Enero
Mi cuerpo no me pertenece; supongo que he de recuperarlo cuando me haya comido tu corazón. Y así, con esa hambre de recuperación, me acosté a dormir, o debería decir a soñar. Soñé en sepia. Era un solo ojo, medio labio y una sola mano. Iba corriendo montaña abajo tratando de alcanzar mi mitad que era mucho más rápida; ¿Cómo saber si debía alcanzar primero a ese otro ojo maldito, o a la boca de línea más parecida a un papel liso sin imprimir? El aire me faltó para llegar.
Al final, un gran mar de leche en donde mojé mis pies mientras desaparecían la mitad de mi labio, el ojo, y la mano que me faltaba. Parecía que los había perdido para siempre, pero ninguna pérdida es definitiva. La circularidad determina los matices, hace que cambien de nombres, de caras, de corazones. El mar de leche se convirtió en un algodón de azúcar y el cielo se tornó gris; cayó la nieve y mi sola mano, mi solo labio y mi ojo quieto quedaron cubiertos por los copos. La música lo embargó todo.
No me gusta despertar con un espacio
entre las piernas.
Febrero
Será el peor invierno y el calor trae una nueva historia. Así la ha catalogado Extraña que empezó a buscar un trabajo nocturno y no lo encontró; por eso aceptó que el Destino le ha deparado una computadora compartida y cuatro moretones en la pierna derecha, por el momento.
El puerto ha empezado a descubrirse. Por las madrugadas la bruma descansa sobre las aguas del rio y se difumina por el efecto de la luz del sol. De la misma manera Extraña se revela; ya no se llamará Extraña sino Morelia.
Esta es una Morelia cálida, no fría ni amortajada, sino tropical y porteña.
Morelia aceptó que es una escritora, y además a punto de publicar un libro o un bodrio, eso es lo de menos. La cuestión es dar a luz un hijo de papel con pocas hojas, a veces espesas, que condense el universo de las búsquedas en el Puerto.
Los moretones son secretos ¿Quién marca el cuerpo de Morelia de ese modo? Sí, es cierto que Morelia lo permitió. Todas la mañanas cuando se va a bañar observa que los colores que al principio eran verde oscuro van mutando hacia un morado rosa, tan particular, tan extraño, que no sabe todavía si en realidad dentro de los moretones hay dibujos, unos mapas que hablan de un principio accidentado, incierto, placentero.
Morelia planteará a su compañero que basta de moretones, que una mujer decente no puede andar marcada como prostituta. Lo que Morelia no le dirá al compañero sentimental es que secretamente la idea de ser una prostitutilla, mezcla de puta y frutilla le viene bien, de momento.
Esto del inconsciente la está matando, digo, nos está matando
Marzo
No hay plan. La bomba debe estallar; esa fue la única precisión de los contratistas. Su negocio ha florecido como ninguno. Se encargan de eliminar los edificios viejos de la ciudad. Yo sólo coloco los explosivos, la cantidad precisa y luego fotografío el momento, lo capturo para volver a vivirlo antes de dormir.
Mi habitación tiene pegadas las fotos de las explosiones en el techo. Son estrellas fugaces, unas rojas, otras doradas. Cuando sueño veo las llamas de mi cama de fuego. Mi cama se incendia todas las noches, y por las mañanas, yo apago todo con los desagües de mi cuerpo.