendiera que mi intención era alertar sanamente sobre un fenómeno que en aquella Cuba de finales de la década del 90 se le estaba yendo de las manos a la sociedad y que podía convertirse en un flagelo irreversible. Las palabras de mi profesor Julio García Luis fueron inolvidables: “ahora sí te tostaste, muchacho, voy a hacer como que no he leído nada de esto que me has dado a leer… porque como te conozco bien y sé que tú seguirás insistiendo con publicar este libro, sé que en su momento me ordenarán cortarte las patas… y tú sabes que tendré que hacerlo”.

Hace unas semanas, preocupado por el hecho de ver en internet cientos de fotos de una Habana de calles tristemente vacías cuando cae la noche… algo que me conmocionó porque para mí la viveza y luminosidad populosa  de la noche ha sido siempre uno de los asombros más hermosos de La Habana, pregunté a ese vecino que, en la Cuba de los 90, gracias a que trabajaba en uno de los departamentos de la policía, me ayudó a conseguir los expedientes de casos policiales que utilice para escribir mis novelas negras. Sigue trabajando en eso, ahora más cerca de ciertos niveles de jefatura…  Y lo que acaba de decirme, aunque no me asombra porque ya lo suponíamos, tampoco deja de indignarme: la violencia no entra en la lista de prioridades de la Policía: la prioridad es combatir toda forma de manifestación pública contra la Revolución…; de hecho, se considera a la violencia un aliado del gobierno para mantener a la gente tranquila en sus casas, y circula incluso un chiste  que asegura que los delincuentes son los más aguerridos soldados de la Revolución porque asustan al pueblo para que no salga a las calles por miedo a ser asaltados. Y aunque mi amigo no está seguro de que sea una política oficial, sí asegura que en los últimos meses se les ha dado libertad a muchos delincuentes que viven, CASUALMENTE, en esas zonas donde se han dado casos de violencia que terminan en robos escandalosos o asesinato…, zonas que, CASUALMENTE, son las mismas donde la gente se manifestó con más fuerza en las calles en las manifestaciones de julio de 2021.

A ellos, esa mafia de obesos oportunistas que dirigen el país, no les importa que la gente esté descontenta y los haga responsables de generar la violencia con su incapacidad manifiesta en llevar al país por cauces económicos que rindan frutos reales en la vida del cubano de a pie. Se sienten intocables, ahora apoyados por Rusia , defendidos por partidos y gobiernos de izquierda que achacan todo el mal a Estados Unidos y al famoso «bloqueo», y saben que nadie cargará contra ellos a nivel internacional porque la comunidad internacional observa, con indolencia, todo el desastre económico, político y social que ese mal gobierno ha generado… Y lo cierto es que el único que se beneficia, y mucho, con la violencia que asola ahora mismo a Cuba y a los cubanos  es el gobierno de Díaz Canel…