Extrañas en el Puerto
diario de un folletín

(Fragmento de la novela homónima)

María Paulina Briones

Enero

Mi cuerpo no me pertenece; supongo que he de recuperarlo cuando me haya comido tu corazón. Y así, con esa hambre de recu­peración, me acosté a dormir, o debería de­cir a soñar. Soñé en sepia. Era un solo ojo, medio labio y una sola mano. Iba corriendo montaña abajo tratando de alcanzar mi mi­tad que era mucho más rápida; ¿Cómo sa­ber si debía alcanzar primero a ese otro ojo maldito, o a la boca de línea más parecida a un papel liso sin imprimir? El aire me faltó para llegar.

Al final, un gran mar de leche en donde mojé mis pies mientras desaparecían la mitad de mi labio, el ojo, y la mano que me faltaba. Parecía que los había perdido para siempre, pero  ninguna pérdida es definitiva. La circularidad determina los matices, hace que  cambien de nombres, de caras, de corazones. El mar de leche se convirtió en un algodón de azúcar y el cielo se tornó gris; cayó la nieve y mi sola mano, mi solo labio y mi ojo quieto quedaron cubiertos por los copos. La música lo embargó todo.

 

No me gusta despertar con un espacio

entre las piernas.

 

 

Febrero

 Será el peor invierno y el calor trae una nue­va historia. Así la ha catalogado Extraña que empezó a buscar un trabajo nocturno y no lo encontró; por eso aceptó que el Destino le ha deparado una computadora comparti­da y cuatro moretones en la pierna derecha, por el momento.

El puerto ha empezado a descubrirse. Por las madrugadas la bruma descansa sobre las aguas del rio y se difumina por el efecto de la luz del sol. De la misma manera Extra­ña se revela; ya no se llamará Extraña sino Morelia.

Esta es una Morelia cálida, no fría ni amortajada, sino tropical y porteña.

Morelia aceptó que es una escritora, y ade­más a punto de publicar un libro o un bo­drio, eso es lo de menos. La cuestión es dar a luz un hijo de papel con pocas hojas, a ve­ces espesas, que condense el universo de las búsquedas en el Puerto.

 

Los moretones son secretos ¿Quién mar­ca el cuerpo de Morelia de ese modo? Sí, es cierto que Morelia lo permitió. Todas la mañanas cuando se va a bañar observa que los colores que al principio eran verde os­curo van mutando hacia un morado rosa, tan particular, tan extraño, que no sabe to­davía si en realidad dentro de los moretones hay dibujos, unos mapas que hablan de un principio accidentado, incierto, placentero.

 

Morelia planteará a su compañero que basta de moretones, que una mujer decente no puede andar marcada como prostituta. Lo que Morelia no le dirá al compañero sen­timental es que secretamente la idea de ser una prostitutilla, mezcla de puta y frutilla le viene bien, de momento.

Esto del inconsciente la está matando, digo, nos está matando

 

 

Marzo

 No hay plan. La bomba debe estallar; esa fue la única precisión de los contratistas. Su negocio ha florecido como ninguno. Se encargan de eliminar los edificios viejos de la ciudad. Yo sólo coloco los explosivos, la cantidad precisa y luego fotografío el mo­mento, lo capturo para volver a vivirlo an­tes de dormir.

Mi habitación tiene pegadas las fotos de las explosiones en el techo. Son estrellas fuga­ces, unas rojas, otras doradas. Cuando sue­ño veo las llamas de mi cama de fuego. Mi cama se incendia todas las noches, y por las mañanas, yo apago todo con los desagües de mi cuerpo.

Del Autor

María Paulina Briones

Directora de “La casa morada”. Licenciada en Literatura y Comunicación por la Universidad Católica de Guayaquil. Posee una maestría en Edición de Textos avalada por la Universidad de Salamanca y desarrollada en la plataforma del Instituto Universitario de Posgrado de Santillana Formación. Es periodista y profesora, ha publicado reportajes en varios medios locales como El Universo, Vanguardia, El Telégrafo, en donde ha ejercido como editora de las secciones Internacionales y Cultura. Ha colaborado como freelance para medios internacionales como el periódico Latino de Madrid. Es autora de varios blogs de comentarios sobre cultura y creación. Dirige desde hace más de 5 años los talleres de Lectura y Escritura para Niños de la librería Mr. Books en Guayaquil y participó en la creación del proyecto de Fondo Editorial para las bibliotecas de las Escuelas del Milenio.