La luna feroz

Antaño y ayer
Paul Verlaine
Averso. Granada, 2023


Padre del simbolismo, admirado por Juan Ramón, Rubén Darío, los hermanos Machado, Pío Baroja…, Paul Verlaine (1844 – 1896) representa una singular variante del malditismo lírico. Alma sin tiempo, sinestesia en estado puro, sigue siendo, hoy día, un inexcusable referente de modernidad y distinción. Frecuente visitante de prisiones, hospitales, prostíbulos y otros espacios cercanos a la intemperie, el autor galo se supo “bestia feroz”, «desaforado genio”, en el lirismo de una Europa lírica Europa que empezaba a renunciar a los postulados del Romanticismo.

A los veintidós años, sorprendió con la publicación de sus Poemas saturnianos al que seguiría Fiestas galantes (1869). Dos volúmenes donde ya asomaba su inconfundible y conmovedora musicalidad, su aciago destino y su velada sátira sobre la sociedad de entonces. Él, que quiso y supo escribir versos mayúsculos, que aprendió y derramó un decir resplandeciente y eterno, tuvo en Baudelaire su guía y maestro.

Por eso es tan oportuna la edición que ahora brinda el sello Averso, que rescata “Antaño y ayer”, publicado originalmente en 1884 y que Mauricio Bacarisse tradujera al castellano en 1924. Fue el propio Verlaine quien diera forma a esta antología que reunía “textos perdidos, desechados o residuales” y que parecía, en cierta manera, un preludio póstumo. En su prefacio original -incluido también en esta compilación- Bacarisse incide en que es este un libro “de contenido abigarrado”, donde se recoge “lo bueno y lo malo que había dejado de publicar”.

En estos poemas, el yo lírico va tomando conciencia de la fugacidad de la existencia, de los lugares íntimos que son ahora memoria y deshoras, del mañana que tiene un aroma a ceniza y duelo. Pero también, caben antiguos temores, viejos anhelos, inconclusos amoríos, sólitas ironías, amargas desdichas…, que completan, al cabo, la imagen desoladora de un hombre, de un poeta predestinado. Murió a los cincuenta y dos años con el aspecto de un anciano decrépito. Por fortuna, para todos los que aún podemos seguir releyendo su obra, la vigencia de sus versos son ejemplo de muy alta y sobresaliente poesía: “Con las cuencas de monda calavera/ que la luna feroz descarna,/ mi pasado, es decir, mi pesar viene/ a hacerme burla a la ventana./ Con una voz cascada de vejete,/ que sólo se oye en los teatros/ todo el remordimiento de mi vida/ tararea un aire alocado”.