Otro lunes. Revista Hispanoamericana de Cultura. Mayo 2007. Antilde;o uno. Número uno

Logotipo de La revista Otro lunes
Datos de la revista, mayo 2007, año 1, número 01
otrolunes.com >> Sumario >> Punto de Mira

Exilio: ¿Ruptura o Continuidad?

Antonio Álvarez Gil
Armando de Armas
Joel Franz Rosel
Odette Alonso
Ricardo J. Ortega Nápoles

Página 4

Joel Franz Rosell: Domesticados y desarraigados los hay a ambos lados de la frontera de agua amarga que nos separa (amargura y separación que explican los enconos). Normalmente deberían hallarse más diferencias entre autores de generaciones y concepciones estéticas diferentes que entre autores de adentro y de afuera. Con lo anterior no niego que el medio condiciona: no es lo mismo escribir desde la multicultural, multilingüe y multirracial Europa (por ejemplo), que desde un contexto aislado y auto referencial donde solo el esfuerzo personal permite abrir la puerta a las luces y sombras del mundo exterior. Tampoco es lo mismo sentirse cuestionado permanentemente por un espacio donde eres un advenedizo con menos denarios que raíces, que sentirse seguro en el nido, pobre y oscuro quizás, pero nido al fin. Sin embargo, como enseña el viejo apólogo -cuando el sabio apunta al sol, el idiota le mira el dedo- no es porque vives en un contexto abierto y fecundo que tu cerebro y tu corazón serán necesariamente más anchos y pródigos, ni es la seguridad o su falta lo que garantiza la soberanía de una propuesta estética. El error, la miopía y la mala intención no necesitan pasaporte.

La guerra entre los de adentro y los de afuera es a veces fría, a veces sucia, pero siempre una guerra de posiciones más que de convicciones. No recuerdo disputa que gire en torno a cuestiones estéticas (tal o más cuál tratamiento literario de determinadas ideas o hechos políticos), sino desavenencias ideológicas exacerbadas por circunstancias políticas concretas. Frecuentemente se desatan las hostilidades ante un nuevo acto de exclusión, vivido con justo encono, de un congreso, antología o cualquier otra forma de existencia literaria, que es La Existencia para todo escritor. Siendo las trincheras de tierra mojada y la causa no siempre llevada en el corazón sino el chaleco, el agravio es más socorrido que la discusión civilizada.

Quizás por dedicarme a la literatura infantil, tan poco politizada en los países democráticos, y por no haber buscado nunca apoyo y referencias profesionales en la comunidad cubana en el exterior, he vivido bastante al margen de esas instrumentalizadas polémicas. La mayor oposición entre escritores insiliados y exilados en que me vi personalmente implicado se reveló el clásico "quítate tú para ponerme yo". Fue con motivo de la celebración en Colombia del Congreso Internacional del Libro Infantil y Juvenil, en el año 2000, cuando se decidió publicar un catálogo de autores latinoamericanos de la especialidad. Argumentando que los de afuera teníamos "otras posibilidades de promoción", el Comité Cubano de la IBBY (Organización Internacional del Libro Infantil) rellenó las 25 fichas que se le asignaron con residentes en la Isla, independientemente de su talento y trayectoria, y por consiguiente de cuestiones formales o de contenido de sus obras. No se excluyó a éste y aquel por tener una posición más o menos crítica frente al gobierno cubano, sino para promocionar a amigos y colaboradores cercanos; al precio de renunciar a representar la auténtica calidad de la literatura y la ilustración cubanas para chicos, lo que hubiese sido una inmejorable oportunidad de promoción incluso para los que no hubiesen cabido en tan restringida selección.

Salvo excepciones, no hay lucha intelectual entre los de adentro y los de afuera. O bien se reciclan conflictos de generaciones y "capillas" que ya existían cuando sus integrantes estaban todos en Cuba, o se defiende al aparato que alimenta -con meras lentejas o buen bacon, según-, o se le denuncia por negar, calumniar o incluso golpear a quienes solo cometieron el "crimen" de pensar diferente y marcharse y decir porqué. Unos actúan o se expresan sinceramente, otros con el oportunismo y la sobreactuación de quien está a sueldo, tiene miedo o debe hacer olvidar que otrora parasitó al aparato que ahora condena; sin olvidar a aquellos que cambiaron legítimamente de opinión, de una opinión que en su momento pudo ser inducida.

Cada uno de nuestros intelectuales, residente o no en el territorio nacional, tiene el derecho de participar -como un cubano más- en el destino de su país, y de hacerlo con la palabra -oral o escrita- que es su herramienta de acción y no solo de expresión. La imposibilidad de construir la nación dentro de marcos políticos democráticos es lo que ha llevado a muchos -de adentro o de afuera, insisto- a exceder los límites en que la política es un ingrediente de la vida y por tanto de la literatura, para acabar usando su obra como arma o como pedestal.

Antonio Álvarez Gil: Sí, esa lucha ciertamente existe, pero tiene lugar fuera del territorio nacional. O mejor dicho, se verifica en un espacio al cual no tienen acceso la gran mayoría de los escritores que residen en Cuba, sea cual fuere su modo de pensar. De todos modos, me parece que, planteado en esos términos, el asunto no tiene demasiada relevancia para la gente que está allí, tratando de crear y publicar su obra. Sé muy bien, además, que muchos de ellos tienen puntos de vista similares a los nuestros con relación a todo lo que ocurre en el país. Este escritor cubano, incluso si lo deseara, no podría entrar de lleno en un combate ideológico con sus compatriotas del exterior. ¿Por qué? Pues porque nuestro colega del interior sufre la doble insularidad de su situación y posee muy poca o ninguna información sobre los escritores del exilio. En ocasiones no sabe siquiera que existimos. ¿Cómo va a valorar nuestra obra, leer los libros u opinar sobre nuestros artículos? Imagino que hay algunos que frecuentarán las bibliotecas independientes; otros, seguramente, tienen cierto acceso a Internet... Pero me atrevería a afirmar que se trata de unos pocos. No me consta que el escritor cubano, sólo por serlo, disponga de ese recurso.

La lucha a la que se refiere la pregunta no existe como tal, no puede existir, entre escritores de uno y otro bando. No es, en cualquier caso, competencia de los escritores del patio. De esa "batalla de ideas" se encarga en Cuba un número limitado de personas. Ese grupo de élite goza de la confianza de los organismos correspondientes del estado y está al día de lo que se publica en Internet, que es, prácticamente, todo lo que se publica en el mundo. Son ellos quienes mantienen el contacto con los intelectuales extranjeros que simpatizan con la revolución, y quienes participan en el "combate directo" con los escritores del exilio. El trabajo (o, al menos, una parte de él) de estos funcionarios del estado cubano consiste en denostar tanto de la vida como de la obra o el pensamiento de los "apátridas" y crear un clima favorable a la Revolución Cubana dentro de la intelectualidad occidental. Más que crear, sería mejor hablar de mantener, ya que, pese a sus frecuentes altibajos, la Revolución Cubana ha contado y cuenta con el apoyo casi incondicional de los intelectuales de izquierda en Occidente. Así las cosas, esta lucha de la que hablamos no es un intercambio de argumentos entre colegas con diferentes puntos de vista, sino más bien una confrontación, casi siempre estéril, entre personas que representan valores opuestos y difícilmente reconciliables. Por un lado están, como he dicho, los representantes del gobierno cubano en la "batalla de ideas"; del otro, los intelectuales cubanos del exilio, que, aunque ya no sufren los rigores de la opresión en Cuba, siguen manteniendo el sueño de un país moderno y próspero, habitado por un pueblo que disfrute de una verdadera democracia. Por eso escriben sobre su patria, expresan su opinión sobre lo que entienden no funciona en ella y esbozan planes para la construcción de un mañana mejor. ¿Qué hay, pues, de malo en eso? ¿No es acaso un deber del intelectual pensar en el destino de su pueblo? ¿No tenemos derecho a sufrir y levantar la voz -ahora que podemos hacerlo- para denunciar el lamentable estado de un país que amamos tanto como el que más; y mucho, incomparablemente más, que cualquiera de esos extranjeros que se dicen amigos de Cuba sólo por simpatizar con su Gobierno? Sobre esas amistades se ha escrito mucho y se podría escribir aún más, pero ellos no son el objeto de estas líneas. Diré sólo que para esas fuerzas mal llamadas "progresistas", Cuba es una causa, un asunto de ideologías, en tanto que para nosotros, los exiliados cubanos que andamos dispersos por el mundo, esa pequeña isla es nuestra patria, la única patria que tenemos, la herida que no termina de cerrarse nunca.

Eso en cuanto a la lucha ideológica. Pero pienso que, más que lucha entre los intelectuales del exilio y los funcionarios de la Isla, lo que debería existir sería un debate entre los escritores de ambos bandos. ¿Mas cómo puede haberlo cuando una de las partes se sabe continuamente vigilada? Esa parte también sabe que su opinión explícita no debe diferenciarse en esencia de los "principios políticos e ideológicos" establecidos por los dirigentes de la revolución. Ya lo dijo Fidel Castro en los comienzos: "Con la revolución todo; fuera de la revolución, nada". Es difícil sostener un debate serio, constructivo, cuando esa parte piensa (¿lo pensarán de veras?) que la otra se ha vendido al enemigo de la nación cubana y se ha situado, por tanto, fuera de la revolución y casi fuera de la ley. Según el discurso del comandante en jefe y de los cientos de dirigentes, locutores y periodistas que se hacen eco continuamente de sus palabras, los términos patria, revolución y soberanía nacional son tres denominaciones para un mismo sujeto. Son, por así decirlo, los tres nombres de Cuba. Este sofisma, repetido una y otra vez durante casi medio siglo a los oídos de millones de cubanos, ha hecho nacer y desarrollarse en la Isla una idea ciertamente infausta: quien está en contra del gobierno de su país está también en contra de su patria y, lo que es peor, es un asalariado del gobierno norteamericano. Según esta lógica, los que nos situamos en la otra trinchera de la batalla de ideas no somos otra cosa que unos simples traidores.

¿Qué diálogo puede haber en esas condiciones? Ninguno, por supuesto. Pero, además, está el problema de la información. Tampoco en este campo estamos en igualdad de condiciones. Mientras que nosotros en el exterior disponemos de múltiples vías para enterarnos de lo que ocurre en el mundo -incluida la isla-, los cubanos de allá sólo tienen a su disposición la prensa nacional. No quisiera ser injusto ni parecer arrogante ante mis colegas residentes en Cuba, pero aquí en el extranjero podemos leer su obra, sobre todo aquella que trasciende las fronteras del país y se publica en plazas como España o México, por mencionar sólo a dos de las más importantes. Pero ¿cuántos de ellos han leído los libros que los escritores del exilio hemos publicado en ésos u otros países de nuestra lengua? Creo que pocos, muy pocos.

¿Cómo podría existir un debate sin conocer al compatriota de la otra orilla? Me refiero a un debate sobre temas literarios, e incluso sobre los asuntos que aquejan hoy en día a nuestra sociedad. Para hablar del "otro", hay que conocerlo. Se necesita haber leído su obra, aunque sea de pasada. ¿Acaso leyendo Granma o Juventud Rebelde podrá enterarse un escritor en Cuba de los libros que publican, los premios que conquistan para la Literatura cubana o los artículos que escriben sus "descarriados" hermanos del exilio? ¿Dónde puede leer el escritor cubano sobre los éxitos o reveses de sus hermanos expatriados? ¿Qué páginas de Internet está autorizado a consultar? ¿Qué canales de televisión que no sean los cubanos puede sintonizar, cuáles estaciones de radio? ¿En qué círculos puede expresar libremente su opinión, si ésta fuera divergente de la opinión oficial, e incluso si se diera el caso contrario? ¿En cuál de los periódicos de la Isla dispone el escritor cubano de una columna de opinión donde dejar sentadas sus críticas e inquietudes, sus preocupaciones por la sociedad en que él y su familia viven? No es difícil conocer las respuestas.

Ésa es la diferencia. Porque nosotros, si lo deseamos, podemos leer el Granma o los demás periódicos de allá. Y ver la televisión cubana. Podemos, con sólo apretar un par de veces una tecla en el ratón de la computadora, escuchar en vivo la radio de la isla. Pero también podemos escuchar cualquier otra estación de radio del mundo, ver otros canales de televisión y leer cualquier órgano de prensa en Internet. Podemos comparar, confrontar lo que se dice en uno u otro sitio y crearnos nuestra propia opinión. Y lo más importante, tenemos acceso a casi cualquier libro, ya sea comprándolo o tomándolo prestado en una biblioteca pública. Y cuando digo cualquier libro, pienso en los más disímiles autores, con independencia de su credo ideológico.

Así y todo, el cubano es un pueblo muy inteligente y creo que estamos en la obligación de conversar. El diálogo informal, por cierto, se nos da mucho mejor que el oficial. Cuando dos escritores cubanos -dos antiguos amigos, por ejemplo- se encuentran fuera del territorio nacional son capaces de tratar casi cualquier problema con gran sinceridad. Quiero decir con esto, que esa llamada "lucha ideológica" que pretende enfrentar a escritores con escritores, es de cierta manera artificial y, en gran medida, ejecutada "para la galería", como suele decirse en España. Yo creo, francamente, que no obedece demasiado a los impulsos naturales de las personas que la sostienen.

Otra Opinión

Señales

Por
Rafael
Alcides

Carta pública a Amir Valle

Yo no tengo ni teléfono, Amir. Ni teléfono. El correo me llega a través de una piadosa amiga. El electrónico. El otro, si es de afuera, del extranjero, sencillamente no me llega, y si me llega es abierto. Cosas del cartero, me imagino.

Palabras de revés

Por
Amir
Valle

Una revista es una revista es una revista...

Dicen que a la tercera es la vencida. Eso espero. Hace unos años, cuando en esa isla que llamamos Cuba no existían las revistas literarias digitales que hoy pululan, a cierto escritor se le ocurrió...

Sin embargo

Por
Alejandra
Costamagna

Vidas mínimas

"Hay hijos que nunca vieron a su padre, ni en fotos. Y hay otros que probablemente estén llenos de fotos de su padre, y sin embargo nunca lo hayan visto bien, o nunca se hayan tocado el alma"...

Carga de caballería

Por
Armando
de Armas

Jung y los masones en el futuro de la isla

Ya a mediados del siglo pasado Carlos Gustavo Jung alertaba sobre la catástrofe que acecha a Occidente desde su flamante entrada a la modernidad; no por la modernidad misma, sino por la neurosis colectiva que produce el distanciamiento del hombre de lo numinoso...

Carta desde el norte

Por
Edmundo
Paz Soldán

Figuras de la ley

Hércules Poirot, el detective belga, andaba por el mundo resolviendo casos con arrogancia y displicencia. Bajo de estatura, calvo y con mostachos, Poirot era una figura cómica, una suerte de pariente cercano de Chaplin.

Paperback writer

Por
Ladislao
Aguado

Final de viaje y otros sones

Cuando se produjo el fin de los sistemas comunistas de Europa del Este, los intelectuales(...) "No sabían reinventarse en condiciones libres, no sabían qué hacer con la libertad"...

Volver arriba
Google Custom Search
Tamaño de letra:

Imagen de portada:

"José Martí"

Damaris Betancourt. 2005

Sumario

Este Lunes

Política y religión en Cuba en los siglos XIX y XX

Leonel A. de la Cuesta

Discurso en defensa de Pavón

Pío E. Serrano

Notas (para una conversación) sobre la diáspora cubana

Jorge Luis Arcos

La isla numerosa

Luis Manuel García

Desventuras de la "conciencia crítica" en la Cuba del "sí"

Duanel Díaz

La Rebelión de los Enfermos

Carlos A. Aguilera

Lunes de Revolución y la Revolución de Lunes

William Luis

Noticias sobre el día después. Primera parte: La isla

Ladislao Aguado

Gastón Baquero, conciliador y discrepante

León de la Hoz

Otro lunes Conversa

Con José Lorenzo Fuentes

El hombre tranquilo

No hay última vez

Cuento inédito de J. L. Fuentes

Punto de mira

Exilio: ¿ruptura o continuidad?

Antonio Álvarez Gil

Armando de Armas

Joel Franz Rosell

Odette Alonso Yodú

Ricardo Ortega Nápoles

Cuarto de visita

"La humanidad tiene un contrato de fe"

Entrevista al escritor albanés Arian Leka

Amir Valle

La serpiente de la casa

Fragmento de novela de Arian Leka

Unos escriben

Guillermo Vidal

Otros miran

Damaris Betancourt

En la misma orilla

Omisiones, olvidos

Félix Luis Viera

Conjuro para fundir la nieve...

Katherine E. González

¿Seremos famosos Pepe?

Francis Sánchez e Ileana Álvarez

Escrito sobre el hielo

Alberto Rodríguez Tosca

Introducción de Juan Manuel Roca

Poemas

Libre-mente

Cuba: la escritura carcelaria

Rafael E. Saumell

Recycle

Los impedimentos de la literatura

George Orwell

De lunes a lunes

Carta abierta de Enmanuel Tornés

Carta de Santo Domingo

Librario

Pallá y Pacá

Mario G. de Mendoza

Fantasía roja

Iván de la Nuez

Todos los buitres y el tigre

José Luis Arzola

Palabras de mujer

Olga Connor

Otro lunes. Revista Digital. Tlf: +34 686 111 523. info@otrolunes.com
  • Icono de XHTML 1.1 Válido
  • Icono de CSS 2.1 Válido
  • Icono de conformidad con el Nivel Triple-A, de las Directrices de Accesibilidad para el Contenido Web 1.0 del W3C-WAI
  • Conforme WCAG 1.0 Nivel AAA - Revisado con HERA.
  • TAW. Nivel triple A. WCAG 1.0 WAI

Web optimazada para todas las resoluciones de pantalla y los navegadores: Firefox 2, Internet Explorer 6 y 7, Opera 9 y Netscape 8.1 para PC y Firefox para Mac.