Galina Álvarez nace en Moscú. Tras graduarse de ingeniería química en la Universidad Politécnica Mendeleev se radica en Cuba durante 22 años y ejerce su profesión en diferentes industrias cubanas. Luego labora en la organización internacional COMECON en Moscú. Tras salir de Cuba vive en Estocolmo, Suecia, donde trabaja como ingeniera en investigaciones de la química de superficie. Desde 2014 reside en España. Ha publicado Prefiero que me pongan a volar (cuentos, 2016), Aventuras de una estrella perdida (cuentos para niños, 2016, Premio Círculo Rojo del mejor libro del año 2017), Los difuntos inocentes (novela, 2018), Ana y las páginas perdidas (cuentos, 2019) y Mediterráneo (novela, 2021). Actualmente reside en Guardamar del Segura.
Puede adquirir el libro a través de este link: Una mujer no propensa a las aventuras, Galina Álvarez, Colección Caribdis de narrativa, Ilíada Ediciones 2021
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Creo firmemente en la libertad personal, siempre con responsabilidad, con civismo, con respeto a los demás
Cada persona lleva en sí misma muchas facetas que la multiplican. Eso, precisamente, es lo que nos permite conocerlas mejor o, como suele suceder mayormente, no comprenderla, si nos aferramos a una sola de esas multiplicidades. La complejidad humana, y he aquí un gran reto, se hace aún más intrincada en las sociedades que habitamos, donde la simulación, el doble discurso, la doble moral, la preeminencia de los intereses de la supervivencia por encima de los sentimientos humanos se convierten en el más habitual mecanismo de la existencia de nuestra «especie superior».
A Lidia Señarís la conozco desde que, con 19 años, en 1986, llegué a la Facultad de Periodismo de la Universidad de La Habana, luego de haber cursado dos años en esa misma especialidad en la Universidad de Oriente. El guajirito que yo era entonces recibió de todo en aquellos días: el abrazo solidario de «los machos» del grupo (Valesy, Terry. San Miguel, Hugo, Mario, Ulises, Baxter, Ortelio), las miradas burlonas de unas cuantas de las hembras por mi peinado cheo y mis ropitas pobres, y la admiración de algunas profesoras porque ya a esa edad yo portaba uno de los premios literarios más importantes del país y tenía ganada cierta fama en el terreno de la literatura. Sin embargo, y creo que no lo he dicho otras veces, la mano más abierta, sensible, cómplice y comprensiva que recibí entonces (hoy, mirando atrás, confieso que sus palabras y su afecto fueron esenciales para mi adaptación a la gran Habana) fue la que recibí de Lidia. No faltó en nuestra fórmula de hermandad el influjo venenoso de ciertas víboras (convertidas hoy en amanuenses oportunistas del poder político que perpetra el poder en nuestro país) que en algún momento nos distanciaron. Pero ambos (lo hemos conversado) siempre supimos que había algo más allá de nosotros mismos, en lo espiritual, que nos mantendría (y nos mantuvo siempre) unidos por encima de todas esas miserias externas. Desde entonces, y aunque la vida nos llevaría luego de graduarnos por derroteros muy distantes y distintos, no veo a Lidia como una colega periodista, ni como una compañera en este difícil mundo de la literatura, ni simplemente como alguien con la que comparto intereses, sueños y, en algunos momentos, proyectos comunes. Lidia es, para mí, para mi familia y para mis hijos, esa hermana que, por añadidura, está casada con otro hermano, español, Carlos Villalba, uno de los hombres que más admiro y respeto.
Publicarle su poemario En una calle sin mar, en la editorial que fundé y dirijo, Ilíada Ediciones, ha sido un privilegio y un gozo. Privilegio, por la calidad de ese poemario, reconocida por alguien como el poeta y periodista Manuel Vázquez Portal (que en cuestiones de medir la excelencia poética siempre anda con un cuchillo afilado entre sus ya afilados dientes), y un gozo porque es un libro que siento como mío, como no podía ser de otro modo: son pedazos del alma noble y sincera de mi hermana. Cuando en el 2021 casi la obligué a prometer que se sentaría a reunir su poesía para publicársela (el calor y la cerveza compartida en la terraza de un apartamento en la playa, en Guardamar del Segura o en otro sitio similar, son buenos ingredientes para lograr ciertas confabulaciones), también le anuncié que, como corresponde en este tipo de eventos editoriales, también la entrevistaría. Así nació esta charla que ahora les comparto.
A través del espejo (VII): La caza
El filme La caza (1966), drama cinematográfico del director aragonés Carlos Saura (1932), marcó un hito en el cine español asociado con la etapa final de la dictadura franquista (1939-1976).
Esta vez no se trataba de un “grande” del cine español como Luis Buñuel que regresaba tras décadas de exilio para “reverdecer laureles” con un filme de escándalo como Viridiana (1961) sino de un joven director que, tras iniciar su carrera artística con tres mediometrajes, un documental y dos largometrajes1, pegaba el gran salto en las pantallas con un filme anclado en la etapa post franquista en gestación, con gran éxito, a juzgar por las cifras del dinero invertido en la producción (unos 313, 000 euros actuales) y su cuádruple recuperación en taquilla (alrededor de 1,500.000 euros actuales).
De ahí en adelante, el prestigio cinematográfico de Carlos Saura escalaría hasta alcanzar más de cuarenta filmes realizados hasta el presente y ubicarse en el # 1 del ranking de los directores españoles contemporáneos al llegar a la edad provecta de noventa años y más de medio siglo de trabajo artístico.
La caza y la tradición clásica
Aunque los cien minutos de duración del filme tienen lugar en exteriores, el argumento de La caza podría conectarse con el ambiente claustrofóbico de la obra de teatro Huis Clos (1944) de Jean Paul Sartre, en la que la destrucción y autodestrucción de los personajes se produce encerrados entre “cuatro paredes”: una suerte de infierno personal y colectivo en el que todos purgan sus culpas. Y en el que una frase clave de la obra teatral de Sartre: L’enfer, c’est les autres…, podría haber sido elegida por Saura como subtítulo para La caza.
Parafraseando a la Biblia, de eso trata el filme: “cada quién ve a la paja en el ojo propio y a la viga en el ojo ajeno”. Las miradas que unos arrojan sobre otros se vuelven perturbadoras, inquisitoriales, homicidas. Y todo ocurre casi imperceptiblemente, sin que en apariencia al inicio del filme advirtamos en la superficie epidérmica de los personajes el mar oscuro y turbio que se revuelve dentro de ellos.
Por el empleo de diálogos secos y cortantes que dejan más entrever que ver, La caza también se conecta con otro clásico de la literatura mundial contemporánea, esta vez con la narrativa de Ernst Hemingway. En la lectura de sus novelas y relatos cortos, tanto el autor como sus críticos han acuñado un término en boga hoy entre los escritores: la “teoría del iceberg”, que permite avizorar una profundidad abisal en la sicología de los personajes a través de palabras sueltas y mínimos gestos.
Personajes
Se trata de una reunión campestre entre amigos a principios de la década del 60. Convocados por José (actor Ismael Merlo), Paco (actor Alfredo Mayo) y Luis (actor José María Prada) han elegido un domingo para realizar un picnic en un coto de caza2 adquirido por José en el que combatieron del lado franquista en las postrimerías de la guerra civil (1936-1939).
El trío de amigos, frisan los cincuenta años, en sus conversaciones, muy esporádicamente, aflorarán los recuerdos de la guerra que parecen querer olvidar y su lugar lo ocuparán las preocupaciones domésticas y de negocios actuales.
José ha ocupado un lugar relevante en la sociedad franquista de posguerra: empresario, dueño de una fábrica, su éxito del pasado enfrenta la amenaza de un presente con deudas y un inminente divorcio tras fracaso matrimonial que trata de paliar con una amante más joven que él.
Paco, de más edad, tiene más de un rasgo en común con José: también es un empresario, pero se mantiene en la cúspide del éxito y por eso José lo ha invitado a la partida de caza para pedirle un préstamo que lo saque de la bancarrota que se le avecina. Otro rasgo que los une es la relación con mujeres jóvenes con las que tratan de reafirmar su machismo puesto en duda por matrimonios fracasados y virilidad en declive.
El tercer integrante de la partida es el más anodino del trío: Luis, un empleado (prole) de José que ha sido invitado más por “coexistencia pacífica entre clases sociales opuestas” que por vieja camaradería entre lobos empresariales. Luis es débil de carácter, incoherente en sus pensamientos. Esconde sus carencias sicológicas en una dependencia excesiva del alcohol y la lectura de novelas de ciencia ficción; ambas aficiones, por supuesto, en lugar de ayudarlo a “centrarse” en la realidad, lo enajenan de su entorno y lo alejan años-luz de él.
Por último, hay un cuarto integrante de la partida que convierte al trío en cuadrilátero: Enrique (actor Emilio Gutiérrez Caba). El más joven del grupo. Ha sido invitado por Paco, de quién es familia, como testigo involuntario de los hechos que acaecerán y para completar una suerte de “educación sentimental” del joven antes de que entre al mundo de los negocios de su pariente y mentor ideológico Paco.
A diferencia del trío de mediana edad, Enrique aportará dentro del filme una mirada objetiva, fresca, desprejuiciada y a ratos incapaz de apreciar en toda su magnitud el ambiente de tormenta por desencadenar que existe entre las personas de más edad que lo rodean.
Las actuaciones de los cuatro principales protagonistas del filme son de una alta calidad, pero si tuviéramos que proponer a uno de ellos para el grado de excelencia, sería el actor Alfredo Mayo (Paco en el filme) el elegido.3
A los cuatro principales protagonistas, habría que sumar tres más de carácter secundario y una heterogénea representación de animales compuesta por conejos (víctimas) y hurones (verdugos) y una perra de nombre Cuca (cómplice de los verdugos).
Los animales, por supuesto, con la excepción de Cuca, la sagaz perra perdiguera, son anónimos mientras que los actores secundarios adquirirán rostros y presencia física en la pantalla con los nombres de:
Juan (actor Fernando Sánchez): guarda del coto de caza. Rengo de una pierna, debe azuzar a los hurones y a la perra contra los conejos, cocinar paella para los cuatro amigos y obedecer las órdenes de José, aunque no esté de acuerdo y sufra en silencio la enfermedad de su madre y el empleo en la partida de caza tanto de los conejos (víctimas) como de los hurones (verdugos) a los cuales quiere por igual.
Carmen (actriz Violeta García). Sobrina de Juan. Vive en la vieja casa de piedra donde languidece la madre de Juan. Tendrá a lo sumo quince años. Puede ser vista como símbolo de la España pobre que pide una oportunidad de futuro en las postrimerías del franquismo. Aporta al filme una combinación de inocencia y malicia en contraste con la maldad oculta del trío de mediana edad y la libido exacerbada del joven Enrique, a la vista de las piernas y los pechos en desarrollo del cuerpo de Carmen. Entusiasmada por los objetos de consumo capitalista que se introducen en la soledad medieval del campo donde habita (jeep Land Rover, escopetas de precisión, bebidas y radiocaseteras con música de rock y twist), no ve el peligro que significa ese grupo de recién llegados de Madrid obsesionados con la idea de matar conejos, beber vino, comer paella y pleitearse entre sí.
Cierra el núcleo de actores secundarios la fugaz presencia en pantalla de la madre de Juan (actriz María Sánchez Aroca). Juan espera su pronto deceso. Vive en un letargo, en la cama, sin salir de la casa y pasa el tiempo en un lamento: junto a su hijo Juan, el fiel guardabosque de andar renqueante, representa a la vieja España, feudal, coja, franquista, católica y fiel al dictado de amos, dones y señoritos, aunque sea a regañadientes.
Plot
La historia, de carácter realista y simbólica a la vez, comienza con inquietantes imágenes de hurones en jaulas. Chillan histéricos y hacen sonar los cascabeles prendidos del cuello mientras la banda sonora tiembla con los acordes de una música de marcha militar que presagia guerra y muerte.
Paralelamente, se produce la llegada de los cuatro amigos en un Land Rover descapotable -símbolo de la modernidad- al desolado coto de caza con madrigueras subterráneas que sirven de refugio a colonias de conejos salvajes y restos de trincheras de la Guerra Civil en la superficie.
Juan, el guarda del coto, y su sobrina Carmen les proporcionan hurones a los recién llegados que serán utilizados para cazar a los conejos dentro de las madrigueras. Tras beber juntos, José pide a Paco el préstamo y éste se lo niega. A medida que avanza la jornada dominical -que debió ser un picnic amistoso de caza de conejos y paella familiar-, el compadreo deriva en su contrario: una tragedia en la que afloran envidias, rivalidades y frustraciones
Final
Luis, borracho, practica el tiro con un maniquí y provoca un fuego que casi llega a incendiar la pradera. José abofetea a Luis, que se aleja del grupo impasible. Paco mata gratuitamente a uno de los hurones empleados para la caza. El acto provoca la tristeza de Juan, como si le hubieran matado a un hijo. Aunque Paco afirma que fue accidental, José, que ha sido testigo del disparo, cree que lo hizo por maldad. La caza gana en intensidad, el ritmo de los disparos se aviva. Las emociones van in crescendo. Se insinúa por Saura, gráfica y simbólicamente, en imágenes silenciosas que transcurren en primer plano, que la culpa de la animosidad entre los protagonistas se debe al calor de infierno que hace sudar a chorros y, junto con el calor del mediodía, brota por los poros dilatados de la piel de los protagonistas la suciedad que albergan sus almas.
El odio latente y las frustraciones alcanzan el clímax: Paco es alcanzado por un disparo de José y cae, muerto, en un arroyo. Luis, enfurecido, trata de matar a José atropellándolo con el Land Rover a toda marcha. José dispara a Luis, pero logra sobrevivir con tiempo suficiente para disparar de riposta y matar a José antes de caer él mismo. Mientras, Enrique, ileso, se queda solo en medio de la tragedia y la película termina en un fundido en blanco mientras Enrique huye de la escena del crimen múltiple.
Méritos
La caza tiene un tratamiento de realismo documental propio del free cinema inglés de los años 60 basado en rápidos montajes de imágenes seguidos de cortes precisos que no ha pasado inadvertido para los críticos y directores de otras latitudes que han visto en el filme un ejemplo a seguir en filmes posteriores4.
La experiencia anterior de Saura como fotógrafo, es asimilada por Luis Cuadrado, el camarógrafo de La caza, en una sucesión de rápidos montajes de imágenes que van de: (1) primeros planos de rostros y calvas relucientes de sudor de los protagonistas y recarga de cartuchos en las escopetas (2) medios planos de cuerpos desplazándose por el campo, escopetas en ristre, en busca de conejos (3) largos planos en los que se les ve disparar sobre blancos zigzagueantes de conejos, hurones y la perra Cuca corriendo por las ondulaciones del llano.
Los diálogos, lacónicos y cargados de sentido, contienen referencias maltusianas a la capacidad de reproducción de los conejos, a los cuales se les quiere exterminar a tiros para librar a la humanidad de la plaga reproductora. Pero, como espectadores avezados que somos, la matanza indiscriminada de animalitos nos hace pensar entre líneas que cada conejo que cae acribillado a perdigonazos, siguiendo con la metáfora maltusiana del filme, es en realidad un ser humano prescindible de cuya vida, los elegidos de la nueva clase franquista en el poder, puede disponer económicamente en los contratos colectivos laborales que firman a su libre albedrío.
Estéticamente, La caza es una película innovadora en muchos sentidos, como en la inserción en algunas secuencias de diálogos oníricos que rompen con los usos narrativos convencionales. O en el empleo de luz natural y, sobre todo, en el uso de la música, creada para el filme por el compositor Luis de Pablo, con ecos y resonancias militares reforzados por los movimientos de cámara que contribuyen a intensificar el ritmo vertiginoso de la película: de la calma chicha de un día de calor abrasador a la explosión ígnea de los caracteres al eliminarse con tiros de escopetas que hacen del filme un verdadero coto de caza en el cual, paradójicamente, aunque los protagonistas del post franquismo quieran sustraerse a su influjo, la memoria de la Guerra Civil nunca ha quedado definitivamente enterrada5.
José Martí y el fracaso del proyecto libertario de la nación cubana
(Fragmento de la obra en preparación: “El Pacto Social Posmoderno”)
Es necesario bajar a José Martí de las estatuas y pararlo como hombre frente al fracaso histórico del proyecto libertario de la Nación Cubana. Poco tiempo después del Pacto del Zanjón –que más que paz fue encono, según el propio Martí-, cuando los cubanos debimos hacer una valoración crítica de la guerra en el propio escenario de los sacrificios supremos, el Capitán General Martínez Campos (“El Pacificador”), descubrió una transitoria válvula de escape a la crisis; el puente de plata para los adversarios políticos; el exilio. Leer más…
Los derroteros del arte, sus prácticas y conceptos
Siempre me toca bailar con la más fea
En la historia del arte lo feo cargó siempre con la más fea, hasta que tanta fue su persistencia que alcanzó el cenit de lo más sublime. Le da lo mismo que le acusen de repulsivo, espantoso, odioso, aterrador, crudo, desagradable, torpe, vulgar, deforme, monstruoso y grotesco, una vez que al fin ha logrado su reconocimiento y visibilidad. Leer más…
De mexicanismos y cubanismos (o de las tribulaciones de un cubano en México)
El castellano hablado anda por la calle, en cambio al castellano escrito lo tienen preso
desde hace varios siglos en ese cuartel de policía del idioma que es la Academia de la Lengua.
El español tendrá el destino del latín: ser madre de idiomas.
Gabriel García Márquez
Sabido es que en la América hispana se habla la lengua castellana, por lo que, al parecer, no debe existir problemas en la comunicación. En realidad, no es así, pues cada país hispanoamericano tiene sus regionalismos, expresiones idiomáticas, el significado de sus propias palabras, formas de pronunciación, lo cual puede causar confusión en el hispano parlante que llega a otro país distinto del suyo e, incluso, ser motivo de burlas e imitaciones insultantes. El español que se habla en México es muy diferente del que se habla en otro país Leer más…
La tentación y la fe
Antonio Álvarez Gil (Cuba, 1947). Sin dudas, una de las voces imprescindibles de la literatura cubana. Autor de una prolífica y multipremiada obra narrativa, entre la que se incluyen cuatro libros de cuentos y las novelas Las largas horas de la noche, Naufragios (Premio de Novela Ciudad de Badajoz), Delirio nórdico (Premio de Novela Ateneo Ciudad de Valladolid), Concierto para una violinista muerta (Premio de Novela Kutxa Ciudad de Irún), Después de Cuba, Perdido en Buenos Aires (Premio Vargas Llosa de Novela), Callejones de Arbat, Annika desnuda y Las señoras de Miramar y otras cubanas de buen ver. Su más reciente novela es A las puertas de Europa (Huso Editorial, 2018). Luego de largas estancias en Cuba, Rusia y Suecia, reside en Guardamar del Segura, Alicante, España.
PUEDE ADQUIRIR EL LIBRO EN ESTE LINK: La tentación y la fe, Antonio Álvarez Gil, Ilíada Ediciones 2021
Los roces amorosos de Patricia con un hombre gay
S
ILVIA BURUNAT. Ph.D., Centro de Graduados, CUNY, Profesora de Español. Es autora de varios libros, reseñas y artículos, y coeditora de Veinte años de literatura cubano-americana (1988). Sus últimos libros son El español y su evolución (2ª Ed., 2014), El español y su sintaxis (2ª Ed., 2010), El español y su estructura (4ª Ed., 2020), Jornada de amor y lágrimas (2006), Josefa y Josefina (2007), Monólogos dialogados (2008), Autobiografía póstuma (2009), Fantasías reales (2010) y Danny y Danielle y otras historietas (2017). Una de sus más destacadas contribuciones como docente es la creación de nuevos cursos de literatura: Literatura de Memorias, Literatura Terapéutica, Literatura de Viajes y Viajeros, y Eros y Cupido en el Cine Español Contemporáneo.
Puede adquirir el libro a través de este link: Diario de una psicoterapeuta, Silvia Burunat, Colección Caribdis de narrativa, Ilíada Ediciones 2021
Rolando Isse González. Dossier

en palabras de Ares Marrero, «Ya desde los sugerentes títulos se enciende la antena de la curiosidad: “Isla” (cuadro del corazón sangrante), “El Muro de La Habana”; “Tentáculos ominosos” o la serie “Cubanos” a la que yo llamo “El vuelo de la abeja”. Rolando me promete que en esa serie aparecerán laboriosas hormigas. La espero expectante, porque lo cierto es que en todo lo ya visto hay una intención marcada de confrontar al espectador con un entorno hiper-dimensionado, contradictorio, cargado de señales que la cotidianidad hace que pasemos por alto. La obra de mi amigo Isse es una obra llena de capas y tejido que hay que diseccionar. A veces hay realismo e hiperrealismo en un mismo cuadro, al tiempo, franca guerra con la sugerencia de la abstracción, y esa misma hibridación, esa ruptura, deviene en armonía. Sigamos esa huella que nos deja sedientos. A nadie quepa duda, ¡eso es Arte!».
OtroLunes agradece la colaboración de la escritora, dramaturga y realizadora cinematográfica Ares Marrero, por permitirnos este acercamiento a la obra de este singular artista, residente en Berlín desde hace ya casi ocho años. Sabemos que nuestros lectores lo agradecerán.
Amir Valle
Director General
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Entrevista
Galería
Eduard Encina. Dossier

en palabras de otro escritor y amigo, Arnoldo Fernández Verdecia, con su vida y su obra se convirtió en un modelo de ser humano e intelectual, en matices que define como «la encinidad». Agrega que «La fe en Dios, la resistencia ante los derrumbes ideológicos, históricos, culturales, la vocación de fundar y crear, Eduard Encina las construyó en el proceso de relaciones sociales vividas por él durante 44 años; aprendió que los proyectos son posibles si la gente cree en ellos, lucha por conquistarlos; no importan las barreras, las trampas del funcionariado cultural, ni el fatalismo geográfico que ha perseguido como un fardo a casi todos los artistas y escritores de esta región de la isla. La encinidad es una herejía con causa ante el tiempo, un desafío permanente al inmovilismo, un rechazo a todo dogma y beatería que conspire contra el desarrollo de la cultura del ser oriental. Tiene una vigencia extraordinaria en los tiempos actuales y no debemos ignorarla o callarla por espíritus de aldea, feudos ideológicos, mediocridades o vanidades infantiles. La teluricidad de la misma reside en una actitud crítica con causa ante la frivolidad, la desidia, la abulia, la mediocridad, el sin sentido del presente, la cultura«.
Recientemente, recordando otro aniversario de la temprana muerte de este escritor, dije lo siguiente: «la literatura cubana tiene una lección pendiente con la enorme calidad, variedad y amplitud de propuestas de la literatura que se escribe en eso que los habaneros llaman el campo. Aunque a algunos les duela, buena parte de la mejor literatura cubana de los dos últimos siglos, y especialmente de las últimas décadas, la han escrito «palestinos emigrados a La Habana», como demuestran Reinaldo Arenas y Gastón Baquero, por solo citar dos ilustres casos. Y aunque algunos se han negado a dar ese salto, que podría garantizarles una mejor promoción a nivel nacional, no hay que desilusionarse. José Soler Puig jamás quiso irse de Santiago y es un grande de nuestras letras. Guillermo Vidal tampoco emigró de la polvorienta Las Tunas y es otro de los eternos. Y ahí tienen ustedes ahora a Eduard Encina: tampoco se fue a buscar aires habaneros, y no dude nadie que veremos cada vez más crecer su obra, su memoria, su legado«.
OtroLunes, en resumen, agradece la importantísima colaboración de Alfredo Ballesteros Alfonso en la selección de los materiales que aquí presentamos. Gracias a él podemos disfrutar de la honra de poder traer como invitado, aún cuando sea de modo póstumo, a uno de los escritores más singulares del Oriente cubano y, por extensión, de las letras cubanas de las últimas décadas.
Amir Valle
Director General Leer más…







ILVIA BURUNAT