Prefiero que me pongan a volar
Galina Álvarez
Editorial Círculo Rojo, España, 2016
La desbordada migración que se ha intensificado en los últimos años, con las miles de personas que deciden abandonar sus países en busca de un futuro mejor, ha traído por consecuencia que una buena parte de la literatura que se escribe hoy tenga alguna referencia a este fenómeno, que en primera instancia obliga a un abandono de la cultura a la que se pertenece, las costumbres, la familia o parte de ella, para internarse en una geografía desconocida o en el mejor de los casos poco conocida, quizás en la que se hable otro idioma y se impongan costumbres muy diferentes a las del país de origen.
Es este uno de los temas sobre los que descansan las historias que Galina Álvarez ha escrito y juntado bajo el sugerente título de Prefiero que me pongan a volar, publicado por La Editorial Círculo Rojo. En verdad su interés es hacer trascender la más plana cotidianidad de seres comunes que viven en espacios geográficos muy diferentes. Es aquí donde creo tuvo su primer reto y su más visible acierto. El hecho de lograr un interés y una amenidad cuando, en apariencia, sus personajes son seres extremadamente sencillos que viven una existencia trivial.
Creo que en primer lugar el acierto de haber logrado amenidad e interés con sus cuentos está dado porque todos están escritos tal y como si fuese el testimonio más sincero de esos seres que, aunque no son los preferidos para protagonizar una historia supuestamente relevante, tienen mucho que contar de esa experiencia vital del día a día. Encontrando el discurso de cada uno de los bien delineados personajes que desde sus perspectivas hacen ganar el interés de cuanto revelan, pues son capaces de relatar su experiencia de manera diferente, tal y como cada persona en la vida real tiene una historia atípica, privativa del contexto en el cual vive, dado su nivel cultural y económico, intereses, mecanismos de respuestas para acertar o no en esa relación con la vida contemporánea.
Y Galina, a quien obviamente le interesa ganar lectores, prueba construir con audacia sus personajes, y a mi manera de ver logra dar en la diana, no solo haciéndolos vivir en regiones tan diversas como Suecia y Cuba o Rusia y España, sino consiguiendo que cada uno de ellos sume a esta singularidad de ser migrantes, el tener edades muy diferentes, que van desde la niñez hasta la adolescencia junto a personajes de edades maduras, es decir, de la tercera edad.
Esto, por supuesto, le propicia conflictos y maneras de ver y exponer la realidad desde puntos de vista muy diferentes por lo que, en primera instancia, la escritora propone un amplio prontuario de personajes disímiles que viven realidades muy diferentes que solo tienen por común el más sincero relato del día a día de quienes desde lo sicológico y estructural parecen ser seres reales que han tomado las hojas de este libro de cuentos para revelarnos una parte significativa de sus vidas.
Lo más atractivo descansa en esa diversidad donde la autora se mueve con soltura, tal y como si conociera a la perfección a estos individuos que protagonizan los veintiún cuentos agrupados en Prefiero que me pongan a volar, y no fuesen una invención de alguien, que es obvio, ha vivido con la intensidad necesaria para contar con las armas propicias para hacer que sus historias descansen en geografías diferentes, con personajes de edades muy contrastantes, oficios e intereses muy variados, junto a nacionalidades diversas, tal y como si se hubiese propuesto trazar una línea alrededor de un universo complejo habitado por personajes muy sencillos.
El apego por reescribir una y otra vez sobre los conflictos que se generan en la familia está muy visible en la escritura de Galina. Hay varios de sus cuentos que se suceden en el más variado e íntimo de los contextos familiares posibles.
Pero más que cualquier otra virtud, donde destaca un excelente dominio de los diálogos y una audacia para describir los ambientes que arropan estas historias, junto al cuidadoso trabajo del lenguaje que otorgan al libro valores añadidos al de una desbordante imaginación, estos cuentos son creíbles. Fundamentalmente porque están relatados desde la pasión con que cada personaje enfrenta su historia. Una pasión desbordante por igual, pese a la variedad de nacionalidades y edades de quienes las cuentan. Quizás por esa exaltación que asume las riendas de todos los relatos hay episodios, instantes, historias, personajes, conflictos, conmovedores a lo largo de todo el libro.
Motivaciones personales, recuerdos del pasado, disyuntivas éticas, problemas sociales y familiares, conflictos en las relaciones humanas, son tratados en este libro de cuentos con una ajustada técnica narrativa en la cual los planos temporales y los diálogos se superponen para multiplicar los ángulos de visión sobre situaciones aparentemente sencillas y domésticas. Logrando una trascendencia en cada uno de los relatos, pese a la sobriedad con que están relatados, por su prosa fluida y concisa, no exenta de ingenios, donde se privilegian las angustias, alegrías, desatinos y conquistas del Hombre. Logrando hacer de historias un relevante testimonio de la grandeza del ser humano por alcanzar lo que con sencillez llamamos felicidad.
También será difícil que los lectores de este libro de cuentos de Galina Álvarez, no se encuentren al menos en uno de ellos. Sea por haber tenido la experiencia de ser exiliado, para los cuales conmoverá de manera especial el muy logrado Heavy Metal, o el Encuentro en Guardamar, o por haber vivido (como fue mi caso) algo muy parecido a una de las historias que aquí se cuentan, que bajo el nombre de Navidad secreta, describe una navidad en la Cuba que prohibía esta celebración.
Sea porque se ha tenido la experiencia de vivir otra cultura, o por ser hombre o mujer, anciano o adolescente, todos los que tengan la suerte de adquirir este libro de cuentos podrán contar con la certeza de que alguna de sus historias le pertenece.
Arístides Vega Chapú