En momentos de crisis editorial, cuando los autores «vendibles» son ciertas estúpidas caras de gente descerebrada y sin ningún talento literario, que perpetran libros aprovechándose de sus impactos mediáticos, hay que celebrar por todo lo alto que alguna editorial se arriesgue a trabajar con seriedad en proyectos donde, para suerte de quienes amamos la buena literatura, nos encontramos con nombres imprescindibles de la Novela negra, género que el méxicano Paco Ignacio Taibo II considera el género costumbrista por excelencia de las actuales sociedades española y latinoamericanas.
Ediciones del Serbal ha asumido el resto de demostrar que se puede crear una colección de altura literaria, con autores de una probada calidad como los españoles José Luis Muñoz, Fernando Martínez Laínez y Pablo de Aguilar González, el chileno Dauno Tótoro Taulis, el argentino Rolo Díez y el venezolano Marcos Tarré Briceño.
Para celebrar ese nacimiento, quisimos en OtroLunes conversar con estos autores.
¿Qué le parece la iniciativa de La Orilla Negra y qué expectativas se abren con la colección?
José Luis Muñoz: Es una iniciativa muy interesante, desde mi opinión, que va a posibilitar el conocimiento de autores de las dos orillas que compartimos un mismo idioma. En el género negro, no sé por qué razón, pero eso me lo ha dicho una librera experimentada que lleva muchos años en el oficio, se tiende a desvalorizar la novela negra que se escribe en castellano y hora es de que esa tendencia cambie. Creo que La Orilla Negra va a ser en ese sentido un instrumento muy válido de intercambio entre dos continentes lejanos físicamente pero muy próximos en lo cultural.
Fernando Martínez Laínez: Es una apuesta audaz y arriesgada, pero necesaria. No existía actualmente en España, que yo sepa, una colección de novela negra dedicada a autores en lengua española. Espero que la apuesta cuaje, aunque el momento es difícil. El mercado del libro atraviesa momentos duros. La lectura es un bien cultural que tiene que competir con otros muchos «divertimentos», sobre todo entre los jóvenes.
Marcos Tarré Briceño: No es casualidad que la colección La Orilla Negra haya surgido de una editorial de Barcelona y de la mano de un director que se hizo barcelonés. En Barcelona, en cierto momento que yo pude disfrutar, se conjugaron elementos como la biblioteca La Bóbila, la Semana Negra y la librería Negra y Criminal, que le daba un toque de cotidianidad, de vino, mejillones y encuentro semanal de escritores de novela negra de ambas orillas, para conocernos, intercambiar ideas y regodearnos entre amigos. Además, en un plano más general, Barcelona, con San Jordi, el respeto, culto y amor a los libros y su apertura al mar y al emprendimiento, ha sido y sigue siendo cuna de ideas, empresas y proyectos. Barcelona es un centro del negocio y cultura editorial y para los escritores de la “Orilla Americana” es una referencia, un punto, una meta a la que todos ansiamos llegar o conocer…
No sé si de forma perfectamente programada y calculada o por mera intuición, la editora Noelia Riaño y el excelente escritor José Luis Muñoz, quién dirige con acertada mano la colección, abrieron una puerta de una incalculable dimensión, apostando no sólo al mercado de 500 millones de latinoamericanos, sino también a la desbordante creatividad de los escritores de novela negra de la “Orilla Americana”.
En Latinoamérica estamos acostumbrados a ver nuestras librerías saturadas de libros publicados en España y los pocos autores locales que las sucursales en América de las grandes editoriales españolas editan no son llevados al mercado español ni a los otros países de nuestro continente. Después del boom de literatura latinoamericana, bien explotado en España, se olvidaron de América… La iniciativa de La Orilla Negra es un paso importante para restablecer un justo equilibrio.
Entre las novelas finalistas consideradas por el jurado del premio Planeta de 1999 estuvo Bala Morena. Luego se publicó por primera vez en Venezuela y a José Luis Muñoz, le gustó mucho el libro y se le metió en la cabeza que esa novela debía publicarse en España. La ocasión llegó en el 2016, cuando se inició la colección. El me pidió un cuento para el libro de Relatos de La Orilla Negra y un ejemplar de la novela para editarla, así que participo por partida doble en la colección.
La edición nueva de Bala Morena llega en un excelente momento, porque el tema del conflicto colombiano está nuevamente sobre el tapete, con los acuerdos de Paz y el significativo “No” que emitió el pueblo colombiano que quiere Paz, pero también quiere Justicia. Bala Morena, ambientada, en ese terrible conflicto recuerda lo que fue, los intereses que ahí se movían, las operaciones de inteligencia, los campamentos guerrilleros y lo intrincado de las zonas y paisajes en dónde mucho de estas cosas sucedieron. Bala Morena es la primera de una trilogía sobre este conflicto que se ubica en una gran porción de la frontera con Venezuela, una frontera de selva muy permeable y cuyos personajes y población civil fue dramáticamente impactada, dejando una secuela de víctimas, desplazados y traumas.
La iniciativa de la colección La Orilla Negra, con un libro de relatos y seis novelas publicadas simultáneamente es una apuesta inteligente de Ediciones del Serbal, de su directora Noelia Riaño. Es una apuesta que sabe del potencial de creadores y mercado existente en ambas orillas del Atlántico y que entiende que la novela negra ha adquirido madurez, cada vez más lectores y que, a la diversidad de tramas se le suma el atractivo universal de tocar ambientes de diferentes países, de diferentes formas de escribir y sobre todo, de la enorme riqueza del idioma español en cado uno de sus matices, expresiones y formas que ha desarrollado en cada país. Estoy muy orgulloso de formar parte de la “primera generación” de la colección y creo que abre excelentes puertas, sobre todo cuando se formalicen acuerdos de edición o distribución en el continente americano y también cuando salga al mercado la versión digital de los libros.
En paralelo a los esfuerzos de José Luis Muñoz y de Noelia Riaño, los autores también podemos aportar nuestro granito de arena. En mi país varios escritores de novela negra acabamos de crear el grupo “La Orilla Negra Venezuela” con el objetivo no solo de canalizar manuscritos y trabajos que puedan ser interesantes para su publicación, sino también para generar diferentes manifestaciones o expresiones de culto a la novela negra, a través de comentarios o notas en los medios locales, lecturas, conversatorios, festivales… Es una iniciativa que hemos sembrado.
Dauno Tótoro Taulis: Apenas me enteré del proyecto de Ediciones del Serbal y fui invitado a participar en la colección, comencé a hacer memoria de aquello que he leído, y a buscar experiencias similares en el género. La verdad es que no encontré algo que se le parezca. Hay antologías de autores latinoamericanos, o específicamente argentinos, o mexicanos, o españoles, o colecciones en que se ha traducido a norteamericanos, ingleses, franceses o escandinavos. Pero esta idea de “coleccionar” a autores de habla castellana que escriban desde España y Latinoamérica es, sin dudas, original. Entonces, La Orilla Negra parte siendo una experiencia inédita, pero además del tema de las nacionalidades o de los bordes oceánicos, los lectores tendrán acceso a una ventana para asomarse a la negrura que, aunque brota con una misma lengua, lo hace desde escenarios diversos (muchas veces desconocidos para la mayoría), y con esa carga de identidad tan gigantesca como fragmentada que constituimos. Sin duda que desde esta orilla aportaremos un abanico variopinto de rufianes, como los hay tantos en estos sitios.
Participar en esta aventura, compartiendo el barco con navegantes de la talla de mis compañeros de colección, es un orgullo ya desde el zarpe, y un desafío como el de las exploraciones con que soñara desde mis primeras lecturas.
Pablo de Aguilar González: Pues una idea magnífica que nos va a mostrar el buen género negro escrito en español, no importado; sin traducciones. Creo que se va a consolidar como una de las colecciones de novela negra de referencia.
Rolo Díez: Veo la colección como una de las muy buenas que hoy existen en idioma castellano. Soy autor de ella y además codirijo con Roberto Bardini la colección Código Negro en la que hemos aplicado el mismo criterio de publicar obras de autores de Hispanoamérica.
Durante 2014 publicamos en Argentina 12 títulos de autores argentinos, cubanos, españoles, mexicanos y uruguayos. Estuvimos en pausa en 2015 y acabamos de reaparecer en México con la misma buena idea de pluralidad y mestizaje.
Con este enfoque, las perspectivas de La orilla negra me parecen entusiasmantes. El hispanoamericanismo de la colección sin duda va a contribuir a romper los guetos en los que hoy circula la novela negra.
¿Qué entiendes como novela negra?
José Luis Muñoz: Las definiciones siempre son peligrosas porque tienden al encorsetamiento. Hay eternas discusiones sobre lo que es o no novela negra y sus diferencias con la novela enigma. Para mí es una mirada, una forma de narrar el lado oscuro de la sociedad y el hombre y ello conlleva forzosamente que sea novela social.
Fernando Martínez Laínez: Una novela que gira alrededor de hechos y personajes criminales, y cuyos dos rasgos esenciales son: una ambientación «negra» y trasfondo social.
Marcos Tarré Briceño: La novela negra puede tratar de un misterioso y único crimen o bien de un asesino serial, de las angustias de un adicto o de los enredos financieros de un legitimador de capitales del narcotráfico, del crimen brutal en los ranchos o favelas o de crímenes aún más brutales en los ambientes más sofisticados, del policía más honesto al más deshonesto, de los abusos de las dictaduras a los abusos de las democracias y pseudo democracias, del infierno de las cárceles al infierno de las drogas, de la bestial furia femicida al frío calculo terrorista… De todo hay, afortunadamente, en el amplio abanico de la novela negra. Y en eso reside su fortaleza, así como la curiosidad e interés de los lectores que no dejan de sentir atracción hacia el lado oscuro de las situaciones y relaciones humanas en un contexto y mundo que se ha hecho cada vez más violento.
Dauno Tótoro Taulis: Veo en la novela negra, en vez de un género rígido, estrecho y estrictamente delimitado, un abanico de posibilidades narrativas que gravitan en torno al núcleo del relato policial y que se extienden y se amalgaman con la novela de anticipación, la crónica periodística, la narrativa social. Una novela que es una ventana por la cual asomarse para percibir las facetas más oscuras de la condición humana, los nuevos monstruos, los de hoy, a la vez que los nuevos héroes, los de nuestros días.
Si en los tiempos que corren vamos a hablar de nuestro entorno, de nuestro cotidiano, de lo que sucede allá afuera, no podremos evitar encontrarnos con el crimen a diestra y siniestra; el que ocurre en los callejones sombríos, en los iluminados edificios corporativos, en los sótanos secretos de las compañías farmacéuticas, en los barracones de los regimientos, o en las entrañas de la selva. Entonces, la novela negra es la fotografía de la oscuridad de nuestro presente, a la vez que la luz o la tenacidad de quienes la combaten.
Pablo de Aguilar González: No soy un erudito del género. Pero creo que la novela negra, hoy día, ha superado el concepto de enigma, de misterio incluso de investigación. Quizá sigue necesitando un crimen, y puede que alguien discutiera hasta eso. La novela negra refleja la sociedad y, la mayoría de las veces, los rincones más sórdidos de la sociedad.
Rolo Díez: ¿Qué entiendo yo por novela negra? En la pregunta va la respuesta, porque novela negra es toda narración que uno entienda que es una novela negra. Las respuestas, entonces, son múltiples y personales. El concepto es muy amplio, incluye todas las oscuridades del alma humana de las que se ha ocupado la escritura del policial clásico con sus brillantes investigaciones a cargo de superdotados detectives, los más rudos investigadores estadounidenses en cuyas aventuras aparece la crítica social y lo que pase en textos llamados género criminal por otros críticos. En su metafórico nombre La novela negra puede incluirlos a todos.

¿Qué caminos o circunstancias te condujeron a la novela negra? ¿Recuerdas alguna anécdota de ese momento?
José Luis Muñoz: Mi literatura ha ido variando con las años, incluso a nivel genérico. A mí me iba la fantasía, el relato corto cortazariano, porque siempre he admirado mucho al escritor argentino, pero mis dos primeras novelas premiadas, El cadáver bajo el jardín y Barcelona negra, fueron incluidas en la mítica colección Etiqueta Negra de Paco Ignacio Taibo y Silverio Cañada y fui invitado a la primera Semana Negra de Gijón y aquello fue determinante para que siguiera explorando el género negro que es un instrumento muy versátil que te permite hablar de todo.
Fernando Martínez Laínez: La lectura de los clásicos del género, en especial los norteamericanos, y algunos autores europeos como Simenon o Dürrenmatt.
Marcos Tarré Briceño: Leo mucho desde mi infancia. Mi familia siempre tuvo un culto hacia la lectura y crecí rodeado de libros. Una actividad familiar era ir a la librería y poder escoger un libro. Cuando tenía 3 años, abandonamos Caracas, cómo familia de exilado político para vivir en Ginebra, Suiza. Recuerdo aprender a leer en francés en la escuela y español en casa. Luego de las aventuras de Tintín pasé a leer la colección completa de Sherlock Holmes y luego descubrí a Simenon. Actualmente la lectura la complemento con mucho cine y series de televisión. No llegan novedades editoriales a la Caracas de hoy. La situación de inseguridad que se vive actualmente hace que las salidas y la calle estén bastante restringidas. El cine latinoamericano está marcando pauta y comienzan a despuntar algunas buenas series policiales brasileras o colombianas.
La ficción le permite al autor profundizar, llenar vacíos, imaginarse situaciones o hechos, desarrollar una idea de lo que él cree que pudo haber ocurrido y lograr interés y empatía de ese potencial lector. Mucho tiempo después, cuando el libro publicado ya circula y comienzan los comentarios y encuentros con lectores, te vas consiguiendo con puntos de vistas, apreciaciones y lecturas diferentes, muy ricas, sujetas a lo que cada lector apreció o quiso entender, desde su experiencia y visión personal, de lo que se había escrito. Es un intercambio y articulación autor-lector sumamente gratificante, aunque ocurra meses o años después.
Dauno Tótoro Taulis: Creo que existe una delgada membrana, o una línea que vibra entre la ficción y la realidad, entre la novela negra y el periodismo gonzo. Siempre han sido para mí los paisajes, la selva, la montaña, los desiertos, los protagonistas fundamentales del relato que imagino. Como guionista, trabajo en el que me desempeño desde hace varios años, la imagen cinematográfica suele anteceder a la letra escrita por algunos minutos; es decir, mientras avanzo, primero “veo” la escena o la secuencia, y luego intento describirla con palabras. Como reportero, otra de mis “chambas” o “laburos”, cada vez que he regresado a casa después de trabajar en alguna zona de conflicto, o que he vislumbrado el poder de quienes operan desde bases militares, laboratorios o edificios corporativos, me ha embargado la sensación de derrota ante el mal exacerbado. Cuando me di cuenta que aquello que veía, y que no podía incluir en mis crónicas, era en realidad la esencia del conflicto, surgió la necesidad personal de hacer novela. He visto a un tipo de héroes agotados que, sin embargo, aunque se les muera todo a su alrededor, persisten en su batalla. Y me preguntaba, ¿qué los motiva? ¿Por qué aceptan ese llamado a la aventura si está claro que el resultado será aplastante? Creo profundamente en el reflejo condicionado, en que muchas veces uno actúa propulsado por fuerzas interiores incontrolables, por una especie de programación previa.
La Sonrisa del Caimán, que es la primera novela de una trilogía, y con la que se inicia mi participación en La Orilla Negra, nació a borbotones luego de cuatro años de trabajo casi ininterrumpido en los ambientes selváticos del sureste mexicano y en el Petén guatemalteco. Iba a cubrir como reportero los alzamientos de pueblos originarios, la rebelión campesina, las ofensivas militares. Pero encontré también, en los rincones sombríos de esos paisajes, las escondidas tuberías de futuras explotaciones petroleras, la solapada actividad de trasnacionales mineras, farmacéuticas y agroindustriales, la presencia disimulada de asesores militares norteamericanos en los regimientos mexicanos. Luego, en los años siguientes, he encontrado idénticas situaciones en el sur de Chile. ¿Qué hacer entonces para no convertirme en el periodista desquiciado? Novelarlo.
Pablo de Aguilar González: Pues la anécdota es que yo ni siquiera sabía que estaba escribiendo una novela negra. Me salió así. Me enteré cuando Ëdiciones del Serbal insistió en incluirla en la colección de La Orilla Negra, cosa que nunca les agradeceré lo suficiente.
Rolo Díez: Nací en una casa llena de libros. Aprendí a leer a los 5 años y desde entonces leo diariamente. Después de los cuentos infantiles, mi formación social estuvo ligada a las novelas de aventuras: Salgari, Alejandro Dumas, Miguel de Zévaco, fueron estimables maestros que forjaron en mí valores que me superaban. En la mítica década de 1960 decidí hacerme revolucionario guevarista y en 1968 entré en una organización de lucha armada. Durante 12 años la literatura no dejó de acompañarme pero pasó a segundo plano, relegada por la política y la acción. Entre fines de 1971 y mayo de 1973 fui un preso político. Salí amnistiado por el presidente Cámpora y seguí militando hasta 1977, cuando después de la derrota, el PRT-ERP (Partido Revolucionario de los Trabajadores-Ejército Revolucionario del Pueblo) decidió sacar a su gente del país y reorganizarse en el exilio. Tres años después, tras varios fraccionamientos políticos y cuando era evidente que el retorno militante no existiría, dejé el PRT y en noviembre de 1980 vine a México. Aquí comencé a conseguir trabajos en los que tenía que escribir: guionista de historietas y de programas de televisión. Me convertí en un tipo que escribía todos los días. Eso, sumado a que tenía en la cabeza una gran historia que quería contar, hizo que poco a poco se me fuera apareciendo la idea de escribir un libro. Me costó decidirme. Era mucho más cómodo ser lector. Pero una vez lanzado, no paré hasta terminar la novela testimonial Los compañeros, sobre las luchas revolucionarias en Argentina. Todavía no era un escritor, sin embargo. Empecé a serlo el día en que puse una hoja de papel en la máquina, escribí un título y las primeras líneas de un texto de pura ficción.
Sin que nadie me preguntara si quería o no serlo, inmediatamente fui considerado un escritor de novela negra. Me sentí cómodo en ese lugar, me pareció bien, y aquí estamos.
Como anécdota diré que cuando empecé a militar en serio, con 30 o 40 compañeros en la ciudad de La Plata, había uno del que después la vida me separó y del que más tarde supe que había caído en prisión, donde pasó 10 años y a quién –vueltas que tiene la vuelta- encontré más de 30 años después en Gijón convertido en excelente escritor de novela negra: Raúl Argemí, con el que hemos seguido rutas bastante paralelas.

Paco Ignacio Taibo II ha repetido que, como se dijo de las novelas de Balzac y la Francia de su época, se pueden entender mejor nuestras sociedades modernas leyendo novela negra. ¿Hasta qué punto esto es cierto o sólo una verdad de perogrullo?
José Luis Muñoz: Yo iría más lejos. La novela negra es la novela social de nuestra época, como heredera de la narrativa de Zola y Balzac. Yo creo que la ficción cubre los huecos premeditados de la historia, que nunca es objetiva. La guerra de Vietnam, el asesinato de Kennedy, son más entendibles desde la ficción cinematográfica que desde la historia. La ficción cuenta precisamente lo que no cuentan los historiadores, se acerca, en ese sentido, mucho más a la realidad si es que ésta existe.
Fernando Martínez Laínez: Es cierto que la novela negra ayuda a entender mejor el mundo actual, pero no solo ella. También lo hacen otras obras. Muchas novelas negras (las malas, que son cantidad ) deforman incluso la realidad. La clave está en la calidad y el talento del autor.
Marcos Tarré Briceño: La novela negra refleja las caras ocultas, clandestinas, ignoradas y desapercibidas de lo que ocurre en cualquier sociedad; puede ir mucho más lejos y más profundo que los reportajes de los medios de comunicación, con los añadidos de la imaginación de su autor, del tratamiento de los personajes, de cómo operan policías y criminales, de los diálogos, del lenguaje… Se trata de todo un submundo, que bien puede moverse en las más altas esferas y ambientes más lujosos así como en las zonas más pobres, desasistidas o marginales… Ese submundo, esa cara oculta ejerce una atracción en mucha gente, en muchos lectores.
Paco Ignacio Taibo II siempre ha sido fiel a una aproximación marxista de la sociedad y del tema. Yo lo veo de una forma más amplia. La novela negra per se, venga de donde venga y trate de lo que trate, profundiza en temas, problemas, relaciones profundamente humanas y sociales, permite adentrarse en mundos en los que la imaginación del autor rellena vacíos, propone, completa, profundiza. Para mí el objetivo de una novela es ofrecerle a un lector que uno no conoce opciones, generarle interés y suspenso, que se conecte con la trama, que se divierta y siga leyendo…
Dauno Tótoro Taulis: Leí en “Mágicos y Lógicos”, de André Maurois, que lo maravilloso toma, en cada época, una forma que sea compatible con las creencias y los monstruos del momento. Considero que, en su base, la novela negra carga de forma furibunda contra quienes, con sus fabricaciones monstruosas, con sus maquinarias infernales, buscan someter y desprestigiar al ser humano ante su propia inteligencia. Ya sea en casos puntuales, particulares, como en términos amplios y generales. Es como si la novela se conviertiera, en cada época, en una respuesta, una acción de resistencia ante los conflictos de esa época. Creo que viene bien el concepto de Maurois: si no hay dioses, ni musas o ninfas; si no hay encantadores, ni hadas, ni Nibelungos o Walhallas; si la ley, la justicia, las disciplinas científicas han sido secuestradas y los descubrimientos demonizados, entonces por lo menos habrá hombres y mujeres rudos para tiempos rudos; hombres cínicos para un mundo cínico; héroes buenos, de los mejores; héroes de nuestros tiempos. Si de algo sabemos por estas orillas, las de ambos lados, es de crímenes, de crímenes horrendos, todos aterradores.
Pablo de Aguilar González: Como he dicho antes, la novela negra refleja la sociedad en la que está ambientada. Por lo general, sus lugares más oscuros. Creo que uno se puede hacer una idea de cómo es esa sociedad adentrándose en el género.
Rolo Díez: No hay duda de que el arte, la literatura y toda la cultura son reflejo de la vida en sociedad. La afirmación de Marx sobre Balzac, entonces, aun siendo parcial –tan parcial como sería basarse únicamente en la economía, la política, la historia- es correcta y que la literatura ayuda a conocer mejor la realidad de un lugar en un tiempo determinado.

Durante muchos años fue un género menospreciado, considerado un género para escritores menores. ¿Qué espacio ocupa la novela negra dentro del panorama literario actual en tu país de origen?
José Luis Muñoz: Se ha producid una explosión que no sé si es buena. Hoy todo el mundo escribe novela negra, es una moda, y prueba de ello es que cada pueblo organiza su festival de novela negra. El problema de España es secular. No hay lectores para tantos autores y el género puede quedar desvirtuado si todo el mundo se cuelga la etiqueta. Lo que es muy positivo es que acceden al género nuevas generaciones de autores que toman el relevo a los veteranos, entre los que ya me encuentro.
Fernando Martínez Laínez: No estoy tan seguro de que fuera un género tan menospreciado. Desde el principio fue un género eminentemente popular, que tocaron muchos autores célebres, y con el cine acrecentó su influencia cultural y social. En España hay un gran número de autores consolidados que se aventuran a escribir novela negra, aunque algunos lo hagan de manera un tanto vergonzante. Como suele ocurrir en otros campos, se habla del género mucho más que se lee o se compra. El momento actual es de crisis. Se edita bastante, pero en muchos casos la calidad es mediocre y los temas repetitivos. Lo importante sería que salieran buenas obras, aunque fueran pocas, y se llegara a crear una escuela de novela negra española con sello propio.
Marcos Tarré Briceño: La novela negra, que antes era calificado como un “subgénero” de la ficción literaria, hoy, con la dimensión, universalidad y calidad de sus autores, ha alcanzado reconocimientos, no sólo del público, con quién siempre ha contado, sino también de la crítica y la recompensa de importantes premios literarios. Como bien señala Juan Luis Cebrián, el director del diario El País: “Narrar, elaborar un discurso espacio-temporal sobre la realidad, es la mejor manera de crearla, y la superioridad de la literatura a la hora de ejercer semejante empeño resulta evidente.” La novela negra es una ventana abierta a la violencia que existe actualmente en el mundo, permite conocerla y conocer a las personas detrás de la violencia, victimarios, víctimas, actores principales y segundarios; y la mejor manera de combatir un problema es conociendo lo mejor posible ese problema…
Latinoamérica tiene el triste privilegio de ser el continente más violento del mundo. Venezuela es, después de El Salvador, el 2do país del mundo con la peor tasa de homicidios. Este contexto terrible pero real hace que surjan respuestas creativas y novedosas, que van desde los mini reportajes, casi en vivo vía twitter, el fantástico cine latino, los documentales, las telenovelas, las series de televisión y por supuesto, una nueva y muy creativa ola de novelistas de novela negra. En esta tendencia se inscriben nuevos y emergentes valores, pero también escritores con más experiencia que buscan nuevas maneras para contar lo que ocurre en nuestro continente y por último novelistas que quizás no saben que están haciendo excelentes novelas negras, aunque ellos no se identifiquen con el género.
Así que nuestro continente va mal, pero la novela negra va bien, crece, con más escritores y lectores… Quizás la mayoría de los editores todavía no han percibido el gigantesco mercado que somos y el enorme potencial de historias que representamos.
En lo que respecta a mi país, Venezuela, que el gran escritor Federico Vegas califica acertadamente como “este margen incomprensible del mundo”, sometido por una pandilla de dictadores bananeros y gorilas militares disfrazados de socialistas, la situación es muy compleja. La terrible crisis económica, social y política que vivimos, unida a la más brutal represión a la libertad de expresión, si bien limita cualquier forma cultural o artística, ha generado una respuesta creativa subterránea, masiva, brillante, que busca sobrevivir en Venezuela y que empieza a sobresalir en el exterior. Pintores, músicos, escritores, cineastas, chefs, actores y actrices, productores, periodistas, filósofos, académicos, humoristas, caricaturistas, poetas, regados por el mundo, sobresalen, expresan y representan brillantemente a una Venezuela moderna, global, innovadora…
Dauno Tótoro Taulis: Muchos autores de novela policial, en Latinoamérica, han ejercido o ejercen el periodismo de investigación y los temas en los que se han ganado la vida como periodistas tienen que ver con la denuncia de las atrocidades de dictaduras, gobiernos corruptos, militares sangrientos, empresarios inescrupulosos. Pero la novela negra tiene la virtud de desplazarse por crímenes de diversa estofa, desde los pasionales a los genocidas. La salud de la novela negra, supongo, mejora en relación directamente proporcional al aumento de los males y de las pasiones criminales de nuestra época. Que se reivindique o no al género como “literatura de la buena” tendrá que ver con cuánto de nuestro mundo actual podamos registrar convincentemente para que lo entiendan los lectores de mañana.
Pablo de Aguilar González: En España hay un gran auge de novela negra. Sólo hay que ver la cantidad de festivales en torno al género que se celebran. Gijón, Getafe, Granada, Cartagena Negra, Matarranya, Cubelles…, bueno, no terminaría nunca. En todos esos festivales hay, además, un buen ramillete de autores. Creo que ningún otro género goza de tan buena salud.
Rolo Díez: Cada vez es más difícil creer y decir que la novela negra sea un género menor -¿menor que cuál otro podría ser una buena pregunta?-. Algún polvoriento crítico puede seguir pensándolo pero ya no es un pensamiento dominante. Como siempre ha ocurrido en todos los géneros, junto a chatarras literarias hay una buena y vigorosa novela negra en Argentina, y hay más festivales y jornadas dedicadas a él que a cualquier otro género de la literatura.

La disputa entre Sartre y Camus sobre el papel del escritor dentro de la sociedad parece recobrar vigencia en los tiempos que corren y, en el caso del género negro, toma un matiz especial si nos tomamos en serio eso de ser «cronistas de la sociedad». ¿Qué opinas de ese concepto: «escritor comprometido»?
José Luis Muñoz: Es una opción que está al margen de lo literario pero que yo considero como una obligación dentro de nuestra parcela que es escribir y con la que difícilmente cambiaremos el mundo, pero si podemos mejorarlo un poquito. No comulgo con el ideario liberal de Mario Vargas Llosa, pero eso no me impide reconocer su inmensa valía con escritor.
Fernando Martínez Laínez: Escritor es una cosa y comprometido otra. A veces coinciden, lo que puede estar bien, pero convendría diferenciar. Se puede ser buen escritor con un compromiso nefasto; o estar comprometido en una buena causa y escribir mal. El escritor no debería escudarse en el compromiso para camuflar sus propias carencias.
Marcos Tarré Briceño: Yo creo en el escritor comprometido con su obra, con el solo objetivo de escribir y presentar su creación a quién quiera leerlo. Su obra puede ser ligera, divertida, sin denuncias ni mensajes explícitos o puede tener un mensaje político o social predeterminado. Creo que todo vale, que toda escritura es buena, que toda novela negra ayuda a entender lo que nos ocurre; bien sea que el lector la devore de principio a fin o la deseche a la segunda página. En ese caso habremos fallado con un compromiso en el que sí creo: el escritor de novela negra debe hacer el mayor esfuerzo por presentar al lector algo interesante, que le atrape, que disfrute su lectura, que lo incentive a terminar el libro que tiene entre las manos y busque otro, a seguir leyendo más y más…
Dauno Tótoro Taulis: El compromiso y la reivindicación, por lo menos acá, que es más allá del océano, más allá de la pampa y luego más allá de la cordillera de Los Andes, cotizan muy bajo en la bolsa de los valores de la humanidad. Acá se comprometen y reivindican a destajo los que debieran estar tras las rejas. Por eso opino que lo del “escritor comprometido” no se debe vociferar ni predicar, porque para tener o no compromiso social habrá que leer lo que escribe, conocer sus tópicos, sus monstruos, los crímenes develados y los héroes que los enfrentan. Cuando Bayer ha comprado Monsanto, cuando hay sólo 4 corporaciones mutagenéticas a cargo de la seguridad alimentaria del planeta, cuando hay ejércitos privados que protegen los intereses de dichas corporaciones, cuando hay oficinas de aduana en los puertos de Sudamérica que controlan el cumplimiento del registro de patentes de los granos que se exportan, cuando un campesino siembra especies por las cuales no ha pagado derecho de propiedad y es encarcelado, hablar de ello y exponerlo en versión novela es tomar partido.
Pablo de Aguilar González: Creo que el escritor debe escribir sobre lo que le conmueve a él. Y esto, quizá, conmueva a sus lectores. Habrá escritores a los que les conmueva la desigualdad social y habrá a quien lo haga, yo que sé, el amor materno filial por decir algo. Para mí, se trata de transmitir emociones más que «soflamas» o «consignas». Ana Karenina es una novela que me conmovió, pero cuando Tolstoi se ponía a contar sus teorías agrarias me parecía un verdadero tostón. Quizá a otra persona si le gustaran, no sé. El caso es, para resumir, que yo no intento convencer a nadie de nada (¿quién soy yo para hacerlo?). Eso sí: me gustaría emocionar.
Rolo Díez: “Antes que escritor, soy ciudadano” dijo Saramago y, siguiéndolo, digo lo mismo. Hablo de mí, no de otros. Cada escritor trabaja la literatura como la siente. El amor romántico, el puro humor, las cuestiones sicológicas, la autoayuda, etc, tienen un espacio para quien quiera ocuparlo. Como todo lo que se me ocurre escribir aborda problemas sociales y políticos me considero un trabajador de la cultura comprometido con su tiempo y su espacio.



