Examen de tiempo

Del poemario Examen de tiempo (Ilíada Ediciones, 2022)

María Cristina Garrido (Quivicán, Cuba, 1982) Desde muy joven se interesa en la poesía y percibe una especial sensibilidad para el arte. Recibe cursos especializados en talleres y peñas literarias. Se gradua de Bachillerato en el año 2000 y en el año 2003 sus versos salen publicados en la Antología de poetas de su localidad. Ganadora en el 2008 del Primer Premio Nacional del Concurso Tabacalero Carlos Baliño. En el presente permanece recluida en las cárceles del presidio político cubano por su compromiso con la libertad de Cuba y el fin de la dictadura castrista. Examen de tiempo es su primer libro.


La profesional

Yo no estudié el algoritmo específico de las cosas.
Yo estudié por equivocación la carrera de Supervivencia:
una metamorfosis darwiniana de las ciencias.
Aquí el Señor duerme a su gloria y a su amparo.
Nadie sabe en qué día de glorificación
desahogaremos la sed que nos habita.
El hambre es un instante al dolor de la queja,
el buitre carcomido se alimenta.
Mi carrera se aplica en todas las esferas de la vida:
sobreviví diez años con ameba,
salvé mis dientes del hambre negra de las caries,
calculé cuántos gramos de la harina alcanzarían
para hacer en el mes próximo una familia.
Mi tesis fue la transmutación
en el ayuno de las mil y una noches,
ser las ojeras de los apagones,
la sangre en los mosquitos del Aegypti,
la basura orgánica de la escasez,
el reciclaje de la cáscara y la escama,
un hueco en los zapatos de la espera.
Mi maestría versó en los cuentos de mentiras,
en la magia de entender el marxismo olvidado
por la maestra ausente:
se fue dando el ejemplo al país de nunca jamás
para cambiarle el rumbo a la historia.
Mi doctorado discurrió en lo que ahora soy:
la doctora de mi propia barriga
la matemática improvisada del ensayo
la historiadora de las calles de mi lugar;
una verdad que llora en la frente de Martí
la anemia acostumbrada del stress
la cólera apestosa de la soya
la misión suicida por dinero
el pan que resiste a los ciclones
y la letrada con falta de pornografía
Soy
En fin…
Mi
País. 


Rendición de cuentas

Un día de estos
en los que Dios baje
a regalarle a los hombres
el entendimiento disfrazado de cruz
y los pájaros de la tierra se queden quietos,
yo me acercaré despacio para que mi ruido no rompa algo,
entonces cogeré la rosa intocable que es mi verdad,
con algunas lágrimas despiertas y un libro dulce
le diré a Dios en un canto:
esta es mi vida.
Tómala.


Caminos I

Puedes decir que vivo alucinando
en cualquier galaxia que inventa el hombre
cuando no tiene más qué pensar.
El hombre busca placidez de pecados mudos
y encuentra la muerte glorificada en ellos.
Me salvo de este obtuso que rige el universo,
de oráculos que anuncian la venida trivial de los sexos,
anatemas que creen en la cruz de lo ajeno,
del pronóstico de la verdad que se apuesta
y que no llega…
El hombre se turba porque es iconoclasta de sí mismo,
ve aquí la mansa estrella que se deja abortar
entre las noches
y se descubre que fue un Dios,
mientras se deja influenciar por apócrifos.
Nada quede de sí mismo más
que la sombra de su resurrección.
Vengan y dialoguen felices,
que yo iré cortando las flores
de la hortensia.


Caminos II

En la vida todos buscan lo mismo.
Entre la carne abierta sondean
vericuetos extraordinarios.
El hombre se hunde en una tragedia
que surge de la sangre,
se pierde las demás cosas del mundo
por encontrar ese sentimiento
que nunca está completo.
Es una búsqueda sedienta que dura
toda la vida,
un probar de esencias
y un arrebato de conquista a lo más breve
para justificar la creación.
Es un esfuerzo justificado, sin duda,
aunque la recompensa no viene de todos modos.
Algunos la tienen de nacimiento,
otros, en el más allá,
otros, la llaman amnesia
de su nicho de muerte.
Lo cierto es que todos buscan lo mismo.
¿Será feliz el hombre,
por fin? 


Inevitable

No es que Dios contribuya al pecado
es que Él sabe lo inevitable.
Evoluciono,
pero se me queda
el no saber nada del próximo minuto.
¿Cómo saber si es mal el bien?
La felicidad es saberme capaz de todo;
y aprendí a escribir escuchando la vida
para no quedar sorda del corazón.