"En la Cuba actual hay realidades más singulares y macabras que las que mi novela relata"

Entrevista con el escritor cubano Vladimir Hernández

Amir Valle

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A modo de presentación hacemos siempre a nuestros invitados un reto: el de mirarse e intentar explicar a los lectores de OtroLunes ¿quién es Vladimir Hernández? La respuesta, como para profundizar más el reto, debe enfocarse en dos aspectos inseparables pero que, con todo propósito, quiero que respondas por separado: Vladimir Hernández, el ser humano y Vladimir Hernández, el escritor, teniendo en cuenta en qué sentidos se contraponen o complementan estas dos “áreas” de tu vida.

Vladimir Hernández, el ser humano, es un esposo y padre, que ha experimentado el exilio, la distancia cultural y la integración (idioma incluido) en lugares lejanos a la isla que le vio nacer. Como escritor, Vladimir Hernández es un autor inquieto, versátil en su narrativa, y encantado con los géneros literarios. Ambas partes se retroalimentan; personajes y modelos argumentales son extrapolados de mis experiencias y, sin duda, trabajar en mis obras amplía y enriquece la dimensión de mi vida social y afectiva.

 

De Habana Réquiem a Indómito: dos novelas «ejemplares»

vladimir-hernandez-entrevista-otrolunes44-2Tu novela Habana Réquiem será publicada pronto por Harper Collins y, como seguro has notado, he escrito «novelas ejemplares» utilizando aquí esa acepción de «ejemplar» que apunta hacia lo modélico, hacia ese resumen que algo puede hacer sobre una realidad, en este caso esa Cuba que gravita a millas de donde hacemos esta entrevista. ¿Qué Habana encontrará el lector en Habana Réquiem y en qué se diferencia de esa otra Habana que ya pintaste en Indómito?

Son Habanas complementarias, que se superponen con sutileza y sus diferencias sólo se vislumbran desde la subjetividad narrativa. En Indómito se nos relata la historia desde ángulos marginales, centrados en una picaresca existencial y a lomos de un argumento plagado de aristas emocionales, de situaciones in extremis; en cambio Habana réquiem es una obra coral, que visualiza la trama desde un ángulo institucional –La Policía–, provista de otro tipo de observación social y con cierto énfasis en la visión cínica. Son dos maneras de observar La Habana –aunque vista como metáfora nacional–, pero igualmente pobladas de personajes empeñados en alcanzar sus objetivos a toda costa.

 

Un reto: sin develar las claves de la trama, ¿cómo «venderías» Habana Réquiem a un lector que preguntara de qué va la novela?

Habana réquiem es una novela negra de tipo policial; es una obra profundamente social, pero su formato narrativo y temático incluye elementos de novela-problema, acción, suspense; un fresco sobre la corrupción social generada por el propio sistema y, en cierto modo, una exploración coral sobre los claroscuros del alma humana.

 

Vayamos a un hecho más general: La literatura latinoamericana actual, como se ha hecho evidente en los más recientes eventos literarios donde nuestras letras son el centro del debate, está haciendo en los últimos 30 años una especie de ajuste de cuentas sobre la realidad nacional de cada país, algo que también, aunque a su modo, hizo el boom y el post-boom. ¿Qué sucede en ese sentido en la narrativa cubana actual?

La narrativa cubana actual (de la diáspora y la Isla) tiene tantas cuentas que saldar con la realidad… Apenas estamos empezando.

 

vladimir-hernandez-entrevista-otrolunes44-3Hay una clave necesaria que debemos develar a los lectores: Vladimir Hernández nos juraba ser un autor de literatura fantástica, y ahora salta a la novela negra, el género que está de moda en estos tiempos porque es justo el que más vende. Como seguro recuerdas, yo mismo, hace unos años, al leer una novela tuya que acababas de escribir sobre La Habana, te reproché que dedicaras tanto tiempo a la literatura fantástica y tu respuesta fue tácita: gracias a eso estoy en España y he adquirido cierto renombre en el género. ¿Qué te impulsó entonces a incursionar en la novela negra?

Es una pregunta muy pertinente en mi caso. Cuando ciertas narrativas empezaron a hablar de realidades cubanas, a mí (y a un puñado de autores) nos pareció que escribir dentro del género fantástico era una verdadera alternativa contracultural en ese momento. Mientras los autores de realismo de los 90 escribían sobre jóvenes rockeros, marginalidad, afectados por el Sida, prostitución, etc, otros escritores preferimos codificar la fabulación y la crítica social en claves más genéricas, más enraizadas en elementos de la literatura pop que la oficialidad no promovía. Es cierto que salí de Cuba gracias a un premio de género fantástico que entrega la Universidad Politécnica de Cataluña y me hizo de cierto renombre, pero también fue lejos de Cuba, libre de su abrasivo día a día, con la objetividad que da la distancia, que empecé a escribir sobre la realidad cubana con una perspectiva diferente. No obstante, me gustaría destacar que escribir género fantástico (o cualquier otro género) me ha ayudado a perfeccionar mis herramientas narrativas. La novela negra, como construcción temática, no es reciente en mi obra; la mayoría de mis relatos y novelas anteriores poseen un núcleo duro de novela negra, de búsqueda social, de ejercicio estilístico importado del noir.

 

Cuando un lector se enfrenta a un libro, no ve que en los caminos personales del escritor para llegar a la hechura de la obra existió un tiempo esencial de formación en el que recibimos muchas influencias de amigos, maestros, instituciones. ¿Qué recuerdas de esos, tus primeros años?

Influencias, muchas; extravagantes, algunas. Leo mucho desde la primaria y empecé a escribir desde los quince años. Lo que ocurre es que cuando estuve listo para publicar tropecé (como muchos) con el Periodo Especial y tuve que esperar casi una década para ver mi obra impresa. Soy tan mestizo en mi producción literaria que me resulta difícil reconocer cada influencia.

 

Otro reto: igualmente, sin develar las claves de la trama, ¿cómo «venderías» Indómito a un lector que quisiera saber de qué va la novela?

Indómito es novela negra narrada en clave hardboiled (y quizás hay en la obra un cierto coqueteo involuntario con el arcaico pulp). Es una novela furiosa que, en términos generales, nos habla sobre capital humano abocado a la subversión por culpa del encorsetamiento social, pero que a un nivel humano narra una historia de amistad y de búsqueda de redención.

 

vladimir-hernandez-entrevista-otrolunes44-1Indómito, tu novela ganadora del prestigioso premio L’H Confidencial 2016, es un verdadero descenso a los infiernos de una plaga que está azotando, cada vez más fuertemente, a la tranquila sociedad cubana. Esa tranquilidad, aupada por la propaganda turística que vende a Cuba como un país seguro y sin la criminalidad de otros países de América, lleva años siendo cuestionada en la realidad, aunque es imposible verla porque la prensa no refleja ninguno de los hechos violentos que a diario suceden en la marginalidad cubana. Tu novela es violentísima, ¿qué dirías a quienes, seguramente, han dicho o dirán que exageras?

Les diría que, ante todo, la literatura es un constructo literario, una propuesta argumental consensuada con el lector, eso lo primero. Pero, dejando a un lado que la violencia en Indómito, por encima de cierta dureza explícita, tiene una cualidad metafórica, insisto que en la Cuba actual hay realidades más singulares y macabras que las que mi novela relata.

 

Según las circunstancias socio-políticas actuales, tal parece que los escritores latinoamericanos (y en especial, los cubanos) seguiremos siendo abatidos por esa polaridad compromiso social–escritor casi como una condicionante de la existencia. Es como si la discusión entre Camus y Sartre sobre el papel del escritor, de la que ya muy pocos se acuerdan en la actualidad, siga siendo una constante vital para el caso del escritor y el intelectual en América Latina. ¿Cuál es tu posición ante este “dilema”?

Suscribo el compromiso social, pero insisto en la idoneidad del formato. El noir es idóneo. Hay toda una tradición en la novela negra de realismo social y denuncia, y por eso muchas novelas negras –las mejores– nunca complacen. En mi opinión la literatura de género negro no es complaciente; su misión es perturbar nuestra tranquilidad, nuestro asumido sentido del equilibrio y orden social.

 

Hace poco conversábamos sobre tus influencias en el género negro. Y sabiendo que eres un voraz lector, imagino que puedan ser muchas. Me has dicho que yo, como novelista del género, ocupo algún rinconcito en tu lista y eso, por pudor, me corta un poco, pero aún así quiero hacerte esta pregunta: ¿qué autores crees que te han guiado, influido o servido de estrellas para este salto tuyo al género negro? Y con toda intención, quiero que comentes esas influencias separando el impacto recibido de autores extranjeros y de cubanos.

¿Impactos? Autores anglosajones: Donald Westlake, James Ellroy y Elmore Leonard. De Westlake, la energía pulp que transpiran sus libros. De Ellroy, la dureza cínica de sus personajes, y del genial Leonard, sobre todo, por sus diálogos cool y por la estética literaria que ejecuta en las situaciones de violencia. Autores de habla hispana: Manuel Vázquez Montalbán, porque su personaje Carvalho es un hereje que quema libros para no sentirse poseído por ellos; y Leonardo Padura, por abrir una senda temática que otros autores podemos ahora transitar y reinterpretar.

 

Junto a su esposa María Elena Durán y sus dos hijos.

Junto a su esposa María Elena Durán y sus dos hijos.

Hay otras influencias de las que no suele hablarse: la familia. Y en tu caso, por tantos años de amistad, sé qué poderoso es el influjo de tu esposa María Elena Durán en el escritor que eres. Imagino que otros fuertes influjos lleguen desde tus hijos. Si tuvieras que definir qué hay de esos seres en tu literatura, qué responsabilidad o culpabilidad tienen ellos en lo que escribes, ¿qué dirías?

Todos ellos son un fuerte influjo. Mi esposa es mi lectora alfa de manuscritos, y muy a menudo su interpretación de los espacios habaneros que describo (ella es Villareña) me ayuda a encontrar perspectivas muy interesante. Mis hijos, por otro lado, son energía e invasión en todo momento, lo que de algún modo le imprime a mi literatura un cierto espíritu de urgencia.

 

Por experiencia propia, te comento que en algún momento esta pregunta se convertirá en una presencia en las entrevistas que te hagan, pero me gustaría saber tu opinión. ¿Puede hablarse de una escuela cubana de novela negra?

Quizás, pero lo que ocurre es que somos pocos los autores cubanos que escribimos en rigor novela negra y cada uno luce, por momentos, una escuela diferente. Lo que hacía Justo Vasco no se parece a lo de Leonardo Padura, y aunque Padura sentó una pautas muy interesantes que definieron un probable camino para la novela negra cubana actual lo cierto es que otros autores de novela negra (Lorenzo Lunar y tú mismo) han seguido esa estela con novelas y propuestas estéticas muy personales, muy diferenciadas entre sí.

 

Los escenarios de Indómito y Habana réquiem apuntan a una saga novelística. ¿Es tu idea?

Indómito es una novela autoconclusiva, pero pertenece a una suerte de tríptico temático; insisto en que no es una trilogía, el resto de las piezas están estructuradas en torno a un tema común, que no develaré ahora. Habana réquiem, por otro lado, aunque también cierra sus tramas, sí pretende ser el arranque de una saga novelística de corte policial.

 

vladimir-hernandez-entrevista-otrolunes44-4La crítica internacional sobre el género ha destacado los aportes que a la fauna de investigadores atípicos han hecho el Mario Conde en la saga «Las cuatro estaciones» de Leonardo Padura, el Leo Martín en la saga sobre Santa Clara de Lorenzo Lunar y el Alain Bec de mi saga «El descenso a los infiernos». Sabiendo que eres un gran constructor de personajes, como demuestras en Indómito, ¿qué caracteriza, qué diferencia a tus protagonistas de esos tres anteriores?

La voz generacional. Si algo confluye en los personajes de Padura, Lunar y Valle es el desencanto de sus protagonistas, y un cierto espíritu romántico. Hay matices, desde luego, pero el desencanto generacional les hermana. En Indómito no hay desencanto; hay aceptación. Se comprende el desastre, se acepta el desastre, y se canaliza el desastre en la medida de la obsolescencia del personaje. Aunque no he pretendido hacer un libro testimonial, creo que de la historia que recrea Indómito emana la Cuba más contemporánea. Algo de rabia y, paradójicamente, de frialdad generacional tiene su personaje principal, hilo conductor de la historia a fin de cuentas.

 

Desde el 2000 vives en España. Cuba… ¿obsesión, fantasma, lejanía…? Y otra vez, como para complicarte más, quiero que respondas en dos ámbitos: lo personal y lo escritural.

Cuba es todo eso (obsesión, fantasma, lejanía) y mucho más. Es ese sitio singular, atrapado en las dimensiones de la memoria, la realidad y la experiencia del reencuentro; ese sitio que puedes deconstruir literariamente y ofrecerlo en un formato (el noir) que no complace al que busca lecturas fáciles.

 

Finalmente, pregunta socorrida, pero siempre necesaria: ¿qué escribes actualmente?

Acabo de terminar una novela “emparentada” con Indómito, llamada Daño colateral, y actualmente trabajo en dos novelas. Dos proyectos de novela negra que, a pesar de que sus tramas trascurren con más de medio siglo de diferencia (una en 1957, y la otra en 2015) nos muestran lo poco que algunas cosas esenciales han cambiado en nuestro país.