Sí, es el presidente

Jorge Chavarro

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Tiene, aún, todos los méritos para ser presidente de los Estados Unidos de América. Madurez y realismo que deriva de su trayectoria como senadora y secretaria de estado, pero también el rabo de paja que le crearon con los correos electrónicos y que el partido republicano capitalizó en la voz de James Comey, emisario no nombrado convertido en el factor que inclinó la balanza en solo siete días.

Sin embargo, la decisión aventurera está tomada y Donald Trump es nuestro presidente electo. Así es la democracia aún en las particularidades del sistema electoral norteamericano con su colegio electoral que entroniza el voto indirecto, y lo llevó a una victoria aplastante sin importar la ventaja de dos millones de votos directos a favor de Hillary Clinton. Ahora a los demócratas solo nos queda el camino de la oposición democrática, y un rechazo absoluto a la violencia que comienza en la estupidez de consignas como “no es mi presidente”.

Se eligió a un demagogo impredecible que cimentó su discurso al mejor estilo de los lideres nazi – fascistas y estalinistas que tanto éxito han tenido desde hace al menos un siglo en los escenarios mundiales, aunque ahora estén concentrados en los países en desarrollo. El mundo, y notoriamente Europa, asumieron inicialmente la conmoción con la misma aparente serenidad que habían mostrado frente a los resultados del Brexit.

Su diatriba de odio fue el eje vital del mensaje triunfante, lo que resultó en la visualización de una angustia supuesta y a veces negada; el ciudadano de este primer mundo educado no es inmune a la demagogia, la lección enseñada por Hitler en las tres elecciones de 1932 fue bien aplicada por el nuevo señor presidente, esta vez no fueron los judíos y comunistas, pero solo porque en el mensaje de su partido los primeros hacen parte de los aliados irrenunciables; a falta de más quedaron mexicanos, sinopsis de toda Hispanoamérica, mujeres e islam, que a su vez sintetiza todo lo demás que pueda parecer diferente. El fanatismo racista está bien alimentado en esa hoguera gigantesca que alcanzó para sumarle el complemento Hitleriano de hacer a Alemania de nuevo un estado orgulloso de sí mismo, por eso el sonoro remate de “hagamos una América grande de nuevo”, meras coincidencias.

Ahora solo quedan dos elementos claros, la ya mencionada oposición democrática y la esperanza de que el outsider mute en el animal político sensato a pesar de los signos contradictorios que muestra durante lo transcurrido en el periodo post electoral y que esboza en el primer video con su programa de gobierno de hace dos días (escribo esto el día de acción de gracias).

¿Qué tenemos? La ausencia de un programa económico acoplado, lo que hasta ahora manifiesta son pasos mal hilvanados, desconociendo la realidad de dependencia entre las economías mundiales con un aislacionismo en contravía del orden mundial global.

Y sin embargo me declaro optimista, de los once millones que sacaría del país a patadas desde el mismo momento de su posesión ya va en solo dos o tres, dice que ese es el número de los criminales y narcotraficantes, ¿cuántos quedarán en la lista una vez la confronten con la realidad y se excluya de la misma a los que por ser “muy oscuros”, o de aspecto indígena, o que visten “raro” por su origen étnico y necesidades de culto, pero que han sido criminalizados por una infracción de tránsito? ¿De dónde va a sacar dinero para la construcción de la infraestructura que propone si va a bajar los impuestos (a los millonarios de entiende) y a aislarnos de la economía mundial?

Insisto en mi optimismo esperanzado en el prevalecimiento de la sensatez, y que el estilo nacional socialista de Trump fue solo la camiseta usada para ganar votantes blancos e hispanos vergonzantes. Amanecerá y veremos.

Del Autor

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Jorge Chavarro
Medico colombiano residente en Houston, Texas. En diciembre de 2014 se graduó en la maestría de español y literatura hispanoamerica en la Universidad de Sam Houston de Huntsville, Texas. En la actualidad es estudiante del programa de doctorado en literatura del Departamento de Estudios Hispánicos de la Universidad de Texas A&M en College Station, también en Texas.