Marco Tulio Aguilera Garramuño, novelista, cuentista, nadador –es campeón mexicano de Aguas Abiertas 1500 metros en el mar- violinista aficionado, ex atleta y ex basquetbolista, nació en Colombia en 1949 y reside en Xalapa, México, desde hace 39 años. Sus libros han aparecido en Argentina, Colombia, España y otros países. Entre sus obras se destacan las novelas Historia de todas las cosas –sobre la que se han escrito elogios tan elocuentes y entusiastas, que parecen casi inverosímiles e impublicables; también Mujeres amadas, Las noches de Ventura, El juego de las seducciones y Los placeres perdidos y los libros de cuento Cuentos para después de hacer el amor, Cuentos para antes de hacer el amor y Juegos de la imaginación. De los treinta premios que ha recibido destacan el José Eustasio Rivera de Novela de Colombia; el Premio Nacional de Cuento San Luis Potosí, México; el Latinoamericano de Cuento de Plural y Excélsior y el Premio Nacional de Literatura Infantil de México
Aguilera Garramuño ha conversado con OtroLunes sobre la reciente publicación, por la Editorial Incunábula, de su novela Doctor Amóribus, consultor erótico y sentimental y asimismo acerca de diversas facetas de la creación literaria.
Hace justamente 20 años que soy tu lector fiel, de modo que puedo afirmar, sin temor a equivocarme, que he leído la mayor parte de tu ya vasta obra. Así, me llama la atención que Doctor Amóribus, consultor erótico y sentimental, apenas rebase las 90 páginas, cuando tus novelas, por lo general, son extensas. ¿Acaso debemos esperar una saga, toda vez que esta novela, asimismo, es episódica, o ya con ésta nos despediremos del fenomenal sexo-servidor-sentimental Amado de los Santos Dionisio Luna?
Sí, creo que nos despedimos. Pienso que el personaje ya dio lo que tenía que dar. Es, en realidad, un subproducto del personaje Ventura, protagonista de mi serie de novelas que he llamado El libro de la vida. El doctor Amóribus es el desaforado que todos llevamos dentro; el que quiere acostarse con todas las “pobres mujeres” para redimirlas de sus soledades, de sus represiones; el que quiere victimizar a las mujeres y resulta siempre victimizado por ellas; el que va en busca de aventuras y termina empantanado en ellas; es el redentor reventado por los misterios femeninos que nunca terminará de develar. En síntesis, es un fracasado que insiste en fracasar y que al final no tiene sino un refugio: su arte. Es una especie de Doctora Corazón: un consultor sentimental que termina autoanalizándose porque… las mujeres no soportan ni admiten ningún análisis. Son rocas espirituales.
En Doctor…, no obstante su brevedad y, como decía, su condición de novela por episodios, alcanzas una totalidad a partir, en mi opinión, de la fuerza que irradia Amado de los Santos, así como por los variados derroteros de este. Muchos novelistas de hoy siguen “dictaminando” que una novela son muchas novelas, de modo que resultan imprescindibles las subtramas, los meandros y afluentes, la variedad de personajes de una y otra gradación. Esto, aun cuando narraciones breves, con un solo personaje descollante, desde hace tiempo han logrado aun la condición de clásicas. Si te fijas en varios concursos, verás que exigen un mínimo de 150 o 170 cuartillas. ¿Cuál es tu opinión al respecto?
A lo largo de la vida uno como escritor va tocando varios registros y consciente o inconscientemente quiere escribir “otra cosa”. Tal es el caso de esta novela breve, que tiene una especie de manejo decimonónico, episódico, que podría publicarse por entregas en revistas o periódicos. Es una especie de divertimento: novela no muy seria que sin embargo toca temas trascendentales: el amor, el amor sin amor, la soledad del artista, el misterio femenino, la compasión, la satisfacción personal en detrimento de la insatisfacción ajena. En la mayoría de mis otras novelas adopto un tono más serio.
Lo de los concursos que piden novelas de diferente extensión me parece saludable, porque hay obras que exigen largo aliento y obras a las que les conviene el corto. La profesión del escritor es tan crítica hoy en día, que los escritores tienen que recurrir a los concursos para “allegarse” unos pesitos. Es difícil publicar en las grandes editoriales, las únicas que pueden proporcionar difusión y buenos derechos de autor. Pero las grandes editoriales —Random House, Alfaguara, Planeta— son como enormes edificios con una sola puerta pequeñita por la que quieren entrar todos al mismo tiempo. Queda la opción de las editoriales universitarias y las independientes, que sólo dan prestigio y muy poca difusión. En medio de estas opciones están los concursos, muchos de ellos amañados. Tema sobre el que ya he hablado en otras ocasiones y que ha dado como resultado que las grandes editoriales me tengan vetado: tengo la (mala o buena) fama de nunca quedarme callado.
En Historia de todas las cosas te vales de un cronista que, digamos, intercede entre el personaje principal y el supuesto autor. ¿Qué ganancias crees que te reporta este recurso?
Aporta la posibilidad de manejar un lenguaje y una erudición que son propias de un personaje que no es el autor sino el narrador: un narrador circense, retórico, grandilocuente que se convierte en el dios creador de un universo cerrado: el pueblo de San Isidro de El General de la Quebrada de los Chanchos.
Como consuetudinario lector de tu obra, cuento con basamento suficiente para afirmar que en Doctor… consigues un extraordinario lenguaje metafórico —sobre todo en las escenas de sexo—, el cual supera en este aspecto a tus narraciones anteriores. En lo dicho se destaca la hipérbole, uno de tus recursos de siempre, pero que ahora empalma, digamos, de manera brillante en la expresión de la que forme parte. La pregunta: ¿como suele ocurrir, es el contenido el que lanza al autor, inconscientemente, hasta esas alturas, o no ha sido más que una voluntad de estilo?
Lo de voluntad de estilo me suena mejor: en esa novela hay el intento de ser entre patético y burlesco, sin que en el fondo se persigan algunas verdades de orden trascendental sobre la naturaleza humana y particularmente la femenina. En el caso de Historia de todas las cosas la escribí cuando tenía 24 años y la crítica tuvo diversas reacciones: algunos dijeron que era una parodia válida de Cien años de soledad; otros aventuraron la palabra “plagio”; reescribí esa novela hace cuatro años, la publiqué en Trama Editorial de Madrid y Educación y Cultura de México y la crítica fue extraordinariamente positiva; algunos escritores (René Avilés Fabila, Guillermo Samperio, Enrique Pimentel, dijeron, literalmente que era mejor que Cien años de soledad. (Opiniones de las que soy inocente.)
Me parece que Doctor Amóribus se relaciona con Historia de todas las cosas. En ninguna de estas novelas hay una seriedad narrativa: lo que hay es un juego que busca la complicidad del lector. Aunque en el fondo hay una concepción del mundo muy meditada.
Relaciono con la pregunta anterior la parte II, “Donna Maradonna”, capítulo de Doctor Amóribus. Hago memoria y concluyo que este segmento clasifica entre las mejores páginas que has escrito. La fusión forma-contenido es de altísimo vuelo y la localización, ese baño de vapor de la Ciudad de México, resulta la ideal para ciertas “acrobacias” que llevan a cabo la Donna y el doctor Amóribus. La pregunta: ¿eres de los escritores que piensan que estos momentos de altura narrativa, no se “hacen”, sino que “salen” sin previa intención?
La “altura narrativa” comienza con el instante en que se está escribiendo y es el resultado de una preparación de la trama. Sin embargo se potencia gracias a un esfuerzo de estilo: al pulimiento que el autor aplica sobre textos que trabaja una y otra vez. Tal es mi caso: yo siempre trabajo por muchos años lo que termino publicando,
La sádica Ranita; la ingenua peso completo Donna Maradonna; la adúltera Cayita; la dulce Margarita, quien ha peregrinado durante cuatro años sin ejercer el sexo y quien siembra en Amado el terror de enamorarse; la sapiente, petulante Cleopatra Martínez; la cultísima, arrogante Korolenko… resultan un muestrario de varios de los arquetipos más sobresalientes de la mujer del mundo occidental. Las preguntas: ¿te resultó muy difícil, en narración tan breve, conseguir el desarrollo sin dudas convincente de estas personalidades?, ¿te valiste más de la sabiduría que de la sapiencia?
Todos esos personajes son hijos de mi experiencia con mujeres de mi vida pasada; mujeres con las que tuve acercamientos de diversa intensidad y que despertaron mi curiosidad y mi deseo de cifrarlas y descifrarlas. Que esas mujeres hayan pasado fugazmente por mi vida ha hecho que pasen fugazmente por esta novela, que es, descaradamente biográfica y despiadadamente burlesca.
En buena parte de tu obra, la ciudad de Xalapa resulta un escenario fundamental. Sin embargo, en Doctor… la mencionas solo tres veces y, además, no alcanza rango de localización. ¿Será que ya en tus próximas novelas tomarás otras ubicaciones luego de criticar en buena medida el ánimo provinciano, el modo de vida hipócrita de Xalapa que has descrito en varias de tus piezas narrativas?
Las próximas novelas seguirán en Xalapa pero se centrarán más en dos temas más íntimos: la depresión y el balance final de una vida. Las dos obras ya están terminadas y en negociaciones.
Luego de más de tres décadas en Xalapa, México, ¿te sientes jalapeño, mexicano, colombiano o acaso costarricense de San Isidro de El General, donde se desarrolla la que es a mi juicio tu mejor novela: Historia de todas las cosas?
Para ser un poco pomposo diría que mi patria es mi imaginación. Sin embargo algo me hace decir a donde quiera que vaya que mi patria soy yo. Por otra parte guardo afectos para todos los sitios donde he vivido y me siento de alguna manera colombiano, mexicano, costarricense, jalapeño, caleño y hasta gringo. Soy básicamente infiel en términos de nacionalidad. Para un vanidoso como yo no hay más patria que el mismo MT. Como ves, soy absolutamente contradictorio
¿En qué obra trabajas en la actualidad?
He terminado dos novelas de la serie El libro de la vida. Una se llama El sentido de la melancolía y la otra Sin máscara frente al espejo. Títulos provisionales. Y actualmente estoy intentando una “twitnovela”: Ya no la soportaba: por eso tuve que matarla. La estoy subiendo al twitter a cualquier hora del día o de la noche. Y está basada en ocurrencias: frases que se me ocurren en el baño, en la calle, en cualquier parte.
¿Alguna otra observación para los lectores de Otro Lunes?
Que me da gusto estar escribiendo para esta revista digital, pero que me gustaría que los lectores tuvieran oportunidad de comentar lo que leen en la propia revista. Ah, y algo que se me pasaba: ya apareció la edición de Cuentos para antes, después y en lugar de hacer el amor publicado por la Universidad de Nuevo León. Reúne los mejores cuentos de mis tres libros anteriores; todos ellos centrados en los temas del amor, el erotismo… y lo que va en medio.
