Categoría: Unos escriben

De su vida y obra – Instantes

Los negros de Marcial Gala

Confieso que he leído La catedral de los negros de un tirón. He disfrutado esta novela de  Marcial Gala, premio Alejo Carpentier 2012, publicada por Letras Cubanas, como pocas veces me ocurre, últimamente, con la escritura de ficción, venga de donde vengan.

Si algún elemento llamó mi atención de inmediato fue encontrar en La Catedral de los negros una novela limpia, escrita con total sinceridad, con poco afeite, sin mucho truco ni trucaje, sin regalarse, sin evidentes costuras, salvo las naturales que dictan los nervios. Leer más…

No es muy temprano para Marcial Gala


Lorenzo Lunar estaba sentado sobre la hierba cortada a ras, bajo el único árbol que brindaba sombra frente a la sala de presentaciones Alejo Carpentier en La Cabaña. No se incorporó para saludarme, si no que me ofreció su mano, la que estreché en picado, como quien se inclina para reverenciar a un buda sin interrumpirlo en su elucubración filosófica. En minutos yo presentaría su libro El asere ilustrado (Editorial Capiro, 2010) a lo que gentilmente me había invitado justo la noche anterior. Leer más…

El fino retrato de Cuba en Monasterio, de Marcial Gala

Marcial Gala es un escritor cubano con un estilo verdaderamente original y que ha recibido multitud de premios a lo largo de su carrera. Hoy presentamos la reseña de su novela:, Monasterio, publicada recientemente por la editorial Atmósfera Literaria  autor que se encuadra dentro de la Nueva Novela Negra Cubana (NNNC). Una vez más, este sello editorial realizaba una valiente apuesta por la reinvención del género negro y por la originalidad más absoluta en los planteamientos de la narrativa de ficción. Aquellos que la compréis comprobaréis que es una obra que, como otras que ya os hemos reseñado anteriormente, ahonda en la profundidad psicológica de los personajes, en construir una atmósfera propia que atrape desde las primeras páginas al lector y en renovar planteamientos y situaciones, no solo para sacar el humor negro que la vida conlleva, sino para criticar con fina ironía las duras condiciones de vida de los más débiles. Leer más…

Los muertos nos hablan de la vida

A las cinco y media de la tarde, Sia rompe los tímpanos con: “I don´t wanna die!”, que debe haberlo escuchado hasta el ángel sordo; y sé que esta no es una manera convencional de comenzar a escribir sobre un libro, que debiera ofrecer una estrategia discursiva acorde a la seriedad con que asumo la lectura, y que a pesar de que existe una especie de histeria vecina (risotadas que traspasan toda convencionalidad), el libro (cada uno) necesita de ese acuerdo tácito que existe entre lector y autor cuando se toma en serio cualquier página. Leer más…

Rocanrol: la revolución interior

Marcial Gala (1965), narrador, poeta, es una de las nuevas voces de la literatura latinoamericana. Recientemente galardonado (Premio Ñ 2018, por su novela Llámenme Casandra), ahora nos presenta su nueva novela Rocanrol, dejando atrás La catedral de los negros (2015) y Sentado en su verde limón (2017). Leer más…

Sobre «Llámenme Casandra» de Marcial Gala


Llámenme Casandra no era el título original con que la novela de Marcial se presentó al premio. Pero es un hallazgo, porque condensa muchos de sus significados. Es un título muy literario -con ecos del comienzo de Moby Dick de Melville: “Call me Ishmael”-en el que aparecen dos elementos que estructuran fuertemente la novela: uno de ellos es la alusión a la literatura clásica y al personaje de Casandra, la hija de Príamo, la adivina, que predice la derrota de Troya pero no es escuchada. El paralelo con la Ilíada recorre esta novela que narra otra guerra, la guerra civil de Angola, en la que participaron las fuerzas internacionalistas cubanas. Leer más…

Llámenme Casandra

Al leer el título de esta novela no pude evitar el recuerdo de esa primera línea de Movy Dick donde Melville, sin preámbulos, nos presenta a Ismael. Cada lector que sostenga entre las manos este libro de Marcial Gala, escuchará un grito antes de comenzar el recuento de una vida. Hay desde el título una necesidad de ser reconocido y aceptado. Por eso Marcial, como Melville, nos dice: Llámenme Casandra. Leer más…

Soldado de la patria socialista: “Llámenme Casandra”, de Marcial Gala

Cuba, esa isla con forma de esturión desfalleciente, que heredó el nombre de las cúpulas de las mezquitas árabes que antiguos navegantes creyeron adivinar en su geografía arisca y exuberante, se ha empeñado en darle al mundo innúmeros escritores. Bajo las barbas de Fidel Castro surgieron poetas y novelistas que enfrentaron con el arte la alambrada cotidianidad de la patria socialista, debiendo padecer, como reconocimiento del régimen, la persecución, el exilio, el confinamiento o la lisa y llana indiferencia. Así, ante los nicolasguillenes, cintiovitieres y eliseodiegos que ensalzaron al Comandante, aparecieron otros autores que no sólo renegaron de su égida, sino que construyeron su obra en franca oposición, pero no desde la composición del panfleto subversivo sino desde el campo de batalla del arte, que es en definitiva lo que permanecerá cuando el Viento del Olvido se haya llevado las odas y los himnos. Leer más…

Cienfuegos, capital del mundo: el gesto desterritorializador de Sentada en su verde limón


Este año, luego de la publicación de La catedral de los negros en 2015, con la edición de Sentada en su verde limón, Corregidor incorpora a su colección Archipiélago Caribe la segunda obra del escritor cubano Marcial Gala. Ambas forman parte de la trilogía Cienfuegos, capital del mundo, que se completa con la novela Monasterio (editada, en Cuba, por Ediciones Unión y, en España, por Atmósfera Literaria). Sentada en su verde limón fue lanzada por primera vez en 2004 por Letras Cubanas y hoy, trece años después, tenemos la oportunidad de acceder a una nueva publicación gracias a la editorial argentina. La distancia temporal y espacial que nos separa de ese primer lanzamiento puede tener algo de azarosa, pero también podría pensarse como otro de los gestos desterritorializadores que la obra convoca.

El sugerente título de la tríada que incluye a Sentada en su verde limón es un buen punto de partida para pensar en esta problemática. Gala, al reivindicar como capital del mundo a Cienfuegos, propone un doble descentramiento. Por un lado, al interior de la isla, en relación a La Habana. Por el otro, en términos globales, al afirmar como centro de referencia mundial a una pequeña ciudad del Caribe. Este juego entre lo local y lo global es un posible hilo conductor para abordar estas novelas, donde temas de carácter universal (la violencia, la soledad, el racismo, la muerte son algunos de ellos) se entrecruzan con historias, tiempos, espacios, lenguajes y perspectivas concretas que no encontrarían posibilidad de existencia fuera del contexto cubano – aunque no necesariamente habanero.

En Sentada en su verde limón, particularmente, Cienfuegos es la ciudad donde se desarrolla la historia de tres personajes dispares unidos, paradójicamente, por un padecimiento común: la soledad. El narrador, Ricardo, un joven pintor; Kirenia Gonzalo, una muchacha de dieciocho años con aspiraciones de poeta, y Harris Sanzo, un decadente saxofonista de cincuenta y cinco años, son los protagonistas de los encuentros y desencuentros de esta historia acontecida durante el Periodo Especial de la ciudad cubana.

Ante las miserias y dificultades que la novela deja entrever de la dura etapa del país caribeño durante los años noventa, la narración de Ricardo – así como las voces de Kirenia y Harris que intervienen en el relato para quebrar la monodia narrativa – se concentra sobre todo en la vida afectiva y sentimental de estos personajes. Son personajes que viven al límite y en una búsqueda constante por el sentido de la vida. Las experiencias que comparten están atravesadas por el sexo, el alcohol y la marihuana; pero también en torno al arte, lo que por momentos parece ser lo único que los mantiene vivos (tanto material como espiritualmente). Es por medio del arte que cada uno de ellos logra establecer un vínculo con el mundo exterior, más allá de Cienfuegos y de los propios límites nacionales, pero también más allá de sí mismos. Cuando Ricardo conoce a Kirenia en la biblioteca provincial, la recién egresada de la escuela media, tiene predilección por los autores cubanos contemporáneos; sin embargo, sus preferencias cambian a lo largo de la novela: “ahora leía a los poetas franceses del siglo XIX” (24). Aunque la literatura parece ser, en un comienzo, el medio que Kirenia encuentra para traspasar fronteras espaciales y temporales de este mundo, ésta no será motivo suficiente para continuar viviendo. Kirenia, dejando indicios y señales de su trágico destino, irá abandonando, poco a poco, su existencia física.

El cuerpo – capaz de experimentar los placeres físicos de este mundo – es abandonado dando lugar a otra forma de existencia. La muerte es la forma que Kirenia encuentra para traspasar alguna frontera, la manera de tomar la decisión de ser/hacer algo en este mundo, de combatir “la calma” (108) que es la vida. Por su parte, la oportunidad de recorrer el mundo que le dio la música a Harris es vivida como su mayor frustración. Una carrera de alcance internacional que no le sirvió para abandonar su ciudad natal, donde él mismo terminó convirtiéndose en una atracción turística internacional: un muerto en vida, un fantasma más. Salir de la isla es una imposibilidad que va más allá de las oportunidades materiales que la vida le ofrece. Su vuelta luego de algunos años en Estados Unidos y su sentencia: “me dije, Harris, tu lugar está en Cubita la bella donde todo está roto y todo el mundo es un frustrado, así tu frustración no se echará a ver” (113) es la demostración del retorno como destino inevitable del viejo saxofonista. Ricardo, el narrador de esta historia, a pesar de su cinismo y aparente frivolidad, con su relato nos permite conocer sus más profundos sentimientos y temores. Las posibilidades que su carrera le brindan para salir del país, ganar dinero, conocer mujeres y satisfacer sus vicios no alcanzan para darle sentido a su existencia.

La historia que nos cuenta es también el relato de un aprendizaje o, mejor aún, de la comprensión de un deseo inalcanzable: “comprendí que había que irse de Cienfuegos, era necesario echar ancla en alguna otra parte pues la ciudad lo va asimilando a uno, convirtiéndolo en la nada” (121). Sentada en su verde limón es una narrativa rápida pero intensa, que nos desafía a despojarnos de prejuicios y certezas. Con su novela, Gala nos propone mirar a Cuba con otros lentes, ingresando por un camino que sale del lugar común. La vida y las voces de tres personajes que crean una trama aparentemente acabada, el desarrollo de una historia puntual en un momento preciso de una pequeña ciudad cubana durante el Periodo Especial, es también el encuentro con la evidencia de la precariedad de nuestra existencia más allá de cualquier frontera. Cienfuegos puede ser también, aunque sea por un instante, el centro del mundo.