"Me gustaría que la prosperidad pudiese asentarse en Cuba, pero me temo que eso aún está lejos"

Entrevista con la escritora cubana Helena Vilarelle

Amir Valle

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A modo de presentación hacemos siempre a nuestros invitados un reto: el de mirarse e intentar explicar a los lectores de OtroLunes ¿quién es Helena Vilarelle? La respuesta, como para profundizar más el reto, debe enfocarse en dos aspectos inseparables pero que, con todo propósito, quiero que respondas por separado: Helena Vilarelle, el ser humano y Helena Vilarelle, la escritora, teniendo en cuenta en qué sentidos se contraponen o complementan estas dos “áreas” de tu vida.

Veamos, me planteas que separe al ser  humano de la escritora. Para mí no hay separación posible entre ambos aspectos. Soy escritora gracias al ser humano en el que he devenido.

A mi vida casi todo llegó…  No sé si por casualidad o  por destino.  Nunca me planteé esto o aquello. Pero creo que ya era escritora desde que intenté interpretar el mundo en el que estaba inmersa, solo que lo hacía de manera empírica.

Sé que soy una comunicadora nata. Sin embargo, no me siento capaz de vender un libro que he escrito, cuando lo que quisiera es regalarlo. Objetivamente comprendo que el trabajo que implica ordenar las ideas lleva un tiempo que no se puede comer, que no nos calza, ni nos permite un techo. Por eso hay que vender. Y mira tú, promocionando puedo ser buena, pero poner el cazo me avergüenza cuando de mí propio quehacer se trata.

Como ser humano, aunque todos piensan que soy muy extrovertida, la verdad es que protejo mi interior. ¿Dualidad? ¡No! Hermetismo controlado. Solo quienes lean Asomada a la vida, comenzaran a comprender por qué soy como soy, y descubrirán a una Helena que nunca habrían podido imaginar.

 

Me gustaría comenzar ubicando a los lectores en algunos aspectos de tu obra; es decir, qué dirías a una persona interesada en tus libros, para definir los sueños que tenías al escribirlos y, a la vez, intentar que lo compren. Comencemos: yo menciono el título de alguno de tus libros y tú intentas dar esa definición en no más de un párrafo por obra.

helena-vilarelle-entrevista-otrolunes44-8La animadora telemática (2014): Escribí sobre ese tema por pura necesidad. Había salido de Cuba en enero de 1991,  y en 1995 me sentía muy desgraciada. Quería a mi marido, pero no le amaba. Siempre estaba sola porque  él trabajaba fuera de España y, cuando una amiga me habló del negocio del intercambio de palabras escritas, con gente que buscaba motivarse sexualmente a través de ellas, la curiosidad por algo tan increíble me pudo. La joven empresaria solicitaba mí ayuda, pero no me pagaría, y  por eso admitía que yo escribiese lo que deseara despertando el interés de la persona que estuviera en línea. Le advertí que no sería grosera, soez, ni utilizaría onomatopeyas tontas con respecto al sexo y ella aceptó. Creé personajes –cosa en la que soy  ducha-, y se abrió ante mí un mundo desconocido: sobrecogedor en ocasiones;  increíble en otras; intenso en algunas. El libro La animadora telemática no trata directamente de ese trabajo, sino de las emociones que me producían algunos usuarios del medio telemático, y mi imaginación voló: Volví a escribir emotivamente involucrada en lo que hacía. Esos relatos no fueron creados  para que salieran  a la luz, sino como recordatorio personal de una época extraña y sorprendente de mí vivir. Juan Calderón Matador, escritor y poeta español, fue el que determinó que se podían publicar esos escritos. En la presentación del libro me sentí temerosa porque se desnudaba mi sentir; mas  la acogida fue excelente.

 

helena-vilarelle-entrevista-otrolunes44-7Cuba, cenizas de un proyecto (2014): Este compendio reflexivo me causó dolor y aún me hiere. Yo fui  –y casi podría decir que lo sigo siendo– una enamorada de las ideas que en el principio enarbolaron en Cuba quienes en la escuela de magisterio, en las montañas orientales de Minas del frío, sembraron la semilla del conocimiento social y político, en la jovencita que yo era. Hice mías –para siempre– muchas de las máximas que entonces manejaban nuestros profesores y que yo comprendía que eran justas, adecuadas y necesarias. Pero el paso del tiempo derrumbó poco a poco la esperanza que dejó en mi vida aquellas promesas sociales incumplidas. Mi matrimonio con un extranjero de “área NO socialista” contribuyó y aceleró mi decepción, porque entonces constaté, desde otra esfera social diferente, que algunas de las personas a quienes yo admiraba tenían los pies de barro.  A los dos años de residir en Madrid, intenté escribir sobre el proceso que viví en mi país. Pero me dolía tanta desesperanza, se me hacía un nudo en el pecho y tenía que dejarlo. En noviembre de 2010 fue que pude arrancar ese dolor y plasmarlo a través de palabras. Y aunque el libro se publicó con un nuevo título, la primera denominación de mi desgarro se llamó Sueños rotos. ¡Porque no hay otra manera de definir lo que al respecto siento!

 

helena-vilarelle-entrevista-otrolunes44-6Asomada a la vida. Curiosidad y aprendizaje (2016): Los dos libros anteriores yo no decidí publicarlos, sino que el destino determinó  el derrotero de esos escritos;  Pero Asomada a la vida. Curiosidad y aprenzaje sí es de mi decisión absoluta. Son los recuerdos de una niñez y una infancia llena de vaivenes, de sorpresas y de búsqueda de comprensión a tantos cambios repentinos. Es el caminar porque no puede uno detenerse, ni siquiera cuando no comprende el por qué, no se puede detener. Es el  aceptar que se es diferente porque todos te lo echan en cara, y el vivir la soledad en medio del gentío. La naturaleza fue mi compañera cuando abrí los ojos al conocimiento, y ella me enseñó que hay que adaptarse: por eso la niña que fui amó sin aferrarse ni esperar algo a cambio. ¡Te invito a transitar entre las  palabras de mi libro, cual si de la mano te llevara!

 

Pero antes hubo más, en Cuba. No podemos olvidar que ese género que hoy todo el mundo sigue, las tele y radionovelas, fue creado por el cubano Félix B. Caignet, convirtiendo a nuestra isla en un país cabecera en la producción de radionovelas y de programas seriados televisivos. Además de escribir guiones para programas infantiles, y además de tu vida como actriz de la Televisión Cubana, escribiste libretos para programas televisivos de mucho éxito, aún muy recordados por miles de cubanos, como «Sector 40» y «Móvil 8». ¿Qué le aportó esa experiencia a la joven escritora que entonces eras?

Tengo que aclarar algo, yo no fui actriz de la Televisión cubana, sino que lo era de teatro: formaba parte del elenco que trabajaba en la agrupación “Francisco Covarrubias” y que devino en grupo de teatro político “Tercer Mundo”, para más tarde quedarse con el nombre de Teatro “Bertolt Brecht”. Estando en ese grupo, el equipo que se ocupaba de la realización cinematográfica y televisiva de “Móvil 8” y “Sector 40” acudió en busca de actrices nuevas para sus realizaciones; yo fui una de las tres elegidas. Entonces sí trabajé como actriz, pero no para la televisión, si a través de los programas que antes mencioné.

Helena, el día de su boda en Cuba.

Helena, el día de su boda en Cuba.

Curiosamente, los libretos infantiles que sí había escrito para la televisión cuando era mucho más joven nunca salieron con mi nombre, porque existía una ley que controlaba quiénes podían escribir para la televisión cubana. Eso llevaba un largo proceso de tamizaje y, cuando el director de ese programa solicitó puntualmente mi ayuda por falta de guionistas, le escribí unos tres o cuatro libretos que salieron al aire con su nombre; más tarde, él me entregó el dinero que pagaban por dicho trabajo. Ahí terminó todo. Como dato curioso debo decirte, que nunca vi los programas que escribí, ni aquellos policiacos en los que trabajé como actriz, porque yo no tenía televisión, ni tiempo para ir a casa de una vecina a verlos. Por esa época, la gente me paraba y me preguntaba sobre lo que habían visto, por eso sabía que habían emitido los programas. Al respecto, quisiera contarte una anécdota: En una ocasión un grupo de niños me gritaron  que mi padre era mariguanero y  yo me quedé de piedra; caminaba por la calle Belascoaín, que siempre tenía mucho tráfico peatonal, y todos se volvieron a mirarme. Estuve aturdida un buen rato, sin comprender lo que sucedía, hasta que recordé que había trabajado en un “Sector 40” donde hacía de hija de Maritza Rosales y Reinaldo Miravalles, y que éste interpretaba a  un personaje que consumía y vendía drogas.

Los programas televisivos policiacos se trabajaban en equipo. Fue entonces que surgió el amor por la etimología; tenía que estar segura de que ningún censor malinterpretara mis palabras. Esa etapa abrió caminos y me ofreció la oportunidad de escribir en solitario el programa de “Operación secreta” en una emisora pinareña. Así que cuando se hizo firme la solicitud de  que me hiciera cargo de la elaboración  del programa policiaco radial, pedí tres libretos buenos; quería  hacerme una idea de cómo debía enfrentar lo que me tocaba desarrollar y comencé mi trabajo de guionista.

No fue la televisión decisiva en mi vida de escritora, sino la etapa laboral en la Emisora “Radio Guamá” en Pinar del Rio.

 

En tu currículum, además, mencionas algunas novelas radiales trasmitidas por el espacio de mayor rating popular en la radio cubana: La Novela Cubana, que en ese tiempo era sólo superado por el clásico humorístico «Alegrías de sobremesa» escrito por el gran Alberto Luberta. Me gustaría que recordaras a los lectores qué temas abordabas en esas radionovelas:

Donde muere la tarde: Esa fue la primera novela que escribí. Nadie me la pidió y ni siquiera pensé en la responsabilidad que asumía al proponer el tema a la dirección de la emisora pinareña. Si me lo permites, me gustaría comentarte de qué modo surgió el proyecto. Un día me invitaron a ver el Faro Roncali, en el Cabo de San Antonio y, por supuesto, acepté. Después de un largo camino, nuestro vehículo llegó hasta La Bajada; a partir de allí no había carretera, sino un camino de tierra desnivelado. Cuando descubrías el mar, el terraplén se bifurcaba bordeando la costa hacia la  izquierda y hacia la derecha; a la derecha se iba hacia el faro Roncali y tomamos esa dirección. La costa apenas tenía asomos de arenas, más bien estaba formada por rocas afiladas que se denominan allá en Cuba “dientes de perro.” Cerca del faro me sorprendió la presencia de varias cruces de  madera rústica, algunas caídas sobre los restos de caracoles que apenas vislumbraban su devenir en arena. El mar, evidentemente, tenía todas las trazas de ser el causante de la caída de las cruces que estaban en el suelo. Yo preguntaba sobre todo lo que veía. Entre el faro y el cementerio se levantaban tres o cuatro viviendas pequeñas, habitadas por hombres nacidos en el lugar y que se dedicaban a la tala de madera y la preparación de gigantescos hornos de carbón. El farero nos mostró la construcción que custodiaba.

Faro Roncali, Pinar del Río, Cuba.

Faro Roncali, Pinar del Río, Cuba.

Al regreso, encontramos por el camino a Nieves Cordero. ¡Un hombre con nombre de mujer! Iba descalzo y pisando el camino polvoriento bajo un sol ardiente. El jeep en el que viajábamos se detuvo junto al lugareño y se liaron a hablar un rato. Nieves era  llano, de palabrería fácil y compartidor. Nos invitó a tomar café en su casa, que estaba en el mismo camino por el que  rodábamos, un poco más allá de la bifurcación de La Bajada. No quiso montar en nuestro vehículo y siguió a pie. Nosotros nos adelantamos y mientras tanto, mis acompañantes me hablaron de Uvero Quemado, donde tenía su casa Nieves Cordero, sitio en el que se había establecido la comandancia del “Che” a principios de Revolución.  Nieves era uno de los dos hombres más conocidos y famosos en la zona de Guanahacabibes. Cuando él llegó a su casa, nosotros conversábamos animadamente y su mujer ya nos había hecho el café. Yo no podía apartar la mirada de los pies del hombre; los dedos de sus extremidades, por lo recios, se me antojaban raíces de árbol y le denominé, para mí coleto: “el hombre ceiba.”

Me enamoré. Me enamoré de la zona más occidental y virgen de Cuba. Me enamoré de Nieves y su mujer Ofelia. Me enamoré de la rudeza de sus vidas y recordé la riqueza campesina, del guajiro de  orilla de mar. Les entendía muy bien. Entendía sus miradas, sus gestos. Todo me recordaba a mi niñez y deseé escribir sobre sus esfuerzos. Nieves fue el protagonista de mi primera novela. El título Donde muere la tarde hace referencia a que desde esta zona costera occidental, se puede disfrutar de las puestas de sol, pero de manera simultánea, muestra el final de una etapa inocente de vida campesina.

Tú, me has preguntado sobre la novela, y yo te he narrado cómo y en qué momento la concebí. Es posible que no sea esto lo que deseabas conocer, pero estimo que refleja el nacimiento de una idea que después desarrollé. Viví tres meses en compañía del matrimonio. Descalza como ellos, porque no quería diferenciarme. Recopilé anécdotas que les arrancaba poco a poco, ya que en un principio el silencio y el escapismo fue la tónica de la pareja hacia mí. Pero vencí la resistencia integrándome a sus vidas: ¡Hasta llegué a construir, sin ayuda, un horno de carbón  pequeño, con todo lo que requería uno grande.

La novela no se radió en la emisora de Pinar del Río porque cuando yo tenía todos los datos que necesitaba, ocurrió una situación personal familiar que me obligó a establecer de nuevo mi residencia en La Habana. En Radio Rebelde asumí el programa “Tribunal Trabaja“, además de  otros de corte educacional. Por esos días conocí al hombre que sería mi marido y ese hecho fue el que determinó que yo, escritora de policiacos  y programas educativos, deviniera en novelista: el  director de programación solicitó mi presencia y argumentó que  no debía seguir trabajando programas con acceso a  información clasificada. Me propuso, que presentara la sinopsis de un tema libre: Donde muere la tarde, así, ocupó el espacio de la novela cubana en Radio Rebelde, una emisora mucho más conocida e importante.

 

Un motivo para vivir: Este título fue mi cuarta novela. Constituyó  una historia entrañable de arduo  trabajo en hemeroteca, entrevistas variadas e imaginación. Hice un árbol genealógico, porque recreé cómo surgió el asentamiento de Caimanera, cuando aún no existía la base naval de Guantánamo en su cercanía. Este poblado, según la historia que pude colegir, comenzó con  dos familias de pescadores y después fue creciendo. Mezclé sucesos históricos, sociales reales e inventados, pero siempre utilicé la lógica deductiva  probable. La base naval de Guantánamo surgió en el sitio y proporcionó cambios rápidos en la zona; yo los aproveché para el crecimiento poblacional. En la novela se suceden las situaciones amorosas propias de toda sociedad, pero no es una novela histórico-política, sino más bien histórica-social. Cuidé mucho ese desarrollo, no quería en modo alguno incurrir en los clichés propios de casi todos los escritores de mí época, que emulaban por destacar mediante pronunciamientos políticos, aunque desde luego, no pude evitarlos completamente y los suavicé en medio de la trama emotiva de los personajes, que se involucraron y trabajaron en la Base Naval en los principios de su creación. Es la única de mis novelas que tengo grabadas completamente. También destaqué la sensualidad que está presente siempre entre los habitantes de esa zona. Disfruté mucho con los diálogos juguetones que los actores Mario Limonta y Teresita Rua recrearon a la perfección, interpretando a “Pausidio y Ramona”.

 

Cuando se lleva ya tiempo en los caminos de la literatura, los escritores suelen verse como seres aislados, independientes, pero se olvida la gente de que existió un tiempo esencial de formación en el que recibimos muchas influencias de amigos, maestros, instituciones. ¿Qué recuerdas de esas influencias en tus primeros años? ¿Cuáles son tus influencias actuales?

helena-vilarelle-entrevista-otrolunes44-3La verdad es que como escritora nunca me he sentido aislada. Tampoco me ha influenciado persona alguna. Y por supuesto, no hubo quien me ayudara  a enfrentar el mundo literario en mi juventud. Fui una devoradora de libros, los que caían en mis manos. Sin embargo, recuerdo que cuando ni siquiera pensaba ser la escritora que después fui, me presentaron a un poeta de nombre  Pedrito Díaz, de quién nunca leí nada. A ese hombre agradezco el que deshiciera uno de mis escritos personales juveniles. Si alguien influyó en mi modo de trabajo de hoy, fue él, porque tachó tantos adjetivos y palabras en la redacción de una cuartilla, que  me quedé con cinco renglones. Probablemente notó mi desconcierto y decepción. Y, entonces, Pedrito me explicó el por qué esas palabras sobraban y me mostró, con lo que quedaba, que la idea tenía sentido completo y rotundo, que todo lo demás eran hojas que cubrían al tronco, y yo lo entendí.

En la actualidad sigo mi camino de siempre, no me siento influenciada, pero sí libre. Escribo en solitario aparentemente, porque dentro de mí hay una gran  amalgama de experiencias mancomunadas que pugnan por  salir y tengo que contenerlas.

 

Un fenómeno común en las letras latinoamericanas es la fuerte presencia de una fuerte literatura escrita por mujeres, siendo los más notables los casos de Argentina, Cuba y México, donde esas obras no son tan dependientes de las corrientes de feminismo, luchas por las libertades sexuales, etc., en las que suelen inscribirse buena parte de la escritura «femenina» en otros países. Ello no significa que se abandone esa lucha natural de la mujer creadora por hacer valer su voz, su mirada sobre la realidad, pero, como me dijo hace unos años la escritora argentina Liliana Heker: «el acto de escribir no tiene sexo, lo que varía es la formación cultural y la perspectiva desde la que se asume un tema». ¿Cómo has asumido tú, como mujer, el acto de escribir?

Nunca me ha preocupado, ni me ha robado el sueño. Para mí, como Liliana Heker: “El acto de escribir no tiene sexo”; ahora bien, cuando era guionista de radio y escribía mis novelas, di más participación a la presencia femenina que a la masculina, porque quería destacar, con los personajes que creaba, la lucha social de la mujer en el sencillo ámbito en que su vida se desarrollaba, así como permitir qué más actrices participaran laboralmente.

 

Obviamente existió un cambio en tu carrera literaria, brusco si se mira desde afuera: primero, un largo silencio de muchos años sin escribir, para retornar a la escritura en el 2014, y segundo, tu decisión de empezar a escribir desde la memoria, rescatando importantes momentos de tu vida en Cuba. Me gustaría que hablaras a nuestros lectores sobre qué motivó ese ausencia y cómo se produjo ese retorno a la literatura.
Con su gran amigo, el escritor y poeta español Juan Calderón Matador.

Con su gran amigo, el escritor y poeta español Juan Calderón Matador.

Te aseguro que nunca dejé de crear, solo que  las anécdotas se almacenaban en las circunvoluciones de mi memoria. La llegada a España, concretamente a Madrid, donde residí desde 1991 hasta 1994 de manera permanente, me desubicó en todos los sentidos. El afectivo fue el orden personal más permeado: Mi marido trabajaba en el extranjero y le veía cada dos meses, una semana. Cuando tuve mi primera máquina de escribir –porque aún no sabía manejar un ordenador–, el desaliento se apoderaba de mí y no le encontraba objetivo a crear. Fui infeliz hasta 1995. Ya te comenté que fue cuando surgieron los relatos que incluí en el libro La animadora telemática. Pero esa incursión en una realidad totalmente nueva, que motivó mis deseos de escribir, duró  menos de un año y entonces, vino un largo silencio en el teclear. En este tiempo de vacío  literario aprendí a manejar algunos programas de la computadora. En el año 2009 falleció mi compañero de vida y, al siguiente, novelé cómo le conocí allá, en mi tierra. De forma paralela, surgieron las reflexiones dolorosas del fracaso de los sueños de mi generación en el suelo natal. Todas esas historias, relatos y reflexiones, dormían en la memoria de mi computadora cuando, en el año 2013, dos escritores y poetas que veraneaban en Guardamar del Segura crearon la agrupación de la tertulia literaria de la localidad. Me sumé a ese proyecto. Nos reuníamos todos los jueves y yo presentaba un relato cada semana. Renací como escritora y aprendí a redactar de manera diferente. Porque un guion radial se diferencia bastante de un escrito literario. Agradezco a Juan Calderón Matador y a Javier Bueno, que encauzaran el publicar lo que escribía.

 

Asomada a la vida. Curiosidad y aprendizaje es un libro que considero necesario pues regresa a una época de Cuba que ya sólo existe en la memoria de quienes la vivieron; una Cuba donde, pese a la corrupción política, las palabras dignidad, honestidad, decencia, amor al prójimo eran claves para entender la sociedad. ¿Qué piensas de aquella Cuba, la de tu infancia y qué valores tenías que se fueron perdiendo en esa otra Cuba que habitaste en tu adolescencia y madurez, hasta que llegaste a España?

Esta es una pregunta que  exige una amplia exposición, pero concretaré: Para mí, la unión es fundamental en todos los aspectos de la vida y en el familiar más que en ninguno. Precisamente porque yo no tuve una familia unida, la valoro muchísimo. Eso es lo primero que me chocó con respecto a los cambios sociales que se produjeron  en Cuba. La desunión, la desconfianza, la separación y la prohibición de mantener correspondencia con los que se marchaban del país, tanto familiares como amigos. De adulta, me molestaba mucho tener que restringir mis opiniones, pero aun así, el concepto de libertad que yo conocía no era ni una décima parte del que hoy disfruto.

 

Sé que te has propuesto escribir una serie de esas memorias. ¿De qué tratarían esos otros libros que ahora mismo estás escribiendo?
El escritor, poeta y fotógrafo español Javier Bueno, junto a Helena y la Consejal de Cultura, Pilar Gay, durante la presentación de "Asomada a la vida", en agosto de 2016.

El escritor, poeta y fotógrafo español Javier Bueno, junto a Helena y la Consejal de Cultura, Pilar Gay, durante la presentación de «Asomada a la vida», en agosto de 2016.

Es la vida de un ser humano desde mi prisma personal. Parto de mi propia experiencia en un mundo social  políticamente cambiante, e  intento ser justa en cuanto a lo que viví en cada momento. Me he propuesto no enjuiciar, salvo que lo hubiese hecho en el instante que describo. Cada uno de los libros que desarrollaré, plasmarán el curso de la vida en una época determinada que ya nunca volverá a repetirse de la misma manera. Afortunadamente, mi andar ha sido prolijo en experiencias y eso ya se hace evidente en el primer tomo. El segundo, que ya estoy trabajando y saldrá el próximo año, es continuidad del que ya está editado, tiene como subtítulo: Asomada a la vida. Adolescencia y pubertad. No sé en qué instante de mi vida lo finalizare, pero abarca ambas etapas. En un principio pensé que estas memorias serían una trilogía, pero ya sé que serán más tomos. Quiero que desarrollen la trayectoria de mi vida hasta la actualidad y tengo setenta y un años; ¡a punto de los setenta y dos!

 

Un escritor es, también los sitios que habita, los lugares que lo marcan. Voy a mencionar cuatro sitios y quiero que recuerdes que marcas han dejado esas ciudades en la creadora que eres: Cienfuegos, Varadero, Pinar del Río, La Habana, Guardamar del Segura.

Cienfuegos.– Como ciudad hermosa, limpia, pero en el plano emotivo personal, mi estancia en ella fue desgarradora. Ya sabrás por qué digo eso cuando leas la  etapa de mi vida que allí viví, fue definitoria.

Varadero.- El Varadero de hoy no se parece en nada al de mi infancia. A ese le amo entrañablemente y el de hoy me es totalmente ajeno.  Hubo un tiempo en que casi todas las chicas de mi edad que conocía y por las que sentía afecto se habían marchado a Miami. Eso era desolador.

Pinar del Rio.- Para siempre esa región estará unida a mi desarrollo como escritora.

La  Habana.- Allí estaba mi guarida, que ya no existe, porque el Hotel San Luis se derrumbó por la desidia de quienes debieron cuidar los cimientos de tantas edificaciones históricas. Los recuerdos están ahí, pero muchos lugares han desaparecido o se han modificado. Historia. Eso es la Habana para mí.

Guardamar del Segura.– Expansión espiritual aunque la física esté limitada. Libertad  imaginativa, rememorativa y a la vez despegue hacia lo infinito.

 

Vivimos en la era de las tecnologías. Hace un tiempo conversábamos que empezaste escribiendo tus obras en aquellas ruidosas pero encantadoras máquinas de escribir. Sería interesante saber en qué ha variado, de entonces a hoy, para bien o para mal según tu criterio, tu proceso de escritura, a causa de esas tecnologías.

Yo creo que la computadora y el uso de internet permiten agilidad a la creación artística, pero nada más. Hay escritores que esbozan a mano sus ideas y después las pasan en limpio, a máquina antaño y hoy al ordenador. Yo siempre escribí directamente a máquina: Mis ideas y argumentos vivían en mi interior y únicamente necesitaban  asomar mediante letras, formando palabras sobre una hoja. En varias ocasiones, cuando escribía guiones de radio, me vi en la necesidad de redactar un capítulo completo directamente en la hoja de dito, en la que se imprimían los caracteres de las letras, pero no se podía ver las palabras escritas hasta que no se pasara la hoja impresa, por el rodillo impregnado en tinta del tambor del Ditograph. ¡Imagínate! ¡Un proceso de impresión tan viejo!  En Cuba trabajamos muchas veces como verdaderos héroes al hacer uso de medios tan rudimentarios porque no teníamos  tinta para las cintas de nuestras máquinas de escribir. Supongo que en la actualidad no suceda eso en nuestro país, o al menos, eso deseo.

 

Desde 1991 vives en España. Cuba… Y entonces se impone una pregunta, como extensión de una anterior que ya te hice aquí: ¿en qué sentidos ha variado tu percepción de aquella Cuba que dejaste hace ya 25 años y esta otra Cuba donde aún habita parte de tu familia?

A fuer de sincera, aunque nunca me olvido de la familia, ni las personas con las que compartí amistad, trabajo, vecindad…, percibo aquello como pasado. No añoro, porque soy realista y, a mi edad, ni siquiera puedo plantearme el ir a visitar a la  familia. Me gustaría que la prosperidad pudiese asentarse en Cuba, pero me temo que eso aún está lejos. Creo, por lo que algunos cubanos que viajan de vacaciones me cuentan a su regreso, que la moral se ha resquebrajado, que el léxico deja mucho que desear en la juventud, pero esas, son percepciones subjetivas. Como ya te he dicho, percibo aquello como pasado.

 

Finalmente, pregunta socorrida, pero siempre necesaria: ¿qué escribes actualmente?

El segundo tomo de Asomada a la Vida, que como ya dije se titula Adolescencia y pubertad y me está revoloteando algo tan ambicioso como imaginativo, relacionado con la vida de mi madre, mas no le doy paso aún. Prefiero avanzar en un solo frente y más tarde divergir tareas: ¡Mientras tenga algo que contar, la Parca se apartará de mí!