Fuiste de esas pocas personas que se acercaron a mi vida un día donde casi todos me culpaban, y veían a un traidor en mí.
Pero no es de eso que quiero hablar el amigo, es del poeta que eres, de tu vida y tus angustias.
Eres de los poetas más jóvenes de la ciudad. Has publicado dos libros de poesía. Quiero compartir esta conversación con tus posibles lectores.
Naciste en Holguín, en 1982 y te licenciaste en Historia. Has alcanzado el Premio Nuevas Voces, 2009. Primera Mención Premio El Árbol que Silba Canta. Poemas tuyos aparecen en: Antología de la nueva poesía cubana, Perú, 2010. Cuarta dimensión de la tarde, ediciones La Luz, Holguín y Nagg y Nell, Honduras, 2011.
Eliécer, para mí hay tres cosas que son significativas., la niñez, la familia y los amigos. Por eso me gustaría que me hablaras de tu infancia.
Hermano, no sé qué decirte de mi infancia, a veces creo que lo recuerdo todo con nitidez absoluta, siento que puedo regresar de la misma forma que las adivinadoras de mi barrio pueden conectarse con los espíritus de esas almas que se han marchado antes de nosotros. Creo que los verdaderos adelantados no son los descubridores de islas o los conquistadores, o quienes fundaron las primeras villas, sino aquellos que nos preceden en la muerte. A veces sucede así, me conecto con los días de mi niñez, respiro bajo esos árboles, vuelvo a las corrientes del arroyo donde todas las tardes me rebautizaba, chapoteo pacíficamente, con esa ignorancia feliz que es síntoma de los inocentes. Entonces camino por el sendero de las campanillas: las abejas liban y yo las encierro dentro de las flores, ataúdes blancos. En las tardes también hay pesca, o los fines de semana, saco lombrices detrás del fregadero, la abuela me dice que rellene, porque le dejo el patio lleno de huecos, esos hoyos parecidos a los enterramientos en el campo, se aprecia el bulto de la tierra, es curioso, parece que ni la tierra misma deseara morirse. A veces lo recuerdo así, como si estuviera leyendo en un vaso de agua clara, pero otras veces todo se confunde, la memoria tiene sus temblores. Todo se me oscurece y me recuerdo solitario y triste, un niño que piensa mucho, que raya su nombre solitario en los cupeyes, tienen hojas grandes, parecen manos verdes.
¿Crees que el escritor debe tener una postura crítica con respecto a la sociedad en que vive?
Creo en la sinceridad de la escritura, en lo que tienen las palabras de alborada. Para mí no existe mayor anunciación que esta. Me creo un escritor comprometido, si comprometerse significa no desposar a la poesía con nada que le sea ajeno. La poesía no es religión, aunque está cerca de esa idea grandilocuente que los humanos llamamos Dios. Pero la poesía rebasa a Dios mismo. Supongamos que El sí obró de veras el mundo, los árboles entrañados y los peñascos móviles. Pero la poesía, literariamente hablando, fue creada por la soledad del hombre. Tal vez Eliécer Almaguer niño, es el niño Adán escribiendo en las hojas del paraíso. Lo más triste en él es que nunca fue niño, entonces lo adánico no podría asociarse al génesis, es sinónimo de vejez, de corrupción prematura. He abierto demasiadas puertas, a veces me sucede esto. Pienso que la poesía es abrir cientos de puertas y dejar que nuestros miedos se asomen y permitir al extraño que atalaye en nuestra alma, en este sentido es también un acto de obscenidad. Regresando a la esencia de tu pregunta, la poesía, al menos para mí, está muy lejos de comprometerme o tener esta postura o la otra frente a la sociedad. La poesía es una necesidad, no una postura ante nada. Al menos el único compromiso que me posee es el compromiso con mi memoria, con rescatar algo, escribo porque necesito rescatar ciertos aromas, necesito regresar a ciertas esencias, a algunas posesiones sencillas que tenía cuando era pequeño, conmemorar el sudor de los potros, o reflejarme nuevamente en las aguas de la charca, aunque nadie se baña como advirtió Heráclito dos veces en las mismas aguas. Yo creo más en el paso de la memoria que en el paso del tiempo. El tiempo, como lo entendemos los humanos es algo muy engañoso.
¿Qué piensas del exilio y la diáspora literaria de un país?
Nuestro país necesitaría aventar sus miedos, públicamente, como los antiguos en el ágora. De todas formas al menos los poetas no somos muy atendidos, no en estos tiempos sangrantes, el poeta vive el margen, casi marginado. Quién sabe si por esta razón muchos han escogido la diáspora, pero yo creo que lo más importante no es una ribera o la otra. Toda obra auténtica nos pertenece, nuestra es toda la siega desde Homero a Borges.
¿Aspiras a que tus obras sean polémicas?
No, en lo absoluto, aspiro a que mis obras sean auténticas, creíbles, lo que hoy es polémico puede ser absolutamente increíble la mañana siguiente. Polémico siempre me ha parecido una palabra traidora. Hay quienes se fingen polémicos y resultan juiciosos. Hay quien dice odiar las tribunas y agita banderas multicolores. Hay tanta gente en el mundo viviendo a costa de la polémica, hay tanto internacionalismo disfrazado. Tantas vetas de amor, tantos héroes. Todo eso me cansa… también hay muchos caudillos insanos. Seres amedrentados, armados por el miedo, el miedo es un instrumento vergonzoso, pero igualmente un arma de peligro. Es como un arco que puede herir de lejos. Por otra parte. Solo he tratado de unir dos músicas que ya vienen unidas por un hilo secreto, la de mi niñez y la de mi muerte.
¿Qué es lo más importante para un escritor que comienza?
No sé si pueda aconsejar a nadie. Yo mismo soy un escritor que comienza. Todo escritor debe ser siempre un iniciado, un tembloroso que a veces consigue apaciguar el temblor de sus manos. Un escritor es alguien que viaja sin trasponer las puertas de su ciudad. Debe soñarse el mundo, un escritor es siempre un idealista. No me refiero a la cosa bobalicona y hasta pedante del idealismo a ultranza de los héroes y los martirizados. No hay que sacrificar nada, ni ser héroe de cosa alguna, y a la vez somos unos martirizados y unos héroes, pero heroicidad a lo Rilke. Ese es nuestro mayor monumento.
¿Qué angustia a Eliécer?
Escribir.
¿Cómo supiste que ibas a ser escritor o quisiste ser otra cosa en tu vida?
Quería ser mecánico, igual a mi padre, pero soy tan torpe, me refiero a los trabajos manuales, apretar un tornillo. La pieza más diminuta me atormenta. Me provoca dolor de cabeza lidiar con algo para lo que se requiera cierta paciencia. Soy muy impaciente. Escribo y necesito pararme cada cierto tiempo y dar algunos saltos, estirar los brazos, a veces grito, cuando pienso ingenuamente que redondeé alguna idea. Claro que no lo hago en lugares públicos, creerían que estoy loco. Yo mismo he llegado a pensarlo.
¿Sobre qué le interesa escribir a Eliécer Almaguer?
Siempre escribo sobre las dos músicas que te hablé: niñez y muerte, siempre vuelvo a esos temas. Últimamente me ocasiona fiebre pensar en la posibilidad de que exista otro igual a mí en algún sitio, pero no creo en ello, ni me interesan los dobles, quiero ser solo yo, Eliécer Almaguer, con las miserias y ¿grandezas? de todo hombre. Que no exista otra llave de mí en ninguna parte. Pienso como Rimbaud que yo es otro, pero esos otros acontecen dentro del ser mismo. Ahora estoy escribiendo algo que si florece rescatará ciertas imágenes que me interesan, igual que si disecara algún animal fabuloso. Escribir es también disecar, pero no me refiero al esqueleto, sino a las vísceras, las emulsiones, la savia, la corriente sanguínea. Disecar conservando, como las momias egipcias que reservan sus fluidos. Hay que rescatar con lentitud. Rezagarse es una palabra que amo especialmente. No podemos voltearnos hacia el pasado de golpe, con los ojos frenéticos y corrompidos de nuestra ancianidad. Es como un reservorio, está allí, esperando que sepamos extraer los granos fecundos.
¿Cuando te dispones a escribir te sientas a inventar un mundo real o fantástico?
Cuando escribo, escribo, todo hombre es un mundo real y fantástico. Además que es realidad y qué fantasía. Vivimos poniendo malos nombres a las cosas. Somos muy malos nombrando. Te ejemplifico, a los muchachos que le gustan los muchachos los llaman homosexuales, para mí es únicamente un muchacho que descubre la delicada ofrenda del amor en otro muchacho. Yo descubro el amor en las muchachas, el mundo me llama heterosexual, que nombre tan extraño para el amor. No te parece que somos realmente débiles nombrando, de eso se trata el mundo, pero tal vez nombramos con escasa sabiduría. Por otra parte, no invento nada en lo absoluto, yo recreo posibilidades, yo sumo, me integro a las devoluciones infinitas.
¿Algún acontecimientos, personas o lecturas, te marcaron como ser humano?
Por supuesto, uno está lleno de marcas, signos por todo el cuerpo, tatuajes invisibles bajo la piel. Señales de humo y señales de fuego. Con el tiempo las marcas crecen, se expanden, como la vacuna que te ponen cuando naces para inmunizarte del mundo.
¿Escribir ha cambiado tu manera de ver el mundo?
No lo creo, pienso que es la escritura quien trasmuta con mi manera de observar el mundo. Pero todo sigue igual, me siguen conmoviendo algunas imágenes. Las estrellas por ejemplo, a veces me olvido de que el cielo está moteado de estrellas como pecas en el rostro de una muchacha negra. Las estrellas me asustan, me producen una sensación pasmosa, entonces digo, Dios de nadie, (no creo que Dios me pertenezca para apropiarme de él), qué portentosa es la tierra. Para mí no existen divisiones, hay dos tierras, la tierra de arriba y la de abajo, cada cual existe bajo sus propias leyes. En la tierra de arriba hay pájaros y nubes o peñascos de algodón y arcángeles, es la tierra del sueño. En la tierra de abajo hay animales que se arrastran y árboles entrañados y piedras móviles, es la tierra de la vigilia del dolor. Por eso mi creencia de que al morir vuelves irremediablemente al polvo. Desciendas en una caja gris o asciendas coreado por ángeles, una idea que me resulta improcedente, el resultado final es tu retorno al pasto, y me fascina imaginarlo, porque fui feliz mientras braceaba sobre las espigas remedando el vuelo de los aeroplanos.
¿Tienes una antología personal de autores y libros?
Homero y Borges, ambos ciegos son un monumento. Inicio mis lecturas por Vallejo, un gran autor sin dudas, muy convaleciente, pero un poeta enorme, enorme, enorme… Hay otros de cuya omnisciencia he bebido, Rilke me parece hermoso, sin más adjetivos, belleza y conmoción profunda. Pero la lista sería interminable, todos los grandes menos uno mismo que es tan diminuto, apenas un grano en el mar, un reloj de arena en la infinita vaguedad del tiempo. Claro, yo siento que poseo las dotes mínimas, algo de talento, alguna botija enterrada en mi corazón. Pero fuera de eso no puede haber otro sentimiento que piedad. La poesía es un acto de piedad, hacia nosotros mismos y hacia la semejanza. Digo semejanza y no semejante. La poesía es el terreno de las posibilidades.
¿Asumes la escritura como un compromiso?
La palabra compromiso tiene una fuerza política y me mantengo aislado de la política, algo realmente indigno e infeccioso. Ahora si te refieres a comprometimiento, a despose, entonces sí, la poesía es mi amante, mi desposada, mi aliento entre los hombres. Seda, alcanfor, desnuda espada. La poesía y yo somos como dos sables que se desenfundan para amancebarse en la batalla.
¿Qué es para ti el acto de escribir?
Vivir a plenitud, esperar la muerte, esperar que la muerte venga a colmarnos y colmarse.
¿Qué motivación te llevó de la poesía a la narrativa?
Yo escribo, no tengo motivaciones, te hablaría con más claridad de necesidades. Los géneros son como envases. El poema es el árbol de la uva, sus raíces, la entraña de todo, la prosa son los frutos, la descripción de los sabores y las contexturas. Ya la novela, para ilustrar un tanto, vendría siendo como el vino, como el vino que ha tenido que fermentarse, todo es un recipiente y nosotros somos el pozo. El agua de la poesía es de manantial, pero las aguas de la prosa vienen siendo como aguas de río que se aquieta, o como las aguas insondables del mar.
¿Crees en la utilidad de los talleres literarios, los grupos y las generaciones?
Podrían existir muchas respuestas. Los talleres a veces dañan, me refiero a que los autores sean martirizados por malos profesores de gramática. Es dañino que alguien que no tiene el mínimo conocimiento, el temblor mínimo que se requiere para acercarnos a la poesía, diga que un texto está malo, porque amor y temblor riman, cuando amor y temblor riman y tiemblan al unísono. Ahora, toda regla felizmente tiene sus excepciones, recuerdo que en el año 2005 entré al taller literario Marilola X, allí conocí a otros poetas, pero sobre todo a Mailé Vázquez, un nombre sinónimo de luz, de comunión, de entendimiento. Ella me adelantó en los territorios secretos de la poesía.
¿Has sentido en algún momento que no vas a poder escribir más?
Cuando siento que no puedo escribir más y a veces siento que no tengo fuerzas para levantar el lápiz, cuando sucede esto, escribo, escribo, escribo, aunque me brote sangre por los codos.
¿Háblame del significado de la poesía en tu vida?
Creo que a estas alturas ya sabes que la poesía y la vida en mí van indisolublemente ligadas. La poesía y yo somos como la flecha y el arco, igual que la catapulta y la piedra, igual que el amor y el odio, hay también odio cuando escribo, en ocasiones la odio tanto que me gustaría que tuviera un cuello y poder estrangularla.
Para concluir: ¿Cómo se definiría Eliécer Almaguer?
Yo me definiría como un ser que ama la vida sobre todas las cosas, en mis versos hablo mucho de la muerte, le escribo cartas y tengo con ella mis amores, pero me siento muy vivo, con inmensos deseos de amar, de entregarme, de ofrecer mi alma desnuda. Creo que mi conocimiento acerca de Dios es ese, el ofrecerte a los semejantes, la poesía siempre está ahí, en cada acto de la vida, a veces se esconde, se agazapa como la belleza sorpresiva de una adolescente que de pronto hiere nuestros ojos y hace que el corazón tiemble de una manera desconocida.