Invierno en la memoria

21 odas de invierno
David Pujante
Editorial Milenio. Barcelona, 2023


Unos versos de Dryden-Purcell: “El tiempo y la experiencia pronto son lo que cuenta. /La juventud en cambio está hecha para amar.», sirven a David Pujante para sintetizar mundos en fuga, pugnas, y asunción de lo reflexivo inmediato desde “la poesía de la edad”.  21 odas de invierno, odas (o elegías), trae en su buen decir lo que se pierde, melancolía, sentido de la carencia, confesionalidad. La ocasional “caliente belleza”, vieja fulguración de la memoria, del deseo y/o amor, el pasado ante el presente y “el silencio oscuro”, remite al “asiste lo vivido” quevediano.  La pulsión emocional rememora y (se) hace/escribe poesía, literatura (sin entrar en Juan Ramón al respecto), para conjugar ambos mundos: lecturas de lo sentido, de lo vivido y leído: “Yo he cumplido. Y ahora/vengan otros/ los nuevos, a descubrir su orbe, virgen, de la poesía, / que lo llenen con sus predilecciones/ y con todos sus gozos. / Ya me duermo”.

La trayectoria de David Pujante (1953) cumple años, cultivada, elegante, cálida y distante, sin paradoja, y sirve hoy como nunca a la sinceridad reflexiva desde otras maneras complejas del decir claro. Un libro explícito en el título: La propia vida (1986), le puso en el camino del lector, mientras crecía como poeta de un momento al que se incorporó tarde. El pionero Guillermo Carnero escribía Ostende, mientras Luis Antonio de Villena se apartaba, en su mejor libro, Marginados, hacia otros ámbitos. El clasicismo importante de formación de Pujante estaba al hilo de la vida y la literatura de Cavafis, el horizonte culturalista y vivencial al hilo de las referencias que el alejandrino propuso en la construcción de un imaginario, desde donde decirse. David Pujante ha sido fiel a ese saber decir. La historia es historiografía y no deja de hacerlo ahora desde lo confesional (Poetry as confession de M.L. Rosenthal, para quien quiera entender) en este ejercicio brillante, sobremanera, de saber estar consigo mismo y con todo lo leído. Incluso en un inusual y estupendo soneto: “En la temprana muerte de Luis Carrillo y Sotomayor, cuatralbo de las galeras de España y primer poeta cultista”. El poeta está ahí, en la memoria y en las laderas del deseo, en su “invierno”, que aún no lo es y con mucho que decir, como contraste con otras tantas otras confesiones torpes y aburridas.

Un canto a la vida

El fin es solo un accidente
José Manuel Lucía Megías
Verbum. Madrid, 2023


Poca duda me cabe, pese a tópicos basados en casos excepcionales, Charles Baudelaire, Arthur Rimbaud o Claudio Rodríguez, realmente precoces, que la poesía es arte de madurez. A veces de una joven madurez, la de García Lorca en el Romancero gitano, por ejemplo. En otras, esa plenitud escritora se retrasa, caso de Georg Gadamer, hasta una edad realmente muy avanzada. En cualquier caso, sea en filosofía, sea en poesía, existe un momento en que la confluencia de lo escrito y lo vivido cristaliza, reflexiona y piensa. Aquí también hay ese acendramiento y gravitación hacia lo amado, escribió Ortega y Gasset, al hilo de Sthendal. Lo amado y lo propio hechos una Balsa de la Medusa, donde reposar la mirada que ha transitado ya por muchos sitios, y puede mirar hacia atrás y repensar, pero vivir lo presente. Y por eso llega El fin no es un accidente, donde una estupenda madurez atenta a muchos frentes, resuelve y asume el ayer y el presente sin ira, con esperanza en el amor, en el amado, desde el vértigo. Un colofón a una trayectoria comenzada tardíamente, en el 2000 con Libro de horas, y premiada merecidamente con el XLI Premio Internacional de Poesía “Juan Alcaide”

Como las celebérrimas violetas del poema de Luis Cernuda, nada prometen que después traicionen, se ha asomado a nuestra vida desde la suya, desde la rememoración y la genealogía, con unos trágicos, pero serenos versos iniciales. No es baladí esa posición, pues ya sabemos desde la moderna semiótica de la titulogía con Greimas, que los prólogos, o los poemas prólogos en este caso, tienen gran importancia, pues marcan el sentido.                                             

Oigo
                                                  crecer
                                                             la muerte
                                      en la sangre
                                                             de mi familia.

Pero más con Spinoza y la reflexión sobre la vida, que con Heidegger, avanzan estos ajustados versículos (siempre sin amplificatios), pese al comienzo, tan bien dispuestos en una recatada carmina figurata, donde visualmente crece la muerte desde lo propio y el oikos. Sí, pero sobre todo esa averiguación sobre la propia vida, esa “confesión” de la que habló en 1959 M.L. Rosenthal en Poetry as confession. O soledades en la genealogía, circunstancias propias, inquietudes y miedos, despertares del amor y el deseo hacia el propio sexo o el mismo nacimiento de la poesía, desde esta escritura donde, pese a todo, “comenzaba de nuevo”.

La pólvora del tiempo

Otra noche en el mundo
Luis Escavy
Sonámbulos. Poesía. Madrid, 2023


Se reedita por tercera vez, Otra noche en el mundo, el primer poemario de Luis Escavy (1994). Antes de acceder a sus primeros versos, tuve ocasión de conocer su poesía tras la obtención del premio “Adonáis” 2002, por Victoria menor. Tras su lectura, subrayé que su libro era un ejercicio de introspección, un íntimo adiestramiento de la conciencia de cara a combatir difíciles momentos. Porque desde donde verdeaban los enigmas de la existencia, el misterioso bosque de las emociones, brotaban con vigor sus versos, en un empeño de ajustar cuentas con lo mejor y peor de lo cotidiano: “Solo hay muchas calles,/ edificios sin luz, parques llenos de algo/donde ya no encajamos/ y una lluvia que moja los escombros del mundo”.

Ese otro mundo, ese universo lleno de silencios, de soles, de héroes, de cicatrices, de propósitos, de lluvias, de soledades…, es el que despliega el poeta murciano al hilo de estas paginas, en las que cabe celebrar la vida y los afectos, el calor familiar, la plenitud del amor y de la edad, pero también ese otro lado de las pérdidas y las ausencias: “Mi infancia ya no existe, y el abuelo/ murió poco después de aquella foto,/ donde aún sonreímos, donde está/ la casa que teníamos más nueva (…) Donde aún ese niño que sonríe/ feliz por su captura, no sospecha/ que ha sido traicionado, que mañana/ es esta noche fría y que ahora es él/ quien recibe la pólvora del tiempo”.

Dividido en tres secciones, “El orden de las ruinas”, “Vigilar el fuego” y “Poemas inéditos”, el volumen se vertebra en torno a una sabia simetría rítmica y a una alegoría de la plenitud juvenil. Sin embargo, hay tras ese sólito ímpetu, un aire de melancolía, de finitud, el mismo  que se anuda  al bordón de la humanidad que respira el conjunto. Porque Luis Escavy sabe que el minucioso trazo de las palabras, la libertad que asoma por detrás del lenguaje, son, también, asidero y bálsamo vitales, De ahí, que su verso, sugerente, límpido, sirva como empírico aprendizaje frente a la cotidiana existencia: “Después de haberme dicho lo contrario,/ ahora digo que el mundo/ no es correspondido./ Cuando uno aprende a darse,/ no hay lugar en la tierra/ que ignore lo que amamos”.

Sigue jugando con mi corazón

Lo que uno quiere lo que otro quiere
Javier Vázquez Losada
UJA Editorial. Universidad de Jaén, 2023


Ironía  e ingenio son recursos ligados al ser humano y a la literatura desde los  clásicos grecolatinos. Valen como motivo extra de la trama, sea cual sea su condición y género, y como motrices implícitos o explícitos de la obra de arte. ¿Quiénes se nos vienen a la mente en estos casos? Al vuelo, Ulises, Estrepsíades, Furio, Hamlet, Alonso Quijano, don Pablos o Max Estrella.

Ironía e ingenio son recursos que agradece el lector porque le ayudan a la evasión inmediata, a recrearse en otro mundo donde cabe lo sutil, y adonde se entra sin ningún esfuerzo porque es el autor quien lleva de la mano al otro extremo de la rutina cotidiana que a mansalva nos ocupa.

Javier Vázquez Losada (Ourense, 1967) aplica esta receta a su ámbito de escritor más o menos escéptico e incrédulo. En Lo que uno quiere lo que otro quiere  (premio “Miguel Hernández” 2022 convocado por la Universidad de Jaén) asistimos al desarrollo de una poesía sutil, escueta y limpia. El título nos remite a la convivencia de dos personas (pudieran tratarse de hombre y mujer), a su manera de enfrentarse a la vida y confrontar los pensamientos de ambos. El mismo poeta señala que la portada del libro es sugeridora de la dificultad de esta interacción, supuestamente natural e instintiva, al estar separadas ambas siluetas por una franja, sinónimo de tirana, quede la paradoja expuesta.

En su manera de expresarse, el poeta usa matices apuntaladores de su libertad de expresión, distante del ritmo, de las figuras retóricas y de los metros convencionales. Su decir espontáneo de hombre trajinador de la realidad viva y directa, lo asume con un vocabulario que se instala en las coordenadas de lo jovial y burlón. En «La poesía es lo que es (aunque nos pese)» afirma: “Un poema tendría que ser como un videoclip/ hacer un poco el gilipollas/ montar en bici mirando a la cámara…/ meter a alguna tía buena/ con cualquier excusa/ hacer el chorra.» 

Los títulos de los poemas son sugeridores: «He trabajado mucho», «Así nos luce el pelo», «Sigue jugando con mi corazón», «Mis dos orejas escuchan» o «Anoche en algún garito». Así nos habla de «El sexo como condena» en su principio y en su final: «En la cama/ ella era mejor que ninguna otra/ de eso no tenía ninguna duda/ ni tampoco creo que la tuviesen mis vecinos/ ni nadie que pudiera oírme/ lástima…/ lástima digo/ haberme levantado de la cama.»

Vencedores del tiempo

Cuaderno de Italia
Santos Domínguez
La Isla de Siltolá. Sevilla, 2023


La inteligencia  tiembla con lo hermoso; contemplando lo hermoso, el ser humano se  siente necesario y confortable. Precisamente esto es lo que hace Santos Domínguez (Cáceres, 1955) en su Cuaderno de Italia: contempla lo digno de ser cantado y lo canta de modo alto y nítido. En este sentido, nuestro poeta goza de una técnica primorosa, de orfebrería, entiende su quehacer como el del artesano bíblico trabajador del oro y la plata.

Soy lector de Santos Domínguez desde que publicase Tres retratos del frío (2005), premio “Jaime Gil de Biedma”, uno de sus muchos y prestigiosos galardones recibidos. Por eso, puedo afirmar que hay una emoción muy justa, muy precisa, en el vocabulario general de su obra El imaginario y los motivos presentes en este Cuaderno le facilitan su labor: el vate va de  un lado a otro del país tan historiado y tan profuso en artes y geografías distintas, y nos ofrece su homenaje. Señala Marcela Filippi en su prefacio que «este libro inspirará en el lector visiones de belleza». En efecto, Domínguez se recrea en una suerte de alegría contenida y sutil a la hora de tratar la magnificencia y la delicadeza de las cosas, incluso se retrata en ellas. ¡Cuánta paradoja encierra el denominar cosa a uno de los motivos que básicamente ha dignificado y signado al ser humano! El arte por el arte, la verdad indiscutible que encierra.  Dejemos de lado la moral y la religión que muchas  veces subvierten y concentrémonos en las maravillas naturales y en las que el hombre ha creado con su genio y su esfuerzo. Arriba  el instante de centrarse en lo grande y en lo mínimo a partir del corazón y sus sensaciones. Así, el poeta nos dice de su modo de ver y presentir el «Panteón de Agripa» o el «Templo de Isis»; también nos cuenta del tuffatore que se zambulle en las aguas de la Costa Amalfitana y del tramonto en Ponte Vecchio, donde se entromete entre las sombras de otras sombras cuando el contraluz, con las nubes de hielo, recorta sobre el perfil del puente; e igualmente vislumbra a los batalladores milenarios en «Ponte Rotto»: «Cruzaron por allí los que volvían/ vencedores del tiempo y de la guerra»; en fin, nos recuerda que siempre  amanece el mar desde un sueño de peces.

Cuaderno de Italia es un libro lúcido y cautivante, que nos hace proclives al goce de la poesía. 

Poemas para los parias de la tierra

Los nadies
William Alexander González Guevara
Ediciones Hiperión. Madrid, 2023


El primer poemario del joven poeta nicaragüense William Alexander González Guevara, afincado en España, que obtuvo el Premio de Poesía Joven Antonio Carvajal, está dedicado a los “nadies”, a los desposeídos, también llamados los parias de la tierra, por sus versos desfilan empleadas de hogar, pandilleros, repartidores de comida o manteros (vendedores ambulantes), o sea, a los migrantes que cobran vida y voz en las 80 páginas divididas en un prefacio donde declara su estado de extranjero, seguido de Reencuentro, El iris extranjero, Los nadies, Cronoterapia y un epílogo lleno de nostalgia por la patria lejana.

En el suplemento literario Babelia de El País se ha escrito: “Lejos de rebelarse contra esa condición subalterna, el autor la esgrime como desafiante seña de identidad en un libro que puede leerse al tiempo como la crónica de un inmigrante en la periferia de Madrid y como un coming-of-age que recoge el tránsito de la adolescencia a la primera madurez”. De esta manera el país del autor desaparece en los recuerdos o incluido en el paradigma de ese gran poeta Rubén Darío. Los versos de William González Guevara son cantos de la lucha de los nadies que luchan por salir adelante, que no viven, al contrario, malviven y subsisten.

En la primera parte es el niño nostálgico que le rinde homenaje a los profesores del colegio y la reivindicación por la educación pública y gratuita. Entro al colegio por primera vez, / seré el nuevo extranjero de la clase. / No tengo amigos. No conozco a nadie. / Un profesor me dice: / Anda, nicaragüense como Rubén Darío. y la reivindicación de la educación gratuita. En El iris extranjero y Los nadies asoman extranjeros y diversas naciones que ejercen oficios poco reconocidos y mal pagados, así en los versos, golpe a golpe, desfilan empleadas de hogar, pandilleros, repartidores de comida a domicilio o vendedores del top manta conforman ese ejército que “Emigrando se nos pasa la vida”.

Finalmente, en Cronoterapia y en Epílogo trae a colación otras ausencias, como la despedida amorosa, la orfandad, el silencio de Dios y se aferra a la palabra como remedio para no “morir de lejanía”. El jurado del Premio de Poesía Joven “Antonio Carvajal” ha resaltado su «poesía de raigambre lírica, musicalmente heredera de la de su compatriota Rubén Darío, arraigada en la realidad social contemporánea, que el autor conoce muy de cerca: emigración, pobreza, desarraigo, marginación, trabas burocráticas, trabajo duro, el mundo real, con sus urgencias y necesidades acuciantes y universales, que no parece preocupar ni interesar a otros poetas de su edad». Y ha calificado la obra ganadora como un libro que nombra «a quienes otros llaman Menas, y lo hace con tanta verdad como belleza». Este sería pues el principal acierto de Los nadies que convierte a su autor como el segundo latinoamericano en ganar el Premio Antonio Carvajal desde 1997 cuando lo ganó el argentino Andrés Neuman.

PLAZA ELÍPTICA

A los inmigrantes ilegales de la plaza

Escondidos en una esquina buscan
migas de pan reseco. Los escucho
igual que el canto undísono del pájaro.
Sostienen que desean trabajar,
seguramente los contraten horas
para la construcción de pisos, dúplex,
chalés en las afueras de Madrid.
A veces, les regalo una taza de café
giran y giran la cuchara como
si en ese ínfimo remolino de la taza
morase su futuro impenetrable.
Al mutismo se enfrenta el inmigrante,
al transcurrir senderos de penuria,
al dolor que generan los kilómetros.
El inmigrante evita morir de lejanía.

Aguardando que me lleves

Al hilván que traza la luna
María Jesús Fuentes
Hiperión. Madrid, 2023

Casi una decena de poemarios componen la obra lírica de María Jesús Fuentes. Desde sus inicios, su verso se ha mantenido al filo de una mirada permanentemente escrutadora, en donde sobresale un imbricado inventario de  anhelos presentes, de conquistas pasadas, de inquietantes símbolos…, que redirigen su voz hacia el mañana.

Ahora, con este hilván que traza la luna y sus palabras, establece una original propuesta de la cual extrae una común indagación de contrarios. De ellas y ello, beben y se alimentan estas páginas, y “es fácil percibir en cada uno de estos textos, en cada historia, todo un apasionado sentir”, tal y como anota en su prefacio Miguel Losada.

Romeo y Julieta, Penélope y Ulises, Oscar Wilde y Alfred, Elizabetha y Drácula, Otelo y Desdémona…, protagonizan, frente a frente, un lírico diálogo en el que ambos despliegan sus crepúsculos, sus recuerdos, sus miedos, sus mundos o sus anhelos. Con un verso tamizado por una significativa delicadeza, María Jesús Fuentes se sabe dadora de una voz ajena, si propia y cómplice, pues sus poemas susurran todo aquello que pueda llegar a cartografiar lo humano. Y, así, se pronuncia Dulcinea: “¿Qué ve en mí, mi señor? (…) A mí, que, sin ninguna primavera bajo las faldas,/ siento ahora que soy una nube en el cielo”. En tanto, Don Quijote responde: “Estoy dispuesto a enamorarme (…) Honraré su nombre en la batalla/ y cuando regrese con la victoria del justo/ encontraré el orgullo en sus ojos”.

Él y Ella, Muñeca y Muñeco, Jane y Tarzán, la Margarita de la Dama de las Camelias y Armand Duval…, van añadiéndose a este compendio de protagonistas cuyos territorios se saben y se sienten cercanos. Porque la autora malacitana celebra con su palabra lo que la batalla del amor y el corazón se torna duración, materia romántica, hebra de gozo y, alguna vez, desdicha.

En suma, un poemario de sobrios acentos, envuelto en el aroma de un decir que clama y reclama el lugar exacto para la luz desnuda, para el oportuno beso, para el motín de la carne: “Me desprendo del liguero, del corpiño,/ desabrocho los corchetes del corsé/ esperándote/ aguardando que me lleves algún día./ Porque sé que puedes”.

Volverás con las nubes

Cuaderno de la lluvia
Carlos Doñamayor
Erato. Poesía. Madrid, 2023


Tras la aparición el pasado año de Soledad sin cielo, ve la luz Cuaderno de la lluvia, de Carlos Doñamayor. Al hilo de su anterior entrega, dejé escrito que sus versos se tornaban clarividentes en su mensaje, sugestivos en su luminosidad, pues sabiamente anudaba la desnudez de su costumbre a un discurso emotivo, doliente y solidario.

Ahora, en este Cuaderno que me ocupa, su voz se reagrupa en torno a la unidad temática de los poemas. Y, así, la creación lírica conjuga con exactitud  con la experiencia humana del conjunto. Porque, al par de estas páginas, se aviva la naturaleza del tiempo, de la muerte, del silencio, de la dicha, del desolvido…, y se renombran la perplejidad del asombro, la coyuntura del amor, el milagro del agua: “Llueve lo preciso para  considerar/ resuelto el dédalo,/ trocados los vestigios y su ornato/ en el escenario de la nada,/ y se abre una fuente benévola/ que acaricia y entibia las voces,/ que renueva el lenguaje y los sonidos”.

Anota el propio autor en su prefacio, que “la lluvia se comporta en poesía como un recordatorio tenaz que se expande e incendia la inquietud de los ojos. Y, desde ese fuego que nace en la mirada y contempla cuanto gira en derredor, van surgiendo luminarias, metáforas, sorprendentes imágenes que remiten a un espacio íntimo, si común para el lector. Cada poema va convirtiéndose en una pequeña ventana desde la que observar la dicha y la desolación, la calma y la tormenta que experimenta el ser humano: “No es la lluvia lo que importa,/ sino el tiempo trepador a este lado de los cristales/ que nunca retrocede”

 Dividido en cinco apartados, “Lluvia en la palabra” “Lluvia ceñida a los umbrales”, “Lluvia al otro lado” “Rituales de lluvia” y “Epílogo”, el volumen convoca la unívoca revelación de una realidad cercana, de una atmósfera reveladora de cuanto custodia el alma. Símbolo de renacimiento y purificación, la lluvia se hace,  aquí y ahora, cómplice en esa dicotomía que surge del vigor y la mansedumbre del verbo. El mismo, con el que Carlos Doñamayor define, corrige y construye la verdad de un decir que cala y empapa el corazón: ”Al final del camino/ la lluvia será sueño,/ sueño tibio y mudo/ en un cielo sordo,/  y tú estarás ahí,/ volverás con las nubes”.

La línea del destino de Alexander J. Bermúdez

La línea del destino
Alexander J. Bermúdez
Editorial Tecnológica, Panamá, 2021


La Editorial de la Universidad Tecnológica de Panamá (UTP) presentó en su auditorio principal el libro de cuentos La línea del destino, obra ganadora del Concurso Nacional de Literatura José María Sánchez, versión 2021, cuyo autor es el periodista y escritor Alexander J. Bermúdez.

Durante la ceremonia, los escritores Luis Fuentes Montenegro y Pedro Crenes Castro, ganador múltiple del Premio Ricardo Miró, hicieron sendos análisis de la obra presentada, sobre la cual destacaron sus méritos narrativos, su lenguaje cinematográfico y la construcción moderna de los siete cuentos que la componen, destacando, entre los demás, los cuentos «¿Quién mató a Bartolomé Hamsa?» y el que da nombre al libro, «La línea del destino».

Sobre el cuento «¿Quién mató a Bartolomé Hamsa?, ambos escritores reconocieron la novedad literaria que representa, en su composición, el manejo del tiempo narrativo y un despliegue maravilloso de técnica, en donde el pasado entra en el presente y lo transforma, convirtiéndose en una historia ágil, que da la impresión de estar ocurriendo ante los ojos del lector.

Crenes Castro, opinó que ese cuento debería ser antologado en un futuro próximo, mientras que el periodista especializado en boxeo, Daniel Alonso, quien hizo de conductor de la entrevista y la presentación del autor ante el público concurrente, manifestó la notable habilidad del escritor de construir en un breve texto un personaje memorable y entrañable.

“Se nota la pluma de un periodista versátil, con responsabilidad de la construcción del lenguaje para el lector”, opinó Fuentes Montenegro. “Demuestra a un escritor que tiene oficio, que se ha forjado en la teoría”, agregó el también abogado y poeta.

El libro de cuentos, de unas 60 páginas, además, fue escogido como el “libro del mes”, por el grupo cultural Siembra de Lectores, espacio promovido por la escritora Rose Marie Tapia, quien lo presentó en su actividad mensual Noche Millenium ante una audiencia de más de cuatro mil personas conectadas en Panamá, España, Argentina, Colombia y otros, a través de diversas plataformas como Youtube, Facebook, Instagram y Zoom.

Una cubanísima novela mundo

La otra historia de Joel Merlín
Manuel Gayol Mecías
Ilíada Ediciones, 2022


Llevo tiempo intentando hablar de esta novela: La otra historia de Joel Merlín, del cubano Manuel gayol Mecías. Y mi demora se debe a que hay libros que son muy difíciles de resumir ante los ojos de un lector.

La primera dificultad es que Manuel Gayol Mecías jamás ha escrito una palabra fácil, jamás ha creado un mundo sencillo, como suele abundar en la literatura cubana de las últimas décadas. Estamos en presencia de uno de los escritores más originales de nuestras letras. Algo que, por cierto, me comentó nuestro amigo común, el gran novelista cubano Guillermo Vidal, cuando yo había leído apenas un solo cuento de Gayol: “La noche del Gran Godo”, si no recuerdo mal publicado en un Anuario de Narrativa, allá en Cuba. “Gayol no se parece a nadie escribiendo, es único, y es el mejor fabulador que conozco”, me dijo esa vez Guillermo Vidal. Así que apenas tuve la oportunidad de encontrarlo en nuestros exilios aproveché para leerme todo lo que escribe.

Y lo reitero, ya con conocimiento de causa: si una vez escribí que su libro de ensayos Cuba: el ser diverso y la isla imaginada es una obra de imprescindible consulta para todo el que desee entender el complejo “asunto cubano”…, su obra narrativa está a la altura de la mejor literatura escrita por cubanos en el siglo XX y lo que va del XXI. En varios análisis me he referido a él como una “rara avis”… obra tras obra ha ido configurando un estilo personalísimo, una cosmogonía muy particular, una simbología diferenciada que alcanza su cumbre en esta novela.

Mientras leía este libro sentí ese hálito universal de los más grandes creadores de atmósferas de la literatura universal: pienso en el Thomas Mann de La montaña mágica, en el Bulgakow de El Maestro y Margarita, en el Cortázar de Rayuela… y, curiosamente, muchísimo más mi mente iba a ese mundo ficcional creado en sus libros por mi querido maestro, el gran novelista José Soler Puig, especialmente con esa maravilla que es la novela Un mundo de cosas.

En esta novela, igual que en Un mundo de cosas, nos zambullimos en la historia de un viaje que es la vida del protagonista, sí, pero es también nuestra vida. Gayol, al construir a Joel Merlín en su saga novelada Crónicas Marjianas, pero en particular aquí, va colando fragmentos de su propia vida, de la experiencia vital de algunos personajes muy reconocibles de “lo cubano”, pero también de la vida de muchos cubanos que lo leemos y nos sentimos identificados con esos sucesos, anécdotas, cartas, que vamos descubriendo como marcas propias. Porque Cuba está en esta novela, calada en un cincel magistral que se mueve desde las escenas en la isla hasta la escenas en el exilio, que abarcan desde los recuerdos más íntimos de Joel, Marja, o cualquiera de ese amplísimo teatro de personajes que desfilan en estas páginas… hasta los asuntos más públicos y dolorosos y del horror como el asesinato por las autoridades cubanas de aquellos cubanos que quisieron escapar de la isla en el remolcador 13 de marzo, en 1994… Una sensibilidad especial que se esparce gota a gota a través de un sinfín de historias, personajes, confluencias espirituales y carnales que se amalgaman en la búsqueda esencial del sentido de la existencia de este Joel Merlin, que se me antoja una exquisita parábola de esa búsqueda existencial, de esa persecución desesperada de la salvación que el cuerpo de nuestra nación persigue desde hace ya muchos años.    

Esta es una novela, dirían algunos, de alto vuelo: Gayol es un hombre de cultura, un ser de esos que ya casi no existen, capaces de explicar las cotidianidades más burdas, esas que asolan el panorama de la vida de los cubanos en la isla y la diáspora, con un elevado nivel de racionalidad, humanismo, espiritualidad… en el cual queda evidente su enciclopédica formación… y en esta novela, al impacto visible en la historia misma que causan las lecturas netamente literarias, se suma la mirada incisiva de quien conoce profundamente los recovecos más intrincados de la filosofía universal (algo que, por cierto, podemos leer en la también profusa obra ensayística de este autor)… Y ese macromundo de interferencias del pensamiento universal, herramienta que escasos escritores dominan, otorgan un plus de excelencia al universo ficcional creado por Gayol en La otra historia de Joel Merlín.

Cuba, el escape de la isla, el choque con España, la nostalgia por el pasado, las incertidumbres sobre el futuro, las cadenas familiares, el caleidoscopio de ciertas etapas de la vida observadas desde las cartas intercambiadas entre los personajes… un mundo de cosas, como en la novela de José Soler Puig, analizadas además desde una espiritualidad singular en todas y cada una de esas vidas que el protagonista tendrá que vivir: la del ser humano que siente que no puede quedarse detenido, que no puede dejar detener su historia…

Una excelente novela, una novela mundo, una obra cubanísima pero también de aliento universal… Y aunque creo haber develado ya algunos secretos de este libro, algunos momentos esenciales… solo añadiré el reto de pedirles que la lean y busquen algo esencial: ¿quién cuenta esta historia? Ese es otro detalle que hace grande y única La otra historia de Joel Merlín… Leer novelas de esta excelencia siempre es un enriquecimiento.