
Estoy escribiendo una novela sobre la vejez. Escribo este breve artículo sobre ese tema que me tiene absorto o absorbido u obsesionado con la intención de aclararme algunos puntos sobre el tema. ¿Para qué estoy escribiendo esta novela? Tal vez para prepararme para lo que viene o para entender lo que me está sucediendo. Lo que sí es claro es el hecho de que al cumplir los 74 años de edad ya debo aceptar que estoy viejo. Comienzan a fallar algunas partes del cuerpo: las rodillas a las que les di tanta guerra corriendo por las calles en marátónicas competencias y entrenamientos; la memoria que me esconde algunas palabras cuando las necesito; fallan también mis aptitudes sexuales y sin embargo cada semana mi parte más secreta da señales de que necesita algún tipo de acción. Duermo mucho tiempo. Necesito siesta después de almorzar, pero ello es justificable por el hecho de que sigo levantándome temprano, yendo a la oficina de la Editorial donde trabajo y además continúo con mis entrenamientos de natación.
Llevo 14 años entrenando natación tras haberme lesionado una rodilla jugando baloncesto, actividad a la que me dediqué desde mis 10 años de edad. A la fecha he cosechado 200 medallas de natación y he competido en campeonatos nacionales e internacionales. En 2017 fui campeón de Aguas Abiertas de México en el mar de Cancún y este 2023 campeón de los 1500 metros en el Abierto de Natación Máster de México.
Ya de viejo sigo escribiendo y publicando. Están en proceso de dictaminación dos novelas nuevas. No puedo decir que soy un escritor de éxito ni de mesas de novedades ni de grandes ventas. Soy básicamente un escritor en activo, que no depende de los caprichos de las trasnacionales y que no se pasa la vida de feria en feria repitiendo las mismas banalidades para que mis libros se vendan.
Novela sobre la vejez: temas: recuperación de momentos estelares de la vida y también de los grandes abismos, los afectos pasados y los presentes, los grandes y pequeños amores, el matrimonio y sus avatares, el trayecto de la vida como aventura que se inicia en el nacimiento y culmina en la muerte. Me gustaría escribir una prefiguración de mi muerte. He fantaseado sobre el asunto: por ejemplo encontrar la muerte al topar de frente con un tiburón en mis habituales travesías de nado por los mares frente a Playa del Carmen, travesías que llegan a ser hasta de cinco kilómetros, los que habitualmente cubro acompañando a un cardumen de 20 o 30 nadadores bien entrenados (son una especie de adoradores del mar, que entran a nadar a las cinco de la mañana y a las 9 ya están en sus trabajos habituales).
Otra fantasía de muerte es tener un bel morir como el que pedía Álvaro Mutis: en mi cama, serenamente, posiblemente rezando para complacer a mi muy religiosa esposa, pero muy emocionado por estar muy cerca del Gran Misterio. Pienso que esperaré la muerte sin preocuparme de lo que encontraré cuando trascienda la puerta fundamental.
En su lecho de muerte uno de mis hermanos le preguntó a mi madre que estaba en las últimas etapas del cáncer: “Mamá, ¿nos quieres dejar algún mensaje antes de irte?” “Sí, hijo, que se limpien el trasero con papel higiénico mojado después de cagar”.
Yo no pienso que en mi novela sobre la vejez y la muerte vaya a llegar a alguna conclusión trascendente. Todo termina por ser pasajero. No creo que nos espere la nada. No creo en la posibilidad de todo se reduzca a crimen y castigo. Lo que me queda es esperar que se prolonguen las cosas buenas de esta vida y que las malas desaparezcan. Vil Utopía, pues. Y los cuarenta o cincuenta libros que he escrito que sigan su destino. El famoso granito de arena que pueda haber aportado al Universo quedará en eso: granito de arena que tal vez sirva para algo o que simplemente se pierda en la inmensidad de las playas.
Otro tema de mi novela sobre al vejez y la muerte serán los finales de algunos escritores como García Márquez y Sergio Pitol. El primero hundido en la demencia senil, incapaz de reconocer a su esposa, ignorante de su propia identidad, siendo usado por su esposa y allegados para inaugurar exposiciones y otros eventos de lustre cultural, siendo llevado y traído como un monito de feria y finalmente traicionado por sus hijos que no han respetado las disposiciones sobre su obra, al punto de vender los derechos de Cien años de soledad para una serie fílmica y de permitir que sus archivos secretos, sus inéditos sean saqueados y usados para publicar nuevos libros y vendidos a una universidad norteamericana.
No pienso morirme antes de terminar y publicar este libro. He estado escribiendo a buen ritmo, caprichosamente, sin disciplina. Escribo cuando tengo algo que escribir y cuando me urge a hacerlo. Ya acepté que no me voy a hacer rico con la literatura aunque he de confesar que si no hubiera dilapidado el dinero de mis premios tendría una fortuna apreciable. Tengo eso sí una buena casa, grande, con muchas habitaciones vacías porque los hijos ya se fueron. Y un sueldo respetable por la persistencia en un trabajo académico por más de 40 años.
De la novela ya llevo casi 60 páginas. Lo más difícil, supongo, será ponerle el punto final. ¿Y después qué? Esta es la pregunta que uno se hace cada día y para la cual no hay respuesta sino: después, lo que venga.